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“La ignorancia al poder en Francia”, ‘Chalecos amarillos’

Chalecos amarillos antijudíos

Alain Finkielkraut es uno de los más prestigiosos ensayistas franceses contemporáneos. A fines de los setenta escribió un libro justamente célebre, El nuevo desorden amoroso, en colaboración con Pascal Bruckner, al igual que La aventura a la vuelta de la esquina. También es el autor, en solitario, de El judío imaginario, La nueva derecha norteamericana y La derrota del pensamiento, su obra más conocida.

Sobre dos de sus obras

“La derrota del pensamiento”

El apasionado alegato de Alain Finkielkraut, su manifiesto contra «la cultura zombi» a contracorriente de la moda intelectual, del conformismo posmoderno, ha despertado en Francia un apasionado interés. Finkielkraut se indigna por el estado moral de una sociedad a la que le da igual un cómic que una novela de Nabokov, un slogan publicitario que un poema de René Char, un partido de fútbol que un ballet, o un videoclip que una ópera de Verdi. El autor se interroga sobre las «razones» que conducen a bautizar como culturales aquellas actividades en las que el pensamiento está ausente y se remonta a la filosofía del Siglo de las Luces para mostrar cómo se ha producido el derrumbe de los ideales europeos. Finkielkraut afirma que los ideales de razón, de humanismo cosmopolita y de poesía sin fronteras están sucumbiendo ante la exaltación nacionalista y la concepción étnica de la sociedad (contra la concepción electiva), herederas del romanticismo alemán y de su Volkgeist. La filosofía de la descolonización, instrumento para la emancipación de los países del Tercer Mundo, acaba por desembocar en el nacionalismo más sectario: mientras, una «nueva derecha» cultiva el fantasma de una Europa asediada por famélicos inmigrantes…

“La memoria vana”

Contra el olvido de lo que fue siempre es posible hacer un llamamiento y despertar la memoria. Contra una memoria que en lugar de pagar nuestra deuta con respecto a los muertos, pone el pasado a disposición de los vivos, les sirve de suplemento del alma, halaga su buena conciencia, distrae a la época en su mezcla tan característica de cinismo y sentimentalismo, contra una memoria tal ya no queda ningún recurso.

Con el proceso de Klaus Barbie, la memoria de los supervivientes ha, desde luego, retrasado el momento en que las víctimas del nazismo pasarán de reales a históricas. Pero si era para librarlas a la actualidad fútil o para devolver vigor y legitimidad a una representación del Hombre que rechaza precisamente la vertiginosa noción de crimen de la humanidad, entonces ¿qué sentido tiene? La memoria ha triunfado sobre el olvido, pero es una memoria vana.

Tales eran las palabras con las que Alain Finkielkraut presentaba la ediciñon original de este libro en torno al juicio de Klaus Barbie, jefe de la Gestapo en Lyon durante la ocupación nazi, responsable de la deportación a campos de exterminio de miles de judíos y verdugo, entre otros, del héroe de la resistencia francesa Jean Moulin.