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«Morir por la Argentina», Gustavo D. Perednik

"Morir por la Argentina", Gustavo D. Perednik

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DATOS DEL LIBRO
Título: «Morir por la Argentina»
Autor: Gustavo D. Perednik
Género: Non-fiction
Nº de páginas: 222 págs.
Encuadernación:
Tapa blanda con solapas.
Interior: Blanco y negro.
Papel blanco.
Tamaño: 152 x 230 mms.
Peso: 375 grs.
Lengua: Castellano
ISBN: 978-965-91073-8-4


“Morir por la Argentina”, Gustavo D. Perednik

 

Capítulo 16
La metamorfosis

OFERTA WEB "Morir por la Argentina"

―«Cuando despertó aquella mañana, luego de un sueño agitado, la política exterior argentina se encontró en su cama convertida en un insecto monstruoso. Estaba echada sobre el quitinoso caparazón de Cristina, y al levantarse un poco se dio cuenta de que ya no debía encaminarse hacia la justicia porque Timerman la había vendido a los iraníes».
―Fijate Daniel que la línea forjada por Néstor Kirchner en torno del caso AMIA se había mantenido casi intacta durante los primeros años del mandato de su viuda.
―La gran pregunta es cuál fue el disparador de la metamorfosis.
―Por un lado, la inconmovible negativa iraní, que fue logrando erosionar las expectativas del gobierno nacional. Por el otro, la insistencia de Chávez, a quien Cristina le debía mucho.
―¿Qué fecha sugerirías como el momento del giro de 180 grados?
―Probablemente hacia fines de 2010.
―Quiere decir que hay indicios de que hasta ese momento aún no se había producido la metamorfosis.
―Los hay. Por ejemplo, el 11 de agosto de 2010 Timerman se reunió con la entonces Secretaria de Estado Hillary Clinton, y después de la reunión declaró que «hay una conexión entre un atentado que se frustró en Estados Unidos y el de la AMIA… El atentado frustrado al aeropuerto Kennedy involucra a Mohsen Rabbani».
―Es decir que Timerman estaba todavía interesado en desenmascarar el aparato terrorista iraní.
―Así puede verse. Pero a partir de entonces…
―…hubo un evento primordial que disparó el cambio de rumbo.
―Sí. La cronología es elocuente: el fallecimiento de quien se habría opuesto categóricamente a negociar sobre el tema de la justicia.
―Muerto Néstor se soltó la nueva forma de encarar el caso AMIA.
―Mientras Néstor vivió, se daba por sobreentendido que la Justicia debía dirimirse en un tribunal. Podía llegar a discutirse en qué tribunal, o la composición de los jueces. Pero nunca sería negociable el contenido de las denuncias, que debían transitar privativamente por el cauce judicial y no por el político.
―Por eso Néstor había echado a D’Elía. Por eso había rehuido toda insinuación de los ayatolás de «solucionar el conflicto» por vía del diálogo entre los dos gobiernos.
―Quizás por ello murió.
―Y a partir de ese instante comenzaron a aparecer los indicios de la metamorfosis.
―Hubo varios durante 2011. En principio, prestá atención a que cuando Pepe Eliaschev publicó su nota reveladora del acuerdo secreto, la reacción de Timerman no fue aclarar la situación sino saltar como un gato y atacar el «oportunismo de un pseudo-periodista».
―Siempre saltaba como un gato.
―Bueno, pero en este caso mostraba que había qué ocultar. Además, cuatro meses después, en julio, Argentina calificó de «muy positiva» una misiva de la cancillería iraní que ofrecía colaborar con la investigación.
―«Colaborar», siempre y cuando nos comprometiéramos a que en ninguna etapa se inculparía a Irán.
―La colaboración de Irán siempre consistió en el siguiente diálogo con Argentina:
―Nosotros los iraníes no tenemos nada que ver con los atentados en Argentina.
―Permítannos interrogar a los sospechosos para constatarlo.
―Lo permitiremos sólo si ustedes se comprometen de antemano a nunca acusar a ningún iraní.
―¿?
―En abril de 2005, así había condicionado Irán sus respuestas a los exhortos argentinos: «Si respondemos, ¿no pareceremos sospechosos? Si respondemos, ¿se avendrá el juez a anunciar tajantemente que no existe conexión de ningún iraní con el atentado?».
―En otras palabras, llamaban «colaboración de Irán» a la sumisión de la Argentina.
―Así es. En un informe de 2011 al presidente Ahmadineyad, su canciller Alí Akbar Salehi elogia la estrategia iraní de no haber jamás colaborado con sus autoridades judiciales argentinas. «No hemos cedido» ―se jactaba.
―Tenía razón. Así lo definió el ex canciller Rafael Bielsa: «…era una actitud extorsiva… Siempre nos estaban haciendo trampa… Les decíamos: ‘contesten los exhortos’ y respondían: ‘ustedes se pierden cuatro mil millones de dólares en compras de maíz y trigo ―condicionados a dejar de lado la causa AMIA’».
―¿Y cómo caracterizó Bielsa la respuesta de Néstor?
―Simple: que en esa época «hablar de venderle o comprarle a Irán era casus belli».
―Pero ahora el tono de Cristina había cambiado.
―Enteramente. Ya no se pedía que Irán entregara a los prófugos sino que «colaborara con la investigación». Como si se le pidiera a la Gestapo que colaborara con investigar los crímenes de la Segunda Guerra.
―El deshielo argentino-iraní ya estaba en marcha. ¿Se manifestó de un modo más público?
―El signo más ostensible se produjo el 22 de septiembre de 2011. La silla del embajador argentino en las Naciones Unidas quería sacarse de encima a su titular, pero éste no logró despegarse. Hasta ese momento Argentina se había sumado al resto de las democracias occidentales, y cada vez que Ahmadineyad despotricaba contra los herejes desde el podio de la organización ―que había sido fundada para promover la paz mundial― el embajador argentino se retiraba con los del resto de las democracias.
―Ya era bastante vergonzoso que un degollador amenazara a troche y moche en las Naciones Unidas, como para agregar al bochorno la presencia de delegados que sí representaban a sus pueblos.
―En 2011 Jorge Argüello no se movió de su silla, porque el gobierno argentino había decidido ofrendar una muestra de amor a los ayatolás.
―Allí escuchaba Argüello todo lo que Ahmadineyad tenía para escupir: las diatribas antiestadounidenses, las promesas de destruir Israel, el apoyo al terrorismo internacional y la visión de un mundo islámico y quietito.
―Peor aún. Cuando al poco tiempo algunos funcionarios iraníes acusaron del atentado a la AMIA a «agentes de Tel Aviv», y me tildaron a mí de «agente sionista», las autoridades argentinas respondieron con un silencio cómplice que dejaba a un fiscal argentino a la intemperie.
―Los ayatolás volvieron a protestar contra vos en la reunión argentino-iraní en Dubai, el 6 de abril de 2014.
―Pero a esa altura los argentinos ya estaban de acuerdo con los que protestaban. La reunión tenía por objeto avanzar en la implementación del memorracho, y los iraníes se quejaron ante Timerman por el hecho de que yo promoviera la inconstitucionalidad del pacto.
―¿Lo hacías?
―Por supuesto. Mostraba que se trataba de una intromisión política en una causa judicial en trámite; por ello viola el artículo 109 de la Constitución.
―La iniciativa K consistió entonces en que el Consejo de la Magistratura aplicara la nueva e ilegítima Ley de Subrogancias, y por medio de ella remover al camarista Luis Cabral. Así neutralizaban la inconstitucionalidad. El memorracho über alles.
―Volviendo a la cronología de los hechos, entonces, no cabe duda de que hacia mediados de 2011 la metamorfosis ya había tenido lugar.
―Exacto. Además, por primera vez, el gobierno argentino no había invitado a la ONU a las instituciones judeo-argentinas.
―Eso de algún modo contradecía lo que Cristina les había prometido todo el tiempo.
―Así es. Cristina no sólo mintió en su discurso en la ONU al sostener que Irán había expresado su voluntad de avanzar, sino que además se permitió dirigirse a los directamente involucrados en el atentado, con un párrafo que derrama cinismo:

…tengan la certeza de que esta presidente no va a tomar ninguna resolución respecto de ninguna propuesta que le sea formulada, sin consultar previamente con quienes han sido las víctimas directas de esto. Y, al mismo tiempo también, con las fuerzas políticas con representación parlamentaria en mi país, porque esto no lo puede decidir una sola fuerza política…

―Y todo ya había sido decidido.
―Por Cristina, y su perrito faldero Timerman, más pegado a ella que nunca. Los unía un pacto de silencio tras el cual se escondía su asociación ilícita para vender la Argentina.
―Nada de lo que dijera o hiciera uno u otra podría ya generar distanciamientos porque «no los unía el amor sino el espanto», ése que comparten ante el mundo externo los mafiosos, los criminales prófugos, y los traidores.
―En retrospectiva, puede llegar a entenderse que el sillazo de Argüello había sido pactado «Irán. En un acto público, la Argentina mostraba que estaba comprometida con el acercamiento entre los Gobiernos para resolver «el conflicto».
―La persona que te envió la amenaza del 6 de noviembre de 2012 sabía perfectamente de qué estaba hablando, aunque muy pocos estaban enterados.

Ya logramos que te apartaran de la negociación de la causa AMIA y también logramos que Argentina arregle con Irán sin tu participación, pero esto no es todo «pajarito»…

―El memorracho se firmó en enero de 2013, pero por lo menos dos meses antes, obviamente, todo ya estaba resuelto. Por eso lo de «ya logramos».
―El día del memorracho, el entonces Secretario General de Presidencia de la Nación, Oscar Parrilli, se lo comunicó a D’Elía, y le indicó que guardara silencio estratégico por diez días, para no alterar los ánimos de la comunidad judía: «…Por las dudas que te llamen hoy los medios o alguno, tené perfil bajo, por diez días por lo menos…».
―Una vez que se hubo consumado el gesto de amor a los ayatolás, una vez que los iraníes hubieron verificado que los argentinos no mentían sobre el acercamiento, y que su delegado rendía pleitesías al tira bombas, procedieron a la firma del memorracho.
―Y todo había sido estipulado de antemano a partir de que Timerman se entregara al canciller Salehi, el 23 de octubre de 2011.
―Claro, pero como nadie conocía ese arreglo, yo mismo me sorprendí de que hablaran en pasado: ya habían logrado «que me apartaran de la negociación».
―Tu desplazamiento estaba decidido y en marcha.
―Es indignante. El Estado del que yo era parte me había entregado a los enemigos.
―La «amenaza pajarito» la firmaba un tal Iván Velázquez. ¿Es una persona real?
―Sí. Un ex agente de la SIDE y de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, investigado por hackear mails de dirigentes políticos y de famosos.
―En la otra amenaza, la del 20 de enero de 2013, te anunciaban que «había cambiado la mano».
―Sí, pero en rigor, la mano cambiaba en ambas direcciones, ya que yo también estaba investigando esa transformación y la entrega.
―Te decían que «no te habías dado cuenta» del «cambio de mano», pero pareciera ser que los que no se daban cuenta eran ellos.
―Podría decirse así. Yo era consciente de que había «cambiado la mano», pero mis enemigos ignoraban que yo había entrado en una nueva etapa de la investigación. No es que abandonaba la investigación contra Irán, como me exigían hacer, sino que ya había comenzado a indagar adicionalmente el blanqueamiento criminal.
―La sensación de impunidad que prevalecía iba a llevar en algún momento a que también el asesinato fuera percibido como permitido.
―El efecto despeñadero. Los niveles alucinantes de corrupción, el avasallamiento al Poder Judicial, la arbitrariedad en nombre de los supuestos intereses de una entelequia que se llamaba «pueblo», abrían las compuertas de lo peor.
―Eso, «rusito descerebrado», no llegaste a percibirlo. Habías entrado en el reino del todo-se-puede y yo-soy-el-pueblo y vamos-por-todo. Cuando la amenaza del 20 de enero de 2013 anunciaba el «cambio de mano» no se refería sólo a que el Gobierno argentino se hubiera entregado a los iraníes, sino específicamente a que los comandos que respondían a ellos ya podrían actuar para impedir que siguieras.
―Una expresión adicional de la metamorfosis fue que Timerman comenzó a arremeter contra Israel en cada ocasión que se le presentaba. No lo hacía Cristina, sino que dejaba que fuera «su ministro judío» el que se despachara al respecto. Que el Estado judío no tiene por qué entrometerse en cuestiones judías, y que promueve la guerra; que aquí «murieron argentinos, no israelíes».
―Con esa sola frase negaba a Israel su condición de Estado judío.
―Tratemos de imaginar si alguna vez hubiera en el mundo una ola de atentados contra mezquitas, y la queja de los países musulmanes fuera acallada con el argumento de que sólo mueren locales.
―Me hace recordar a la película soviética que se exhibía a quienes visitaban Auschwitz-Birkenau, donde habían sido asesinados un millón y medio de judíos. En el filme «explicativo» de una hora, la palabra judíos no era pronunciada ni una sola vez. Según los comunistas, habían sido masacrados «rusos, polacos, búlgaros, húngaros, checos…» Timerman lo remedaba: «aquí murieron argentinos, bolivianos… » Que a nadie se le ocurriera que la AMIA fue atacada por judía.
―Porque en ese caso el Estado judío tendría todo el derecho del mundo de ocuparse de su destino.
―Diría: la obligación.
―Timerman seguía así: que Israel no representa a los judíos, que asesina para saltear justicia, que genera conflictos de doble lealtad…
―Lo de la doble lealtad parece tomado de una página enterrada de la historia.
―O de la revista Cabildo. Como si un descendiente de españoles tuviera que pedir perdón por desear que su país tenga excelentes relaciones con España.
―Los judíos no son descendientes de israelíes.
―En algún sentido, lo son. Siempre reivindicaron sus orígenes desde la tierra de Israel, en donde viven hoy en día la mayoría de los judíos. Es el único país que asume la historia judía, habla el idioma hebreo y celebra el calendario judío. ¿No es suficiente para que un judío le tenga simpatía?
―Por lo menos, no debería disculparse por ello.
―La gran mayoría de los argentinos asume como perfectamente natural que Argentina es un amplio mosaico inmigratorio y que en él, lo israelita no es menos constitutivo que lo hispano o lo itálico.
―La política exterior argentina padeció una metamorfosis como en el célebre relato de Kafka. Fuera de la lúgubre habitación en la que había dormido Gregorio Samsa, aguardan tanto sus familiares como el apoderado de la empresa para la que Samsa trabajaba de viajante de comercio.
―¿Y eso qué tiene que ver?
―Quien cumplió ese rol en la metamorfosis argentina fue el mentado periodista Pepe Eliaschev.

Copyright © 2017 Gustavo D. Perednik
Copyright © 2017 de la presente edición para España e Israel,
La Torre de Babel Ediciones®
P.O.B. 321, 2210202 Naharia. Israel.
ISBN: 978-965-91073-8-4
Editado en Israel.
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“La sabiduría de nuestros antepasados”, Raúl Alfredo Abud

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La afirmación del escritor y filósofo Dr. Gustavo Daniel Perednik, argentino radicado en Israel, en el sentido que el legado más importante del judaísmo a la humanidad es el Shabat, el sábado, no es casual.

A esta altura de mis días, ya no creo en las casualidades; educado en el principio de la sincronización enunciado por el Dr. Carl Gustav Jung, me inclino en pensar en hechos coincidentes.

En las redes sociales, tengo amigos que militan activamente en todas las corrientes del judaísmo, dentro y fuera del país; uno de ellos es rabino cabalista y lo que voy acontarles, en esta oportunidad, tiene que ver con un hecho lamentable que a mí, personalmente, me ha acongojado profundamente.

Nuestros antepasados decidieron fraccionar las lecturas sabáticas de la Biblia en cincuenta y tres trozos, que llamaron “parashiot” (interpretaciones). Lo espeluznante es la comparación que mi amigo cabalista hizo con respecto a esas lecturas sabáticas y el asesinato del fiscal Alberto Nisman. “Alberto” significa “todo brillante” en su etimología original del antiguo alto alemán. “Nisman” es “el hombre de los milagros”.

El martes 13 de Enero, Nisman presenta la denuncia por el encubrimiento contra la presidente y el canciller argentinos. Esa semana, la lectura bíblica es llamada en hebreo “Shemot”, nombres. Siglos después de haber sido escrito, los romanos tradujeron el nombre de ese libro como “Éxodo”, que es como lo conocemos en castellano; pero mi amigo apunta a los nombres originales, y no, a los traducidos.

En sábados posteriores la lectura bíblica se centra en el cruce del Mar de los Juncos (“Suf” en hebreo, mal traducido como “Rojo”). La denominación “Mar Rojo” aparece como tal en la Edad Media, de la mano de los pueblos árabes, y no se corresponde con la época bíblica del Éxodo, que se produce aproximadamente hace tres mil cuatrocientos años. El cruce del Mar de los Juncos significa un antes y un después, ya que nada va a tener la misma significación tras la salida de Egipto. A la semana siguiente, la lectura bíblica se centra en los Diez Mandamientos, uno de los cuales es, precisamente, el “No asesinarás”; “retzaj” en hebreo, alude a una intencionalidad manifiesta de quienes matan; tiene una connotación mucho más profunda que una traducción más ligera de “No matarás”.

Finalmente, el sábado pasado, leímos aquella frase de “Justicia”, justicia perseguirás”.

Nuestros sabios, al parecer, tenían un cabal conocimiento, mucho mayor que el que llega a nuestros días. Creo firmemente que volver a las fuentes de nuestra Historia como pueblo nos nutrirá de aquella verdad y justicia que el fiscal asesinado persiguió, aún después de su asesinato, y quien sobrevive a su propia muerte, ha trascendido, ya que alguien ha tomado la antorcha que ha dejado encendida.

Raúl Alfredo Abud© Israel, Febrero de 2015