Archivo de la etiqueta: Discriminación

“Yom haShoá vehaGuevurá 2017”

YomHaShoah


“Bienvenida Yihad” o “durmiendo con el enemigo”, UEFA Celtic vs Hapoel Beer Sheva

CelticA

Sólo existe una “causa” y se llama antijudaísmo, hoy gatopardistamente1 llamado antisionismo.

Que no representan el sentir de la hinchada del Celtic, me dirán, y he de responder, pues claro, aunque que son una gran minoría.

Europa, esconde la cabeza, como es su costumbre ante el drama de los refugiados, no hay marchas de protesta ante el genocidio que lleva a cabo el ISIS y sus satelites o antepasados. Nadie levanta la voz ante el dictador  Recep Tayyip Erdoğan, lo único importante para ella es difundir la carroñera difamasión del Estado de Israel.

Juan Zapato.

//platform.twitter.com/widgets.js

 

El Hapoel Beer Sheva de Israel visitó ayer al Celtic de Escocia en el marco de un partido para claisificar a la Liga de Campeones de Europa. Durante el encuentro los aficionados locales portaron decenas de banderas y emblemas de Palestina. Los alrededores del estadio presentaron un panorama similar.

Todo esto fue realizado pese al rechazo de la policía escocesa, que había pedido a los fans del Celtic que no llevaran ninguna insignia palestina.

Los referentes del grupo Alianza Palestina, que fueron los principales organizadores del movimiento, llevaron pancartas en la que hablaban de la Nakba, palabra que en árabe significa “catástrofe”. Además, decenas de activistas colaboraron a través de las redes sociales.

CelticB

 

 

 

 

 

 

 

 

CelticC

Nota

1 gatopardismo

          Palabra derivada del italiano Gattopardo, que es el título de la novela del escritor siciliano Giuseppe Tomasi, príncipe de Lampedusa (1896-1957), que habla de la decadencia de la nobleza siciliana en la época de la unificación italiana y relata el matrimonio del sobrino de un viejo príncipe con la hija de un comerciante plebeyo de la región. Frente al inevitable ascenso de la burguesía, el añoso noble decide promover este matrimonio con el propósito de insertar a su clase social en decadencia con sus enemigos mortales convertidos en la nueva fuerza política dominante.

          Desde entonces se usa la expresión gatopardismo para señalar la actitud de “cambiar todo para que las cosas sigan iguales”, tal como lo proclama reiteradamente el personaje de la novela, en el marco del pacto con el enemigo político tradicional.

          El gatopardismo es la filosofía de quienes piensan que es preciso que algo cambie para que todo siga igual. El efecto Lampedusa, del que se habla a veces, consiste en hacer las cosas de modo que algo mute para que lo demás permanezca intocado en la organización social. Se refiere a reformas meramente cosméticas, ociosas o de distracción que se proponen para mantener incólumes los privilegios sociales y económicos de los manipuladores de esas reformas de epidermis.

          La novela de Tomasi dio origen a la película de Luchino Visconte “El Gatopardo”, que es uno de los grandes filmes de la historia del cine, magistralmente interpretado por Burt Lancaster y Claudia Cardinale. La escena final en que il Gattopardo, luego de bailar con su novia se pierde en las antiguas calles de Sicilia y vuelve a sus raíces de sangre, es una de las más hermosas de la película.

          Il Gattopardo fue una coproducción franco-italiana estrenada en 1963, que conquistó la Palma de Oro en el festival cinematográfico de Cannes.

http://www.enciclopediadelapolitica.org/Default.aspx?i=&por=g&idind=710&termino=

Fuentes de imágenes y :

http://www.dailymail.co.uk/sport/football/article-3746130/Celtic-face-UEFA-charge-display-Palestinian-flags-against-Israeli-Hapoel-er-Sheva.html

 http://www.aljazeera.com/indepth/features/2016/08/celtic-hapoel-sheva-sport-politics-collide-160816055716847.html

http://www.timesofisrael.com/celtic-fans-fly-palestinian-flags-in-match-against-hapoel-beersheba/

https://twitter.com/suporterfctv


“Últimas preguntas: En Cañada Real”, Sor María Paz Fernández

RTVE


Yom haShoá, sobre el libro “El rescoldo” de Sara Strassberg-Dayán

Briefmarke-Warschau-Ghetto-Aufstand3R.LEIB: En tantos de ustedes, se ve como luchan con las huellas del tesoro; se lo ve en sus ideas, en sus actos, aunque ustedes mismos no se den cuenta, y aunque eso moleste a ciertos judíos «piadosos» que se creen los custodios del judaísmo pero no lo son… Buscar la verdad en cualquiera de sus formas es siempre judaísmo.

SEPARADOR PARRAFOS1

MADRE: ¿El ghetto está ardiendo, verdad?
URI: En parte, sí; el asfalto arde bajo nuestros pies, chorrea y se pega a nuestros zapatos, un humo negro cubre las calles, hay cadáveres por todos lados, y el olor de la carne quemada nos descompone, pero la lucha sigue.

SEPARADOR PARRAFOS1

URI: Una vez Reb Leib nos dijo que ésta era una época de poda para el árbol de Israel, ¿te acuerdas? (Masha asiente.) Tenía razón; la poda sigue, pero nuestro árbol no puede ser talado, ¿sabes por qué? Ahora lo sé, lo comprendí en este último tiempo. No puede ser talado porque nuestras raíces no están en la tierra. Nuestra raíz es un sueño, y un sueño no puede ser destruido por la violencia ni por el fuego. Nacimos como pueblo pidiendo justicia, odiando el odio y la esclavitud, y no podemos traicionar ese sueño que marcha delante de nosotros, pidiendo fe y realización. Nacimos soñando con un futuro de libertad y dignidad para todos los seres humanos, y ese sueño no puede ser destruido, a menos que sea destruida toda la humanidad, ¿comprendes?

SEPARADOR PARRAFOS1

GENERAL: Esto se acabó. Himmler me ha tele-grafiado ordenándome terminar  ya esta lucha absurda. Vamos  a destruir completamente el ghetto, lo arrasaremos hasta sus cimientos, ¿entiende?

CORONEL: ¿Y los talleres y fábricas, señor?

GENERAL: Bombardeen todo. Esos judíos saben pelear con nuestros soldados, veremos cómo pelearán ahora con las bombas que les arrojarán nuestros aviones, con el fuego de nuestros lanzallamas, y con el gas con que llenaremos sus refugios.

CORONEL: ¿Gas, señor?

SEPARADOR PARRAFOS1

MASHA: Desde que estuve allá, en Treblinka, no había podido llorar; pero esa noche, mientras miraba arder el ghetto, mientras a mi espalda escuchaba brindar a los polacos, volví a llorar. Supe que entre esas llamas estaba el pueblo que yo creía que ya no existía; supe que yo era parte de ese pueblo y que el pueblo estaba en mí; supe que me quemaba el mismo fuego que los quemaba a ellos; pensé: ¿por qué no estoy también yo ahí, muriendo con mi gente? Supe quién era yo, por fin, ¿comprendes?

SEPARADOR PARRAFOS1

«Si comprender es imposible, conocer es necesario…», las palabras de Primo Levi sirven de prefacio a la obra teatral «El rescoldo» de Sara Strassberg-Dayán, donde a través de ésta, cobra realidad el hecho histórico, al convertirse en coetáneo, al permitirnos reflexionar sobre las condiciones históricas en que tuvo lugar la vida humana en una época nefasta de la Humanidad.

Los roles actorales se funden en la piel de los personajes, cobran visibilidad ante el lector-espectador, son personas de otro tiempo con las cuales podemos identificarnos, desde el acuerdo o el desacuerdo de sus posturas, reacciones, miedos, creencias, recelos, desconfianza, etc.

En el caso del lector, la obra se transfigura en lo que podríamos calificar una novela en tres dimensiones, ya que la dinámica de la estructura de los actos, la ubicación en escena de aquellos seres-personajes en ese espacio físico y temporal, en una dimensión historia-presente, hace ágil la lectura y comprensible la situación planteada.

Tantas veces desde la ignorancia o la indiferencia, el desconocimiento o la soberbia, muchos han dicho: «por qué se dejaban conducir como ovejas al matadero», y la pregunta debería ser ¿cuál habría sido la decisión que hubiésemos tomado nosotros, en el caso de que se nos exigiera proporcionar una lista con varios miles de nombres para cubrir la cuota requerida para el próximo transporte a los campos de la muerte a cambio de que no mueran todos?, ¿cómo repartiríamos la exigua ración de comida o los medicamentos a todos los hambrientos y enfermos o sólo a aquellos con más posibilidades de sobrevivir?, ¿qué hacer, para conservar la vida un día más?, ¿cómo actuar ante la disyuntiva de que un padre sólo podía salvar a un hijo, a cual, de ser transportado?

Y una vez ya en los campos, la humillación, y la deshumanización el rapado total, el despojo de la ropa y de todos los efectos personales, el tatuaje de un número, la falta absoluta de privacidad en las barracas, el dormir en el camastro junto a dos o tres extraños, la indescriptible suciedad, la desaparición de todas las jerarquías que determinan usualmente una gran parte de nuestra identidad, la ausencia de toda ceremonia, la imposibilidad de llorar a los muertos. Y la misma muerte.

¡Y resistieron y lucharon!

Este libro es un humilde homenaje a aquellos jóvenes que presentaron lucha a la bestia nazi, para elegir siquiera la manera de morir. Los hubo no sólo en Varsovia, también en Bialistock, Cracovia, Chestojova, Tarnov, Bandin y en los mismos campos de concentración y los de exterminio.

ElRescoldoNovedadEncontrará el lector en «El rescoldo», a aquellos seres-personajes que a través de la resistencia judía, entonces, intentaron elevar la dignidad humana tanto como fuera posible, tanto como les fuese posible. Los que escribieron un periódico en la clandestinidad, los que enseñaron en escuelas, aquellos que impartieron clases de hebreo, de sionismo y de Torá, quienes tocaron en orquestas, quienes actuaron en los teatros para un público hambriento de pan; los niños contrabandistas; los judíos creyentes que siguieron cumpliendo las mitzvot, los tradicionalistas que continuaron yendo a las sinagogas y festejaron las festividades. Todos ellos fueron y serán nuestros héroes.

«El rescoldo», nace como el resultado de la necesidad pesonal de la autora, de enfrentarse con el tema del Holocausto desde su condición judía, por medio de su herramienta natural que es la dramaturgia, a la que nos tiene acostumbrados en su prolífica trayectoria como escritora.

Juan Zapato


“Judíos errantes”, Joseph Roth

judios errantesYa antes había visto como perdían el sentido mientras rezaban. Fue en el Yom Kipur. En Europa occidental se lo denomina “Día de la Reconciliación”, y en tal nombre vibra toda la disposición a comprometerse que caracteriza al judío occidental. El Yom Kipur no es, sin embargo, ningún día de reconciliación, sino de expiación: una dura jornada cuyas veinticuatro horas contienen un arrepentimiento de veinticuatro años. Comienza la víspera a las cuatro de la tarde. En una ciudad cuyos moradores son judíos en preponderante mayoría, la más grande de las festividades judías se siente como una pesada atmósfera de tormenta cuando se navega por alta mar en una frágil embarcación. Las callejuelas se ensombrecen de pronto a causa del resplandor de las bujías, que irrumpe desde todas y cada una de las ventanas, y del aprfesurado y temeroso cierre de las tiendas -un cierre tan inmediato e indescriptiblemente denso que bien pudiera creerse que no volverían a abrirse hasta el día del Juicio Final-. Es una despedida general de todo lo mundano: del negocio, de la alegría, de la naturaleza y la comida, de la calle y la familia, de los amigos, de su atuendo cotidiano. gente que dos horas antes iba por ahí con su atuendo cotidiano y su semblante habitual: marcha a toda prisa, metamorfoseada, a través de las callejas, en dirección al oratorio, ataviada c on pesada y negra seda, y con el terrorífico blanco de los sudarios, con calcetines blancos y flojas zapatillas, cabisbaja, el manto de orar bajo el brazo; y el gran silencio, que en una ciudad por lo común casi oriental en su bullicio se torna cien veces más patente, pesa incluso sobre los niños vivarachos, cuyo griterío es el acento más fuerte en la música de la vida cotidiana. cada padre bendice ahora a sus hijos. Todas las mujeres dan ahora rienda suelta a su llanto ante los candelabros de plata. Todos los amigos se abrazan entre sí. Todos los enemigos se piden entre sí perdón . Un coro de ángeles toca las trompetas que anuncian el Día del Juicio. Pronto abrirá Jehová el gran libro donde están consignados los pecados, los castigos y los destinos de este año.Es un momento en el que se encienden luces por todos los muertos. Y otras se encienden por todos los vivos,. Los muertos sólo están a un paso de este mundo, y los vivos sólo a un paso del más allá. Comienza la gran plegaria. El gran ayuno ha comenzado ya una hora antes. Cientos, miles, decenas de millares de cirios arden uno junto al otro, se funden y, al hacerlo, forman grandes llamaradas. Los chillones rezos restallan desde mil ventanas, interrumpidos por apacibles, tenues melodías del más allá,trasunto del canto celestial. la gente se apiña en los oratorios. Algunos se tiran al suello y allí permanecen largo rato para después levantarse, sentarse sobre las baldosas y los escabeles, acuclillarse y ponerse súbitamente en pie, balancear el tronco y correr de acá para allá sin cesar por el pequeño recinto como extáticos centinelas de la plegaria; son casas enteras las que están repletas de sudariso blancos, de seres vivientes que no están aquí, de muertos que vuelven a la vida; ni una gota humedece los resecos labios ni refresca las gargantas que tanto claman desde la aflicción, y que no claman a este mundo sino al otro, al del más allá. Hoy no comerán, y mañana tampoco. Es tremendo saber que en esta ciudad hoy y mañana nadie comerá ni beberá. De pronto, todos se han convertido en espíritus, con las propiedades de los espirítus. cada pequeño tendero es un superhimbre, puesto que hoya ha de llegar hasta Dios. Todos extienden las manos para asir la punta de sus vestiduras. todos, sin distinciones: los ricos son tan pobres como los pobres, pues nadie tiene nada que comer. Todos son pecadores y todos rezan. Les sobreviene un vértigo, se tambalean, se ponen fuera de sí, cuchichean, se hacen daño a sí mismos, cantan, claman, lloran, pesadas lágrimas cae en regueros por sus viejas barbas, y el hambre se ha esfumado por obra y gracia del dolor del alma y la eternidad de las melodías que escucha con arrobo el oído.

Joseph Roth© Fragmento del capítulo La pequeña ciudad judía, extraído del libro “Judíos errantes” ISBN: 978-84-96834-35-4


“Y por mi vinieron…”, Martin Niemöller o Bertolt Brecht, Jesús Sordo Medina

Martin NiemöllerAlgunos ya sabrán que este famoso poema atribuido a Bertolt Brecht (Augsburgo, 10 de febrero de 1898 – Berlín, 14 de agosto de 1956) fue realmente creado por el pastor protestante alemán Martin Niemöller (1892-1984), pero que por cuestiones del destino, y sobre todo en lengua castellana, se atribuyó al genial dramaturgo alemán.

 

Niemoller Quote

Una de las versiones del famoso poema: “Ellos vinieron”, por Martin Niemöller

Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,                                     guardé silencio,
porque yo no era comunista,
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,
Cuando vinieron a buscar a los judíos,
no pronuncié palabra,
porque yo no era judío,
Cuando finalmente vinieron a buscarme a mi,
no había nadie más que pudiera protestar.”

El poema, para algunos, fue pronunciado por primera vez en el sermón que el pastor Niemöller pronunció (1) en la Semana Santa de 1946 en la población de Kaiserlautern (Alemania) y que se tituló “¿Qué hubiera dicho Jesucristo?”, en referencia a la apatía del pueblo alemán ante la crueldad nazi. Este dato se corrobora en el libro: They Thought They Were Free, The Germans, 1933-45, escrito por Milton Mayer en 1955.

“Pastor Niemöller spoke for the thousands and thousands of men like me when he spoke (too modestly of himself) and said that, when the Nazis attacked the Communists, he was a little uneasy, but, after all, he was not a Communist, and so he did nothing; and then they attacked the Socialists, and he was a little uneasier, but, still, he was not a Socialist, and he did nothing; and then the schools, the press, the Jews, and so on, and he was always uneasier, but still he did nothing. And then they attacked the Church, and he was a Churchman, and he did something—but then it was too late.

La gestación de este poema, según nos cuenta el profesor Harold Marcuse (nieto del filósofo Herbert Marcuse) (2), tiene que ver con el periodo que el pastor Niemöller permaneció en el campo de concentración de Dachau desde 1941 a abril de 1945 por enfrentarse al régimen nazi, al cual, sin embargo, había defendido años antes. Su experiencia en el campo de concentración y el hecho de que sus compañeros encarcelados habían sido comunistas, socialdemócratas y judíos, claramente fundamentó el sentido de este poema, el cual se fue formando a partir de una visita que realizó a dicho campo de concentración una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, en noviembre de 1945. Si bien Martin Niemöller autorizó la versión que conocemos en 1976 en una entrevista, es muy posible que éste o versiones similares las utilizara en forma oral en sus sermones y conferencias a modo de reflexión y se fueran difundiendo durante la décadas de los 50 y 60 hasta ser conocido mundialmente.

En la página web oficial de Martin Niemöller (3) – la traducción es de Google Traductor –, el pastor alemán, en una de sus últimas entrevistas no recuerda exactamente cuando fue la primera vez que articuló este poema sino que lo recuerda más como una reflexión sobre el comportamiento del pueblo alemán durante el horror nazi. Recordemos que aunque Niemöller había sufrido la represión nazi en los últimos años, fue un claro defensor de este movimiento en sus inicios y reconocido anti-semita.

En relación a las muchas versiones del poema, ya decimos que en 1946, el propio Niemöller utilizó la versión oficial en su sermón de Pascua. Años más tarde, con Martin ya fallecido, su segunda esposa, Sibylle Sarah Niemöller-von Sell, aprobó de nuevo la versión oficial ante las modificaciones que se habían ido generando.

Porque del malentendido

En el mundo anglosajón la autoría de este famoso poema está clara: es de Martín Niemöller. Sin embargo, en lengua castellana, se ha producido un malentendido entre el autor de estas frases que unos adjudican al pastor protestante alemán y otros al dramaturgo Bertolt Brecht. Pero, ¿a qué es debido esto?

Según escribió Rafael Martínez en 1997 para el Diario el País (4), el error viene desde los años 70. Este poema fue difundido oralmente y en ocasiones también se le conoció como“Los indiferentes”. Ddado que Martin Niemöller no ha sido alguien tan conocido como el propio Brecht y que las características del poema encajan en la forma de escribir y de acercarse a temas como el de la disidencia política del dramaturgo alemán, hicieron que el poema se atribuyera a Brecht.

Pero ¿cuáles fueron las primeras atribuciones del poema a Brecht? Muchos expertos piensan que fueron representantes de movimientos revolucionarios de la década de los sesenta los que convirtieron este texto en un poema de Brecht. Y en relación a esto, debemos mencionar a la actriz judio-argentina y apasionada de Brecht, Cipe Lincovsky (1933 – Buenos Aires), amiga de la viuda de Bertolt Brecht, Helene Weigel (1900, Viena – 1971, Berlín), y que en el vídeo de la izquierda asegura que el famoso poema fue escrito por el dramaturgo en 1933 y en Berlín, tras el triunfo de Hitler en las elecciones. Como vemos, difiere en algunos versos del poema de Martin Niemöller:

“Primero se llevaron a los judíos,
Pero a mi no me importó porque yo no lo era;

Luego, arrestaron a los comunistas,
Pero como yo no era comunista tampoco me importó;

Más adelante, detuvieron a los obreros,
Pero como no era obrero, tampoco me importó;

Luego detuvieron a los estudiantes,
Pero como yo no era estudiante, tampoco me importó;

Finalmente, detuvieron a los curas,
Pero como yo no era religioso, tampoco me importó;

Ahora me llevan a mí, pero ya es tarde.”

¿Qué podemos decir al respecto? ¿Qué la fuente no es fiable? Cipe Lincovsky pasa por ser una experta en Brecht. La primera obra en la que participó fue Madre Coraje –hacía de la muda–, estrenada en 1953 en Buenos Aires, cuando el dramaturgo aún vivía (5). Años más tarde, en 1957, trabajó en el Berliner Ensemble, teatro dirigido por la segunda mujer de Brecht, Helene Weigel, de la que como decimos, Lincovsky fue gran amiga y la que, pudiera ser, le transmitiera la información del famoso poema, según el propio Brecht.

Cipe ha estado recitando este poema durante décadas y dada su cercanía a la obra de Brecht y su estrecha relación con su viuda, cuesta creer que aun en el año 2010 – como se ve en el vídeo anterior – Cipe Lincovsky no sea consciente de que el poema realmente es del pastor alemán Martin Niemöller. Ante esto cabría la posibilidad de que el poema fuera realmente expresado por primera vez en 1933 por Bertolt Brecht y fuera recogido por Matin Niemöller algo más de diez años más tarde. O como asegura la versión oficial, que el poema fuera mal atribuido a Bertolt Brecht y su autor sea, indefectiblemente, Martin Niemöller.

PS: Hemos hecho algunas consultas, entre ellas a la propia Cipe Lincovsky buscando fuentes para la información de que el poema se dijo por primera vez 1933, en Berlin y por Bertolt Brecht. Los nuevos datos serán actualizados en este artículo.


Notas:

http://www.history.ucsb.edu/faculty/marcuse/niem.htm
http://www.history.ucsb.edu/faculty/marcuse/niem.htm
Página principal del sitio oficial de Martin Niemöller
http://elpais.com/diario/1997/09/19/opinion/874620008_850215.html
http://www.cipelincovsky.com.ar/home.html


“Los Nadies”, Antonio Soto Carmona

Un poema de Eduardo Galeano, Los nadies, inspiró al artista plástico vasco-andaluz Antonio Soto Carmona una singular obra pictórica: una serie de retratos auténticos, no imaginarios, catorce rostros de gran tamaño que se corresponden a otras tantas personas con el denominador común de ser víctimas anónimas por diversas causas, “nadies” a quienes el artista pone cara y ojos. Acaba de publicar un libro con ese título, pero con el sustantivo en mayúsculas: losNADIES.

Cara, ojos… y nombres, con una glosa personal, así es como nos presenta Antonio Soto a cada uno de sus catorce modelos:

  • Ana, víctima de abuso sexual infantil;
  • Asur, víctima de trauma de guerra;
  • Mounira, quien sufre sordera a consecuencia de la malaria;
  • Ramón, sin hogar;
  • Chanary, víctima de tráfico infantil;
  • Shirkam, niño soldado en Liberia;
  • Tazidat, inmigrante ilegal en patera;
  • Nadia, víctima de tráfico humano;
  • Iki, inmigrante del cuarto mundo;
  • Carlota, víctima de explotación laboral infantil;
  • Charo, víctima de desahucio;
  • Jean, víctima de catástrofe natural;
  • África, “mi nombre es África”;
  • y Amanda, víctima de ‘bullying’ (acoso).

Son miradas directas a la conciencia del observador. “En cada lienzo”, comenta Juan Francisco Muela, “sus rostros surgen de la nada en la que quieren acallarlos y clavan sus miradas como espadas en quienes les contemplan y se toman la molestia de escuchar, si acaso un rato, los clamores de su voz sin voz que se hacen carne y sangre a poco que se les permita.”

Miradas que piden una respuesta a las problemáticas sociales que subyacen a la desgarradora pintura solidaria de Soto Carmona: desde el abuso sexual infantil, al tráfico humano, pasando por el cuarto mundo, personas sin hogar, traumas de guerra, etc.

A algunos de sus modelos los llegó a conocer personalmente en sus viajes como cooperante a África. Es la voluntad decidida del cristiano de base militante por hacer otro mundo posible la que alumbra la vena creativa del artista plástico por comunicar el mensaje.

El libro, de 62 páginas y un generoso tamaño de 32 x 25 cm, incluye un cuadernillo central de 16 páginas con un poemario (“poemas identificados”) del chileno Marcelo Gatica, ilustrado con ocho collages a doble página del propio Soto.

losNADIES portada 300 Miradas de la exclusión: ‘los nadies’, por Antonio Soto Carmona

Al lado de Galeano, inspirador principal, Antonio Soto incluye en el libro la cita de Neruda “Donde no tiene voz un hombre, allí mi voz” y el poema África de Gabriela Mistral, entre otros textos.

La Exposición de los Nadies nos permite reflexionar sobre quiénes son esos seres humanos “que se acaban convirtiendo en meros recursos humanos”, dice el pintor citando a Galeano. “Quiénes son esos ningunos”, continúa, “que ni siquiera tienen nombre y que no figuran en la historia universal.” Concluye: “y también nos invita a pensar si estamos, nosotros mismos, tan lejos de convertirnos en Nadies, si continuamos siendo tan sólo espectadores.”

El artista pone esta exposición itinerante a disposición de diferentes propuestas, desde campañas de sensibilización, conferencias sobre diferentes temáticas sociales, cultura de la paz, solidaridad, justicia social… El taller de arte “El Camino de la Paz” forma parte de las actividades que se pueden realizar para completar la exposición. De forma interactiva realizaremos un mural que nos hablará de la justicia, solidaridad e implicación en nuestra sociedad. Este taller, de una duración de 60 minutos, una une arte plástico, literatura y música con el denominador común de la paz.

Fuentes: http://www.antoniosoto.org/esp/nadies.htm

Manuel López© en: http://periodistas-es.com/miradas-de-la-exclusion-los-nadies-por-antonio-soto-carmona-28850#more-28850

Manuel López: Editor adjunto de Periodistas en Español. Periodista, fotógrafo, profesor y consultor de medios. En la profesión desde 1966. Perteneció a las redacciones de ‘Gaceta ilustrada’, ‘Cuadernos para el Diálogo”, ‘El Periódico” y ‘Tiempo’. En 1982 funda FOTO, revista que edita y dirige hasta 2009 (287 números). Fue vocal por el sector de la Fotografía en la Comisión Redactora del Anteproyecto de Ley de Propiedad Intelectual de 1987. Su exposición fotográfica antológica ‘Manuel López 1966-2006’ va camino de 40 itinerancias por España y América.


“Palabras familiares”, Nora Gaon

Esas palabras eran familiares. Las palabras que estaba escuchando en ese mismo momento las había escuchado en otro tiempo, en otro lugar. No las comprendía pero sabía que habían estado allí, antes de aquel amargo ahora.

Hanna, ¿me escuchas? Hanna…

Después llegaron los gritos, aquellos gritos que se habían convertido en rutina. Generalmente me ponían nerviosa, cerraba los ojos porque creía que así no los escucharía, que mi mente me llevaría otra vez a pensar en esas palabras que deseaba descifrar, pero los gritos eran ladridos humanos en aquella noche fría. Trataba de taparme los oídos para no oírlos, pero los tonos de las voces eran agudos y penetraban a través de los dedos que querían proteger mi alma. Los gritos eran órdenes: “¡Silencio! ¡Raus! ¡Recuento!” ¡Tantas veces quise gritar!… pero mi voz quedó enmudecida. Los gritos se enredaban en los llantos de todas nosotras, en el pelo rapado, en aquella trenza que, como gesto de bienvenida a aquel lugar, había sido cortada con brutalidad.

Hanna… mírame a los ojos por favor, quiero decirte algo…

La rutina en este lugar está llena de sorpresas como en aquel parque de diversiones al que me llevaban cuando era una niña. Después del silencio trataba de encontrar las luces de los tiovivos, la música de la noria. Entre las luces, aparecían nuevamente las palabras que había escuchado hoy. ¡Aquel parque de diversiones era tan parecido a este! Quizá la única diferencia es que aquí los trenes son de verdad y traen a gente que tiene miedo.

Hanna… ¿alguien me puede decir qué le pasa a mi niña? Hanna, ¿me escuchas?

7e43f295ea992727e936364e168e3e5aEn uno de esos trenes llegó gente de lugares que yo no conocía, nunca había visto trenzas tan negras, ojos tan llenos de miedo, palabras tan difíciles de pronunciar. De reojo, observaba al grupo de muchachas que había llegado en aquel tren. Por un instante pensé en darles la bienvenida y no contarles lo que les espera, ¡como si supiera qué nos espera! Ayer alguien dijo que estoy aquí desde hace casi un año.
¡Un año! En estos momentos tendría que estar en el colegio. Una de las muchachas nuevas se parece mucho a mi compañera de pupitre. ¿Será ella? No, no puede ser ella, mi compañera sonreía, la chica nueva tiene una boca pequeña, una boca llena de miedo que no sonríe.

Hanna… no puede ser que no comas, vas a debilitarte. ¿No me escuchas…?

Toda mi atención estaba centrada en las “nuevas”. Hablaban una lengua que yo no conocía pero que tenía algo familiar, como esos aromas de la niñez: pan recién salido del horno, las velas de sabbat dejando un hilo de humo, o el aroma de la muñeca que apretaba contra mi pecho a la hora de dormir. Aromas familiares que trataban de transformarse en palabras.

Hanna… niña, ¿Por qué has subido a la cama más alta?

Necesitaba pensar, tratar de recordar dónde las había escuchado. Para eso necesitaba “altura”. Mi cama era la más baja y la compartía con otras tres chicas, por eso trepaba a la litera más alta y desde allí trataba de entender de qué hablaban las muchachas. De repente una dijo algo y la otra, la que se parecía a mi compañera, comenzó a reírse pero su risa se transformó en llanto. Las palabras se mojaron con lágrimas. Quizás llamaba a su madre, o a su padre, o a los dos.

Hanna… te traje un trozo de pan, lo dejo envuelto en el pañuelo sobre tu cama…

Pensaba si tal vez aquellas palabras las había escuchado en mi familia. La palabra familia era mágica. Los pensamientos levantaban el vuelo y me traían la memoria de mi padre y de mis dos hermanos menores. ¿Qué habrá sido de ellos? Mi padre solía decirme a menudo: “Hanna, escucha, escucha los trinos de los pájaros. Ellos hablan un idioma que nosotros hemos olvidado”. Los diálogos entre las muchachas eran como esos trinos. Aquellas muchachas-pájaro habían llegado a una gran jaula. No sé si volverán a volar.

Hanna… niña… no te has comido el pan ¿En qué piensas hija?

Y los pensamientos me llevaron a aquel momento en que nos sacaron de nuestra casa. Los soldados, altos como las torres de mi ciudad, entraron de repente. Los había visto caminando por las calles, uno de ellos me sonrío cuando pasó a mi lado. Una persona que sonríe no puede hacer daño, ni gritar, ni maltratar. Nos pusieron a todos contra la pared del vestíbulo, a todos menos a quienes estaban buscando y no encontraban. Un soldado se quedó apuntándonos con su fusil, la punta de la bayoneta tocó mi mejilla varias veces. Mamá lloraba en silencio, quise consolarla pero no me atreví a moverme. Dijeron algo, preguntaron cosas.

Hanna… llueve afuera, trata de no mojarte cuando salgas…

Entre las palabras incomprensibles de los soldados solo entendí dos nombres, el de las criadas que trabajaban en nuestra casa, aquellas dos muchachas italianas que habían llegado a nuestra ciudad antes de que yo naciera. Para mí eran como dos hermanas mayores. Después de pronunciar sus nombres, la punta de la bayoneta comenzó a hacer sangrar mi mejilla mientras el soldado sonreía, igual que aquél que me sonrió en la calle. Entonces, mi padre hizo una señal y les mostró cómo llegar a la cocina. Dos soldados sacaron de allí, a empujones, a las criadas. Ellas lloraban en otra lengua, en la misma lengua que hablaban cuando preparaban panes caseros, mermeladas agridulces, en la que me cantaban canciones de cuna.

Hanna… hija, escóndete por favor, dicen que nos vienen a sacar de aquí…

Gritos. Otra vez aquellos gritos. Se llevaron a las criadas a la otra sala mientras nos sacaban de la casa. Yo las oía suplicar. Sus voces se habían convertido en gritos de animales heridos. En un arranque incomprensible me di la vuelta. El soldado de la bayoneta me gritó algo y me marcó la frente. La cicatriz se secó en este último año, el recuerdo no.

Hanna… están entrando, están armados, Hanna, ¡baja, por favor!

61dbc2163bf0d9933e774c9b27135b0bGritos, nuevamente gritos. Al bajar de la litera no veo a nadie conocido a mi alrededor. No veo a mi madre. ¿Por qué no me advirtió, por qué no me llamó? Las muchachas de las trenzas están allí de pie con sus cabezas rapadas. Una de ellas me dice algo con voz tranquila, como si nada nos amenazara. Algo filoso y cortante me apunta, el frío metal que toca mi frente me traduce sus palabras: “quieta, quédate quieta, no te muevas, no temas”. Y yo entiendo lo que dice porque habla la lengua de los panes caseros y de las mermeladas. Por fin se abrió el pesado telón que no me permitía comprender lo que decían, estaba al lado de mi compañera y entendía claramente sus palabras.

Finalmente llegó el silencio. Esta vez era diferente. Esta vez era diferente a todos los otros silencios. Después de haber escuchado las palabras en ese idioma desconocido-conocido, el silencio se transformó en una masa de palabras. El silencio era blanco y pegajoso. En el último año había escuchado muchos silencios pero este era imposible de sobrellevar, durante aquellos momentos de silencio blanco se estaban llevando a mi madre, la sacaban a empujones del barracón. Y yo escuchaba las palabras que hasta hace poco no comprendía mientras mi alma estaba a oscuras, más a oscuras que nunca.

Nora Gaon


“La biología contra la raza”, entrevista de Ari Volovich a Joaquín Giménez Héau

foto-razaDesde sus inicios el ser humano ha encontrado en la otredad la manera más eficiente para explicarse y definirse a sí mismo; para formar una identidad tangible que le permitiera entender su lugar dentro de su entorno. Somos el producto de todo aquello que no somos; nos moldeamos con la misma mano que tantea al otro. Esa necesidad innata de asumirnos diferentes y únicos frente al otro ha teñido de sangre los campos de batalla a lo largo y ancho del mundo bajo los seudónimos dios, patria o democracia. “Entiendo por nacionalismo el hábito de suponer que los seres humanos pueden ser clasificados como los insectos”, decía George Orwell. Basta con sustituir la palabra nacionalismo por raza para entender la postura de la biología frente a esta potente herramienta de clasificación que, a su vez, se muestra como la más superficial de todas. Al parecer, la raza no es más que un monstruo mitológico salido de las agendas sociopolíticas y que acecha los lugares más comunes de la imaginación colectiva. El único lugar donde este término se siente incómodo es dentro de los márgenes de la ciencia.

“Siempre ha existido la costumbre de tratar de justificar y demostrar la superioridad de la cultura en el poder a través de la biología. La ciencia siempre ha tenido dueño”, explica Joaquín Giménez Héau, coordinador de la Unidad Informática para la Biodiversidad del Instituto de Biología de la UNAM. “Tendríamos que remontarnos al siglo XVIII para hablar de uno de los grandes personajes de la biología: el naturalista sueco Carlos Linneo, quien publicó el primer libro (Systema naturae) en el que se describen y clasifican las especies, sobre todo en lo que se refiere a las plantas. Este sistema fue el punto de partida formal para la taxonomía moderna, la ciencia de clasificar a los seres vivos.Systema naturae describe cuatro variedades del Homo sapiens.

Americanus: colorado, colérico, de porte derecho, de piel morena y cabellos negros, lacios y espesos, con labios gruesos, fosas nasales largas, mentón casi sin barba, porfiado, contento con su suerte, amante de la libertad, pintado su cuerpo con líneas coloradas, combinadas de distintas maneras.

Europaeus: blanco, sanguíneo, musculoso, cabellos rubios, largos y espesos, inconstante, ingenioso, inventivo, cubierto totalmente con ropas, gobernado por leyes.

Asiaticus: amarillo, melancólico, de fibras rígidas, cabello negro, ojos marrones, severo, fastuoso, avaro, vestido con largas túnicas, gobernado por la opinión.

Afer: negro, flemático, de complexión débil, con cabellos crespos, astuto, perezoso, negligente, con el cuerpo frotado con aceite o grasa, gobernado por la voluntad arbitraria de sus dueños.

A pesar de que Linneo no utiliza el término “raza” sino el de “variedad”, sus apreciaciones sobre los africanos sentaron, quizá, las bases del racismo “científico” posterior, dice Giménez Héau.

“Así sucede con el Conde de Buffon, quien retoma la descripción de Linneo y propone que el mejor medio para los humanos está en la zona templada, entre los paralelos de 400 y 500 (leguas francesas). Allí es donde se encuentran las mejores condiciones de vida y, por ende, los seres humanos más bellos y mejor dotados del mundo, que son el resultado de un equilibrio perfecto con el medio. Según Bufón, las demás variedades humanas se alejan de ese modelo ideal en proporción a la distancia de la que viven del clima templado. A finales del siglo XVIII Adriaan Gilles Camper, y posteriormente Charles White, al comparar cráneos y otros huesos humanos y de monos, concluyeron que existían cráneos que caían en la categoría de humanos y otros que caían en la categoría de ‘parecido al chango’, y por supuesto estos últimos eran los de los africanos. Ahora bien, no es casualidad que existieran estos intentos sistemáticos de degradación física e intelectual de los africanos justo a fines del siglo XVIII. Ésa fue justamente la época en la cual comenzó una crisis en el comercio de la trata de esclavos. Por eso es que se buscó que la ciencia de entonces diera nuevas razones para justificar la continuidad de este comercio. Si los africanos no eran humanos propiamente, la idea de que el tráfico de los esclavos era inhumano perdía cualquier relevancia”, dice Joaquín.

“Poco después de la II Guerra Mundial y las delirantes teorías raciales propagadas durante el Tercer Reich, surgió un movimiento dentro de la biología que desmentía la existencia de las razas humanas. Con los avances en la investigación genética se pulverizó la justificación biológica del racismo. Todos los estudios muestran que no hay diferencias genéticas significativas entre los seis mil millones de humanos. Hoy en día sabemos que la diferencia genética entre las personas es del 0.1 por ciento (de este 0.1 % sólo varía el 10% en los caracteres que utilizamos para identificar razas como lo son la forma del pelo, la nariz, el color de nuestra piel). Esto quiere decir que compartimos 99.9 de nuestro genoma. Somos prácticamente idénticos. Esto ha dado cabida a una nueva discusión en la cual el concepto de raza no sirve en los seres humanos. Existen mayores diferencias genéticas entre los 150 mil chimpancés del mundo que entre los seis mil millones de humanos”, asegura Giménez.

“Antes se describían los organismos desde una perspectiva exclusivamente morfológica, agrupando caracteres: así como te veo te describo, no había otra manera de hacerlo. En el caso de los seres humanos los caracteres más evidentes son el color de la piel, por eso es que se ha utilizado para hacer una clasificación basada simplemente en el color de la piel. En un estudio publicado en la revista Science se lee que de 25% a 38% de la diferencia entre el color de la piel entre negros y blancos está dada simplemente por el cambio de una proteína en un gen (SLC24A5). Es decir, que una mínima diferencia en este gen se traduce en una enorme diferencia en el color de piel. Podemos decir entonces que en términos genéticos el color de la piel es absolutamente insignificante. En realidad, el tipo sanguíneo es mucho más importante y sin embargo no vemos guerras entre grupos sanguíneos. La historia no ha registrado un derramamiento de sangre deliberado entre ejércitos B positivo y A negativo”, dice Giménez.

“En este mismo sentido se ha demostrado que dos negros africanos pueden distar mucho más genéticamente entre sí que cualquiera de ellos en comparación con un blanco. De esta manera, la compatibilidad sanguínea entre un negro y un blanco puede ser mayor que entre dos individuos de la misma ‘raza’, y como consecuencia los órganos de un negro pueden ser más aptos para un blanco que los de otro blanco”, añade.

“El término especie se refiere a individuos que pueden reproducirse y tener descendencia fértil. Una subespecie puede tener descendencia entre dos subespecies distintas pero ya hay una diferencia genética marcada por un aislamiento evolutivo. Al aislamiento se le conoce como el fenómeno de especiación. Por ejemplo, si la mitad de una población se queda en una isla y la otra migra y nunca más se vuelven a combinar, a lo largo del tiempo (cintos de miles o unos millones de años) los genes serán tan distintos que ya podrán ser consideradas dos especies distintas. Esto es lo que Darwin vio con los pinzones y las tortugas en las Galápagos. Debajo de este nivel taxonómico está la subespecie: un proceso de separación entre especies pero que aún pueden combinarse. Un ejemplo: si tú viajas en el tiempo a la África de hace diez mil años y te apareas con una chica, podrías tener hijos fértiles. Todo esto para decirte que somos la misma especie, que no hemos sufrido un aislamiento”.

 

“No pueden existir razas humanas por varias razones. La primera es que no hay un acervo genético claramente diferenciado. Es decir, no hay sólo blancos y negros: hay negros, negrillos, morenos, morenos claros, y así, gradualmente, hasta llegar al blanco. Hay una constante que se va modificando, una continuidad. No hay un punto en el que podemos decir de aquí para allá es una y de aquí para allá es otra. Si nos vamos del más blanco al más negro podemos encontrar un ser humano en cada uno de los tonos de color. En 1905 el Congreso Internacional de Botánica eliminó el valor taxonómico de raza, y el único uso de este concepto que se mantiene en la biología es cuando se habla de especies domesticadas cuya selección genética está decidida por el ser humano: hay razas de perros, de palomas, de borregos”, sigue Giménez Héau.

“Al comprobar que los seres humanos compartimos la gran mayoría de genes se descarta de manera automática la opción de que el comportamiento o la inteligencia estén definidos por éstos. La inteligencia es la expresión de una cantidad enorme de genes. Lo que sí obedece a la genética es la forma del cerebro de cada quien o el número de neuronas. Pero somos mitad gen y mitad medio: la inteligencia, o la capacidad de interligar, tiene que ver con las conexiones neuronales. El desempeño de éstas, a su vez, depende de tu historia, de tu aprendizaje. Esto quiere decir que aun si existieran las razas no podrían definir la inteligencia ni el comportamiento; eso lo define el medio, la cultura. Si bien la genética derrumba las teorías racistas en el ámbito biológico, se empieza a patentar un racismo étnico: se va de lo genético a lo social”.

“Ahora bien”, continúa, “es muy ingenuo pensar que todos somos iguales. Sí existen diferencias y hay que asumirlas, como hay que asumir el hecho de que éstas no son lo suficientemente considerables como para hacer una clasificación biológica. En pocas palabras: la especie humana es demasiado nueva como para haber creado razas.

Sin embargo, hoy se sigue buscando a través de la ciencia diferencias genéticas que puedan subdividir a la especie en grupos. Tal es el caso de las grandes compañías farmacéuticas, que buscan diseñar fármacos hechos ‘a la medida’ de las características genéticas del paciente (farmacogenómica), es decir, desarrollar fármacos especializados para cada grupo racial. A pesar de que esto sigue en discusión, cada vez son más las evidencias de que no existen estos grupos ni siquiera para desarrollarles fármacos especializados”, concluye Joaquín Giménez Héau.

Ari Volovich ®

Fuente: http://revistareplicante.com/


“Muchachas tomadas de la mano”, Odette Alonso

El sueño © Courbet

El sueño © Courbet

Iba cruzando la avenida Insurgentes cuando de la estación del Metrobús salieron dos muchachas. Había un no sé qué en su lenguaje corporal. Tal vez los demás transeúntes no percibieran algo extraño: yo lo supe desde antes de ver las manos de una revoloteando sobre la cintura de la otra y luego enlazando los dedos con los de su compañera. “Qué lindas las muchachas que se toman de las manos”, pensé y tuve un impulso de decírselo a ellas.

Quienes no son homosexuales, por muy cercanos y solidarios que fueren, sólo tienen una idea pequeñita de lo que es vivir contraviniendo una norma moral tan primaria y estricta. Desde que nacemos somos clasificados como mujeres u hombres según nuestros órganos genitales; desde ese mismo primer respiro queda definido cuál debe ser nuestro comportamiento sexual. Y aunque hoy sepamos y aseveremos que la genitalidad no necesariamente determina las inclinaciones y atracciones, el peso de esa marca es inconmensurable.

No relataré las confusiones, angustias, abusos, burlas, ataques, suspicacias, descréditos, insidias o limitaciones que un homosexual tiene que enfrentar. ¿Por qué tendrían que estar orgullosos un gay o una lesbiana?, suelen preguntar los críticos del orgullo ajeno, como si no pudiéramos estar orgullosos de lo que nos dé la regalada gana. Por ejemplo, de la valentía para asumir públicamente la especificidad “diferente” de una sexualidad que nos fue dada de manera natural —como a los heterosexuales la suya— y para desafiar el ojo del vecino y la espada flamígera de las autoridades y de las convenciones sociales, o de los esfuerzos para que el ejercicio de esta sexualidad no mengüe la dignidad como personas y como profesionales, o de las contribuciones para que otros niños y niñas, para que otros jóvenes, sepan que no es torcido ni perverso ni enfermo ni condenable no ser heterosexual.

En cierta ocasión coincidía con una compatriota —ahora residente en Nueva York— en que lo que menos extrañamos de Cuba, lo que más celebramos haber dejado en el pasado, son los piropos de aquellos tipos que “susurraban”, a un volumen que lo oía todo el barrio, cualquier cantidad de linduras, seguidas del menú de cómo te meterían todo lo metible y te chuparían todo lo chupable; los mismos que se regodeaban gritándonos “tortilleeeeera”, a veces por el simple hecho de que no les hiciéramos caso.

Aparto ese recuerdo nefasto mientras veo caminar a las muchachas con tanta naturalidad, tan tranquilas y seguras. Y pienso que si para eso sirvió que nos gritaran, que nos acosaran, que nos agredieran hasta nuestros propios parientes, que nos sometieran a juicios y nos expulsaran de familias, escuelas y universidades; si para ello sirvió que tantos crímenes de odio se ensañaran con nuestros hermanos (y recuerdo especialmente aquella terrible película sobre la vida de Teena Brandon, Boys don’t cry); si sirvió para que dos muchachas o dos muchachos puedan ir por la calle tomados de la mano, enamorados y sin miedo… entonces valió la pena. ¡Que no se suelten!

Odette Alonso®

Fuente: http://revistareplicante.com/muchachas-tomadas-de-la-mano/


“Desvíos y extravíos en la actual poesía venezolana”, Ramón Ordaz

ordaz2Más allá de las fronteras idiomáticas, la poesía es una, un solo tronco de cuyo cuerpo salen infinitas ramificaciones, sobre las que se posan las diversas aves del mundo a ejercitar sus cantos; árbol polifónico, la poesía crece, se multiplica a través de ramas y raíces. Telúrica por sus cimientos; coral, aérea, espacial por los alados cantos que fluyen de sus transitorios albergues. La poesía es obra de una dualidad: fija en un punto de la tierra; móvil, viajera, inasible entre la estelar música de las esferas y el concierto de voces humanas que emergen como una sola oración solicitando la presencia de Dios, y ese Dios es el poema que nadie ha escrito todavía. Por imposible, por lejano que se presente, no cesará el hombre en su intento de alcanzarlo algún día. El día aquí no es lo que creemos, las horas tampoco, pero ayudan a que conozcamos la medida de las cosas: caemos así en el curso de la temporalidad, en la angustia de nuestro tránsito, en la seducción y deseo de una trascendencia de los que sólo puede dar cuenta el más delgado verso de la poesía: “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz”. Ningún ser sobre la tierra podría negar la violencia de esta verdad poética. La luz lo es todo, de ella nacen todos los cantos, todas las resurrecciones. Tenemos, entonces, que la poesía no tiene patria; que ningún imperio lingüístico podría apropiársela, que ningún territorio, por mucho que tenga de tierra prometida, puede ser su vergel o paraíso.

No han sido pocos los intentos de concretar una visión panorámica de la poesía venezolana. Poetas y críticos de inobjetable autoridad intelectual como Juan Liscano, Guillermo Sucre, Oscar Rodríguez Ortiz, José Ramón Medina, Luis Beltrán Guerrero, Elena Vera, Vilma Vargas, José Napoleón Oropeza, Javier Lasarte, Rafael Arráiz Lucca, Joaquín Marta Sosa, Antonio Pérez Carmona, Gina Saraceni, Alejandro Oliveros, entre otros, han intentado aproximaciones que tienen la virtud del testimonio, el plausible propósito de ciertas valoraciones que hoy podemos apreciar como escalones que conducen a una unidad irradiada por efecto de la suma de múltiples cosmovisiones, es decir, por la amalgama de disímiles y encontradas miradas de nuestra poesía en el contexto de la literatura nacional. Estemos de acuerdo o no, son estas contribuciones imprescindibles frente a cualquier exigencia que se plantee mostrar con datos valederos, legitimados por el discurso operante, la más mínima de las listas de nuestros poetas ante el mundo. Entendemos que es imposible dar cuenta de todos nuestros poetas, menos en nuestros días cuando insumos como el papel constituyen un producto suntuario, ya que editar tantos volúmenes para complacerlos a todos devendría en un desangre de la economía y en la más terrible de las demagogias. A fin de cuentas, papel aguanta todo, y no es esta la dirección de lo que queremos expresar. Una antología pretende ser una muestra representativa en la que estarían los infalibles, pero después de ellos queda un amplio margen para el escamoteo, para que los caprichos del antólogo expulsen sus fantasmas, sus criaturas congeladas bajo el hielo de inexistentes generaciones. La franca verdad es que la mayoría de nuestros poetas carecen de ubicación. Son meteoritos, bólidos errantes frente al sistema cerrado de quienes han echado sus cartas en grupos y manifiestos, en supuestas generaciones o confluencias de época o en la revista que los pudo haber unido circunstancialmente en el objetivo común de gritar al mundo la inconformidad juvenil. Hechos como estos han devenido después en parto de los montes; ya que no poca gracia ha colocado en la palestra, en los escenarios más importantes de la vida nacional, a muchos de esos afortunados seres que del acto fortuito del pasado saltaron al quicio inmediato que abre las puertas de Miraflores. Sí, el palacio presidencial se llenó de poetas, de bufones, de alabarderos, de rastreadores de oportunidad, de arribistas de toda laya que sin mediar acuerdo empezaron a inflar glóbulos rojos y a sacarse de la boca banderitas tricolores, a escribir y a cantar al padre de la patria con ritmo monocorde como nunca jamás se había hecho; era la resurrección de los patriotas que como cabalgadura encincharon el avión presidencial y las apuestas naves de nuestras aerolíneas para esos interminables vuelos de la poesía. Imposible dar cuenta de semejante acoso “intelectual”, de tantos relamidos flirteos al poder. Tanta desvergüenza no provoca sino escepticismo, la respuesta irónica como única salvación ante el coro plaudente de nuestros poetas que, aletargados en las botillerías, quedaron para exhibición en los frascos del frasquitero mayor, Enrique Hernández D’Jesús, cuyas artes malabares imponen jurados, premios, ediciones y hechos afines que tengan que ver con el ramo de la poesía. Puede sonar a burla, pero sabemos cuán corto se queda nuestro entendimiento. El escarnio proviene de esos sujetos del poder. ¿Por qué tanta agua sucia y cielo tan empañado en el panorama de nuestra poesía? La explicación es una sola: el destierro de la crítica. Hace más de tres décadas que el oficio del crítico empezó a perder vigor, a volverse laxo y complaciente frente a la producción literaria del país. La crítica académica, si es que se puede hablar con propiedad de ella, jamás trascendió el aula universitaria, amén de regodearse en exámenes de las obras que se diluían en estudios semióticos, lingüísticos, estructuralistas, culturalistas, etc. Excepcionalmente hicieron incisiones allí, en el centro del problema, en la raíz del mal que debían atacar para que no se propalara una literatura inoficiosa, insustancial, surgida de la entraña de una bohemia marcada por la esterilidad y el oficio fácil y volandero de la escritura. El halago, el encomio y el coro laudatorio determinaron la iglesia pobre de nuestra crítica. Que el crítico rozara con su escalpelo la ultrasensible piel de un poeta, era ganarse de antemano también el destierro del oficio. Así la indecencia y la falta de ética fue ganando terreno: mejor alabar que condenar, mejor celebrar que enjuiciar; mejor estar con Dios y con el diablo que permanecer en el limbo, hasta que sin anuncio alguno la crítica se esfumó de nuestro espacio, lo que dejó las puertas francas a toda suerte de populismo literario. Emulando a un nadaísta colombiano, Gonzalo Fragui pondría el inri a tan noble oficio: “Los críticos en el fondo son buenos, pero en el fondo del mar”.

Continuar leyendo


“De mi alma inconquistable”, Victoria Branca

En el día de su partida, va mi homenaje con este texto que publiqué hace un tiempo en mi blog:

http://conlospiesdesnudos.blogspot.com.ar/2010/02/de-mi-alma-inconquistable.html

De mi alma inconquistable

¿Qué mantiene a una persona en pie cuando el dolor es tán grande que lo único que puede hacer el corazón es echarse a dormir para siempre?
¿Qué pequeño o gran gesto es capaz de gritar una vez más, en los oídos sordos a toda esperanza, ese “talita kum”, lévántate y anda?
A veces es una mirada profunda de amor.
Otras, un abrazo invisible pero poderoso.
En el caso de Nelson Mandela, que estuvo preso durante 30 años antes de ser presidente de su país, parece que fueron las palabras que leyó en un poema.

Invictus

Out of the night that covers me,
back as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
for my unconquerable soul.
In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cry aloud,
under the bludgeonings of chance
my head is bloody, but unbowed.
Beyond this place of wrath and tears
looms but the horrors of the shade,
and yet the menace of the years
finds, and shall find me, unafraid.
It matters not how strait the gate
how charge with punishment the scroll,
I am the master of my fate;
I am the captain of my soul.

Desde la noche que sobre mi se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses que existan
por mi alma inconquistable.
Caído en las garras de la circunstancia
no he pestañeado ni llorado,
bajo los golpes que me echó la suerte
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.
Más allá de este lugar de lágrimas e ira
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuan estrecha sea la puerta,
cuan cargada de castigo la sentencia,
soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma.

William Ernest Henley


“La alfombra de la palmera y la media luna”, Salomé Ortega Martínez

CubiertaSalome¿Piensas en el Cairo? yo lo recuerdo a menudo, fue allí donde concebí el asomo del llanto en un azote, era un cuerpecito solitario pendiendo de un pie, luego me acostaron a la vera de nuestra madre, me amamantó mudamente en un lecho de fatiga, llegó papa con una veta sanguinolenta en los ojos, y maldijo que fuera una niña, no se inclinó para verme, fui una invisible criatura para el corazón varonil. Ajena a la indiferencia, yo, la pequeña Hayriye, codo a codo con mamá buscando desesperádamente, en un acto reflejo mi afán por vivir, succionando con entusiasmo el infantil sustento de la leche. Había nacido el tesoro de la desdicha, unos ojillos anhelantes de chispitas risueñas, no hubo bienvenida, sólo mi leal mamá sola en su ilusión.

Salomé Ortega Martínez©


“Acoso escolar”, David Mario Villa Martínez

En memoria de Amanda Tood, victima de ciber-acoso y acoso escolar.

Este vídeo lleva circulando algún tiempo, no es demasiado reciente. Yo lo descubrí tarde considerando la velocidad con la que las noticias, imágenes y los vídeos son subidos a internet, siendo divulgados al mundo entero en tan solo unos instantes.No es de cantantes, de felicitaciones de cumpleaños o navideñas, de canciones de moda, de chic@s sexys mostrando sus encantos. Trata sobre Bullying, sobre acoso escolar. Tras su difusión muchos jovenzuelos le parodiaron burlonamente, incluso se divulgo que había sido una broma pesada y que estaba actuando. Se llegó a comentar que, inclusive, había salido en otro video con su novia reconociéndolo. Yo no he encontrado en la red nada que confirme estas últimas afirmaciones. A mí me da lo mismo. Personalmente creo que a pesar de todo su historia es cierta -o es un estupendo actor en ciernes que tiene un futuro impresionante en la interpretación-. Esa cara, esa mirada y esas lágrimas me parecieron autenticas. Lo que es importante es que esa historia recorrió el mundo haciéndose eco de una realidad. ¡Eso existe! Yo lo se.

Generalmente es un tema del que no se habla, no se dice, no se hace saber a la gente hasta que en muchas ocasiones es demasiado tarde por las consecuencias físicas o psicológicas. Las propias familias suelen avergonzarse ante estas situaciones. La intimidación ha creado la miseria en demasiadas vidas, incluida la mía en mi juventud. La adopción de medidas efectivas para detener el acoso escolar es difícil. Toda persona tiene derecho a estar emocional y físicamente segura; la responsabilidad de actuar de manera segura y con respeto hacia los demás. El liderazgo adulto es esencial para detener la intimidación en nuestras familias, escuelas, barrios, lugares de trabajo y comunidades. Se están utilizando soluciones en todo el mundo por los padres, educadores, trabajadores sociales, líderes juveniles y administradores para prevenir y detener la intimidación. Trabajando juntos, podemos crear culturas de cariño, respeto y seguridad para todos en todas partes o al menos así debiera ser.

¿Tu hijo está siendo intimidado? Se escuchan innumerables historias de padres cuyos hijos viven ese malestar; desde niños pequeños hasta adolescentes han sido víctimas de hostigamiento e intimidación en la escuela ya sea por un aspecto físico, una orientación sexual, un estado de salud determinado o sin causa alguna aparente… La escuela es una parte importante de la vida de los hijos, pero por lo general son los padres quienes toman las decisiones acerca de cómo y dónde sus hijos reciben una educación. Esto significa que la mayoría de los jóvenes no tienen otra opción sobre dónde ir a la escuela, al menos cuando son muy pequeños.

Estar seguro es más importante que la vergüenza o incomodidad.

Debemos esperar que las escuelas proporcionen un entorno que sea emocional y físicamente seguro para los hijos. Es normal sentir miedo y furia sobre cualquier tipo de amenaza a su bienestar, especialmente en un lugar donde tienen que estar tanto tiempo a lo largo de su infancia y adolescencia.

Muchas escuelas intentan hacer un trabajo valiente al tratar de cumplir con una cantidad abrumadora de las demandas en conflicto; en otras ocasiones la ratio por aula, la desidia por parte del profesorado o dirección, el miedo a adquirir una mala prensa como centro o las represalias de los alumnos difíciles amordazan las buenas intenciones. Pero cuando un hijo está siendo intimidado, es normal que los padres protectores quieran solucionar el problema de inmediato – y tal vez castigar a la gente que causó que este fuera herido, avergonzado o asustado. Como es evidente no nos estamos refiriendo a esas disputas infantiles frecuentes y normales de la niñez, propias de esas etapas de socialización que se han de interiorizar en cada individuo. Los niños y adolescentes juegan, pelean, discuten, buscan su posición de liderazgo en el grupo ; forma parte de la psicología evolutiva del menor. Estamos hablando de humillaciones y violencia reiteradas, metódicas, en las que el sujeto es humillado y vejado por un solo individuo o por grupos que incluso llegan a colgar en la red sus actos. Analizar las causa por las que esos compañeros se ensañan como lobos es importante, pero no es exactamente la base de esta reflexión.

Cuando sea posible, trata de darte cuenta de los problemas cuando son pequeños. Presta atención a los cambios en el comportamiento de tu hijo. Anima a los niños a contar lo que pasa en la escuela. Escucha con calma sin sermonear. Si puedes ejerce como voluntario un par de horas a la semana en el aula o patio de la escuela en actividades extraescolares a fin de ayudar y estar al tanto de los posibles problemas del centro. Las asociaciones de padres suelen ser útiles, aunque hay que reconocer que en ocasiones terminan como las de vecinos…La vida es así.

Si tu hijo tiene un problema de acoso en la escuela, aquí hay siete recomendaciones muy básicas y elementales. Las comento como sujeto de esas agresiones en mi niñez -no tan graves como en el caso de Jonah, pero que amargaron mi existencia hasta que fui al instituto- como por mi posterior dedicación al mundo de la educación en distintos centros.

No me importa reconocer que cuando vi el vídeo lloré, me permití llorar por él y por el niño que fui. En mi vida profesional me he tenido que enfrentar a situaciones similares en varias ocasiones y, evidentemente he tomado el distanciamiento emocional necesario para ser efectivo e intentar reconducir las realidades a los cauces adecuados, calmar a los padres y tranquilizar a las víctimas. Generalmente se puede recurrir a un equipo multidisciplinar que valore el caso desde distintos puntos de vista. Y desde esa perspectiva esbozo unas directrices muy elementales que en ocasiones serán algo reiterativas pero que son necesarias recalcar para que no pasen desapercibidas.

Para las reacciones instintivas

Si tu hijo es capaz de decirte que es intimidado en la escuela, esta es una oportunidad importante para crear un modelo para él, de ser potente y respetuoso en la solución de problemas. Por difícil que pueda ser, tu primer trabajo es calmarte. Toma un gran respiro y di con voz tranquila algo similar a esto, que tenga este contenido: “Estoy contento de que me estás contando esto, que tengas la confianza de decírmelo. Siento que te esté pasando, por favor dime más para que podamos averiguar qué hacer. Mereces sentirse seguro y cómodo en la escuela”. La víctima tiene que percibir seguridad, interés, comprensión por tu parte.

Si tu hijo no te lo dijo, pero te enteraste de alguna otra manera, di tranquilamente: “He visto que esto sucede / oído hablar que te ocurre esto. Como creo que podría ser desagradable para ti. ¿Puedes contarme más? ”

Si actúas con una incomodidad demasiado evidente, tu hijo es probable que se moleste demasiado o se retraiga. Puede ser que desee protegerte a ti y a él mismo de tu reacción para evitar los problemas en el futuro o negar que algo está mal. Cuanto mayor sea el niño, más importante es que él sea capaz de sentir algo de control sobre las acciones de seguimiento que puedes tomar la escuela.

Además, si actúas mal cuando te acercas a los funcionarios de la escuela o los padres de los niños que están molestando a tu hijo es probable que se pongan a la defensiva. Hoy en día, los administradores de los centros educativos a menudo temen demandas, tanto de los padres del chico que fue víctima como de los padres del niño que fue acusado de causar el problema. Este es un temor real, porque un pleito en serio puede agotar los recursos ya limitados de las escuelas y familias, más ahora con los tiempos de crisis.

Al mismo tiempo, la mayoría de los directores de las escuelas realmente quieren hacer frente a los problemas que afectan el bienestar de sus estudiantes. Hay más probabilidades de responder positivamente a los padres que se acercan a ellos si lo hacen de una manera tranquila y respetuosa. Sin embargo, no importa qué tan buen trabajo hagas, algunas personas reaccionan mal cuando se explica por primera vez el problema. No dejes que eso te detenga, mantén la calma y ser persistente en explicar cuál es la contrariedad y lo que quieres que cambie.

Continuar leyendo