Archivo de la etiqueta: Escritores israelíes contemporaneos

Nos visitan de Radio Sefarad, Stand #9

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¡Vamos, que hoy se acaba la Feria!

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Luis Bassat conversando con Fernando Martí nez-Vara de Rey y Roi Bet Levi.

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Los esperamos en nuestro Stand #9.

https://www.latorredebabelediciones.com

https://www.facebook.com/LaTorredeBabelEdiciones/

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“Fractales de Plenilunio” de Margalit Sagray Schallman

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La Torre de Babel Ediciones, presenta “Fractales de Plenilunio”, poemario de Margalit Sagray-Schallman en la Feria Internacional del Libro de Jerusalén 2015.

Los esperamos del 8 al 12 de Febrero próximo: Stand 60

https://latorredebabel.wordpress.com/editorial/


“Introducción al pensamiento infantil”, Aida Rebeca Neuah

niñoEl día que papá me regaló un extintor me puse tan tan contento que prendí fuego a la cuna de mi hermanita. Cuna de mi hermanita bah!! Era miii cuna. Lo que es de uno, nunca se deja de poseer. Así que en realidad, prendí fuego a mi cuna para saber si mi vocación de bombero era auténtica. Como soy un niño bueno, primero tomé el recaudo de sacar a la dulce y tierna criatura que me ha robado la mitad del amor que me corresponde por derecho, de su camita. Me subí a un banquito y agarré en brazos a la beba con ternura, le mostré mi dentadura de sonrisa apretada y la puse en la cucha donde duerme Bobby. Seguro que ahí no iba a tener frío ni se iba a sentir sola. Le dije al perro que la cuidara, yo hablo un poco de su idioma. El apagador de fuegos andaba bárbaro y la cuna quedó preciosa, ahora parece una antigüedad. Papá siempre se esmera en regalarme juguetes útiles que me sirvan para elegir una profesión para el futuro. Así fue que hace unos años recibí una sierra eléctrica para hacer de carpintero. La usé para cortar al medio todas las puertas de la casa, Bobby nunca más tuvo que rascar las puertas para que le abran. Al cumplir cuatro, él vino con una caja de tachuelas miguelito. Me enseñó a ponerlas en la calle a la mañana temprano y esperar a que empiecen a salir los autos al trabajo. Mi sabio padre me aconsejó sentarme en la ventana del living, donde se veía el lugar en el que caían las tachuelas, los vecinos que se bajaban de sus autos gritaban palabras desconocidas(debe ser alguna lengua extranjera) y cambiaban las gomas pinchadas por mis clavitos. “Es la forma de aprender a cambiar cubiertas”-dijo mi papi y agregó que tener una gomería es un negocio muy rentable hoy día. Mamá comparte su criterio práctico de elección de regalos y aportó sugiriéndole no comprar más esos huevitos de chocolate porque adentro hay juguetitos con piecitas muy chicas que nos podemos tragar. Imaginate Cacho- le dijo a mi papá- los nenes con un árbol de huevitos kinder en la panza!!!

Aida Rebeca Neuah©  http://laburbujabruja.blogspot.com


“Entrevista con Aharon Appelfeld”, Jacobo Kaufmann

Aharon_Appelfeld Está lloviendo en forma torrencial y hace mucho frío. Es casi de noche, o por lo menos así parece, porque durante el invierno israelí oscurece temprano. El coche avanza lentamente por la frondosa ruta de montaña. Hay que manejar con mucho cuidado, pero no quiero atrasarme. Quiero llegar puntualmente a la cita con mi entrevistado, en su casa, no lejos de Jerusalén. Atravieso un pequeñísimo jardín, y como en ocasiones anteriores llamo a la puerta de su estudio. Enseguida se abre una pequeña ventana, en la que aparece el rostro sonriente del escritor Aharon Appelfeld, que como es habitual se disculpa por haber olvidado de traer la llave. Espero un rato. La ha encontrado, y al abrir la puerta, me dice con afecto:

– ¿Llegaste? Ven. Quítate el abrigo. Siéntate. Vamos a tomar té.

El estudio, con sus paredes blancas, es sobrio y acogedor. Lo primero que uno ve es una larga mesa atiborrada de papeles, rodeada de pilas de libros, revistas, carpetas y más papeles. A todo lo largo de las paredes está la biblioteca, en la que asoman libros del rabí Najman de Bratslav, “La Montaña Mágica” de Thomas Mann, “La dote nupcial” de Agnon, obras de Kafka, Phillip Roth, Chejov, Saul Bellow e Isaac Babel en un orden que sólo él conoce. En otros estantes están sus propios libros, en hebreo y en los otros treinta y un idiomas a que fueron traducidos.

– ¿Cómo está?, le pregunto, quitándome el abrigo.

– Ya lo ves. Como siempre. Escribiendo una línea. Borrando otra. Inventando melodías. Componiendo… ¿Trajiste todo? ¿El grabador? ¿El aparato de fotos? Ven, el agua ya está caliente.

– ¿Un nuevo libro? ¿Trabajando mucho?

– Todas las mañanas los obreros van a trabajar. El carpintero… El agricultor… No veo por qué un escritor deba ser la excepción.

– Traje una lista con preguntas.

– Las que tú quieras.

– Dicen que el otro día alguien le preguntó si se considera un escritor israelí, porque principalmente escribe sobre temas relacionados con la Shoá, sus víctimas, sus supervivientes, sobre personas que lo han perdido todo e intentan rehacer sus vidas.

– Por eso, de algún modo, soy más israelí que muchos otros escritores.

– Ud. se encuentra en Israel hace ya 63 años.

– Justamente. Llegué en 1946, cuando aquí había apenas medio millón de judíos. Ahora hay seis millones y medio. Eso quiere decir que toda segunda o tercera persona en Israel es de hecho un inmigrante. Este es un país de inmigrantes, como aquellos que mencionas, y lo seguirá siendo por muchos años. Es un proceso que puede prolongarse durante dos o tres generaciones. Y yo escribo sobre personas que tuvieron otra patria, otro idioma, otros paisajes, personas que siempre serán inmigrantes, que son la mayoría en el país. No es que pretenda describir a la totalidad de la inmigración, sino dar la palabra a personas que alguna vez tuvieron un hogar, un modo de vida, y los perdieron. Es cierto que están los así llamados nativos de Israel, que se encuentran en el país después de siete, ocho o nueve generaciones, pero también ellos son descendientes de inmigrantes. Este es un país de inmigrantes, lo digo de continuo, y quienes lo niegan perpetúan y difunden un error. Conviene señalarlo, porque a veces algunas personas crean la sensación de que éste es un país aguerrido y belicoso, en el que la gente vive en forma continuada desde hace miles de años. Pero Israel no se caracteriza ni puede caracterizarse como tal.

– ¿Qué es entonces un escritor israelí? ¿Cuál es su identidad?

– Cuando a mí me preguntan quién soy, suelo responder que tengo tres identidades. La identidad esencial y mayor es la identidad judía. Yo soy judío. Mis antepasados fueron judíos. Yo pertenezco a la tribu de los judíos. Mi segunda identidad es la europea. Soy un judío que hasta los trece años y medio, antes de llegar a Israel, estuvo en Europa. Eso a pesar de que no tuve ocasión entonces de absorber su cultura, porque en toda mi vida sólo fui a la escuela durante un año. Después vino el gueto, la marcha forzada, el campo de concentración, la huída, los bosques… Y sin embargo, Europa, con todo lo que les pasó allí a los judíos, especialmente la Shoá, se encuentran en mí y dentro de mí. También los avatares europeos de los últimos cien años. La asimilación judía a las culturas circundantes, la división sociológica, el liberalismo, el sionismo, el bundismo, el comunismo, todos esos movimientos tuvieron representantes en el seno de las familias judías. Yo los vivencié durante esos trece años y medio, que son una parte pequeña pero intensa de mi vida. Mi tercera identidad es la israelí. Como bien dijiste, ya resido en este lugar desde hace sesenta y tres años, absorbiendo todos lo que ocurrió aquí durante ese período. Trabajé en un kibutz y en diversas granjas agrícolas. Estuve en el ejército, en la reserva. Presencié los vuelcos políticos, los cambios. Soy en gran medida una persona de este lugar. Sí, de este lugar. Y lo más importante es que hablo y escribo en hebreo. Tengo tres identidades, y no soy el único. Muchas personas viven aquí con esas tres identidades. No siento que haya en ello contradicción alguna.

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“La piedra”, por Eva Gut

echuschasma_marsexpress Era un paisaje imponente… Unos altísimos acantilados reflejándose en el océano.

Parecían inmutables en su estructura pétrea, pero un día se produjo un ligero sismo y, como consecuencia, un trozo del pico más elevado osciló un instante para ir a caer a plomo en el mar.

Pasaron los siglos, quizás milenios, y ese trozo de piedra que antes tenía forma aguda fue modificándose con el roce de la arena y los minerales del agua.

Su forma fue haciéndose cada vez más redondeada. Además, se le hizo un cavidad y ahora tenía el aspecto de un gran caracol.

Allí estaba enterrada en la profundidad del océano y su destino parecía sellado. Pero al llegar el otoño se produjo un maremoto. Era como una tromba gigante que arrancó de cuajo unos arrecifes de coral, arrastró plantas marinas, moluscos y piedras.

También la piedra fue desprendida de su resguardo.

Las olas fueron arrastrándola paulatinamente hasta la orilla, donde quedó varada en la arena. Ese parecía ser su destino definitivo.

Una mañana aparecieron dos puntitos a la vera del mar, que poco a poco fueron definiéndose. eran dos hombres que avanzaban discutiendo, al parecer bastante bebidos.

El tono de la disputa fue haciéndose cada vez más agresivo. uno de ellos derribó al otro de un puñetazo. El hombre caído se palpó la mandíbula. Percibía el gusto de la sangre en su boca. la ira lo cegó…

Atinó a asir la p;piedra que estaba a su lado, y tomando impulso la arrojó hacia el otro con todas sus fuerzas. El hombre cayó como un tronco cercenado. tenía el cráneo hundido y la sangre le manaba a chorros.

El homicida se incorporó. los vapores de la bebida se habían disipado y tuvo conciencia del crimen que había cometido.

No sabía que hacer, y entonces tomo la piedra y la arrojó con fuerza hacia lo alto. La piedra fue a dar en la copa de un árbol, donde las ramas formaban una horqueta…

Una pareja de palomas que habían estado arrullándose halló la piedra. Allí fue donde hicieron su nido.

Eva Gut©

De “Antología 2001 Narrativa y lírica”, AIELC.


Ciclo de charlas: “Las dos caras judías”

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Y llegamos al final de este ciclo de encuentro con las palabras de nuestros escritores israelíes contemporáneos, donde viajamos en el tiempo del timón de A. B. Yehoshúa.

Entramos en la casa de Amos Oz que se abrió con todas las respuestas como una gran biblioteca, ahora nos queda formular las preguntas.

Corrimos por las calles de Jerusalén junto a David Grossman. Y hoy abrimos los sentidos al canto de los poetas.

Gracias por acompañarme. ¡Mil gracias!

 

Naharia, Israel , Mayo 4 de 2010,  Roberto Sánchez – Juan Zapato


“Llévame contigo”, de David Grossman

"Llévame contigo" de David Grossman


“Una historia de amor y oscuridad”, de Amos Oz


¨Viaje al fin del milenio¨, de A. B. Yehoshúa


Amos Oz. Premio Príncipe de Asturias 2007

Discurso del escritor israelí Amos Oz, al recibir el Premio Príncipe de Asturias 2007

Si adquieres un billete y viajas a otro país, es posible que veas las montañas, los palacios y las plazas, los museos, los paisajes y los enclaves históricos. Si te sonríe la fortuna, quizá tengas la oportunidad de conversar con algunos habitantes del lugar. Luego volverás a casa cargado con un montón de fotografías y de postales.

Pero, si lees una novela, adquieres una entrada a los pasadizos más secretos de otro país y de otro pueblo. La lectura de una novela es una invitación a visitar las casas de otras personas y a conocer sus estancias más íntimas. Continuar leyendo