Archivo de la etiqueta: Fefa Martí Maldonado en el Blog de Juan Zapato

“Trabajo domestico”, Fefa Martí Maldonado

Huguita, hija, perdona que te dé la brasa de esta manera pero es que, de verdad, necesito desahogarme un poco y tú eres de las pocas personas con las que tengo la suficiente confianza; si no pudiera contártelo, te juro que acabaría majareta, en serio te lo digo.

¿Quieres un poco más de infusión de valeriana? Yo es que la tomo mucho, por los nervios, ya sabes, y no es que lo diga yo pero me sale muy rica. Hija, qué bien que hayas venido, así podemos charlar tranquilas. Yo ya estaba necesitando descansar porque hoy, como comprenderás, me he dado una paliza. Tengo que aprovechar estos días, cuando se va de caza, claro, porque si no, estando él aquí, es imposible. Luego me digo que para qué tanto trabajo y tanto esfuerzo si en cuanto vuelve ya tengo otra vez la casa como un vertedero, pero es mi natural, qué le voy a hacer si soy limpia de nacimiento.

Y ésa es mi desgracia, claro, porque si me conformara, pues asunto arreglado. Él lo ensucia todo, yo miro para otro lado y se acabó el problema. Pero no, no es mi forma de ser. No puedo soportar el suelo lleno de manchas de pintura, las paredes, todo… Porque, créetelo, no tiene ningún cuidado, Huguita. Deja los cuencos tirados por cualquier parte y, claro, llegan los niños, entran sin mirar y los vuelcan y pisan la pintura y me llenan todo el suelo lleno de huellas; eso cuando no tienen la ocurrencia de pringarse las manos y estamparlas a continuación en las paredes, en cuanto me descuido tengo una colección completa de huellas palmares de todos los colores. Se lo enseñó él, ya ves, como si fuera una diversión, una gracia. Diversión para ellos, claro, pero no para mí, que luego tengo que ir detrás, renegando de todo lo renegable, limpiando huellas de pies y manos, y no veas lo que cuesta, que hay colores que no salen ni con agua caliente, sobre todo el rojo, que no sé con qué lo hace pero no hay quien lo quite, y encima el pringue de la grasa… Y él es igual, no creas que le importa lo que manche cuando está a lo suyo. Que digo yo que podría molestarse un poco y buscar la manera de pintar al aire libre. Pues no.

Y como encima el resto del pueblo le anima, pues para qué queremos más. El otro día vinieron unos cuantos vecinos y todo era alabarle el dibujo y los colores y el diseño y el movimiento de las figuras y qué bonito todo y qué artista eres, Tron. Y a mí se me llevaban los demonios porque me había pasado la mañana fregando como una loca una mancha violeta que no se iba ni pidiéndoselo de rodillas y porque el grupo de cazadores había quedado precioso después de que yo me estuviera dos horas borrando un monigote que el pequeño había pintado al lado del ciervo.

¿Te apetece una tortita de maíz? Están recién cocidas, como llevan ya dos días fuera pues me ha dado tiempo a hacer de todo, fíjate la de cosas que podría hacer si no tuviera que estar todo el rato detrás de él y de sus dichosas pinturas. A veces lo pienso y, te lo digo de verdad, Huguita, me da tanta rabia trabajar tanto para que no sirva de nada ni nadie me lo agradezca que el día menos pensado hago la maleta y me voy a la cueva de mi madre. De verdad te lo digo.

Fefa Martí Maldonado©

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“El tintero”, Antología de cuentos breves de Netwriters

ElTintero

El próximo viernes, día 25 de noviembre, presentaremos en sociedad nuestro precioso libro, el primero de la larga saga que la editorial Atlantis dedica al sello Netwriters.

Os esperamos para festejarlo en la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, en la calle Leganitos, 10 de Madrid. A las 8 de la tarde.

No te pierdas este histórico acontecimiento.

Los autores que componen la antología “El tintero”:

Cristina Ares Chicote, Alfredo Piquer, Óscar Gómez, Raquel Riesco, José Pedro Gil Román, José Carlos Rabanal, Andrés Antonio Estresado , Raquel González, África Nubla, Mª Carmen Fabre González, José Ríos Pérez, Mercedes García, Ricardo Manzanero, Laura Luengo, Esther Requena, Lydia Cotallo, Ángeles Martínez Rica, Javier Reiriz Villar, Carlos Lara, Carlos Carricondo Morales, Juan Zapato, , Ana Campo, Vicente E. Ramón Gómez, Pablo Moreno, Núria Casalprim, Luisa Grajalva, Rosaura Mestizo Mayorga, Javier Puente, Charo Orrio, Mª Soledad Soler Pelegrín, Dolores Espinosa Márquez, Juan Manuel Agudo, Ana Mª García Márquez de Prado, Aurora Maldonado Pinto, Emilio Porta, Vicente Donoso Donoso, Francisco González Marín, Rocío de Juan, José Mª Gómez de la Torre, Antonio Mas Torres, Fefa Martí Maldonado.


“Mi kibutz”, Fefa Martí Maldonado

Hay un capítulo de “Rayuela”, ahora no recuerdo cuál es, lo miraré si quieres, en el que Horacio hablaba del kibutz, ¿te acuerdas tú? Pero no del kibutz como espacio físico, no como algo real, sino como concepto, como imagen de lugar en el mundo, del lugar que cada uno está destinado a ocupar.

A estas alturas tampoco te sorprenderá si te digo que anda por ahí un cuento, no totalmente adolescente pero casi, en el que se habla del tema. Lo encontré el otro día, rebuscando en papeles viejos, y recordé aquella idea, aquella sensación que ocupó mi ánimo tantos años.

Mi lugar en el mundo.

Cuando escribí aquel cuento yo no lo había encontrado todavía y dudaba seriamente de que existiera uno para mí, ya sabes, un lugar en el que te sientes en casa, en el que puedes vivir, soñar, intentar ser feliz, porque te pertenece y le perteneces. Por aquel entonces, solo podía imaginarme a mí misma en exilio permanente por el mundo, por la vida, yo era un paradigma de la descolocación porque yo no encajaba con casi nada y con casi nadie, ya lo dijo Eva: la pieza defectuosa de un puzle.

Y luego, ya sabes, los años pasan, elegimos un camino, suceden cosas y, al cabo de algún tiempo, esa presión cede un poco y se aprende a dejarla un poco de lado, casi se aprende a olvidarla, o de pronto ocurre algo que requiere toda nuestra atención y nos distrae de esa inquietud y así un buen día, sin que casi nos hayamos dado cuenta, estamos acomodados en un modo de ser y en un modo de estar que nos empuja al olvido.

Y no sé si será por casualidad que haya encontrado ese cuento hace unos días, poco antes de decidir que me llamaré como quieras llamarme y que aprenderé a llamarte por tu nombre, o habrá sido el Destino el que llevó mis manos hasta aquellos folios para que los leyera después de tanto tiempo, para que pensara que podría ser, que tal vez, que quizás no sería un disparate imaginar que mi kibutz eres tú, que mi lugar en el mundo está justo donde tú te encuentres.

Fefa Martí Maldonado©