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“Los huevos, ingrediente indispensable de muchas expresiones españolas”, VBloger @virch78

eggs

He aquí un homenaje a los huevos, esa palabra sobre la que tantas y tan variadas expresiones se han creado en la lengua castellana. Y bueno, antes de empezar, este post no es apto para menores de 7 años. Dicho esto… empezamos!

Si se dice “vale (o cuesta) un huevo” significa que es algo que vale mucho o que cuesta mucho esfuerzo. También podemos usar la expresión “y un huevo!” que significa que ni hablar, que no, que no y que no.

Si decimos “tiene un par de huevos” significa que muestra gran valentía en sus acciones.

Junto al número 3, como en la frase “me importa 3 huevos (o también, me importa 3 cojones)” significa que no me importa nada, que paso totalmente del tema.

Y si ascendemos el número a mil pares obtendremos “le costó mil pares de huevos”, lo cual denota una gran dificultad para conseguir algo.

Además de con los números, dependiendo el verbo que acompañe a los huevos, su significado varía enormemente. Así, no es lo mismo “tener huevos” (lo que indica gran valentía) que “tiene huevos la cosa” lo que denota sorpresa y admiración, además de importancia.

Si probamos ahora con el verbo “poner” nos inclinamos más hacia un reto: “poner los huevos sobre la mesa” es como retar a alguien a hacer algo.

Otra variedad que cambia mucho el significado es el tiempo verbal utilizado. Así, el tiempo presente “me toca los huevos” indica molestia o fastidio. El reflexivo, “tocarse los huevos” indica pereza o vaguería, y el imperativo “tócate los huevos” es una exclamación de sorpresa.

Si pasamos ahora a un sinónimo suyo, cojones, también encontraremos una gran variedad de usos y significados. Los prefijos o sufijos cambian su sentido: si utilizamos el prefijo a- como en “acojonado”, expresa miedo. Si usamos el prefijo des-, como en “descojonarse”, significa reírse mucho mucho. Con el sufijo –udo, como en “cojonudo”, indica algo muy bueno que roza la perfección.

Las preposiciones también nos ayudan a matizar la expresión. De significa éxito como en “me salió de cojones”, aunque en otros casos también puede denotar cantidad, como en “hacía un frío de cojones”, es decir, que hacía mucho frío. Por expresa voluntariedad como en “lo haré por cojones” y hasta expresa el límite de aguante (estoy hasta los cojones).

Bueno, pues he aquí unas cuantas expresiones más que, seguramente, ya habréis escuchado en alguna ocasión. Si encontráis alguna otra variedad que no esté incluida en este post, os invito a que incluyáis vuestros comentarios.

 

Fuente: https://expresionesyrefranes.com/2007/01/31/


“Palabras iniciales”, Roberto Fontanarrosa

Puto el que lee

Nunca encontré una frase mejor para comenzar un relato. Nunca, lo juro por mi madre que se caiga muerta. Y no la escribió Joyce, ni Faulkner, ni Jean-Paul Sartre, ni Tennessee Williams, ni el pelotudo de Góngora.

Roberto_Fontanarrosa_Retrato_WebLo leí en un baño público en una estación de servicio de la ruta. Eso es literatura. Eso es desafiar al lector y comprometerlo. Si el tipo que escribió eso, seguramente mientras cagaba, con un cortaplumas sobre la puerta del baño, hubiera decidido continuar con su relato, ahí me hubiese tenido a mí como lector consecuente.
Eso es un escritor. Pum y a la cabeza. Palo y a la bolsa. El tipo no era, por cierto, un genuflexo dulzón ni un demagogo. “Puto el que lee esto”, y a otra cosa. Si te gusta bien y si no también, a otra cosa, mariposa. Hacete cargo y si no, jodete. Hablan de aquel famoso comienzo de Cien años de soledad, la novelita rococó del gran Gabo. “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento…” Mierda. Mierda pura. Esto que yo cuento, que encontré en un baño público, es muy superior y no pertenece seguramente a nadie salido de un taller literario o de un cenáculo de escritores pajeros que se la pasan hablando de Ross Macdonald.

Ojalá se me hubiese ocurrido a mí un comienzo semejante. Ese es el golpe que necesita un lector para quedar inmovilizado. Un buen patadón en los huevos que le quite el aliento y lo paralice. Ahí tenés, escapate ahora, dejá el libro y abandoname si podés.
No me muevo bajo la influencia de consejos de maricones como Joyce o el inútil de Tolstoi. Yo sigo la línea marcada por un grande, Carlos Monzón, el fantástico campeón de los medio medianos. Pumba y a la lona. Paf… el piñazo en medio de la jeta y hombre al suelo. Carlitos lo decía claramente, con esa forma tan clara que tenía para hablar. “Para mí el rival es un tipo que le quiere sacar el pan de la boca a mis hijos.” Y a un hijo de puta que pretenda eso hay que matarlo, estoy de acuerdo.

El lector no es mi amigo. El lector es alguien que les debe comprar el pan a mis hijos leyendo mis libros. Así de simple. Todo lo demás es cartón pintado. Entonces no se puede admitir que alguien comience a leer un libro escrito por uno y lo abandone. O que lo hojee en una librería, lea el comienzo, lo cierre y se vaya como el más perfecto de los cobardes. Allí tiene que quedar atrapado, preso, pegoteado. “Puto el que lee esto.” Que sienta un golpe en el pecho y se dé por aludido, si tiene dignidad y algo de virilidad en los cojones.

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“La lengua, Señores…”, Agustín García Calvo

idiomasSeñores: la lengua no es de nadie; esa máquina de maravillosa complejidad que ustedes mismos usan, “con la cual suele el pueblo fablar a su vezino”, no es de nadie; no ya la lengua común, que no aparece en la realidad más que como lenguas de Babel, pero ni siquiera una de esas lenguas o idiomas es de nadie, y no hay académico ni emperador que pueda mandar en su maquinaria, ni cambiar por decreto ni la más menuda regla, por ejemplo, de oposiciones entre fonemas y neutralización combinatoria de oposiciones que en ella rijan.

La escritura, la cultura, la organización gubernativa, la escolar, las leyes, las opiniones, ésas sí que tienen dueño; y el dueño es el de siempre: el jefe, sus secretarios, sus sacerdotes, la persona que se cree que sabe lo que dice.

Y ésos ya se sabe lo que quieren o necesitan: quieren ordenar el mundo, el mapa, las poblaciones; es el juego terrible de niños grandes, malcriados y simplones, que ha venido arrasando tierras y torturando gentes desde el comienzo de la Historia, en nombre del Ideal; y así siguen queriendo, por ejemplo, que España sea una, que los Estados Unidos sean uno, que Cataluña sea una, que Euskal Herria o Galicia sean una cada una… Da lo mismo: el caso es someter al ideal a todos, dentro de las fronteras que les toquen: que todos sean uno.

Por medio de la escritura y de la escuela, el Poder ha utilizado una y otra vez las lenguas o idiomas para ese fin: tomando en bloque una variedad simplificada del idioma correspondiente, y sin entrar para nada a la maquinaria de la lengua, ha logrado por ley (pero siempre a través de la escuela y la escritura) imponer hasta cierto punto un idioma uniforme dentro de las lindes que los avatares de la Historia le hayan repartido a esa forma de Poder; así impuso Roma en el vasto territorio del Imperio la unidad lingüística, para apenas un par de siglos, mientras los pueblos volvían a hacer de las suyas y deshacían el latín en dialectos innumerables; y hazañas parecidas se han dado luego, en territorios más o menos amplios, como, por ejemplo, la conversión del hebreo, una lengua muerta, en idioma, relativamente uniforme, del Estado de Israel.

En aquello que iba siendo Europa hace unos ocho siglos, los hombres cultos, que hablaban diferentes idiomas o dialectos como lengua cotidiana, trataron de mantener, y mantuvieron durante unos cinco siglos, una lengua común, el latín resucitado por escrito, no sólo para las disputas escolares y científicas, sino también para los tratos internacionales. Pero ya, entre tanto, los Estados modernos, el Español, el Francés, el Inglés, se habían establecido, y preferían volver a repetir, cada cual en su ámbito propio, la empresa del Imperio: la unificación de los varios idiomas y dialectos bajo el mismo ideal; una lengua una para el Estado uno; y en la misma idea les han seguido todas las naciones de cuño estatal, chiquitas o mayores, que tratan de dividirse el mapamundi.

Cierto que el que una lengua, relativamente uniforme, ocupe vastos espacios, tiene sus ventajas, no sólo para los trámites comerciales y administrativos, sino para que, por ejemplo, esta andanada contra los tratantes de lenguas le llegue a más gente que si la escribiera en sayagués; pero la cuenta de lo que con eso gana la denuncia de la mentira en contra de lo que gana la difusión de la mentira, ¿quién, señores, me ayudará a echar esa cuenta?

En fin, lo que el Poder, nacional, autonómico, universal, quiere hacer con las lenguas y la gente, eso cualquiera, si se deja sentir, lo sabe. Algo de vergüenza da que hombres doctos y esclarecidos confundan en un trance como éste los manejos unificatorios de una u otra administración con la máquina, desconocida y libre, de la lengua. Pero tampoco eso debe extrañarnos demasiado, sabiendo y sufriendo, como sufrimos, lo que es la condición de la Cultura y la de la Persona.

Agustín García Calvo©  El País, 2 julio 2008


“Insultos”, Arturo Ortega Morán

insultoCuando estamos enojados, cualquier palabra puede convertirse en insulto, basta con  llenarla de esa carga emocional  que nos invade. No obstante, hay algunas palabras que por sí mismas han ido formando lo que podemos llamar: nuestro catálogo de insultos. Son voces a las que hemos endurecido y, en muchos casos, las hemos alejado de su origen  inocente.  Revisemos algunas de ellas:

Cuando alguna vez te digan que eres un pelafustán, es bueno saber que el insulto tiene origen en el fustán, un tipo de tela pachoncito al que,  algunos desocupados, encontraban divertido dedicarse a arrancarle la lanosidad, de ahí que a estos tipos ociosos, sin oficio ni beneficio los llamaran pelafustanes.

Idiota, es otra palabra que usamos para insultar. La usamos para referirnos a alguien de corto entendimiento. Lo curioso es que en su origen griego, un idiota era alguien que no se metía en cuestiones públicas. La raíz idios, en esta lengua tiene el sentido de propio, aislado. Palabras emparentadas son idioma (que significa lenguaje propio), y también idiosincrasia (temperamento propio de un grupo o persona). Por suponer que el aislamiento nos deja al margen del conocimiento, idiota pasó a significar ignorante; sentido que aún se encuentra en el lenguaje médico cuando se habla de una enfermedad idiopática, es decir, que no se sabe que la ocasiona. Del concepto de ignorancia, no fue difícil pasar al de deficiencia mental, y de ahí al catálogo de insultos.

Imbécil, otra palabra de curiosa evolución. Aunque hoy también tiene el sentido de escases de inteligencia, es muy significativo que su raíz latina sea imbecillis formada de im (dentro) y bacillus (bastoncillo). De modo que, literalmente podemos entender la palabra como “embastonado”. El sentido que le daban los romanos a la palabra era de ´debilidad física´ por la necesidad de apoyarse en un bastón. De este concepto, se pasó al de debilidad mental, convirtiéndose también en insulto.

Para insultar también usamos estúpido; palabra que tiene origen en la voz latina stupeo que encerraba el concepto de “atónito, pasmado”. Otras palabras con el mismo origen son: estupor, estupendo y estupefacto; pero por esas cosas raras del lenguaje sólo estúpido mutó su significado, pasando de asombro a cortedad intelectual quedando inscrito en el catálogo de insultos.

Para  terminar, es de interés saber que la voz insulto tiene origen en el latín insultare, que se forma de in y saltare; de modo que el sentido implícito es “echarse encima”, lo que resulta muy apropiado ¿no cree usted?

Arturo Ortega Morán©


La "i griega" se llamará "ye", por Javier Rodríguez Marcos

La i griega será ye, la b será be (y no be alta o be larga); la ch y la ll dejan de ser letras del alfabeto; se elimina la tilde en solo y los demostrativos (este, esta…) y en la o entre números (5 o 6) y quorum será cuórum, mientras que Qatar será Catar.

La nueva edición de la Ortografía de la Real Academia Española, que se publicará antes de Navidad, trata de ser, como dice su coordinador, Salvador Gutiérrez Ordóñez, "razonada y exhaustiva pero simple y legible". Y sobre todo "coherente" con los usos de los hablantes y las reglas gramaticales. Por eso el académico insiste en que plantea innovaciones y actualizaciones respecto a la anterior edición, de 1999, pero no es, "en absoluto" revolucionaria. Gutiérrez Ordóñez se resiste incluso a usar la palabra "reforma".

Con todo, al director del Departamento de Español al Día de la RAE no se le escapa que los cambios ortográficos provocan siempre resistencias entre algunos hablantes. De ahí la pertinencia, dice, del consenso panhispánico que ha buscado la Comisión Interacadémica de la asociación que reúne a las Academias de la Lengua Española de todo el mundo. El miércoles, esa comisión, reunida en San Millán de la Cogolla (la Rioja) aprobó el texto básico de la nueva Ortografía de la lengua española. A falta de su ratificación definitiva el 28 de este mes en la Feria del Libro de Guadalajara (México) durante el pleno de las 22 academias, estas son algunas de las "innovaciones puntuales" aprobadas esta semana y destacadas por el propio Gutiérrez Ordóñez.

La i griega será ye. Algunas letras de nuestro alfabeto recibían varios nombres: be, be alta o be larga para la b; uve, be baja o be corta, para v; uve doble, ve doble o doble ve para w; i griega o ye para la letra y; ceta, ceda, zeta o zeda para z. La nueva Ortografía propone un solo nombre para cada letra: be para b; uve para v; doble uve para w; ye para y (en lugar de i griega). Según el coordinador del nuevo texto, el uso mayoritario en español de la i griega es consonántico (rayo, yegua), de ahí su nuevo nombre, mayoritario además en muchos países de América Latina. Por supuesto, la desaparición de la i griega afecta también a la i latina, que pasa a denominarse simplemente i.

Ch y ll ya no son letras del alfabeto. Desde el siglo XIX, las combinaciones de letras ch y ll eran consideradas letras del alfabeto, pero ya en la Ortografía de 1999 pasaron a considerarse dígrafos, es decir, "signos ortográficos de dos letras". Sin embargo, tanto ch como ll permanecieron en la tabla del alfabeto. La nueva edición los suprime "formalmente". Así, pues, las letras del abecedario pasan a ser 27.

Solo café solo, sin tilde. Hay dos usos en la acentuación gráfica tradicionalmente asociados a la tilde diacrítica (la que modifica una letra como también la modifica, por ejemplo, la diéresis: llegue, antigüedad). Esos dos usos son: 1) el que opone los determinantes demostrativos este, esta, estos, estas (Ese libro me gusta) frente a los usos pronominales de las mismas formas (Ese no me gusta). 2) El que marcaba la voz solo en su uso adverbial (Llegaron solo hasta aquí) frente a su valor adjetivo (Vive solo).

"Como estas distinciones no se ajustaban estrictamente a las reglas de la tilde diacrítica (pues en ningún caso se opone una palabra tónica a una átona), desde 1959 las normas ortográficas restringían la obligatoriedad del acento gráfico únicamente para las situaciones de posible ambigüedad (Dijo que ésta mañana vendrá / Dijo que esta mañana vendrá; Pasaré solo este verano / Pasaré solo este verano). Dado que tales casos son muy poco frecuentes y que son fácilmente resueltos por el contexto, se acuerda que se puede no tildar el adverbio solo y los pronombres demostrativos incluso en casos de posible ambigüedad", esto dice la comisión de la nueva Ortografía, que, eso sí, no condena su uso si alguien quiere utilizar la tilde en caso de ambigüedad. Café para todos. No obstante, la RAE lleva décadas predicando con el ejemplo y desde 1960, en sus publicaciones no pone tilde ni a solo ni a los demostrativos.

Guion, también sin tilde. Hasta ahora, la RAE consideraba "monosílabas a efectos ortográficos las palabras que incluían una secuencia de vocales pronunciadas como hiatos en unas áreas hispánicas y como diptongos en otras". Sin embargo, permitía "la escritura con tilde a aquellas personas que percibieran claramente la existencia de hiato". Se podía, por tanto, escribir guion-guión, hui-huí, riais-riáis, Sion-Sión, truhan-truhán, fie-fié… La nueva Ortografía considera que en estas palabras son "monosílabas a efectos ortográficos" y que, cualquiera sea su forma de pronunciarlas, se escriban siempre sin tilde: guion, hui, riais, Sion, truhan y fie. En este caso, además, la RAE no se limita a proponer y "condena" cualquier otro uso. Como dice Salvador Gutiérrez Ordóñez, "escribir guión será una falta de ortografía".

4 o 5 y no 4 ó 5. Las viejas ortografías se preparaban pensando en que todo el mundo escribía a mano. La nueva no ha perdido de vista la moderna escritura mecánica: de la ya vetusta máquina de escribir al ordenador. Hasta ahora, la conjunción o se escribía con tilde cuando aparecía entre cifras (4 ó 5 millones). Era una excepción de las reglas de acentuación del español: "era la única palabra átona que podía llevar tilde". Sin embargo, los teclados de ordenador han eliminado "el peligro de confundir la letra o con la cifra cero, de tamaño mayor".

Catar y no Qatar. Aunque no siempre lo fue, recuerda el coordinador de la nueva ortografía, la letra k ya es plenamente española, de ahí que se elimine la q como letra que representa por sí sola el fonema /k/. "En nuestro sistema de escritura la letra q solo representa al fonema /k/ en la combinación qu ante e o i (queso, quiso). Por ello, la escritura con q de algunas palabras (Iraq, Qatar, quórum) representa una incongruencia con las reglas". De ahí que pase a escribirse ahora: Irak, Catar y cuórum. ¿Y si alguien prefiere la grafía anterior: "Deberá hacerlo como si se tratase de extranjerismos crudos (quorum, en cursiva y sin tilde)". Aunque esta regla no sirve para los nombres propios, que se siguen escribiendo en redonda, del mismo modo que hay quien prefiere escribir New York a Nueva York.

Javier Rodríguez Marcos©

Fuente:http://www.elpais.com/articulo/cultura/i/griega/llamara/ye/elpepucul/20101105elpepucul_9/Tes


“Errores comunes en el lenguaje periodístico”, por Alberto Fernández, colaboración de Pilar Úcar Ventura

1. A nivel de expresión

Ya no recuerdo a qué se refería aquella secretaria que salió en las noticias de cierta cadena cuando le preguntaron. Sea lo que fuese, ella lo había "consultado a nivel de jefes". ¿No sería bastante más sencillo y natural decir "lo he consultado a los jefes"?
Un locutor de radio mencionó que los sombreros de paja son muy molestos cuando hace frío, "a nivel de que entra aire en el sombrero". Verdaderamente, los periodistas locutan mucho, pero parece que no saben ni hablar.

A nivel personal, a nivel mundial, a nivel general… Cosas así se pueden escuchar casi todos días. Creo yo que se trata de un galicismo, que proviene de la expresión "au niveau de", y que ahora se ha convertido ya en un tópico del que incluso algunos correctores ortográficos de ordenador avisan. Como diría mi profesora de francés, "C´est une expression très à la mode" a la que casi nos hemos acostumbrado.
Es correcto decir que nos situamos al nivel de Europa, que tal punto está a nivel del mar, que el nivel de lenguaje de un escrito es culto… siempre que haya distintos niveles que distinguir, pero nunca lo es usarlo porque sí.

En un artículo al que fácilmente se puede acceder desde Internet, se dice que "la expresión no es correcta, pero tampoco es incorrecta"*, aunque el autor del artículo agrega: "Deducimos de la omisión del Diccionario de la RAE y del María Moliner, que es mejor no usarla, y que su pronunciación obedece más a una falsa acreditación cultural que a un sincero conocimiento de la lengua."*. En el Libro de estilo de El País podemos leer que se trata de una "expresión que suele ser mal empleada, puesto que implica un concepto de altura (`a nivel del mar´, `no ha llegado al nivel de otras veces´). Es incorrecta cuando se usa para extensiones o similares: `está prohibido a nivel estatal´, `hay que hacerlo a nivel de prueba´. En el Museo de los horrores del Centro Virtual Cervantes nos encontramos con que «el sustantivo nivel significa "altura", "grado, categoría, situación". No debe utilizarse a nivel de sin que aluda a esos significados». También se nos proponen ejemplos correctos:

-Yo no puedo ponerme al nivel de ese jugador.

-A nivel del mar.

-A nivel de la superficie terrestre, hay anticiclón.

-Ya estamos a nivel europeo.

Lo que está claro es que la expresión a nivel se puede sustituir por otras (a nivel personal: personalmente, a nivel mundial: en el mundo, a nivel general: en general, a nivel de Estado: a escala o en el ámbito estatal…), y suena bastante más idiomático.

* Citas de http://www.aviondepapel.com/cajas/anivelde.htm

2. En base al lenguaje, vamos muy mal

Muchísima gente utiliza la expresión en base a. Algunos porque prefieren emplear expresiones rimbombantes (tipo a nivel de) que suenan sofisticadas, pero se quedan en mera apariencia. Otros porque ya se ha convertido en un hábito. La expresión en base a es utilizada por todo tipo de personas, desde catedráticos de Derecho y abogados hasta tertulianos de programas de cotilleo y sucesos, pasando por periodistas serios. Y todos cometen un error al usarla.

La locución en base a es una "de las peor utilizadas", según un artículo del Museo de los horrores. Otra fuente que empleo para este curso la califica de "horrible latiguillo y barbarismo de políticos y abogados". El corrector de Word nos indica que la expresión se ha convertido en un tópico. Lo que me sorprendió fue encontrar que su origen está en el lenguaje forense.

Pues, para los que no quieran que les confundan con gente de tal profesión (tan respetable como otras, o más), aquí van algunas construcciones que se pueden usar en su lugar:

-A partir de

– Basándose/basándonos/basado en

-Sobre la base de

-Tomando como base

-En relación con

-Según

-De acuerdo con

-Con

Hay que decir que la opción que se emplee dependerá del contexto. Lo que nos queda claro es que hay muchas soluciones para el problema, y que un poco de reflexión antes de hablar no nos vendría mal.

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“El español es una lengua de pobres”

mafalda4up – El español es una lengua de pobres –le oí decir a don Antonio en la tertulia de Lantigua una tarde de la semana pasada-, y en eso reside su gran atractivo internacional. ¿Por qué? Pues porque a los países ricos la pobreza les enternece y les parece simpática, y los países que no lo son tal vez sientan cierta fraternidad hacia este idioma de tantos pueblos humildes.

La tertulia de Lantigua, en mi ciudad, se precia de ser entendida en cosas de lengua. Al parecer, don Antonio, catedrático de bachillerato jubilado, aprovecha cualquier ocasión para opinar acerca de hiatos y tildes, neologismos, lenguas en contacto o español neutro; ninguno de los demás contertulios deja de darle la réplica; y siempre hay un buen par de puntos de controversia que animan la charla. En las tardes de agosto, a la hora en que los niños siguen en las piscinas o montando en bicicleta y todavía no hay nadie tomando las cervezas y los helados de antes de la cena, la terraza de Lantigua ofrece esa calidad especial de silencio que propicia una buena conversación.

– Sí, el español es una lengua de pobres, y por eso cae bien en todo el mundo –remachó don Antonio, categórico.

Dos o tres licenciados en filología, ninguno de ellos practicante (trabajan en banca, informática, cosas por el estilo); algún empresario y varios funcionarios municipales y del Estado; una socióloga y un jardinero, un bibliotecario y una traductora. Todos ellos más o menos aficionados a la lectura y a los viajes. Gente así compone la tertulia de Lantigua, que es una tertulia bienhumorada, con cierta propensión a la referencia precisa y a la mixtificación inocente, al dato erudito y a la divagación vaporosa, con tendencia a las pullas por nimiedades y una decidida pulsión narrativa, porque todo lo que allí se dice trae origen de un cuento y acaba por desembocar en otro cuento. La tarde de la semana pasada en que me sumé a ella, invitado por uno de sus asiduos, la tertulia se encontraba reducida a su mínima expresión por las vacaciones de verano, pero aun así ofreció –o eso me parece a mí- material suficiente para esta crónica.

– Yo no creo que ésa sea la causa de que cada vez haya más gente en todo el mundo que estudia el español como segunda o tercera lengua –intervino Arturo, becario de la biblioteca pública local. Para decirlo, tuvo que dejar a medias el movimiento de llevarse a la boca la jarra de cerveza: decidió posponer el trago por un momento y no dejar sin réplica la salida de don Antonio-. Será, más bien, que la consideran una lengua útil. La estudian por razones prácticas, porque es importante para sus carreras profesionales, un mérito valioso que añadir al currículum.

– No se puede simplificar –terció Miguel Ángel, que ha vivido varios años en El Salvador y en Colombia-. Habrá quien estudie español atraído por la cultura de los países hispanohablantes, quien lo necesite para ascender en su empresa y quien sólo pretenda comunicarse mejor con los lugareños de la playa donde pasa sus vacaciones, ya sea en el Caribe o en el Mediterráneo. Así que lo que hay son muchas causas posibles, y es muy probable que en cada caso todas estén mezcladas en dosis distintas, sin que falte nunca al menos un poco de cada una de ellas. Además, hablar sobre esto es una vaina bien complicada, me refiero a esto de la imagen de algo tan… etéreo como es una lengua, que tiene unos contornos y una consistencia tan imprecisos.

El silencio que siguió a estas palabras, aunque unánime y denso, no duró mucho. “Aquí tienen”, anunció un camarero, y empezó a traspasar a la mesa, con un trabajoso esfuerzo de equilibrio, el contenido de su redonda bandeja de latón: cervezas y cafés con hielo, sobre todo. Don Antonio aprovechó para pedirle un té con un chorrito de ron: “A ver si así se me quita este destemple”, explicó para pasmo general, ya que sólo el toldo de la terraza protegía a los clientes de Lantigua de los rayos del sol, y el termómetro de la farmacia de enfrente marcaba 34 grados. Enseguida Marina, la traductora, retomó la charla.

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“La eñe también es gente”, por María Elena Walsh

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La culpa es de los gnomos que nunca quisieron ser ñomos. Culpa tienen la nieve, la niebla, los nietos, los atenienses, el unicornio. Todos evasores de la eñe. ¡Señoras, señores, compañeros, amados niños! ¡No nos dejemos arrebatar la eñe! Ya nos han birlado los signos de apertura de interrogación y admiración. Ya nos redujeron hasta el apócope. Ya nos han traducido el pochoclo. Y como éramos pocos, la abuelita informática ha parido un monstruoso # en lugar de la eñe con su gracioso peluquín, el ~. ¿Quieren decirme qué haremos con nuestros sueños? ¿Entre la fauna en peligro de extinción figuran los ñandúes y los ñacurutúes? ¿En los pagos de Añatuya como cantarán Añoranzas? ¿A qué pobre barrigón fajaremos al ñudo? ¿Qué será del Año Nuevo, el tiempo de ñaupa, aquel tapado de armiño y la ñata contra el vidrio? ¿Y cómo graficaremos la más dulce consonante de la lengua guaraní?
“La ortografía también es gente”, escribió Fernando Pessoa. Y, como la gente, sufre variadas discriminaciones. Hay signos y signos, unos blancos, altos y de ojos azules, como la W o la K. Otros, pobres morochos de Hispanoamérica, como la letrita de segunda, la eñe, jamás considerada por los monóculos británicos, que está en peligro de pasar al bando de los desocupados después de rendir tantos servicios y no ser precisamente una letra ñoqui. A barrerla, a borrarla, a sustituirla, dicen los perezosos manipuladores de las maquinitas, sólo porque la ñ da un poco de trabajo. Pereza ideológica, hubiéramos dicho en la década del setenta. Una letra española es un defecto más de los hispanos, esa raza impura formateada y escaneada también por pereza y comodidad. Nada de hondureños, salvadoreños, caribeños, panameños. ¡Impronunciables nativos!

Sigamos siendo dueños de algo que nos pertenece, esa letra con caperuza, algo muy pequeño, pero menos ñoño de lo que parece. Algo importante, algo gente, algo alma y lengua, algo no descartable, algo propio y compartido porque así nos canta. No faltará quien ofrezca soluciones absurdas: escribir con nuestro inolvidable Cesar Bruto, compinche del maestro Oski. Ninios, suenios, otonio. Fantasía inexplicable que ya fue y preferimos no reanudar, salvo que la Madre Patria retroceda y vuelva a llamarse Hispania. La supervivencia de esta letra nos atañe, sin distinción de sexos, credos ni programas de software. Luchemos para no añadir más leña a la hoguera donde se debate nuestro discriminado signo. Letra es sinónimo de carácter. ¡Avisémoslo al mundo entero por Internet! La eñe también es gente.

María Elena Walsh©