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“Cartelera Cultural”

La invitación es para el lunes 13 de Abril, a las 19:30 horas.
¿Dónde? En el Instituto Cervantes de Tel Aviv.
La poeta Iael Vered presenta a Mina Weil.
Los esperamos.

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“Caras prestadas y otros cuentos”,

Jacobo Kaufmann

CarasPrestadas

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“Entrevista con Aharon Appelfeld”, Jacobo Kaufmann

Aharon_Appelfeld Está lloviendo en forma torrencial y hace mucho frío. Es casi de noche, o por lo menos así parece, porque durante el invierno israelí oscurece temprano. El coche avanza lentamente por la frondosa ruta de montaña. Hay que manejar con mucho cuidado, pero no quiero atrasarme. Quiero llegar puntualmente a la cita con mi entrevistado, en su casa, no lejos de Jerusalén. Atravieso un pequeñísimo jardín, y como en ocasiones anteriores llamo a la puerta de su estudio. Enseguida se abre una pequeña ventana, en la que aparece el rostro sonriente del escritor Aharon Appelfeld, que como es habitual se disculpa por haber olvidado de traer la llave. Espero un rato. La ha encontrado, y al abrir la puerta, me dice con afecto:

– ¿Llegaste? Ven. Quítate el abrigo. Siéntate. Vamos a tomar té.

El estudio, con sus paredes blancas, es sobrio y acogedor. Lo primero que uno ve es una larga mesa atiborrada de papeles, rodeada de pilas de libros, revistas, carpetas y más papeles. A todo lo largo de las paredes está la biblioteca, en la que asoman libros del rabí Najman de Bratslav, “La Montaña Mágica” de Thomas Mann, “La dote nupcial” de Agnon, obras de Kafka, Phillip Roth, Chejov, Saul Bellow e Isaac Babel en un orden que sólo él conoce. En otros estantes están sus propios libros, en hebreo y en los otros treinta y un idiomas a que fueron traducidos.

– ¿Cómo está?, le pregunto, quitándome el abrigo.

– Ya lo ves. Como siempre. Escribiendo una línea. Borrando otra. Inventando melodías. Componiendo… ¿Trajiste todo? ¿El grabador? ¿El aparato de fotos? Ven, el agua ya está caliente.

– ¿Un nuevo libro? ¿Trabajando mucho?

– Todas las mañanas los obreros van a trabajar. El carpintero… El agricultor… No veo por qué un escritor deba ser la excepción.

– Traje una lista con preguntas.

– Las que tú quieras.

– Dicen que el otro día alguien le preguntó si se considera un escritor israelí, porque principalmente escribe sobre temas relacionados con la Shoá, sus víctimas, sus supervivientes, sobre personas que lo han perdido todo e intentan rehacer sus vidas.

– Por eso, de algún modo, soy más israelí que muchos otros escritores.

– Ud. se encuentra en Israel hace ya 63 años.

– Justamente. Llegué en 1946, cuando aquí había apenas medio millón de judíos. Ahora hay seis millones y medio. Eso quiere decir que toda segunda o tercera persona en Israel es de hecho un inmigrante. Este es un país de inmigrantes, como aquellos que mencionas, y lo seguirá siendo por muchos años. Es un proceso que puede prolongarse durante dos o tres generaciones. Y yo escribo sobre personas que tuvieron otra patria, otro idioma, otros paisajes, personas que siempre serán inmigrantes, que son la mayoría en el país. No es que pretenda describir a la totalidad de la inmigración, sino dar la palabra a personas que alguna vez tuvieron un hogar, un modo de vida, y los perdieron. Es cierto que están los así llamados nativos de Israel, que se encuentran en el país después de siete, ocho o nueve generaciones, pero también ellos son descendientes de inmigrantes. Este es un país de inmigrantes, lo digo de continuo, y quienes lo niegan perpetúan y difunden un error. Conviene señalarlo, porque a veces algunas personas crean la sensación de que éste es un país aguerrido y belicoso, en el que la gente vive en forma continuada desde hace miles de años. Pero Israel no se caracteriza ni puede caracterizarse como tal.

– ¿Qué es entonces un escritor israelí? ¿Cuál es su identidad?

– Cuando a mí me preguntan quién soy, suelo responder que tengo tres identidades. La identidad esencial y mayor es la identidad judía. Yo soy judío. Mis antepasados fueron judíos. Yo pertenezco a la tribu de los judíos. Mi segunda identidad es la europea. Soy un judío que hasta los trece años y medio, antes de llegar a Israel, estuvo en Europa. Eso a pesar de que no tuve ocasión entonces de absorber su cultura, porque en toda mi vida sólo fui a la escuela durante un año. Después vino el gueto, la marcha forzada, el campo de concentración, la huída, los bosques… Y sin embargo, Europa, con todo lo que les pasó allí a los judíos, especialmente la Shoá, se encuentran en mí y dentro de mí. También los avatares europeos de los últimos cien años. La asimilación judía a las culturas circundantes, la división sociológica, el liberalismo, el sionismo, el bundismo, el comunismo, todos esos movimientos tuvieron representantes en el seno de las familias judías. Yo los vivencié durante esos trece años y medio, que son una parte pequeña pero intensa de mi vida. Mi tercera identidad es la israelí. Como bien dijiste, ya resido en este lugar desde hace sesenta y tres años, absorbiendo todos lo que ocurrió aquí durante ese período. Trabajé en un kibutz y en diversas granjas agrícolas. Estuve en el ejército, en la reserva. Presencié los vuelcos políticos, los cambios. Soy en gran medida una persona de este lugar. Sí, de este lugar. Y lo más importante es que hablo y escribo en hebreo. Tengo tres identidades, y no soy el único. Muchas personas viven aquí con esas tres identidades. No siento que haya en ello contradicción alguna.

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