Archivo de la etiqueta: Juan Zapato un poeta en Israel

“La piedra blanca de Rosh haNikrá”, Juan Zapato

 

Rosh-Hanikra-sunstar

El viento cual titiritero dispone mis movimientos,

mis pies caen con fuerza sobre la playa

y resistiendo a la presión de la arena

dan un nuevo paso hacia adelante.

El mar emite una voz, la voz me llama,

pero no soy ave marina y prosigo la marcha.

El h o r i z o n t e se anuncia próximo,

la piedra blanca recuesta su brazo y la frontera

se sumerge en tus aguas Mar de las Historias,

la piedra blanca da cobijo en sus cavidades

a las tortugas mediterráneorientales que vienen a desovar.

No hay ecos en tus grutas,

sí senderos resbalosos salpicados de humedad,

peces en cardúmenes que recorren laberintos interiores.

La roca blanca se va transformando por la acción de

acariciarla noche y día amante Mar.

La luna asoma temprana en otoñal asombro,

para elevar la visión sobre un cielo pastel celeste

y el Sol te mira e intenta atraerte hacia las olas,

pero no es día de eclipse y no podrá poseerte.

El túnel por el que te atravesara un día el Oriente Express,

es una cripta que encierra chirridos de vías,

temores de obscuridad, la ausencia de fantasmas pasajeros

y el olvido del verbo de alguna ficción no escrita.

Todo concluye,

los damanes roqueros1 descienden por tus laderas

ya es hora de volver a casa, abandonar la realidad,

para introducirnos en la fantasía y plasmar este poema.

Juan Zapato©

1 Damán roquero o Rock Hyrax (Procavia capensis), simpáticos animalitos parecidos a marmotas que habitan entre las rocas.

Sitio oficial de Rosh HaNikrá: http://www.rosh-hanikra.com/default.asp?lan=eng

Imagen: Rosh Hanikra –sunstar.jpg de Yeoshua Halevi© http://israelthebeautiful.blogspot.com/


“Pequeña gramática cordobesa para extranjeros”

hortensia cordobeses

Reglas básicas de la tonada cordobesa

Nada mas frustrante que un porteño tratando de simular ser cordobés!! Solamente lograra provocar carcajadas!!! Evite este papelón conociendo las reglas elementales: Es fácil!!!

1. Localice la sílaba acentuada en la palabra.
o canSAdo
o espeRAme
o acorDAte
o maMIta

Ahora “Estire” la silaba anterior:
o caaansado
o espeeerame
o acooordate
o maaamita

2. Si la sílaba acentuada es la primera de la palabra, no haga nada!.

o “pata” es “pata” (no “paaata”)
o “animo” es “animo” (no “aaanimo” ni
“aniiimo” (agh!!))

3. Fundamental: Todos los nombres propios llevan artículo antes!!.

o “El Carlos”
o “La Susana”
o “El cara e’laucha”
o “La Mari”
o “La Lopez”
o “El Perez”

4. “Comase” las eses finales de las palabras.

o “estamos” es “estamo”
o “vamos” es “vamo”
o “tenemos” es “tenemo”

5. Las “s” antes de “c” o “t” suenan muy suaves, sonido aspirado, como entre “j” y “h”.

o “basta” es “bajta” o “bahta”
o “mosca” es “mojca” o “mohca”
o “estamos” es “ehtamos” (usando las anteriores reglas debe ser “eeehtamo”)

6. Asi como las “s”, las “c” antes de “t” en general no se pronuncian.

o Defecto es “defeto”
o Arquitecto es “arquiteto”
o Doctor es “dotor”

La excepción se da cuando la sílaba acentuada cae sobre la vocal fuerte que precede a la “c” en las palabras bisilábicas.

o Tacto es “tacto”, no “tato”
o Coctel es “coctel”, no “cotel”

7. Las letras “y” y “ll” se convierten generalmente en “i”. (Si usted es un porteño de pura cepa deberá practicar esta pronunciación asesorado por un equipo de foniatras y profesores de canto, hasta que le salga bien).

o “calle” es “caie”
o “arroyo” es “arroio”
o “callate” es “caiate”

8. La letra “R”. Si bien la pronunciación correcta de la “r” no es patrimonio cordobés sino de todo el país con excepción de Buenos Aires y Santa Fe, su gran importancia hace que debamos tratarla aquí. Un sonido tan rico es imposible de ser representado por escrito, de todos modos, puede decirse que es algo intermedio entre “sh” y “y”. La forma de lograrlo es pronuciar evitando que la lengua vibre . No se desanime!! Sabemos que es difícil!!

Practique con estos ejemplos:
o “Recorriendo los rios serranos”
o “Rapido, corre”
o “El perro corría un carro”
o “No te rias”
o “Erre con erre guitarra”

9. El verbo “ir” en modo imperativo, segunda persona singular no se conjuga generalmente como “anda” o “ve” sino “i”.

o “Ite preparando”
o “I pensándolo”
o “I empezando, yo ya vengo”
o “Ite rapido que si no llegás tarde”
o “Si te quere i, ite”

En tiempo futuro, el auxiliar de IR, “Voy a” se conjuga de dos maneras:”via” y “vua” (variante afrancesada)

o “Veni mañana que te via paga”
o “No, si vua se porteño”

10. En los verbos de la segunda conjugación ER (rimember la escuela) la terminación “es” de segunda persona del singular se transforma automáticamente en ” i “.

o Vos querés (Tu quieres) es “Vo queri “
o Vos tenés (Tu tienes) es “Vo teni”

11. Análogamente, algunos verbos de la primera y segunda conjugación AR y ER convierten la desinencia “as” en “ai” y “es” en “ei” respectivamente, no todos!!!, de modo que hay ciertos verbos regulares que se conjugan irregularmente, no como el cuyano básico que suele usar esta transformación regularmente.

o Cuánto cobras bella dama? es Cuanto cobrai nera?
o Vos parás es Vo pará (ver regla nro. 5) no Vo parai (ese es otro idioma)
o Qué hacés hombre? es Qué hacei varon!? (cordobé bien hablado) o Qui’haci nero!? (regla nro. 11) (version lunfarda)

12. Agregue conectores mientras desarrolla el  discurso. Los conectores son muletillas que ayudan a hacer la pausa para respirar y seguir hablando, a la vez que da idea de énfasis e importancia a la frase que viene. Ojo! que no se agregan en cualquier lado.
Los conectores más usados son: “digamo”, “osea”, “ehte”, “vihte”, “porejemplo”, “y’deay”, “maomeno”, “avece”, “nose”, “nosabi”, “sabeque” “quisio”, “poray”, “ponele”, “entonce”, “caiate”, etc., etc.

Ejemplo:
“Caiate…, no sabí lo que me paso, venía por la caie, vite?…, maomeno como a la 2 de la mañana, y me apareció un chichizón, digamo…, mamasa!, poray…, me mira y me pregunta la hora…,
nosabi…, entonce, quisio.., le digo:
-Es la hora, digamo…, del amorrr, mamita…
Entonce la vaga me mira de arriba abajo maomeno con cara de asco y me susurra…
-Vengo de atendelo al intendente, osea…, y me vua a rebajá con semejante nero hilachento… salí de’ay basura!”


“Le Ballon Rouge”, Albert Lamorisse. Parte 4/4


“Ruta 12 rumbo a Eilat”, Juan Zapato

 

Celebras la muerte,

ebrio de sangre vuelves a colmar la copa

y buscas justificar tu falta de conciencia,

encubrir tu odio fascista inepto,

no contra mí

sino contra la humanidad de la que formas parte.

Te crees por un instante efímero protagonista,

te han conchabado por migajas,

para interpretar un papel deslucido de reparto

y detrás de ti y antes que tú

pasaron otros,

que nadie recuerda sus nombres,

que hasta sus parientes les olvidaron,

extraña forma de planificación familiar.

Ni siquiera peones son,

esclavos de corruptos jeques.

¿Habrás probado bocado de la mesa de tu amo la noche de anoche?

¿Has recibido los favores de las vírgenes prometidas?

¿Los tuyos ya cuentan con la paga insuficiente de tu malograda vida?

¿Han depositado más petrodólares en las arcas de Europa tus líderes?

¿Ha perdido un día por la Paz, el pueblo al que dicen defender?

Mis lágrimas quedan suspendidas

entre el aire pesado del Neguev

y no alcanzan el suelo reseco del desierto,

porque esta tierra bebe del sudor de los que la siembran cada alborada,

de los que en las universidades la cultivan,

de los que aplican la inteligencia en pos del progreso de los hombres,

de los niños que maman sus frutos y que tendrán un futuro en esta rueda.

Mis versos son lágrimas para nuestros muertos

y no para otros,

pídanselas a ellos,

califíquenme de inhumano, endílguenme todos los adjetivos posibles,

que puedo conciliar mi corazón,

porque de algo no pueden llamarme:

asesino.

Juan Zapato© Israel 20/08/2011


“Esperar o desesperar”, Betty Gold–Taller de Escritores Kibutz Sa’ar

niñodurmiendoMe desperté de repente, miré el reloj de la mesa de noche, eran las tres de la madrugada. Quise volverme a dormir, pero me fue imposible. ¿Otra noche de insomnio? ¿Hasta cuándo? Era como una tortura.

Qué podía hacer, tenía que acostumbrarme, no eran ya niños, pero tampoco adultos. Y si lo fueran, ¿cambiarían las cosas?

Levantarme, ir a mirar si el llavero correspondiente estaba en la puerta de calle. Abrir suavemente la puerta de su cuarto para ver si estaban en sus camas y si no estaban sentarme en el salón, hacer un solitario con las cartas y estar atenta al sonido del ascensor. Y luego si paraba en nuestro piso y se abría la puerta, correr a la cama para que no se dieran cuenta que los había estado esperando. A veces cuando no aguantaba más, sonaba el teléfono y me avisaban que regresarían  muy tarde o por la mañana .

Cuando son pequeños no descansas por sus llantos nocturnos, cuando son grandes no duermes por tus llantos de angustias.

Y hoy que están tan distanciados de mí, cuando más desespero, me gustaría escuchar el teléfono y que me dijeran, mamá en un rato estamos en casa.

Betty Gold©


“Amor en Buenos Aires”, Sandro


“Espejo”, Rosaura Mestizo

espejo“Hoy la aguapanela para el desayuno está riquísima, le he puesto hojitas de yerbabuena y de menta”, decía contenta y con voz de ópera todos los días a los seis niños.

Ella, la hermana mayor de una familia campesina, fue la responsable de sus hermanos cuando sus padres dejaron de serlo porque fueron convertidos en cruces. Sus padres habían sido víctimas de la violencia de los años 50.

Ella Tenía claro que su misión estaba reducida a ir tras el pan y las contiendas para mantener viva la historia de su madre. Cuando asomó a los 12 años y recreaba sueños adolescentes en sus dos cúpulas erguidas, que anunciaban gacelas alegres en su cuerpo y el cantón de su sexo floreciendo, seguro estaría ella en el puerto preciso para caminar los pasos del amor sobre un espejo.

Ahora a los 35 cumplidos, comprendía que lograrlo estaba a una distancia tan indeterminable como conseguir cada año unos zapatos nuevos. Sin embargo, un 29 de Junio, día de fiesta religiosa, partió en el primer campero del mercado, rumbo a la ciudad grande, la de los muros que llenan de sueños a los hombres descalzos, a los mismos que viven entre las zarzas y crepúsculos donde las sombras de los árboles jadean al ritmo de los instrumentos de sus vientres, y el color de las tardes son del mismo color de los sueños de los niños. Ella iba resuelta a hacer su propio pan en la ciudad  de las luces postizas,  quería enfrentar todas las esperanzas, las propias y las heredadas desde los años de infancia.

De puerta en puerta ella tocó a diario, cada esperanza y solo encontró una muchedumbre anémica, calles vacías de chicharras y pericos que celebraran su paso con los berridos; negocios prendidos de música estruendosa que nada decían ni al corazón ni a los oídos; mujeres semidesnudas ebrias y hombres desajustándose las braguetas con la intención de plantar un pequeño tallo, pero ella no veía la tierra lista para la siembra, tan solo cemento.

Una noche, durmiendo entre cartones, escuchó la voz doliente de un hombre joven y tan flaco que parecía reseco como los cueros de los conejos de monte que su padre clavaba en el patio. ¡Cúrame!, mi alma duele! Ella corrió con la ignorancia de su auxilio, volteó una tras otra la procesión de basuras a su paso, se sintió de pronto común a ella, lloró, miró al cielo, mientras que por sus piernas se expandía el fuego de un demonio.

Ella, regresó a su tierra con tantas desesperanzas, como esperanzas llevaba en unos ojos nuevos, que ahora son ojos en menguante.

Como la madre, al otro lado no alcanzó nada.

Rosaura Mestizo©


“El negro”, Rosa Montero

imagesCA6HYNSVEstamos en el comedor estudiantil de una universidad alemana. Una alumna rubia e inequívocamente germana adquiere su bandeja con el menú en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa. Entonces advierte que ha olvidado los cubiertos y vuelve a levantarse para cogerlos. Al regresar, descubre con estupor que un chico negro, probablemente subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su lugar y está comiendo de su bandeja. De entrada, la muchacha se siente desconcertada y agredida; pero enseguida corrige su pensamiento y supone que el africano no está acostumbrado al sentido de la propiedad privada y de la intimidad del europeo, o incluso que quizá no disponga de dinero suficiente para pagarse la comida, aun siendo ésta barata para el elevado estándar de vida de nuestros ricos países. De modo que la chica decide sentarse frente al tipo y sonreírle amistosamente. A lo cual el africano contesta con otra blanca sonrisa. A continuación, la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor normalidad y compartiéndola con exquisita generosidad y cortesía con el chico negro. Y así, él se toma la ensalada, ella apura la sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta del yogur y la otra de la pieza de fruta. Todo ello trufado de múltiples sonrisas educadas, tímidas por parte del muchacho, suavemente alentadoras y comprensivas por parte de ella. Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un café. Y entonces descubre, en la mesa vecina detrás de ella, su propio abrigo colocado sobre el respaldo de una silla y una bandeja de comida intacta.

Rosa montero©


“Llamada”, Manuel Vicent

0 No había nadie en el bar salvo ellos dos, una pareja de adolescente sentados frente a frente, bebiendo inocente refrescos de naranja. En la mesa, entre los vasos, habían dejado abiertos los teléfonos móviles, que sonaban a veces y entonces él o ella se ponía a charlar alegremente con un ser ajeno e invisible mientras el otro se quedaba hierático. El chico estaba muy enamorado de la chica, pero era incapaz de manifestarle su pasión. Sólo se atrevía a mirarla con intensidad a los ojos y ella ya había captado las turbulencias del corazón de su amigo y también le amaba, pero no podía ayudarle en nada, debido a su extremada timidez. Hablaban de cosas anodinas, sin comprometerse en absoluto. Las palabras iban del uno al otro directamente a través de la vibración del aire sobre el mármol de la mesa. El chico necesitaba declararle su amor y la chica esperaba que lo hiciera ya de una vez, un sueño imposible, porque entre ellos había una barrera psicológica insalvable. Cualquier gesto o inflexión de voz, al estar sus rostros tan cerca, podía delatar un sentimiento íntimo y eso les llenaba de terror. Había media luz en el bar, el hilo musical vertía una melodía propicia y los labios de los enamorados permanecían a una mínima distancia infranqueable. El corazón de los adolescentes tiene hoy un compartimento más. Se compone de dos ventrículos, de dos aurículas y de un teléfono móvil, que también bombea sangre. De pronto, este joven tímido y enamorado tuvo una inspiración. Usó el móvil para hablar con la chica que tenía delante sin dejar de mirarla profundamente a los ojos. Cuando sonó la llamada la chica descolgó. La pareja comenzó a hablarse de forma descarnada como si fueran invisibles. Ninguno de los dos ignoraba que a través de los móviles su voz se convertía en ondas electromagnéticas, viajaban al espacio sideral y luego volvía para penetrar en el cerebro del otro. Brutalmente desinhibido, el chico le dijo que la amaba. La chica le contestó que todas las noches soñaba con él, pero sus expresiones de amor sin amarras tenían dos vehículos: una voz recorría el aire sobre la mesa del bar por medio de la vibración natural y sonaba terriblemente vulgar; la otra bajaba desde un satélite de la estratosfera cargada de libertad e imaginación. “Te amo, te amo”, le decía el chico. “Oigo dos voces a la vez, ¿a cuál de ellas debo creer?”, preguntó ella. El chico le dijo que creyera en el amor que a través de las ondas magnéticas le llegaba por la sangre hasta el corazón.

Manuel Vicent©


“La habitación cerrada”, Paul Auster (fragmento)

Vagabundeé mentalmente durante varias semanas, buscando la manera de empezar. Toda vida es inexplicable me repetía. Por muchos hechos que cuenten; por muchos datos que se muestren, lo esencial se resiste a ser contado. Decir que fulanito nació aquí y fue allá; que hizo esto y aquello, que se casó con esta mujer y tuvo estos hijos, que vivió, que murió, que dejo tras sí estos libros o esta batalla o ese puente, nada de eso nos dice mucho. Todos queremos que nos cuenten historias, y las escuchamos del mismo modo que las escuchábamos de niños. Nos imaginamos la verdadera historia dentro de las palabras y para hacer esto sustituimos a la persona del relato, fingiendo que podemos entenderle porque nos entendemos a nosotros mismos. Esto es una superchería. Existimos para nosotros mismos, quizá, y a veces incluso vislumbramos quiénes somos, pero al final nunca podemos estar seguros, y mientras nuestras vidas continúan; nos volvemos cada vez más opacos; más y más conscientes de nuestra propia incoherencia. Nadie puede cruzar la frontera que lo separa del otro por la sencilla razón de que nadie puede tener acceso a sí mismo.

Paul Auster©