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“La escalera, de Escher a Cortázar”

M. C. Escher    Relatividad (litografía, 1960).

Instrucciones para subir una escalera. Julio Cortázar

Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se situó un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.

M. C. Escher    Ascendiendo y Descendiendo  (litografía, 1960)

Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).

M. C.  Escher   Cóncavo y convexo  (litografía 1955)

Llegando en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.
Julio Cortázar: Historias de cronopios y de famas. Cuentos completos, vol. ). Alfaguara, Madrid. Madrid. 1994.

Imágenes: Página oficial de M.C. Escher: http://www.mcescher.com/

Fuente: http://art1arquitectura.blogspot.co.il/2011/03/la-escalera-entre-escher-y-cortazar.html?view=mosaic

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“Psicoanálisis y poesía”

Freud señala en “El delirio y los sueños en la Gradiva” de W. Jensen (1906) que: “los poetas son unos aliados valiosísimos y su testimonio ha de estimarse en mucho pues suelen saber de una multitud de cosas entre cielo y tierra con cuya existencia ni sueña nuestra sabiduría académica. Y en la ciencia del alma se han adelantado grandemente a nosotros hombres vulgares pues se nutren de fuentes que todavía no hemos abierto para la ciencia. ” (p 8, tomo IX de las obras completas de Amorrortu)
Si el psicoanálisis interroga la literatura y al escritor-poeta es para acceder a ese saber que sobre el inconsciente y sus determinaciones, él detenta. Son los textos del poeta lo que es interrogado por el psicoanálisis y no el autor mismo como sujeto. Los textos, escritos literarios, tienen la función del sujeto para el psicoanálisis, de un sujeto en el sentido discursivo. El texto es quien habla y nos enseña acerca de un saber hacer del inconsciente. Un saber hacer de lo real.  En este sentido el texto cobra el valor de la experiencia clínica. Y esto es porque sólo desde el psicoanálisis la experiencia clínica cobra el valor de una producción poética. 

Extracto de la presentación del ciclo en la Nueva Escuela Lacaniana-Maracay, interesados en extraer la enseñanza de la creación literaria de algunos escritores, hemos abierto un espacio denominado  de “videos-tertulias” donde abordamos las obras  de, entre otros, Jorge Luis Borges y Julio Cortázar.

http://nelmaracay.blogspot.com/


“Las líneas de la mano”, Julio Cortázar

De una carta tirada sobre la mesa sale una línea que corre por la plancha de pino y baja por una pata. Basta mirar bien para descubrir que la línea continúa por el piso parqué, remonta el muro, entra en una lámina que reproduce un cuadro de Boucher, dibuja la espalda de una mujer reclinada en un diván y por fin escapa de la habitación por el techo y desciende en la cadena del pararrayos hasta la calle. Ahí es difícil seguirla a causa del tránsito, pero con atención se la verá subir por la rueda del autobús estacionado en la esquina y que lleva al puerto. Allí baja por la media de nilón cristal de la pasajera más rubia, entra en el territorio hostil de las aduanas, rampa y repta y zigzaguea hasta el muelle mayor y allí (pero es difícil verla, sólo las ratas la siguen para trepar a bordo) sube al barco de turbinas sonoras, corre por las planchas de la cubierta de primera clase, salva con dificultad la escotilla mayor y en una cabina donde un hombre bebe triste coñac y escucha la sirena de partida, remonta por la costura del pantalón, por el chaleco de punto, se desliza hasta el codo y con un último esfuerzo se guarece en la palma de la mano derecha, que en ese instante empieza a cerrarse sobre la culata de una pistola.

Julio Cortázar©