Archivo de la etiqueta: La lira & la espada novela de David Mandel

“Montaje teatral basado en relatos cortos de Etgar Keret”

Montaje teatral basado en relatos cortos de Etgar Keret
Adaptados por Irene Bueno Royo y Belén Chanes
Dirección y dramaturgia. Vicente León
Traducción del hebreo. Ana María Bejarano
REPARTO. Jesús Gonzalez, Belén Chanes, Irene Bueno Royo, Diego Pizarro, Lourdes Martinez, Alfonso Delgado, Alba Fresno (Viola de gamba).
Etgar Keret es uno de los autores m’ás traducidos y adaptados en todo el mundo. ES LA PRIMERA VEZ QUE SE ADAPTA Y REPRESENTA EN ESPAÑA.
Distribución. Mara Bonilla Distribución
marabonilladistribucion.wordpress.com
Duración:1:09 min
EQUIPO ARTÍSTICO
Diseño de vestuario. Oscar Guimarey/Producciones Buenroyo
Espacio escénico, Diseño de iluminación. Lola Barroso
Atrezzo Producciones Buenroyo
Adaptación y composición musical. Alba Fresno a partir de G. P. Telemann, C.F Abel y D. Ortiz
Fotos Rocío Bueno
Diseño cartel. Alda Lozano Realizaciones audiovisuales Nono Muñoz y Gorka Olaso
Montaje. Gorka Olaso
Animaciones: Paco Fernández Arriero
Edición Croma. Adrian López
Teaser. Jean Paul Cuervo
Una producción de Producciones Buenroyo
Colaboran
Mercedes-Benz, Fundación Aisge
Estrenado en Lazonakubik.Febrero 2015. Madrid. Spain
Los relatos del montaje: “De repente llaman a la puerta” (Siruela 2013), “Un hombre sin cabeza” (Siruela 2011).

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¿Qué hace falta para publicar un buen texto?, Gardner Botsford

Gardner BotsfordGardner Botsford fue editor de la revista The New Yorker durante casi cuarenta años. “Cogía algo que habías escrito y lo mejoraba, y resultaba muy difícil averiguar cómo lo había hecho“, explica el escritor Robert Angell. En sus memorias, “Una vida de privilegio, en general“, Botsford resume el trabajo del editor en cinco reglas que son muy útiles para los editores de textos y, por supuesto, para que los escritores no olviden que “cuanto menos competente sea el escritor, mayores serán sus protestas por la edición”.

 

UNA VIDA DE PRIVILEGIO, EN GENERAL

A principios de 1948, la entrega de «Carta desde París» y «Carta desde Londres» se trasladó desde el domingo a un día más civilizado de la semana, y a mí me trasladaron con ella. Otra persona pasó a encargarse de las noches de domingo y empecé a dedicar la mayor parte del tiempo a editar largas piezas factuales: «Perfiles», «Reportajes» y textos de ese tipo. Seguí editando a Flanner y Mollie Panter-Downes –de hecho, a partir de entonces edité todo lo que cualquiera de los dos escribiese para la revista–, y también me asignaron a varios escritores de primera clase del New Yorker, con muchos de los cuales formé alianzas permanentes. Eso implicaba menos tiempo con los escritores de menor calidad con los que había empezado, los Helen Mears y Joseph Wechsberg. Helen Mears era una escritora olvidable; a Joseph Wechsberg lo recordaré siempre. Era un incordio, un Mal Ejemplo y un rito de paso para cada editor junior. Para empezar, era checo y en realidad nunca aprendió inglés. (Aquí hay una observación biológica de Wechsberg que he conservado intacta a lo largo de los años: «Sin los largos hocicos de los abejorros, los pensamientos y el trébol rojo no pueden ser fructificados».) Además, había empezado como escritor de ficción (ahora es más conocido, si es que se le conoce por algo, por algunos relatos que publicó en la revista antes de la guerra) y, cada vez que los datos que necesitaba resultaban elusivos, se los inventaba. Como su escritura estaba desvinculada de la gramática, el vocabulario y la cordura (ver arriba), podía escribir muy deprisa, y no había nadie más prolífico que él. Sandy Vanderbilt siempre decía que había editado más a Wechsberg que yo, y que había editado más a Wechsberg de lo que el propio Wechsberg había escrito, por culpa de una pesadilla recurrente en la que trabajaba en un manuscrito implacable e interminable de Wechsberg que seguía supurando por mucho que Sandy trabajara, pero cuando fuimos a la morgue y sacamos el archivo de Wechsberg, ninguno de los dos podía recordar quién había editado qué, o, para ser más precisos, quién había escrito qué. Lo que nos molestaba era que Wechsberg era inmensamente popular entre los lectores, lo que quería decir que nosotros éramos inmensa, aunque anónimamente, populares entre los lectores. Cuando llegaron algunos editores que eran todavía másjuniors que yo –Bill Knapp, Bill Fain, Bob Gerdy y un par de figuras más transitorias–, les asignaron a Wechsberg y yo quedé libre al fin. No totalmente libre, por supuesto.

Como la revista publicaba cincuenta y dos números al año, la mayoría de los cuales contenía (entonces) al menos dos piezas factuales, era demasiado esperar que los escritores de primera línea pudieran satisfacer esa demanda. Eso abrió la puerta a escritores de segunda fila y yo (como Sandy, Shawn y todos los demás) tenía que echar una mano. Era el tipo de trabajo que me llevó a una serie de conclusiones sobre la edición.

Regla general n.º 1: Para ser bueno, un texto requiere la inversión de una cantidad determinada de tiempo, por parte del escritor o del editor. Wechsberg era rápido; por eso, sus editores tenían que estar despiertos toda la noche. A Joseph Mitchell le costaba muchísimo tiempo escribir un texto, pero, cuando entregaba, se podía editar en el tiempo que cuesta tomar un café.

Regla general n.º 2: Cuanto menos competente sea el escritor, mayores serán sus protestas por la edición. La mejor edición, le parece, es la falta de edición. No se detiene a pensar que ese programa también le gustaría al editor, ya que le permitiría tener una vida más rica y plena y ver más a sus hijos. Pero no duraría mucho tiempo en nómina, y tampoco el escritor. Los buenos escritores se apoyan en los editores; no se les ocurriría publicar algo que nadie ha leído. Los malos escritores hablan del inviolable ritmo de su prosa.

Regla general n.º 3: Puedes identificar a un mal escritor antes de haber visto una palabra que haya escrito si utiliza la expresión «nosotros, los escritores».

Regla general n.º 4: Al editar, la primera lectura de un manuscrito es la más importante. En la segunda lectura, los pasajes pantanosos que viste en la primera parecerán más firmes y menos tediosos, y en la cuarta o quinta lectura te parecerán perfectos. Eso es porque ahora estás en armonía con el escritor, no con el lector. Pero el lector, que solo leerá el texto una vez, lo juzgará tan pantanoso y aburrido como tú en la primera lectura. En resumen, si te parece que algo está mal en la primera lectura, está mal, y lo que se necesita es un cambio, no una segunda lectura.

Regla general n.º 5: Uno nunca debe olvidar que editar y escribir son artes, o artesanías, totalmente diferentes. La buena edición ha salvado la mala escritura con más frecuencia de lo que la mala edición ha dañado la buena escritura. Eso se debe a que un mal editor no conservará su trabajo mucho tiempo, mientras que un mal escritor puede continuar para siempre, y lo hará. La buena escritura existe al margen de la ayuda de cualquier editor. Por eso un buen editor es un mecánico, o un artesano, mientras que un buen escritor es un artista.

Gardner Botsford©

Fuente: http://garciamongay.es/?p=425


Los libros de “La Torre de Babel Ediciones” en Libraire Vice-Versa

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Nadine, Danielle y Denise, les atenderán cordialmente en su bonita librería Vice-Versa en el corazón de Jerusalén. Calle peatonal Shimon Ben Shatah 1.

Gracias a Vuestro apoyo “La Torre de Babel Ediciones”, continuará encontrando eco en las librerías de calidad.


Presentación de la nouvelle de Andrea Bauab: “La última historia de amor”

Andrea-Bauab-en-el-Institut

ICTV


¿Dónde adquirir en España, los libros de La Torre de Babel Ediciones?

Librería Tantín
c/Camilo Alonso Vega 10, (39007) Santander.
Teléfono: 942 231 382
Fax: 942 370 001
E-mail: libreria@edicionestantin.com

Librería GIL
c/ Hernán Cortés, 23, Plaza Pombo, Santander.
Sucursales
c/ San Fernando, 62
c/ General Dávila, 258
Pol. Nueva Europa El Campón, Peñacastillo.
Teléfono: 942 337 903
E-mail: libreria@libreriagil.com

Librería Certeza
Dirección: Calle Parque 41, (50007) Zaragoza.
Teléfono: 976 272 907
Fax: 976 251 880
E-mail: certeza@certeza.com

Librería BIBABUK
Av.  Federico García Lorca 57, (04004) Almeria.
Teléfono: 950 173 545
E-mail: pedido@bibabuk.es

Librería Sefarad
Dirección: Carrer de la Força 10, (17004) Gerona.
Teléfono:: 972 485 434
E-mail: gerona@certeza.com

La Tienda de Sefarad
Dirección: Calle Reyes Católicos nº 7, Toledo.

Librería Cámara
Dirección: Euskalduna nº 6, (48008) Bilbao
Teléfono: 944 221 945
E-mail: pedidos@libreriacamara.com

Por internet: www.latorredebabelediciones.com


“Los esperpentos de Vargas Llosa”, David Mandel

LOS REYES PRESIDEN LA INAUGURACION DE LA TEMPORADA DEL TEATRO REAL

He leído los tres artículos, (“Las aldeas condenadas”, “Los niños terribles” y “La muerte lenta de Silwan” — ver más abajo un breve resumen y comentario acerca de cada uno de ellos), que Vargas Llosa escribió hace un par de semanas, en junio del 2016, bajo el título “Estragos de la ocupación”, luego de una corta visita de cinco días en Israel.

Desde el punto de vista literario los tres artículos pertenecen al género “Esperpento”, creado por el novelista español Ramón del Valle-Inclán (1866-1936), que se caracteriza por deformar sistemáticamente la realidad, recargando sus rasgos grotescos y absurdos, a la vez que se degradan los valores literarios consagrados.

Se necesita ser un ególatra megalómano para tener la “jutzpá” que Vargas Llosa demuestra al considerarse experto en un tema de tan complicadas raíces históricas y controversiales problemas actuales basándose en una visita de unos pocos días, especialmente cuando sus conocimientos acerca del conflicto israelí-palestino los ha adquirido de su lectura de la prensa europea y de las noticias que ve en la BBC y en las televisiones francesa, alemana, italiana o española, cómo él mismo, con revelador orgullo, lo proclama en su artículo “El cristal con que se mira”, publicado en octubre del 2003.

Dante Alighieri, (1265-1321), relata en La Divina Comedia que su guía, cuando visitó el infierno, fue el poeta romano Virgilio. Vargas Llosa, en su breve visita al “infierno de la Ocupación”, también tuvo un guía, Yehuda Shaul, fundador y dirigente de la ONG “Rompiendo el Silencio”, con lo cual es dable decir “dime con quien andas y te diré quien eres.”

La ONG “Rompiendo el Silencio”, cuyos miembros son de la ultra izquierda, proclama que su misión es denunciar las presuntas violaciones de los derechos humanos de los palestinos que cometen los soldados israelíes. La realidad es que la verdadera intención de “Rompiendo el Silencio” es demonizar la imagen del ejército israelí, y la del Estado de Israel. Sus denuncias son anónimas, no son hechas a las autoridades judiciales civiles y militares que podrían juzgarlas y castigarlas, sino que son mencionadas en giras en el extranjero realizadas por miembros de la organización cuya financiación proviene de gobiernos extranjeros. Últimamente, debido a que un video mostró a un miembro de la organización tratando de sonsacar secretos militares de un soldado, tema que nada tiene que ver con presuntos abusos, la organización está siendo investigada por sospecha de espionaje y traición.

Vargas Llosa, durante su visita, se entrevisto únicamente con gente de la extrema izquierda de Israel, incluyendo al columnista Gideon Levi y a la periodista Amira Hass. Gideon Levi, que escribe para el periódico de izquierda Haaretz, nunca, en toda su vida, ha conocido un israelí bueno o un palestino malo. En sus columnas justifica los ataques terroristas de los palestinos. Durante la guerra con Hamás del 2014 califico a los pilotos que bombardeaban las instalaciones de cohetes de Gaza, desde las cuales dispararon cerca de 4,000 cohetes a Israel, como “demonios”.

Amira Hass, cuya incondicional simpatía al lado palestino le ha impulsado a radicarse en Ramallah, hace algún tiempo fue enjuiciada por calumnia y difamación y tuvo que pagar una alta suma por daños y perjuicios.

Los nuevos artículos de Vargas Llosa son un reciclaje de sus anteriores artículos acerca del conflicto israelí-palestino. Por un lado condena a Israel e insulta a su gobierno, y por otro lado no expresa la más mínima crítica a los palestinos. No hay tonalidades grises para Vargas Llosa. Todo lo relacionado con Israel es negro. Todo lo relacionado con los palestinos es de blanca pureza. Para el escritor los israelíes, tanto los gobernantes como la ciudadanía, son criminales, (excepto los ultra izquierdistas a quienes Vargas Llosa llama “los justos” debido a que se identifican con los palestinos). Los palestinos, para Vargas Llosa, son todos víctimas inocentes e indefensas.

Vargas Llosa, sea por ignorancia o por deliberada malicia, no menciona ninguno de los siguientes puntos:

· El Tratado de Oslo, firmado por Arafat y Rabin, dividió a la Cisjordania en tres áreas: A) bajo control civil y militar de la Autoridad Palestina; B) bajo el control civil de la Autoridad Palestina y el control militar de Israel, y C) bajo el control civil y militar de Israel. El 90% de los palestinos de la Cisjordania viven en las áreas A y B, territorios bajo el total control civil de la Autoridad Palestina, ente independiente con Presidente, Parlamento, alcaldes, policía, y embajadas en más de 100 países. Solo el 10% de la población palestina de la Cisjordania vive en la zona C controlada por Israel. Y Gaza, donde vive cerca del 50% de los palestinos, es un Estado independiente de facto, con su propio ejército.

· La mayoría de los terroristas que en los últimos meses han acuchillado y atropellado deliberadamente a civiles israelíes, incluyendo madres y niños, han dicho que fueron motivados por la campaña de la Autoridad Palestina de que los israelíes quieren destruir la mezquita Al-Aqsa, una completa calumnia.

· Israel ha ofrecido en tres ocasiones distintas una retirada del 95% de los territorios (e intercambio de la diferencia del 5%) a las fronteras de 1967 a cambio de la paz. Los palestinos rechazaron las ofertas.

· En una demostración de colosal hipocresía los lideres palestinos (Haniyeh en Gaza y Abbas en la Cisjordania) acusan a Israel de crímenes contra la humanidad pero envían a sus familiares a ser tratados en hospitales israelíes.

· La Autoridad Palestina glorifica a los terroristas llamándolos héroes y mártires, y apoya financieramente a sus familias.

· En las últimas décadas, durante la “ocupación” el índice de longevidad de los palestinos ha aumentado considerablemente y es hoy mayor que el de muchos otros países árabes.

· Durante la “ocupación” se han abierto varias universidades en los territorios palestinos, que antes no tenían una sola.

· Los miles de millones donados por generosos e ingenuos países europeos a la Autoridad Palestina han ido principalmente a engrosar las cuentas secretas de los líderes palestinos. Arafat tenía una fortuna de más de 500 millones de dólares. El “moderado” Abbas solo tiene 100 millones.

· Abbas esta construyendo un palacio presidencial a todo lujo por millones de dólares en vez de utilizarlo para construir hospitales y escuelas.

· La principal fuente de ingresos de los palestinos, tanto como empleados legales como ilegales son compañías israelíes.

· El 90% de la población palestina de Cisjordania vive en las áreas A y B, bajo control civil de la Autoridad Palestina.

En los siguientes párrafos encontrarán breves resúmenes de cada uno de los tres artículos con mis comentarios.

Primer artículo: Las aldeas condenadas*

En este artículo Vargas Llosa trata de la aldea de Susiya, un caso único y controversial, pero, en la forma como lo presenta el escritor, da la falsa impresión de ser un caso típico y representativo.

Susiya es un pueblo de 450 habitantes, construido en un lugar declarado parque arqueológico, donde se han encontrado ruinas de una sinagoga de hace 1,500 años. Está situado en el Área C de la Cisjordania bajo control civil y militar de Israel. No aparece en el censo de 1945 realizado por los británicos, y sus actuales habitantes carecen de pruebas de propiedad. En el año 2008 la Corte Suprema, institución respetada por su imparcialidad, incluso por los palestinos, rechazó el pedido de la gente del pueblo de anular la orden de demolición.

A pesar de las repetidas órdenes de demolición el pueblo continúa siendo habitado, y es lugar obligado de visita en todas las tours organizadas por organizaciones de izquierda para extranjeros bien intencionados.

Vargas Llosa aprovecha el caso de Susiya para acusar a Israel de “una estrategia intencional cuyo objetivo es volver irrealizable la solución de dos Estados” olvidando o ignorando que tres veces Israel ofreció el 95% de los territorios a los palestinos e intercambiar el otro 5%, y las tres veces los palestinos se negaron a aceptar la propuesta, ignorancia que no debe causar extrañeza tratándose de un escritor cuya fuente de información se limita a leer los parcializados medios de comunicación europeos.

Vargas Llosa continúa su artículo hablando de Hebrón, sin mencionar que durante 3000 años hubo allí presencia judía, (fue la primera capital del Rey David), mucho antes de que los árabes la conquisten en el siglo 7. Tampoco menciona (asumo que lo ignora) la masacre de agosto de 1929 cuando los árabes de la ciudad mataron, lincharon, acuchillaron y masacraron a 67 judíos. Los ingleses, en vez de castigar a los asesinos, decidieron realizar una limpieza étnica y sacaron a todos los judíos de Hebrón. Durante las siguientes 4 décadas no hubo presencia judía en Hebrón. Esta injusticia histórica se rectificó cuando, después de la Guerra de Seis Días, descendientes de los judíos habitantes de Hebrón, (a quienes Vargas Llosa insulta llamándolos “invasores”) y otros judíos, regresaron a su ciudad ancestral.

Segundo artículo: Los niños terribles**

Vargas Llosa cita al año 2012 para mencionar que en ese año “ningún colono de los asentamientos de Jordania fue asesinado” para llegar a la conclusión de que los “territorios ocupados” son mas seguros que Nueva York, México y Bogotá. Estamos en el año 2016, y Vargas Llosa escribe este artículo este año. ¿Por qué, entonces, no menciona que desde octubre del 2015 hasta la fecha palestinos han asesinado, con pistolas, cuchillos, piedras arrojadas a vehículos y atropellamientos, a cerca de 40 israelíes, tanto dentro de los territorios como en Jerusalén, Tel Aviv y otras ciudades israelíes? La única respuesta posible es que Vargas Llosa no tiene escrúpulos para lograr su objetivo de demonizar Israel de manipulear los hechos con toda la deshonestidad de la que es capaz.

En el resto del artículo Vargas Llosa, demostrando, (como ya lo demostró en la basura a la que dio el titulo de “Cinco Esquinas”) que ya no es el escritor de años antes, escribe pasajes de tal carga melodramática y sentimental que al lector le resulta empalagoso, informando que las fuerzas de seguridad de Israel utilizan sádicos y violentos métodos psicológicos, si no diabólicos por lo menos maquiavélicos, contra “inocentes jóvenes palestinos” que después de todo ¿qué han hecho? Solamente han tirado piedras y rocas contra vehículos en movimiento y si esto, como ha ocurrido más de una vez, causa que el chofer pierda el control del vehículo, choque, y se hiera o muera, no es motivo, según da a entender el tono del articulo de Vargas Llosa, para que los detengan y los juzguen.

Vargas Llosa no tiene vergüenza en escribir un parrafo tan inmoral como este: “Es verdad que, a veces, se perpetran crímenes horribles contra los colonos, pero, atendiendo a la inhumana estadística, sus víctimas son menos numerosas que las que en el resto del mundo resultan de los accidentes de tránsito.”

Utilizando el mismo criterio de Vargas Llosa ¿Por que tendríamos que sentir horror si estalla una bomba en el aeropuerto de Estambul matando a 41 personas, o si un islámico homofóbico asesina a 49 personas en Orlando, o un terrorista atropella deliberadamente a cientos de personas en Niza matando a 84, cuando en el año 2010 murieron 33.000 personas en accidentes de transito en los Estados Unidos?

Tercer artículo: La muerte lenta de Silwan***

En este artículo Vargas Llosa despotrica contra familias judías religiosas que han cometido la osadía, (¿el crimen?) de mudarse a vivir a un barrio de Jerusalén que tiene mayoría musulmana.

Vargas Llosa acusa a estas familias de “apoderarse de la casas” presentando documentos antiguos según los cuales fueron propietarios los judíos o comprando las propiedades.

El escritor llama “fanáticos religiosos” a estos judíos cuyo crimen es vivir en el barrio de Jerusalén que prefieren, y para demostrar imparcialidad escribe lo siguiente: “También son fanáticos esos palestinos de Hamás y Yihad Islámica que hacen estallar bombas en autobuses o restaurantes…” En otras palabras, para Vargas Llosa hay equivalencia entre mudarse a un barrio en Jerusalén y tirar bombas.

Vargas Llosa termina su artículo acusando a Israel de que sus políticas son cada día menos democráticas. Escribe: “Denunciarlas y criticarlas no es para mí sólo un deber moral; es, al mismo tiempo, un acto de amor.”

No se lo que Patricia, la esposa de 50 años, recientemente cambiada por un modelo mas nuevo, piensa respecto al “deber moral” de Vargas Llosa y a lo que él considera “un acto de amor”.

Resumiendo, pocas veces he leído artículos tan parcializados, tan llenos de medias verdades y mentira completas, tan impregnado de deliberada ignorancia, odio y prejuicio.

Los virulentos artículos de Vargas Llosa no contribuirán a la paz ni a la solución del conflicto. Solo endurecerán las posiciones y exigencias de los palestinos, (en el caso de que los lean). Su único resultado será confirmar y aumentar el antisemitismo y el odio a Israel de personas que ya tienen esos prejuicios.

*Las Aldeas condenadas

http://internacional.elpais.com/internacional/2016/06/30/actualidad/1467301980_996936.html

**Los niños terribles

http://internacional.elpais.com/internacional/2016/07/01/actualidad/1467382717_204818.html

***La muerte lenta de Silwan

http://internacional.elpais.com/internacional/2016/07/01/actualidad/1467384317_829517.html

David Mandel© Fuente: Mi enfoque desde Israel.

Los textos resaltados corresponden al editor.

PromoDavid


“El amigo librero”, Hernán Casciari

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Algunos sueñan con renunciar a todo para abrir un bar en Brasil y andar en patas todo el día —me decía Chiri en una larguísima sobremesa que duró un año—. Mi sueño loco siempre fue tener una librería y fumar en pipa, vos lo sabés. Sin embargo ignoraba todo del oficio hasta que decidí dar el salto y convertirme en librero. Ser librero es un oficio jodido, peligroso. Así como el mejor dealer es aquel que no consume la droga que vende, el mejor librero es el que no lee nada. Yo fui un librero muy vicioso.

Creía —me decía Chiri, cada vez más borracho— que ser librero iba a darme tiempo para leer las últimas novelas de Bolaño o de Vila-Matas sin pagar por ellas, con el tiempo a mi favor, sin que nadie me rompiera las pelotas.

—¿Pero no? —pregunté.

¡Ni en pedo! Una librería es como una ferretería, como una concesionaria de autos o un supermercado; es una industria sujeta a la dictadura del debe y el haber. Cuando me gasté toda la guita en la librería, cuando ya estaba endeudado, supe que en realidad yo no quería ser librero.

—¿Qué querías ser?

Bibliotecario.

—Qué pajerto…

En serio. Mis horas empezaron a consumirse en tareas administrativas y contables y, para peor, a las grandes editoriales no les interesa interactuar con librerías chiquitas, independientes. Las miran con desdén.

¿Cómo les explicaba yo a mis clientes que el best-seller que acababa de salir, apilado en impresionantes columnas en casi todos los Carrefour de Buenos Aires, no llegaba a mis estantes porque a las editoriales del orto sólo les importa distribuir en los supermercados?

—Te está saliendo espuma por la boca, calmáte.

Para subsistir con dignidad —me decía Chiri, que ya había empezado a tomar de mi botella— tenía que vender muchos libros, y los libros que más se vendían, oh paradoja, no eran los que a mí me interesaba vender.

—¿Te acordás que yo te llamaba por teléfono en marzo y vos nunca podías hablar? —recordé.

¡Ah, la temporada escolar! —gritó Chiri, subiéndose arriba de la mesa del patio— ¡Qué mierda más grande! Treinta días en los que no había tiempo para respirar; lo único que hacía era despachar libros a la velocidad de esas máquinas que disparan pelotitas de tenis. Todo eso con un margen de ganancia ridículo y soportando a padres y a maestras poseídos por el demonio. Una garcha.

—Pero otras veces te notaba contento.

Es que cuando sos librero también te pasan cosas buenas, Jorgito —Chiri me dice Jorge, nunca le pregunté por qué—. En cada desventaja aparecen oportunidades que vienen manteniendo en pie a todos los libreros independientes del mundo. ¿Sabés que es lo mejor? El trato personal con el cliente que lee de verdad.

Ése es el punto, creo yo, en el que el oficio de librero recupera toda su grandeza y su arte, y en el que las librerías dejan de ser un negocio expendedor de libros para convertirse en otra cosa. Porque el libro es un objeto hermoso, igual que la revista que queremos hacer, y merece una atención especial, y porque todavía hay clientes que confían en el librero como quien confía en su médico de cabecera.

—Acá en Sant Celoni hay dos librerías así, con libreros apasionados y buena gente —dije.

En todas partes hay una. Yo aprendí mucho de los buenos clientes de mi librería de Luján —me dijo Chiri emocionado, mientras intentaba besarme—. Los buenos clientes fueron, en realidad, quienes obraron el milagro de que pudiera sostener una librería durante varios años, y quienes a la vez permiten que esa misma librería todavía siga en pie, en otras manos y a paso firme.

Eso sí —dijo al final, justo antes de caerse entre unos helechos—. Nunca leí menos en mi vida que en mi época de librero. Pero a la vez fui, muchísimas veces, el puente entre un buen libro y su justo lector. Y eso, te lo digo de verdad, gordito puto, eso no me lo quita nadie.

Hernán Casciari© Fuente: http://editorialorsai.com/


“Una estrella de puntas infinitas. En torno a Salomón y el Cantar de los cantares”, Clara Janés

Ingresando en el siguiente enlace, puede acceder al texto del discurso completo: https://drive.google.com/file/d/0B-MfH1PXSMx9XzVJSjlTczFwVXc/view

Clara Janés (Barcelona, 1940) ha escrito poesía, novela, biografía y ensayo. Es, además, traductora de varias lenguas, sobre todo de la checa y de la obra poética de Vladimir Holan y Jaroslav Seifert. Ha traducido también al español a Marguerite Duras, Nathalie Sarraute, Katherine Mansfield y William Golding. Entre los galardones que ha recibido destacan el Premio Nacional de Traducción en 1997 por el conjunto de su obra, el Premio Ciudad de Barcelona de Ensayo en 1972 con La vida callada de Federico Monpou, y queda finalista, ese mismo año, del Premio Café Gijón. Ganó el Premio Ciudad de Barcelona de Poesía en 1983 con Vivir. En 2007 recibió el Premio Nacional de las Letras Teresa de Avila,convirtiéndose así en la primera mujer en obtener este reconocimiento, y hasta el momento, la única.

Conoce a fondo el mundo sufí y sabe de mística española (San Juan de la Cruz, Santa Teresa). 

9788416280513_L38_04_lEn el año 2011 participó en el segundo Congreso Internacional Teresiano de Ávila dedicado a Camino de Perfección con una ponencia titulada «Dad luz a estas tinieblas». La sombra y otros símbolos místicos partiendo del Camino de perfección de Santa Teresa de Jesús.

Este año ha preparado y prologado una antología teresiana en Alianza Editorial titulada Santa Teresa de Jesús. Poesía y pensamiento.

Guardar la casa y cerrar la boca (Siruela), su último libro, salva del olvido la voz silenciada de tantas mujeres a lo largo de la historia. Mujeres que han tomado la palabra y la han convertido en un arma poderosísima, peligrosa, liberadora. Janés plasma en esta obra su investigación sobre la obra literaria de las mujeres a lo largo de la historia, desde las primeras poetisas sumerias hasta las mujeres afganas en idioma pastún, que, aun siendo analfabetas, “son depositarias de una extraordinaria lírica tradicional”.

El título del libro se inspira en unas palabras de fray Luis de León: “Porque así como la naturaleza […] hizo a las mujeres para que, encerradas, guardasen la casa, así las obligó a que cerrasen la boca”. En el ensayo, se van desgranando los ejemplos de mujeres acalladas y en muchos casos desconocidas.

Janés sostiene que las monjas, como Teresa de Jesús o Sor Juana Inés de la Cruz, podían hallar su libertad en el encierro, algo de lo que, paradójicamente, no podían disfrutar las reinas de antaño, condenadas a estar siempre en compañía y a vivir una “esclavitud cortesana”.


“La siguiente”, Juan José Millás

Todos los caminos conducen al libro. Sin embargo, cuando un escritor escribe un libro no puede hacerse cocinero ni deportista ni actor ni político.

Cuando un cocinero se hace famoso, escribe un libro. Cuando un deportista se hace famoso, escribe un libro. Cuando un criminal se hace famoso, escribe un libro. Cuando un alpinista se hace famoso, escribe un libro. Cuando un actor se hace famoso, escribe un libro. Cuando un locutor de televisión se hace famoso, escribe un libro. Cuando un cantante se hace famoso, escribe un libro. Cuando un político se hace famoso, escribe un libro. Cuando un millonario se hace famoso, escribe un libro. Cuando un corrupto se hace famoso, escribe un libro. Cuando un expresidiario se hace famoso, escribe un libro. Cuando un youtuber se hace famoso, escribe un libro. Cuando un torero se hace famoso, escribe un libro. Cuando un famoso se vuelve más famoso, escribe otro libro.

Y así de forma sucesiva. Todos los caminos conducen al libro. Sin embargo, cuando un escritor escribe un libro no puede hacerse cocinero ni deportista ni actor ni político. Cuando un escritor escribe un libro, se pone a pensar en el siguiente, que quizá le salga o quizá no. A lo mejor le sale, y lo publica y la editorial le invita a firmar ejemplares en una feria del libro a la que el escritor acude ingenuamente para comprobar que quienes de verdad firman son los alpinistas, los expresidarios, los actores, los youtubers… Viene a ser, piensa, como si en un congreso sobre la salud tuvieran más éxito los curanderos que los médicos.

Claro que todo el mundo tiene derecho a escribir libros, y a establecerse como curandero, incluso a escribir libros sobre la curandería. Pero un congreso de oncólogos debería ser un congreso de oncólogos. El escritor decide no acudir en el futuro a ninguna feria. Pero el miedo a ser tachado de envidioso le conducirá a la siguiente.

Juan José Millás© Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/06/16/opinion/1466086900_922528.html
Imagen: Miguel Hernández junto a Josefina Manresa Marhuenda


Yom haShoá, sobre el libro “El rescoldo” de Sara Strassberg-Dayán

Briefmarke-Warschau-Ghetto-Aufstand3R.LEIB: En tantos de ustedes, se ve como luchan con las huellas del tesoro; se lo ve en sus ideas, en sus actos, aunque ustedes mismos no se den cuenta, y aunque eso moleste a ciertos judíos «piadosos» que se creen los custodios del judaísmo pero no lo son… Buscar la verdad en cualquiera de sus formas es siempre judaísmo.

SEPARADOR PARRAFOS1

MADRE: ¿El ghetto está ardiendo, verdad?
URI: En parte, sí; el asfalto arde bajo nuestros pies, chorrea y se pega a nuestros zapatos, un humo negro cubre las calles, hay cadáveres por todos lados, y el olor de la carne quemada nos descompone, pero la lucha sigue.

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URI: Una vez Reb Leib nos dijo que ésta era una época de poda para el árbol de Israel, ¿te acuerdas? (Masha asiente.) Tenía razón; la poda sigue, pero nuestro árbol no puede ser talado, ¿sabes por qué? Ahora lo sé, lo comprendí en este último tiempo. No puede ser talado porque nuestras raíces no están en la tierra. Nuestra raíz es un sueño, y un sueño no puede ser destruido por la violencia ni por el fuego. Nacimos como pueblo pidiendo justicia, odiando el odio y la esclavitud, y no podemos traicionar ese sueño que marcha delante de nosotros, pidiendo fe y realización. Nacimos soñando con un futuro de libertad y dignidad para todos los seres humanos, y ese sueño no puede ser destruido, a menos que sea destruida toda la humanidad, ¿comprendes?

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GENERAL: Esto se acabó. Himmler me ha tele-grafiado ordenándome terminar  ya esta lucha absurda. Vamos  a destruir completamente el ghetto, lo arrasaremos hasta sus cimientos, ¿entiende?

CORONEL: ¿Y los talleres y fábricas, señor?

GENERAL: Bombardeen todo. Esos judíos saben pelear con nuestros soldados, veremos cómo pelearán ahora con las bombas que les arrojarán nuestros aviones, con el fuego de nuestros lanzallamas, y con el gas con que llenaremos sus refugios.

CORONEL: ¿Gas, señor?

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MASHA: Desde que estuve allá, en Treblinka, no había podido llorar; pero esa noche, mientras miraba arder el ghetto, mientras a mi espalda escuchaba brindar a los polacos, volví a llorar. Supe que entre esas llamas estaba el pueblo que yo creía que ya no existía; supe que yo era parte de ese pueblo y que el pueblo estaba en mí; supe que me quemaba el mismo fuego que los quemaba a ellos; pensé: ¿por qué no estoy también yo ahí, muriendo con mi gente? Supe quién era yo, por fin, ¿comprendes?

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«Si comprender es imposible, conocer es necesario…», las palabras de Primo Levi sirven de prefacio a la obra teatral «El rescoldo» de Sara Strassberg-Dayán, donde a través de ésta, cobra realidad el hecho histórico, al convertirse en coetáneo, al permitirnos reflexionar sobre las condiciones históricas en que tuvo lugar la vida humana en una época nefasta de la Humanidad.

Los roles actorales se funden en la piel de los personajes, cobran visibilidad ante el lector-espectador, son personas de otro tiempo con las cuales podemos identificarnos, desde el acuerdo o el desacuerdo de sus posturas, reacciones, miedos, creencias, recelos, desconfianza, etc.

En el caso del lector, la obra se transfigura en lo que podríamos calificar una novela en tres dimensiones, ya que la dinámica de la estructura de los actos, la ubicación en escena de aquellos seres-personajes en ese espacio físico y temporal, en una dimensión historia-presente, hace ágil la lectura y comprensible la situación planteada.

Tantas veces desde la ignorancia o la indiferencia, el desconocimiento o la soberbia, muchos han dicho: «por qué se dejaban conducir como ovejas al matadero», y la pregunta debería ser ¿cuál habría sido la decisión que hubiésemos tomado nosotros, en el caso de que se nos exigiera proporcionar una lista con varios miles de nombres para cubrir la cuota requerida para el próximo transporte a los campos de la muerte a cambio de que no mueran todos?, ¿cómo repartiríamos la exigua ración de comida o los medicamentos a todos los hambrientos y enfermos o sólo a aquellos con más posibilidades de sobrevivir?, ¿qué hacer, para conservar la vida un día más?, ¿cómo actuar ante la disyuntiva de que un padre sólo podía salvar a un hijo, a cual, de ser transportado?

Y una vez ya en los campos, la humillación, y la deshumanización el rapado total, el despojo de la ropa y de todos los efectos personales, el tatuaje de un número, la falta absoluta de privacidad en las barracas, el dormir en el camastro junto a dos o tres extraños, la indescriptible suciedad, la desaparición de todas las jerarquías que determinan usualmente una gran parte de nuestra identidad, la ausencia de toda ceremonia, la imposibilidad de llorar a los muertos. Y la misma muerte.

¡Y resistieron y lucharon!

Este libro es un humilde homenaje a aquellos jóvenes que presentaron lucha a la bestia nazi, para elegir siquiera la manera de morir. Los hubo no sólo en Varsovia, también en Bialistock, Cracovia, Chestojova, Tarnov, Bandin y en los mismos campos de concentración y los de exterminio.

ElRescoldoNovedadEncontrará el lector en «El rescoldo», a aquellos seres-personajes que a través de la resistencia judía, entonces, intentaron elevar la dignidad humana tanto como fuera posible, tanto como les fuese posible. Los que escribieron un periódico en la clandestinidad, los que enseñaron en escuelas, aquellos que impartieron clases de hebreo, de sionismo y de Torá, quienes tocaron en orquestas, quienes actuaron en los teatros para un público hambriento de pan; los niños contrabandistas; los judíos creyentes que siguieron cumpliendo las mitzvot, los tradicionalistas que continuaron yendo a las sinagogas y festejaron las festividades. Todos ellos fueron y serán nuestros héroes.

«El rescoldo», nace como el resultado de la necesidad pesonal de la autora, de enfrentarse con el tema del Holocausto desde su condición judía, por medio de su herramienta natural que es la dramaturgia, a la que nos tiene acostumbrados en su prolífica trayectoria como escritora.

Juan Zapato


“El libro de arena”, Jorge Luis Borges

Fragmento de la película “Los libros y la noche”, de Tristán Bauer. Intérpretes Walter Santa Ana y Lorenzo Quinteros

El libro de arena

… thy rope of sands…
George Herbert (1593-1623)

 

La línea consta de un número infinito de puntos; el plano, de un número infinito de líneas; el volumen, de un número infinito de planos; el hipervolumen, de un número infinito de volúmenes… No, decididamente no es éste, more geometrico, el mejor modo de iniciar mi relato. Afirmar que es verídico es ahora una convención de todo relato fantástico; el mío, sin embargo, es verídico.

Yo vivo solo, en un cuarto piso de la calle Belgrano. Hará unos meses, al atardecer, oí un golpe en la puerta. Abrí y entró un desconocido. Era un hombre alto, de rasgos desdibujados. Acaso mi miopía los vio así. Todo su aspecto era de pobreza decente. Estaba de gris y traía una valija gris en la mano. En seguida sentí que era extranjero. Al principio lo creí viejo; luego advertí que me había engañado su escaso pelo rubio, casi blanco, a la manera escandinava. En el curso de nuestra conversación, que no duraría una hora, supe que procedía de las Orcadas.

Le señalé una silla. El hombre tardó un rato en hablar. Exhalaba melancolía, como yo ahora.

—Vendo biblias —me dijo.

No sin pedantería le contesté:

—En esta casa hay algunas biblias inglesas, incluso la primera, la de John Wiclif. Tengo asimismo la de Cipriano de Valera, la de Lutero, que literariamente es la peor, y un ejemplar latino de la Vulgata. Como usted ve, no son precisamente biblias lo que me falta.

Al cabo de un silencio me contestó.

—No sólo vendo biblias. Puedo mostrarle un libro sagrado que tal vez le interese. Lo adquirí en los confines de Bikanir.

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“40 años y un "exilio" aún vigente”, Matías Maggio Ramírez

Haroldo ContiEn vísperas del aniversario por los 40 años del último golpe de Estado todavía quedan sus huellas en el mercado editorial: el recuerdo de la censura y el exilio (interno y externo) de editores, escritores y libreros, el cierre de bibliotecas y librerías, así como la desaparición -asesinato- de lectores, traductores, autores como Rodolfo Walsh y Haroldo Conti, y de editores como Carlos Pérez, cuyo fondo editorial todavía puede encontrarse en la Librería Hernández de la Calle Corrientes (que también sufrió la clausura de su local,  el exilio de sus dueños y la detención de uno de sus familiares, en ese momento a cargo de la librería), se vuelven presentes cada 24 de marzo. Otra de las marcas menos visibles que todavía opera sobre la actualidad del mercado editorial se puede encontrar en los derechos de traducciones que entre el 1976 y 1983 no se renovaron para su publicación en Argentina por el opresivo clima cultural. Las traducciones de las obras que se habían publicado por primera vez en castellano en Buenos Aires o Córdoba fueron compradas por editoriales españolas, que tenían nuevos aires en los últimos tiempos del franquismo, y en menor medida por históricos sellos mexicanos.

La Argentina tuvo en la ley 1420 que promulgaba una educación laica, gratuita y obligatoria uno de los principales pilares para la construcción de lectores desde finales del siglo XIX. La consolidación de las políticas públicas educativas a lo largo del siglo XX tuvo en el mercado editorial uno de sus beneficiarios. La producción local tenía como eje para su rentabilidad la exportación a mercados hispanoamericanos. Los lectores contaban a su alcance con traducciones locales que se realizaban al poco tiempo de la publicación en su lengua original para un público regional. La traducción de libros locales tenía una amplia proyección para el resto de América y España. José Luis de Diego en Editores y políticas editoriales en Argentina, 1880-2000 sostuvo que en los primeros años 70 ya no se exportaba como en las décadas anteriores para suplir el 80% de los libros que importaba España. La pérdida de mercados externos encontró su principal público en un fortalecido mercado interno ávido de literatura latinoamericana. El libro, en tanto bien cultural que no es intercambiable por otro, tuvo durante el siglo XX distintos embates pero ninguno como el de la última dictadura que lesionó una vieja tradición argentina como la de oficiar de mediadora cultural. La acción represiva de la dictadura contra la cultura tuvo, según de Diego dos caras: la pública que se había visible en las resoluciones y decretos; y la oculta e ilegal que se negaba y silenciaba en las instancias públicas. El miedo, el silencio, la persecución, encarcelamiento, muerte, exilio eran los ingredientes de una vida cultural opresiva para el mercado editorial.

Ante la falta de una bibliografía nacional para reconstruir parte de la historia del libro en Argentina se pudo acceder a catálogos digitales integrados como Worldcat y los de la Biblioteca Nacional “Mariano Moreno” y la Biblioteca Nacional de España, para rastrear aquellos libros que tuvieron una primera traducción y edición argentina, como síntoma de la consolidación del mercado interno, para luego durante la dictadura “exiliarse” en España o bien reaparecer años más tarde. La editorial Infinito, fundada en 1954 por los arquitectos Leonardo Aizemberg, Eduardo Aubone, Jorge Enrique Hardoy, Carlos A. Méndez Mosquera y José A. Rey Pastor, tuvo una mirada exquisita para contratar traducciones de obras centrales para las artes visuales, el diseño y la arquitectura. Al revisar el catálogo de la Biblioteca Nacional se encuentra que esta editorial publicó sin interrupciones hasta 1977 para retomar su tarea a partir de 1986, tras la recuperación de la democracia. Entre los títulos de su catálogo histórico se destacó la publicación, en 1959, de Arquitectura gótica y escolástica de Erwin Panofsky con traducción de Enrique Revol, a los pocos años de su edición en inglés. Esta obra fue publicada en 1986 en Madrid por Ediciones La Piqueta con una nueva traducción. Del mismo autor Infinito publicó, en 1970, El significado de las artes visuales, que desde 1979 engrosa el catálogo del sello español Alianza. Un autor central para el urbanismo como Lewis Mumford publicó en 1966 La ciudad en la historia: Sus orígenes, transformaciones y perspectivas, con la traducción de Enrique Revol, que fue recuperada por la editorial española Pepitas de Calabaza en 2012.

La editorial Eudeba, fundada en 1958, sufrió en su gestión los avatares del quiebre democrático en 1966 y en 1976. La exhaustiva investigación de Hernán Invernizzi y Judith Gociol en Un golpe a los libros reconstruyó la acción y resultados de su intervención militar. El sello universitario sufrió la censura de libros que “atentaban contra la seguridad nacional”, tuvo empleados reprimidos y “desaparecidos” y la rescisión de “contratos de edición de obras extranjeras traducidas al español, cuyas fechas de aparición están vencidas”. Entre los 83 títulos caídos se encontraban obras de autores como Rudolf Carnap y Jean Piaget. Con esta decisión tampoco se renovaron los contratos de traducción anteriores convenidos con agentes y editores extranjeros. Entre los casos emblemáticos en Ciencias Sociales y Humanidades se puede citar Antropología estructural de Claude Lévi Strauss, que se publicó el 1958 en Francia y cuya traducción realizó para Eudeba Eliseo Verón seis años después. El libro tuvo múltiples reimpresiones hasta 1977. Diez años después, Paidós ibérica obtuvo los derechos de la traducción realizada por Verón para todo el ámbito hispanoamericano. En 1962 la editorial universitaria publicó la primera traducción al castellano de Arte y percepción visual: psicología de la visión creadora, de Rudoplh Arnheim. En 1976 la obra llevaba ya 7 reimpresiones pero no se renovaron los derechos. En 1979 la editorial Alianza compró con los derechos de traducción para publicar y reimprimirla, cosa que hace hasta la actualidad.

Quema de libros del CEAL en Sarandí. Foto de Ricardo FigueiraEn el ámbito de las ciencias duras, línea en que la editorial se había afianzado desde la gestión de Boris Spivacow hasta el golpe del 66, se interrumpieron las publica-ciones de “libros de física y química, y el vacío fue paulatinamente ocupado por editoriales extranjeras como Mc Graw Hill, Prentice Hall, etc. cuya publicación en castellano se realiza principalmente en México”, tal como sostuvo Oscar Fernández en su investigación sobre Eudeba, en el volumen colectivo Centro Editor de América Latina. Capítulos para una historia.

La editorial universitaria de Córdoba, emprendimiento que tuvo como director a Gregorio Bermann y a José Aricó como gerente, fue financiado por Natalio Kejner según se desprende de la investigación “Eudecor: edición y política”, de Diego García para la revista Deodoro. Eudecor publicó en 1967 Estructuralismo y crítica literaria, de Gerard Genette, con traducción de Alfredo Paiva, y al año siguiente un título que aún es un long seller: Las vanguardias artísticas del siglo XX, de Mario de Micheli con la traducción de Giannina de Collado, que fue reeditado en castellano desde 1979 por la editorial española Alianza hasta la actualidad.

La lista de títulos que tuvieron una primera publicación en Argentina para luego “exiliarse” en distintos sellos editoriales del exterior puede ampliarse en una futura investigación que analice la bibliografía nacional de mediados del siglo XX. La fortaleza del público local posibilitó apuestas editoriales que tras la dictadura se diluyeron por distintas causas económicas, políticas, sociales y de la propia seguridad de los actores involucrados en el circuito del libro.

A 40 años del golpe, muchos de los libros que tuvieron en Argentina su primer encuentro con los lectores en castellano tienen que cruzar el Atlántico. Su “exilio” se afianzó con el proceso de concentración editorial, pero seguro esperaran volver, aunque sea de visita en cada Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

Matías Maggio Ramírez©, para “Noticias del Libro”: http://www.el-libro.org.ar/profesionales/noticias-del-libro/exilio-vigente.html