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«72 años del Estado de Israel»

Independence Scroll

Eretz-Israel (Tierra de Israel) fue el lugar de nacimiento del pueblo judío. Aquí toma forma su identidad espiritual, religiosa y política. Aquí obtuvieron por vez pri mera un Estado, crearon valores culturales de importancia nacional y universal y aportaron al mundo el Libro de los Libros.

Después del exilio forzoso de su tierra, el pueblo mantuvo su fe a través de su dispersión y no cesó de orar y de anhelar la vuelta a su tierra y la restauración en ella de su libertad política.

Empujados por estos lazos históricos y tradicionales, los judíos se esforzaron a través de las generaciones en establecerse de nuevo en su antigua tierra. En las últimas décadas volvieron en masa. Pioneros «mapilim» (inmigrantes que van a Eretz-Israel desafiando la legislación restictiva) y defensores hicieron florecer el desierto, re vivir la lengua hebrea, construyeron pueblos y ciudades, y crearon una comunidad próspera controladora de su propia economía y cultura, amante de la paz pero sabiendo defenderse, aportando los bienes del progreso a los habitantes de todos los países, y aspirando a una nación independiente.

En el año 5657 (1897), en el requerimiento del padre espiritual del Estado Judío Theodor Herzl, el Primer Congreso Sionista convino y proclamó el derecho del pueblo judío a su renacimiento nacional en su propio país

Este derecho fue reconocido en la Declaración de Balfour de 2 de noviembre de 1917, y reafirmado en el Mandato de la Liga de las Naciones que en concreto sancionó la conexión histórica entre el pueblo judío y Eretz-lsrael y el derecho del pueblo Judío a rehacer su Casa Nacional.

La catástrofe que recientemente padeció el pueblo judío —la masacre de millones de judíos en Europa— fue otra demostración clara de la urgencia de la resolución de este problema de falta de hogar mediante el restablecimiento de Eretz-lsrael como Estado judío, que abriría ampliamente las puertas de su tierra a cada judío y daría al pueblo judío el status de pleno reconocimiento con miembro de la Comunidad de naciones.

Los supervivientes del holocausto Nazi en Europa, así como los judíos de otras partes del mundo, continuaron emigrando a Erezt-lsrael superando las dificultades, restricciones y peligros, y nunca cesaron de afirmar su derecho a una vida digna, libre y honrada en su tierra nacional. Durante la Segunda Guerra Mundial, la comunidad judía de este país participó plenamente en la lucha entre las naciones que defendían la libertad, paz y amor contra la maldad de las fuerzas nazis, y con la sangre de sus soldados y su esfuerzo militar ganó el derecho a figurar entre los pueblos fundadores de las Naciones Unidas.

El 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución proclamando el establecimiento del Estado judío en Erezt-Israel; la Asamblea General solicitaba la adopción por los habitantes de Eretz-Israel de todas las medidas necesarias para la ejecución de esta resolución. El reconocimiento del derecho del pueblo judío a establecerse en su Estado, hecho por las Naciones Unidas, es irrevocable.

El derecho es el derecho natural del pueblo judío de ser dueños de su propio destino, como todas las naciones, en su propio Estado soberano.

En conformidad, nosotros miembros del Consejo del Pueblo, representantes de la comunidad judía de Eretz-Israel y del Movimiento Sionista estamos aquí reunidos en el día del final del mandato británico sobre Eretz-Israel y, en virtud de nuestro derecho natural e histórico y la fuerza legal de la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas por la presente declaramos el establecimiento del Estado Judío en Eretz-Israel, que será conocido como Estado de Israel.

Declaramos que, con efecto desde el momento de la terminación del Mandato que será esta noche, vísperas del Sabat, el 6 Iyas 5708 (14/15 de mayo de 1948), antes del establecimiento de las autoridades del Estado regularmente elegidas de acuerdo con la Constitución que deberá adoptarse por la Asamblea Constituyente elegida no más tarde del 1 de octubre de 1948, el Consejo del Pueblo actuará como Consejo Provisional del Estado, y su órgano ejecutivo, la Administración del Pueblo, será el Gobierno Provisional del Estado judío, llamado Israel.

El Estado de Israel estará abierto a la inmigración judía y a la recogida de los exiliados, fomentará el desarrollo del país para el beneficio de todos sus habitantes, estará basado en la libertad, justicia y paz como lo preveían los profetas de Israel, asegurará la total igualdad de derechos sociales y políticos a todos sus habitantes, sin consideración de religión, raza o sexo; garantizará la libertad de religión, conciencia, lengua, educación y cultura, protegerá los lugares sagrados de todas las religiones y será fiel a los principios de la Carta de las Naciones Unidas.

El Estado de Israel está dispuesto a cooperar con las agencias y representaciones de las Naciones Unidas para ejecutar la resolución de la Asamblea General de 29 de noviembre de 1947, y adoptará todas las medidas necesarias para la unión económica de todo Eretz-Israel

Apelamos a las Naciones Unidas para que ayuden al pueblo judío en la construcción de su Estado y para que reciban al Estado de Israel en el comité de Naciones.

Apelamos en medio del ataque emprendido contra nosotros desde hace meses a los habitantes árabes del pueblo de Israel para que conserven la paz y participen en la construcción del Estado, en las bases de ciudanía plena e igual y representación correspondiente en todas sus instituciones provisionales y permanentes.

Extendemos nuestra mano a todos los Estados vecinos y a sus gentes y ofrecemos paz y buenas relaciones, y apelamos a ellos para el establecimiento de puntos de cooperación y ayuda mutua con el pueblo judío establecido en su propia tierra. El Estado de Israel está dispuesto a hacer todo lo posible en un esfuerzo común para el progreso de Oriente Próximo.

Apelamos a todo el pueblo judío de la Diáspora para que colabore junta con los judíos de Eretz-Israel en la labor de inmigración y de construcción y para que estén unidos a ellos en la gran lucha por la realización del sueño de los tiempos la redención de Israel.

Poniendo nuestra confianza en el Todopoderoso firmamos esta declaración en esta sesión del Consejo de Estado provisional en la tierra de nuestro hogar, en la ciudad de Tel-Aviv, en visperas del Sabat del día 5 de Iyar, 5708 (14 de mayo de 1948).

David Ben Gurion


«Guernika 26 de abril de 1937»

Guernica

La tarde del 26 de abril de 1937 tuvo lugar uno de los episodios más salvajes y tristes de la Guerra Civil española: el bombardeo de Guernica. 

Aquel día, lunes, día de mercado habitual, la ciudad, con apenas una población de 5000 personas, estaba especialmente concurrida. Hacia las cuatro de la tarde, los aviones de la Legión Condor alemana y la Aviazione Legionaria italiana aparecieron en el cielo.

Las primeras bombas explosivas e incendiarias cayeron junto al puente de Renteria y en la estación de trenes, arrasando después toda la ciudad en un ataque que duró más de tres horas. 

Aunque posteriormente se dijo que el objetivo de la operación era una simple voladura de un puente, el hecho real es que tanto el puente en cuestión como una fábrica de armas, situada a las afueras de la ciudad, resultaron intactos. 

La destrucción alcanzó niveles tan grandes que el incendio provocado por el bombardeo no se pudo apagar hasta varios días después. 

A pesar de que los servicios de propaganda del general Franco negaron lo ocurrido, la crónica del periodista británico George Steer, corresponsal de The Times, que se encontraba presente en Guernica, daría la vuelta al mundo. «Por la forma de su ejecución y la magnitud de la destrucción causada, así como por la selección de su objetivo, la incursión en Guernica no tiene paralelismo en la historia militar», escribía. 

El bombardeo de Guernica fue el primer ataque aéreo indiscriminado contra una ciudad indefensa y su población civil, y ha pasado a ser símbolo internacional de las atrocidades de la guerra. 

Se calcula que aproximadamente un tercio de los habitantes murieron en los ataques, pero lo cierto es que aún en la actualidad no se conocen con exactitud el número de bajas. 

Pocas semanas después del bombardeo, Pablo Picasso comenzaría a crear el enorme mural conocido como Guernica, pintado entre los meses de mayo y junio de 1937, y que hoy, además de ser considerada una de las obras más importantes del arte del siglo XX, es un icono de los terribles sufrimientos que la guerra causa en los seres humanos. 

“Gritos de niños, gritos de mujeres, gritos de pájaros, gritos de flores, gritos de vigas y de piedras, gritos de ladrillos, gritos de muebles, de camas, de sillas, de cortinas, de vasos…” todo ellos se podían escuchar en la que tal vez sea la obra de arte más triste de la historia. 

Fuente texto: https://www.muyhistoria.es/

Foto: Centro de Documentación sobre el Bombardeo de Guernica. Fundación Museo de La Paz de Guernika


«Los que sobran», Javier Obregón Gómez

Losquesobran

Es estos tiempos difíciles se me hace presente el recuerdo de la lectura del libro de Götz Ally, historiador alemán, que lleva por título «Los que sobraban. Historia de la eutanasia social en la Alemania nazi.1939-1945». Escribo ahora desde mi casa. No tengo el libro, ni apenas notas para precisar y detallar lo que leí hace unos años de un libro esclarecedor en cosas que apenas sabía.

Los nombres, los datos concretos de personas e instituciones cuando aparecen, hoy, en los distintos medios de comunicación apenas los retengo; se me olvidan con rapidez, pero muchas de sus opiniones que escucho y leo me perturban cuando no me indignan, y más cuando entreveo cierta aquiescencia por parte de un gran número de personas con lo que allí se dice. Y es que muchos de ellos en un lenguaje muchas veces sesgado, pero sin rubor, una y otra vez hacen llegar su mensaje tenebroso y lo explicitan. Son sin lugar a dudas postmodernos. Los ancianos y los mayores sobran en este tipo de sociedad repiten una y otra vez y lo fundamentan con argumentos distintos; no merecen atención ni cuidado alguno y más en estos tiempos difíciles. Son un estorbo para los más jóvenes concluyen casi todos en sus razonamientos. Dejarlos morir es lo que mejor podemos hacer en una vida que para ellos ha sido longeva.

Göt Ally sitúa su libro en los inicios de la Segunda Guerra Mundial. Enfermos incurables, débiles mentales, epilépticos o discapacitados… eran eliminados. Camionetas grises del Aktion T34 los llevaban a clínicas y centros especializados donde tras un corta estancia los dejaban morir, los asesinaban. Sobraban. Todos eran bocas improductivas, «vidas que no merecían la pena de ser vividas». Murieron más de 200.000 alemanes con la colaboración de muchos médicos y familiares. La pureza racial y las necesidades del estado no podía soportar los gastos y cuidados de esta población dependiente, marginada, cuando las prioridades eran distintas centradas en la guerra que se avecinaba. Faltarían recursos. No es, concluye el historiador alemán, una denuncia más de los crímenes del nazismo, sino situar los acontecimientos en la responsabilidad colectiva de la sociedad alemana.

El nazismo fue vencido, sus ideas desaparecieron y concita en la población un rechazo casi generalizado Pero en tiempos de crisis, como he señalado, hay hoy, también, grupos de personas, como hace unos 90 años, que piensan que muchos sobran, y en estos casos no son los que sobran sólo judíos, ni gitanos ni débiles mentales como lo fueron el programa de exterminio de la Alemania nazi. Los que sobran como diría Götz Ally es un sector de nuestra población, nuevo, marginado y olvidado que lo conforman básicamente gente de edad avanzada a los que no se les quiere atender, no se les presta la atención debida y para quienes los medios que se asignan son cada vez menores en un estado que tampoco, en opinión de muchos, no puede detraer recursos para esa población que ahora ya es improductiva.

El recuerdo de lo que nos pasó hace pocos años está ahí y de reactivarse sigue siendo igualmente peligroso como lo fue antes

Javier Obregón Gómez©


«Los tres jazanim», Berson, Schwartz and Zelermyer,


«Shajar habekashja», Light in Babylon/Shlomo Ibn Gabirol

שַׁחַר אֲבַקֶּשְׁךָ צוּרִי וּמִשְׂגַּבִּי
אֶעְרֹךְ לְפָנֶיךָ שַׁחְרִי וְגַם עַרְבִּי
לִפְנֵי גְדֻלָּתְךָ אֶעְמֹד וְאֶבָּהֵל
כִּי עֵינְךָ תִּרְאֶה כָל מַחְשְׁבוֹת לִבִּי
מַה זֶּה אֲשֶׁר יוּכַל הַלֵּב וְהַלָּשׁוֹן
לַעְשׂוֹת וּמַה כֹּחַ רוּחִי בְּתוֹךְ קִרְבִּי
הִנֵּה לְךָ תִּיטַב זִמְרַת אֱנוֹשׁ עַל כֵּן
אוֹדְךָ בְּעוֹד תִּהְיֶה נִשְׁמַת אֱלֹהַּ בִּי

 

Este poema es uno de los poemas de la «Autoridad para el alma» compuesta por el gran poeta y filósofo del siglo XI, Rab Shlomo Ibn Gabirol,

El piut se abre con una marca de tiempo, al amanecer, el tiempo que conduce a la diferenciación de la luz, que recrea las cosas y les da volumen, forma y cuerpo.

Al clarear, el poeta elige preguntarle a Dios, saliendo de la incertidumbre nocturna y aún sin alcanzar el amanecer completo, la luz que aclarará las cosas, las aclarará y las distinguirá como lo hicieron desde el principio.

La vocación de la canción y su nombre coinciden maravillosamente con el momento en que se canta. Amanecer de ti, dice el poeta y pide permiso para presentarse ante su Creador.

Al amanecer, en las horas de oscuridad y luz, los judíos de Alepo y del norte de África cantan esta canción, una especie de encuentro entre el hombre y su alma, él mismo, el hombre y su Dios. Este permiso es una canción en la que la experiencia religiosa, la declaración de fe, aparece con toda su fuerza. Es una canción gloriosa para Dios, una especie de poema dedicado al poeta, quien declara al final de «el mejor canto del hombre / oda el primer día», cuando vence el primer día y por primera vez. El piut también enfatiza el «beneficio» que un cantante humano puede causar a Dios, para que se sienta cómodo. Una especie de favor mutuo. Es una canción de fe sublime y completa.

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«Identidad vs. diversidad», Jimena Escalante

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Yo soy la persona menos adecuada para hablar de identidad. Y por varias razones.
La primera: De niña crecí en un lugar singular: un edificio donde los habitantes componíamos una geografía única. Mis vecinos no eran cualquier cosa. Eran -en su mayoría- exiliados de distintas partes del mundo y, también, de distintas ideologías.

Frente a la ventana de mi cuarto se veía la ventana de una anciana. Era alemana y loca. Todas las tardes -a la misma hora- gritaba un monólogo inteligible en alemán y sin armonía. Nosotros, los niños, interpretábamos que eran las historias que ella había vivido con los nazis. La primera vez que escuché la palabra «nazi» ya tenía cara: la de una anciana. Me obsesioné con ella, la observaba en secreto, hasta que se dio cuenta y decidió arrojarme objetos: su plancha, sus zapatos, ceniceros… la palabra «nazi» tenía para mí una emoción en su significado: furia.

Mis mejores amigas eran mitad mexicanas–estadounidenses. También eran bipolares. Una pelirroja y otra rubia. Cuando se peleaban hablaban en inglés; de modo que el aprendizaje de mi segundo idioma se aceleró gracias a ellas, sólo por el morbo de saber qué dicen unas hermanas que pelean. El país vecino no era para mí un mapa en el libro de la escuela; eran ellas, la cara de mis amigas bipolares.

Admiraba a las novias chilenas de mis hermanos, que fueron sus primeras novias, y en realidad no eran hermanas, eran medio hermanas. Hijas de un escritor que cambiaba de mujer cada década y, por eso, ellas se acomodaban tan bien con mis hermanos. Las cuñadas chilenas me enseñaron mis primeros coqueteos con la feminidad; por lo que siempre agradecí al país Chile la forma en que se dicen secretos a los novios o se deben rizar las pestañas o cómo, hasta hoy, me pinto los labios.

Mi segunda madre era argentina. Segunda madre porque me adoptó: era una famosa actriz que ya veía en mí el gusto por el drama. Su hija, la única hermana que he tenido y ya no tengo era, obvio, argentina. Me cayó del cielo una hermana argentina. Así que, de pronto, me volví erudita en marcas de dulce de leche, caras y nombres de futbolistas y acepté a muchos parientes que nunca supe quiénes fueron ni lo sabré. La mitad de la semana dormía en mi casa «auténtica», y la otra mitad dormía en mi casa «adoptada», con mi otra madre y mi otra hermana. Me enseñaron a amar a la familia, aunque no esté a tu lado.

Mi primer enamorado era francés–mexicano. Los padres de mi enamorado tenían en su departamento una pequeña Francia: moverse en el interior de esa casa era como visitar otra ciudad, otro idioma, otros sabores, otros gustos, otras conversaciones, más libertades. Ah… a todos los niños nos gustaba ir a esa «Francia» donde podíamos quedarnos despiertos toda la noche -entre otras libertades prohibidas en la infancia- y comer chocolate a lo bestia.

En la esquina del edificio había una repostería libanesa. El dueño, un pastelero muy sexy, además de hacer unos dedos de novias exquisitos –supongo que gracias a las múltiples novias que tenía en la cuadra-, leía el Corán a quien tenía tiempo de tomarse un café turco con su pastelito. Era musulmán y su cultura árabe nos cautivó a muchos. Leía cuentos de Rumi, fue mi precoz contacto con el sufismo.

Había en el edificio un sector muy importante de catalanes. Muy gritones y peleoneros. Se vestían de negro. Recuerdo algunas parejas de homosexuales. Una adolescente marimacha. Y al poeta alcohólico. Imposible olvidar a toda la población de comunistas. Imposible olvidar a los hippies y el olor a marihuana. Imposible olvidar al gitano con su oso bailarín que pernoctaban en la cantina; un lugar prohibido porque era oscuro y me daba miedo.

También teníamos vecinos judíos. Muchos de ellos ancianos. Pero sus nietos, que venían de visita, se hicieron amigos de nosotros; todos esos niños que moríamos por probar sus sopas, pues los olores de sopa que salían de sus casas eran únicos. Una mujer inglesa, un tanto aburrida, tenía un negocio de estambres y daba clases de tejido, a las que íbamos las niñas. Imposible olvidar a las hermanas polacas que usaban minifaldas y cada vez que salían de su casa algunas ventanas se poblaban de caras de hombres que, casualmente, se asomaban para ver cómo estaba el clima. Había una familia de Sonora y la madre hacía unas tortillas de harina suculentas. Una familia de mujeres otomíes trabajaban en diversos departamentos y entre ellas hablaban otomí.

Además de vecinos… tenía padres. Mi madre es española. Los domingos la pasábamos en la casa de mis abuelos, exiliados de la Guerra Civil. Esas comidas eran todo un recorrido por los refranes que aún hoy me son útiles: «me cago en la leche de los mexicanos», «que muera Franco», «aquel es más feo que pegarle a Dios» y «las cosas son claras y el chocolate espeso». Mis abuelos, tíos y toda la familia española nunca dejaron España: aunque vivieron años en México, sus hábitos, creencias y lenguaje no llevaron el ritmo de la realidad. Vivían en una complicada anacronía, que nunca mejoró.

En cambio, en la familia paterna son mexicanos, muy tradicionalistas y conservadores y nunca aceptaron ni a los españoles ni a los argentinos, ni a los chilenos ni a nadie que no formara parte de su clase o su círculo social. Con ellos, entendí la verdadera dimensión del concepto «gachupín»; o la dimensión de la palabra «xenofobia»; o cómo el racismo es una complicidad que se expresa plena de humor en las sobremesas.

Mis padres estaban divorciados y en la misma época decidieron, cada uno por su cuenta, casarse por segunda vez. Mi mamá se casó con un peruano. Mi papá con una panameña. Nosotros, los hijos, creíamos que nuestros padres competían por sumar nacionalidades a sus vidas amorosas, hábito que siguieron usando en sus sucesivos matrimonios.

Nosotros, los hijos, pasábamos temporadas en los países de sus parejas; lo cual no fue nada difícil para nosotros que, sin movernos de nuestro edificio, ya habíamos viajado a distintas partes del mundo, hablábamos otros idiomas y nuestros paladares estaban cultivados en la diferencia de los sabores.

«Los otros», «lo diferente», «los de allá» , «los que llegan», «los extranjeros», «los pinches gachupines», «la leche con los mexicanos», «explícame qué es tantito o qué es ahorita», «puaj las tortillas», «tan cerca de los gringos y tan lejos de Dios», «no es mi país/sí es mi país», «¿de dónde soy?»… etc., eran frases y experiencias tan cotidianas como lavarse los dientes.

Entonces: está claro que no soy la persona adecuada para habar de la identidad. Lo poco que sé de mí lo adquirí en la diversidad. Lo que sé de la historia de México son episodios de guerras o de anhelos por crear una idea de lo que podría ser una identidad, siempre fragmentada. En todo caso, soy adecuada para defender la diversidad, que es lo que conozco y en donde me siento fuerte.

Tengo un mapa que describe la geografía de mi diversidad:

Catálogo de mis «primera vez»:

Primer insulto recibido y aprendido: España.
Primera conciencia de clases sociales: México.
Primer maquillaje en el rostro: Chile.
Primera noción de una guerra: Alemania.
Primera infatuación con una diva: Argentina.
Primer beso: Francia.
Primera lectura de mano y primera sensación del dolor ajeno: gitanos.
Primer medio hermano en la familia: Panamá.
Primera varicela: Perú.
Primera idea de poesía: Líbano.
Primera vez en oír que alguien grita al prójimo: Cataluña.
Primera experiencia bipolar: Estados Unidos.
Primer morbo hacia la cocina del vecino: judíos.
Primera definición de comunista: alguien que usa suecos.
Primer suicidio: un poeta alcohólico.
Primer tabú normal: la homosexualidad.
Primer ataque de pánico: un avión de madrugada.
Etc.

Durante muchos años eso fue lo que yo creía que era México: un lugar donde los lunes, podía ser argentina. Los martes, chilena. Los miércoles, mexicana. Los jueves, gringa. Los viernes, francesa. Los sábados, comunista. Los domingos, española… alguna tarde musulmana, otra judía y otra católica o actriz o poeta o lo que se presentara… y así. Hace unos días, al caminar por las calles de mi edificio de la infancia reconocí algunas personas y reconocí los cambios: ya no existe la cafetería del libanés, pero en su lugar hay un restaurante italiano; los hijos de mi hermana argentina son llamados argenmex; los hijos de las chilenas son historiadores de la historia de México; la enfermera de la vieja alemana sigue siendo enfermera pero de otra vieja; los homosexuales siguen juntos; los franceses murieron pero sus nietos estudian en el Liceo Franco Mexicano; los comunistas se volvieron ricos y ahora son bohemios que viven de sus rentas; los nietos de catalanes van al Colegio Madrid; las gringas tienen a sus hijos en el Colegio Americano; las polacas se perdieron pero reaparecieron en Facebook; los judíos tienen más departamentos; el local de la inglesa es una papelería con servicio de fax e Internet; los hippies tienen muchos nietos porque no les sirvieron las pastillas anticonceptivas; mis padres se volvieron a divorciar y a casar y a divorciar; al lado de la tortillería hay un restaurante chino y al lado del restaurante chino hay un argentino y al lado del argentino una tintorería que es atendida por la misma familia desde hace 40 años… En unas cuadras: lo pasado y lo presente, la tradición y la vorágine de la red, los extranjeros y las familias tradicionales, mestizajes de todo tipo… y el viejo edificio sigue ahí. En medio de la Ciudad de México, que es una identidad totalmente distinta a lo que llamamos país México. Es una ciudad plagada de exilios. Políticos, ideológicos, económicos, culturales, civiles, raciales… espirituales.

***

La otra razón por la que no soy adecuada para hablar sobre la identidad pero sí para defender la diversidad es que me dedico a la dramaturgia: esa herramienta que la ficción ha elaborado para describir la fractura de la identidad. Vivo cotidianamente sumergida en el océano de los personajes dramáticos que son, todos, apátridas, refugiados, exiliados, escindidos, bipolares, renegados, excéntricos, solitarios, abandonados, excomulgados… Y, ahora que escribo esto, pienso: ¿no son todos estos personajes, los grandes paradigmas de la literatura dramática, un fiel retrato de mis vecinos de la infancia?, ¿no son como la gente que camina por las calles de mi ciudad… diversa y sin una, sino múltiples identidades?, ¿buscar entender una identidad, para qué?… ¡Si ya tenemos varias: una para cada día de la semana!

Jimena Escalante©

Fuente: http://www.casarefugio.com/

Imagen: https://aulaintercultural.org/


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