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István Gábor Benedek y Györgi Sági en el Círculo de Bellas Artes de Madrid

InvitaciónLaToráMadrid


27 de enero, Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto #WeRemember #NosotrosRecordamos #Shoá#Holocausto #Nuncamás

#WeRemember


En memoria de las víctimas de la Kristallnacht, 9 y 10 de noviembre de 1938

(“Noche de los Cristales”; también llamada “Noche de los vidrios rotos”).

Pogrom llevado a cabo por los nazis en toda Alemania y Austria en la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938. El nombre hace referencia a las vidrieras de los comercios destrozadas por los vándalos. Oficialmente constituyó una represalia por el asesinato de un funcionario de la embajada alemana llamado Ernst von Rath a manos de un joven refugiado judío, Herschel Grynszpan, el 7 de noviembre en París.

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El 9 de noviembre Von Rath murió a causa de sus heridas. Esa misma noche, un grupo de jerarcas nazis se reunió en Munich para conmemorar el aniversario del fallido intento de Hitler de tomar el gobierno de Baviera en 1923. El ministro de Propaganda nazi, Joseph Göbbels, señaló que había llegado la hora de golpear a los judíos. Los líderes nazis enviaron instrucciones a sus hombres en todo el país: el pogrom tenía que parecer popular y espontáneo, y los activistas debían incorporarse después. En pocas horas estallaron graves disturbios en numerosas ciudades. Las vidrieras de los negocios judíos fueron destrozadas y los locales saqueados, se incendiaron centenares de sinagogas y hogares judíos y muchos judíos fueron atacados físicamente. Alrededor de 30.000 fueron arrestados y deportados a los campos de concentración en Dachau, Sachsenhausen y Buchenwald, donde se los hizo objeto de tratos brutales y muchos murieron. Durante el pogrom mismo, unos 90 judíos fueron asesinados.

Al finalizar este ataque, los nazis continuaron con otro tipo de severas medidas antijudías. El proceso de arianización, la apropiación de bienes y propiedades judías, se aceleró; la comunidad judía fue obligada a pagar una multa de 1.000 millones de marcos, como indemnización por la muerte de Von Rath; y los alemanes crearon una Oficina Central para la Emigración Judía (Zentralstelle für jüdische Auswanderung) para “estimular” a los judíos a que abandonasen Alemania.

Los países occidentales y la Unión Soviética se conmovieron por el pogrom de la Kristallnacht, y como resultado de ello algunos gobiernos comenzaron a permitir el ingreso de un mayor número de refugiados. Sin embargo, los nazis no se desanimaron y continuaron forjando su plan de eliminar al judaísmo europeo.

Zadoff, Efraim (Ed.), SHOA – Enciclopedia del Holocausto, Yad Vashem y E.D.Z. Nativ Ediciones, Jerusalen 2004. Basado en: Rozett, Robert & Shmuel Spector (Ed.), Encyclopedia of the Holocaust, Yad Vashem and Facts On File, Inc., Jerusalem Publishing House Ltd, 2000.

https://www.yadvashem.org/es/holocaust/encyclopedia/kristallnacht.html


“Zyklon B”, Juan Zapato

cajademuñecasMe presento, soy Miriam, la muñeca de Yael, les cuento nuestra historia.

Como no conozco el calendario, sólo puedo decirles que era de mañana, muy temprano porque aún se escuchaban los trinos aunque el Sol no asomaba ni asomaría en Lodz.

Unos fuertes gritos provenientes de la calle, hicieron asomarse a la ventana a Beca, la mamá de Yael, las tres estábamos solas ese día ya que Ádan el papá, había marchado a Varsovia días atrás.

Beca, despertó a Yael y la vistió con premura, yo que estaba apoyada sobre los piececitos de mi dueña, salté al levantarse ella. Sin lavarse el rostro bajamos las tres. Las miradas de todos reprimían preguntas, el aire estaba viciado del humo de los escapes de aquellos camiones militares, a los que nos condujeron violentamente. Llegamos a una estación de ferrocarril, sería la primera vez para las tres y la última para dos. Por los cuentos que la bobe2de Yael solía contarle por las noches, los viajes en tren eran muy placenteros, yo no lo veía así, estaban abarrotados esos vagones sin asientos y sin luces, el viaje era interminable, el olor nauseabundo, hasta que por fin llegamos a un lugar de mucho verde que sobresalía por encima de la fuerte niebla. Descendimos pero no descendieron todos, algunos quedaron en los suelos sucios de aquel vagón.

Sobre el andén, nos hicieron formar, sentía miedo y Yael me apretujó sobre su pecho y sus latidos vibraban en mí. Separaron a los hombres de las mujeres, nosotras tres seguíamos juntas, sin saber a dónde debíamos ir.

Atravesamos unas rejas y nos hicieron formar nuevamente, un soldado que llevaba en su gorra la insignia de los piratas, nos separó a las dos de la mano de Beca y nos arrastró hacia donde estaban muchos niños y vimos alejarse a Beca con los ojos borrosos del llanto de mi dueña. Una mujer soldado, con voz dulce nos dijo, no temáis nada iremos a las duchas y luego se reencontraran con sus familias. A todos los niños los hicieron desvestirse y en un descuido me separé de Yael, hacía frío, el lugar olía desagradable. Unos hombres recogieron las ropas y entre ellas me arrojaron en un gran recipiente, no volví a ver a Yael.

Entre muchas pertenencias de aquellos seres humanos aguardo a que venga por mí, intento reconocerla entre esos jóvenes que visitan Treblinka, dije que no entiendo de calendarios pero me la imagino que ya debe ser como de diecisiete años.

Juan Zapato©

Del libro “Juglarías” …un poeta en Israel, ISBN: 978-965-91073-0-8

http://www.latorredebabelediciones.com

1 Pesticida que fuera utilizado como arma química por los nazis en las cámaras de gas de los campos de exterminio de Auschwitz-Birkenau.

2 Abuela en idish.


“Los niños en el Holocausto, y los niños y el Holocausto, con Nora Gaon del Museo Beit Lojamei haGuetaot”

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UN POETA EN ISRAEL, CON JUAN ZAPATO – En esta ocasión, el poeta Juan Zapato entrevista a Nora Gaón, responsable del área en español del Museo de los Combatientes de los Guetos – Beit Lojamei haGuetaot, sobre los niños y el Holocausto.

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“Purim”, Juan Zapato en Radio Sefarad

Purim

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“Palabras familiares”, Nora Gaon

Esas palabras eran familiares. Las palabras que estaba escuchando en ese mismo momento las había escuchado en otro tiempo, en otro lugar. No las comprendía pero sabía que habían estado allí, antes de aquel amargo ahora.

Hanna, ¿me escuchas? Hanna…

Después llegaron los gritos, aquellos gritos que se habían convertido en rutina. Generalmente me ponían nerviosa, cerraba los ojos porque creía que así no los escucharía, que mi mente me llevaría otra vez a pensar en esas palabras que deseaba descifrar, pero los gritos eran ladridos humanos en aquella noche fría. Trataba de taparme los oídos para no oírlos, pero los tonos de las voces eran agudos y penetraban a través de los dedos que querían proteger mi alma. Los gritos eran órdenes: “¡Silencio! ¡Raus! ¡Recuento!” ¡Tantas veces quise gritar!… pero mi voz quedó enmudecida. Los gritos se enredaban en los llantos de todas nosotras, en el pelo rapado, en aquella trenza que, como gesto de bienvenida a aquel lugar, había sido cortada con brutalidad.

Hanna… mírame a los ojos por favor, quiero decirte algo…

La rutina en este lugar está llena de sorpresas como en aquel parque de diversiones al que me llevaban cuando era una niña. Después del silencio trataba de encontrar las luces de los tiovivos, la música de la noria. Entre las luces, aparecían nuevamente las palabras que había escuchado hoy. ¡Aquel parque de diversiones era tan parecido a este! Quizá la única diferencia es que aquí los trenes son de verdad y traen a gente que tiene miedo.

Hanna… ¿alguien me puede decir qué le pasa a mi niña? Hanna, ¿me escuchas?

7e43f295ea992727e936364e168e3e5aEn uno de esos trenes llegó gente de lugares que yo no conocía, nunca había visto trenzas tan negras, ojos tan llenos de miedo, palabras tan difíciles de pronunciar. De reojo, observaba al grupo de muchachas que había llegado en aquel tren. Por un instante pensé en darles la bienvenida y no contarles lo que les espera, ¡como si supiera qué nos espera! Ayer alguien dijo que estoy aquí desde hace casi un año.
¡Un año! En estos momentos tendría que estar en el colegio. Una de las muchachas nuevas se parece mucho a mi compañera de pupitre. ¿Será ella? No, no puede ser ella, mi compañera sonreía, la chica nueva tiene una boca pequeña, una boca llena de miedo que no sonríe.

Hanna… no puede ser que no comas, vas a debilitarte. ¿No me escuchas…?

Toda mi atención estaba centrada en las “nuevas”. Hablaban una lengua que yo no conocía pero que tenía algo familiar, como esos aromas de la niñez: pan recién salido del horno, las velas de sabbat dejando un hilo de humo, o el aroma de la muñeca que apretaba contra mi pecho a la hora de dormir. Aromas familiares que trataban de transformarse en palabras.

Hanna… niña, ¿Por qué has subido a la cama más alta?

Necesitaba pensar, tratar de recordar dónde las había escuchado. Para eso necesitaba “altura”. Mi cama era la más baja y la compartía con otras tres chicas, por eso trepaba a la litera más alta y desde allí trataba de entender de qué hablaban las muchachas. De repente una dijo algo y la otra, la que se parecía a mi compañera, comenzó a reírse pero su risa se transformó en llanto. Las palabras se mojaron con lágrimas. Quizás llamaba a su madre, o a su padre, o a los dos.

Hanna… te traje un trozo de pan, lo dejo envuelto en el pañuelo sobre tu cama…

Pensaba si tal vez aquellas palabras las había escuchado en mi familia. La palabra familia era mágica. Los pensamientos levantaban el vuelo y me traían la memoria de mi padre y de mis dos hermanos menores. ¿Qué habrá sido de ellos? Mi padre solía decirme a menudo: “Hanna, escucha, escucha los trinos de los pájaros. Ellos hablan un idioma que nosotros hemos olvidado”. Los diálogos entre las muchachas eran como esos trinos. Aquellas muchachas-pájaro habían llegado a una gran jaula. No sé si volverán a volar.

Hanna… niña… no te has comido el pan ¿En qué piensas hija?

Y los pensamientos me llevaron a aquel momento en que nos sacaron de nuestra casa. Los soldados, altos como las torres de mi ciudad, entraron de repente. Los había visto caminando por las calles, uno de ellos me sonrío cuando pasó a mi lado. Una persona que sonríe no puede hacer daño, ni gritar, ni maltratar. Nos pusieron a todos contra la pared del vestíbulo, a todos menos a quienes estaban buscando y no encontraban. Un soldado se quedó apuntándonos con su fusil, la punta de la bayoneta tocó mi mejilla varias veces. Mamá lloraba en silencio, quise consolarla pero no me atreví a moverme. Dijeron algo, preguntaron cosas.

Hanna… llueve afuera, trata de no mojarte cuando salgas…

Entre las palabras incomprensibles de los soldados solo entendí dos nombres, el de las criadas que trabajaban en nuestra casa, aquellas dos muchachas italianas que habían llegado a nuestra ciudad antes de que yo naciera. Para mí eran como dos hermanas mayores. Después de pronunciar sus nombres, la punta de la bayoneta comenzó a hacer sangrar mi mejilla mientras el soldado sonreía, igual que aquél que me sonrió en la calle. Entonces, mi padre hizo una señal y les mostró cómo llegar a la cocina. Dos soldados sacaron de allí, a empujones, a las criadas. Ellas lloraban en otra lengua, en la misma lengua que hablaban cuando preparaban panes caseros, mermeladas agridulces, en la que me cantaban canciones de cuna.

Hanna… hija, escóndete por favor, dicen que nos vienen a sacar de aquí…

Gritos. Otra vez aquellos gritos. Se llevaron a las criadas a la otra sala mientras nos sacaban de la casa. Yo las oía suplicar. Sus voces se habían convertido en gritos de animales heridos. En un arranque incomprensible me di la vuelta. El soldado de la bayoneta me gritó algo y me marcó la frente. La cicatriz se secó en este último año, el recuerdo no.

Hanna… están entrando, están armados, Hanna, ¡baja, por favor!

61dbc2163bf0d9933e774c9b27135b0bGritos, nuevamente gritos. Al bajar de la litera no veo a nadie conocido a mi alrededor. No veo a mi madre. ¿Por qué no me advirtió, por qué no me llamó? Las muchachas de las trenzas están allí de pie con sus cabezas rapadas. Una de ellas me dice algo con voz tranquila, como si nada nos amenazara. Algo filoso y cortante me apunta, el frío metal que toca mi frente me traduce sus palabras: “quieta, quédate quieta, no te muevas, no temas”. Y yo entiendo lo que dice porque habla la lengua de los panes caseros y de las mermeladas. Por fin se abrió el pesado telón que no me permitía comprender lo que decían, estaba al lado de mi compañera y entendía claramente sus palabras.

Finalmente llegó el silencio. Esta vez era diferente. Esta vez era diferente a todos los otros silencios. Después de haber escuchado las palabras en ese idioma desconocido-conocido, el silencio se transformó en una masa de palabras. El silencio era blanco y pegajoso. En el último año había escuchado muchos silencios pero este era imposible de sobrellevar, durante aquellos momentos de silencio blanco se estaban llevando a mi madre, la sacaban a empujones del barracón. Y yo escuchaba las palabras que hasta hace poco no comprendía mientras mi alma estaba a oscuras, más a oscuras que nunca.

Nora Gaon


“בית לוחמי הגטאות-Beit Lohamei HaGhetaot”

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La Casa de los Combatientes de los Guetos

“La Casa de los Combatientes de los Guetos – Museo Itzhak Katzenelson del Holocausto y el Patrimonio de la Resistencia Judía”, fue fundado en el año 1949 por una comunidad de sobrevivientes del Holocausto, miembros de la clandestinidad judía en los guetos de Polonia, y veteranos de unidades partisanas, para ser un lugar de testimonio que relate la historia del pueblo judío en el siglo XX en general y durante la Segunda Guerra Mundial en particular.

En el centro de la crónica: las diferentes manifestaciones de Resistencia Judía, los levantamientos judíos en los guetos y en los campos, y los judíos que pelearon en las unidades partisanas y en los ejércitos de las Fuerzas Aliadas.

“La Casa de los Combatientes de los Guetos”, es el primer Museo en el mundo que conmemora la memoria del Holocausto y de la Resistencia Judía, expresando el compromiso de los fundadores con la actividad educativa del Holocausto en Israel y a un nivel internacional. “La Casa de los Combatientes de los Guetos” está acreditada por el Ministerio de Educación y Cultura de Israel.

La misión de “La Casa de los Combatientes de los Guetos”

  • Juntar testimonios, conservar, catalogar y presentar al público toda pieza de documentación y testimonio que pueda ayudar a narrar acerca del destino del pueblo judío en el Siglo XX y los crímenes perpetrados por la Alemania Nazi y sus partidarios. Como consecuencia de esto, “La Casa de los Luchadores de los Guetos”, está comprometida a mantener un Museo histórico que presente esos artículos de testimonio y un Archivo acreditado académicamente accesible al público. Su objetivo es fomentar la investigación y la documentación de proyectos para profundizar el entendimiento del Holocausto, sus causas y sus efectos y consecuencias.
  • Informar a futuras generaciones acerca del rico mundo judío que existió antes de la Segunda Guerra Mundial y que fue destruido durante los años de la guerra, y enseñar acerca de las víctimas del Holocausto, tratando de entender su mundo.
  • Contar la historia de la juventud judía antes del Holocausto, las organizaciones políticas y los movimientos juveniles que existían en las comunidades judías en la víspera del Holocausto, que pasarían a ser el origen de la Resistencia Judía que surgirá durante el Holocausto.
  • Proveer una reseña histórica de la Resistencia Judía en todas sus formas y expresiones: las tratativas de continuar con una existencia plena a pesar de las circunstancias, las expresiones de la vida espiritual, cultural y religiosa en un tiempo de destrucción, el mantenimiento de la vida comunitaria y las actividades de asistencia mutua, las escuelas clandestinas, las organizaciones políticas ilegales, los archivos clandestinos de documentación, los intentos de rescate, y finalmente la resistencia armada en los guetos, en los Campos y en la unidades partisanas. Esas historias que nos ayudan a conservar la confianza en el futuro de la humanidad y en el futuro del pueblo judío.
  • “La Casa de los Combatientes de los Guetos” tiene la obligación de pasar la herencia de los educadores que vivieron en la época del Holocausto, representados por las figuras de Itzjak Katzenelson y Janusz Korczak, quienes fueron la vanguardia de la lucha por mantener las cualidades humanas en esos días de tormenta.
  • Dar testimonio de la tragedia, perpetuando la memoria del millón y medio de niños que murieron en el Holocausto, haciendo de su sacrificada infancia, una lección para las futuras generaciones.
  • Enseñar acerca del Holocausto a amplias audiencias en Israel y en el mundo, efectuando una conexión con un diálogo multicultural acerca del significado del Holocausto y su lección en nuestros tiempos.
  • Desde su comienzo, “La Casa de los Combatientes de los Guetos”, introdujo la conmemoración del Holocausto en el calendario israelí e internacional, pasando a ser el Día de Conmemoración un evento nacional de unificación y memoria.
  • Trabajar en conjunto con instituciones de investigación y conmemoración en Israel y en el exterior, para acrecentar la concientización del significado universal del Holocausto, luchando juntos contra el odio, el racismo, el antisemitismo, la negación del Holocausto, intensificando el compromiso por los valores de libertad, dignidad humana, tolerancia y democracia..
  • “La Casa de los Combatientes de los Guetos” es parte integral de la rica trama socio-cultural de Israel y de la Galilea Occidental, y se compromete a contribuir a la asistencia de la sociedad israelí nutriéndola con un carácter humanístico y democrático.
  • “La Casa de los Combatientes de los Guetos” es parte integral del pueblo judío y del Movimiento Sionista, y como tal está comprometida a trabajar por las comunidades judías, nutriéndolas de una cultura moderna, pluralista y judía.

Para alcanzar esa misión, “La Casa de los Luchadores de los Guetos” se compromete a mantener una reputación histórica y académica, con un archivo accesible al público y a los investigadores, contando con un personal de calificados profesionales y una moderna infraestructura.


“La canzone del bambino nel vento”, Francesco Guccini & I Nomadi

Son morto con altri cento,
son morto ch’ero bambino:
passato per il camino,
e adesso sono nel vento.
Ad Auschwitz c’era la neve:
il fumo saliva lento
nel freddo giorno d’inverno
e adesso sono nel vento.
Ad Auschwitz tante persone,
ma un solo grande silenzio;
è strano: non riesco ancora
a sorridere qui nel vento.
Io chiedo come può l’uomo
uccidere un suo fratello,
eppure siamo a milioni
in polvere qui nel vento.
Ancora tuona il cannone,
ancora non è contento
di sangue la belva umana,
e ancora ci porta il vento.
Io chiedo quando sarà
che l’uomo potrà imparare
a vivere senza ammazzare,
e il vento si poserà

Francesco Guccini©


“El holandés que estafó a los Nazis”, Han Van Meegeren

En 1945, a punto de acabar la Segunda Guerra Mundial, los americanos hicieron un hallazgo que hubiera hecho palidecer de envidia al mismísimo Indiana Jones. Oculto en una mina de sal, en Austria, los aliados encontraron un inmenso botín de guerra de los Nazis, que seguramente lo ocultaron allí, en espera de mejores días que nunca llegaron.
El botín escondido en aquella mina era cuantioso en oro, plata, joyas y obras de arte de incalculable valor, de las que apoderaron en cada pueblo y ciudad por las que pasaron.


Minas de Sal donde encontraron todo ese fabulo tesoro.

En medio de todo este tesoro llamaba la atención un cuadro -desconocido hasta la fecha- del pintor holandés del S.XVII, Johanes Vermeer, famoso sobre todo por su fascinante cuadro La joven de la perla (conocido también como La Mona Lisa del Norte).
Este nuevo cuadro encontrado se llamaba La Mujer Adúltera y no estaba catalogado en la lista de obras del muy cotizado pintor. Fue enviado a donde varios especialistas y peritos de arte, quienes después de examinarlo no tuvieron dudas de que estaban ante un valiosísimo hallazgo, un Vermeer auténtico hasta ahora desconocido.

Guardias holandeses custodiando “La Mujer Adultera”


La Mujer Adúltera
Llenos de asombro, quisieron saber la procedencia del cuadro y gracias a la muy eficiente burocracia Alemana, que lo llevaba todo archivado, no fue tan difícil.
Para sorpresa de todos, se descubrió que el valioso cuadro no pertenecía a ninguna incautación o saqueo, sino que había sido comprado en Ámsterdam, y se había pagado por él la suma de 850.000 dólares en efectivo, y que su comprador había sido, nada más y nada menos, que Hermann Göring, el lugarteniente de Hitler.

Al buscar en los archivos al vendedor, se encontraron con un desconocido pintor llamado Han Van Meegeren, que curiosamente para esa época de la post guerra, gozaba de un nivel de vida bastante holgado, mucho más alto que el de un ciudadano promedio.
Enseguida fue detenido y acusado de ser cómplice de los nazis y de traición a la patria, esto último por traficar con obras del Patrimonio Cultural Holandés. Vender un Vermeer a los nazis fue visto como un sacrilegio para los holandeses, y era casi seguro que el desconocido pintor terminaría en la horca.

 

Han Van Meegeren, acusado de traficar con el patrimonio cultural holandés
Van Meegeren trató de justificar la procedencia del cuadro, pero cayó en numerosas contradicciones y no convenció a nadie. Así que, como ya se veía colgando de una cuerda, decidió contar la verdad. Confesó que él mismo había pintado el cuadro, que la tan cacareada obra de arte era solo una falsificación y que en total había vendido seis cuadros de su autoría, haciéndolos pasar como Vermeer auténticos y por los que le habían pagado grandes sumas de dinero.


Obviamente que ni los jueces ni los fiscales se creyeron la historia, además de que los expertos en arte certificaban al cuadro como auténtico y decían que era imposible que se tratase de una falsificación. Dadas las circunstancias y a punto de ser declarado culpable y llevado a la horca, Van Meegeren pidió al jurado que le permitiesen demostrarlo allí mismo, pintando un cuadro ante la corte que lo juzgaba, y su petición fue aceptada.

Empezó explicando las técnicas que utilizaba. Primero buscaba en tiendas de arte y galerías cuadros de poco valor, pero cuyas telas fueran del siglo XVII, luego seguía un minucioso proceso que imitaba el método de trabajo de Vermeer. Van Meegeren se había sumergió en las biografías de los antiguos maestros estudiando sus vidas, sus ocupaciones, sus técnicas y sus catálogos. Dijo que le tomó seis años poder imitar sus técnicas.
Utilizaba pinceles de pelo de tejón y para el tono azul usaba lapislázuli, que lo hacía traer de Inglaterra. La fórmula original del aceite para las mezclas dijo haberla sacado de viejos manuscritos y también usó ciertos productos químicos para que sus pinturas parecieran tener 300 años. Después de terminar una pintura, la secaba con formaldehido, la horneaba entre 100 y 120ºC para endurecerla y luego la enrollaba en un cilindro para aumentar las grietas. Finalmente lavaba las pinturas en tinta china para rellenar e imitar las grietas y estrías que tienen las piezas del auténtico pintor.
Todo este proceso en manos de un buen artista como Van Meegeren, lograba que los cuadros realmente pareciesen auténticos Vermeer.
Entre julio y diciembre de 1945, y bajo la atenta mirada del jurado, reporteros y testigos, Van Meegeren pintó su última falsificación, “El joven Cristo en el templo”.


Pintando frente a los jueces: El joven Cristo en el tiemplo.

Este nuevo cuadro igualmente pasó la criba de todos los expertos que lo examinaron, asombrándose de su increíble capacidad de falsificación.


Casi concluida la obra.

Al final del juicio, Han Van Meegeren logró salvar su vida. El 12 de noviembre de 1947 fue condenado tan solo a un año de prisión, pero nunca lo llegó a cumplir, porque antes de ser encarcelado sufrió un ataque cardíaco y murió el 30 de diciembre de 1947, a la edad de 58 años.
Lo más irónico de todo, es que durante el tan sonado proceso judicial se convirtió en una celebridad en su país. De traidor a la patria se convirtió en héroe nacional pues pasó a ser “el holandés que le metió el dedo a Goering”, “el compatriota que engañó a los nazis”, pero así es la vida, nunca pudo disfrutar de su fama.
En la actualidad, su trabajo como pintor es reconocido y sus cuadros y hasta sus falsificaciones se cotizan bastante bien, de hecho su viuda hizo una fortuna. Hoy en día, con las nuevas tecnologías, sus falsificaciones no pasarían como Vermeer auténticos, pues los análisis detectarían enseguida que los elementos usados para los colores no pertenecen al siglo XVII.


La mujer adúltera, obra por la que Van Meegeren casi termina en la horca. En la imagen dos especialistas observan el cuadro.

Hay que aclarar que Van Meegeren no falsificó solamente a Vermeer, mucho antes ya había imitado obras de algunos de los más famosos artistas del Siglo de Oro Holandés, entre ellos Frans Hals, Pieter de Hooch y Gerard ter Borch.


“La Malle Babbe”, a la izquierda el famoso cuadro de Frans Hals, a la derecha la versión de Van Meegeren.

Replicó tan bien los estilos y colores de los artistas copiados, que los mejores expertos y críticos de arte de la época siempre consideraban sus pinturas como genuinas.


“Los discípulos de Emaús”, de Van Meegeren, en una exposición en Rotterdam.

Su falsificación más exitosa fue “Los discípulos de Emaús”, realizada en 1937 mientras vivía en el sur de Francia. Esta pintura fue aclamada por algunos de los más importantes expertos de arte como “la mejor obra de Vermeer que habían visto”. Pues nada, era simplemente obra de aquel brillante y astuto pintor contemporáneo.


“Jai”, Ariel Zylbersztein

Fuente: http://maialoschblank.wordpress.com/


“Izkor”, Abba Kovner

Quién gritó y cayó en su grito
La mujer abrazando a su bebé y que sus brazos se desplomaron
El bebé cuyos dedos buscan el pezón materno y este esta azul de frío
Las piernas
Las piernas que buscaron salida y ya no había
Y las manos cerrándose en puños
Y los puños que levantaron el hierro
Y el hierro que se transformó en el arma de la esperanza, de la desesperación y de la rebelión
Y ellos de corazón generoso
Y ellos con sus ojos abiertos
Son los que se arrojaron sin posibilidad de salvar
Recordemos el día, su mediodía
El sol que ascendió sobre el altar sangriento
Los cielos altos y mudos
Recordemos los montículos de cenizas debajo de los jardines florecientes
Recordara el vivo a sus muertos
Porque ellos nos enfrentan
Y sus ojos alrededor
Y no cesaremos, no cesaremos hasta que seamos dignos a su memoria.

Abba Kovner 1918 -1987

BIOGRAFÍA DEL AUTOR
Líder de la resistencia judía y comandante partisano, poeta y escritor hebreo.

Nacido en Sebastopol, Rusia. Curso estudios secundarios en la escuela hebrea de Vilna, donde se incorporó al movimiento juvenil sionista socialista “Hashomer Hatzair”. Cuando Vilna fue ocupada por los nazis en 1941, resolvió que la única respuesta posible era la resistencia activa. Concentro sus esfuerzos en la creación de una fuerza judía combatiente clandestina. Ello inspiró a otros jóvenes judíos de toda Europa oriental a hacerle frente a los nazis. El 21 de enero de 1942 se creó una agrupación militar judía en Vilna.” La organización Partisana Unida (FPO). Abba Kovner fue uno de sus líderes y luego su comandante a partir de  julio de 1943. Durante la deportación final en septiembre de 1943  dirigió las acciones de la FPO y la fuga a los bosques de los combatientes del guetto. Luego dirigió una unidad partisana en los bosques.

Después de la guerra participó en la creación del movimiento HaBrijá, (La Huída) el cual organizó la evacuación de centenares de sobrevivientes judíos hacia el oeste para llegar así a Palestina. Él mismo se estableció en Eretz Israel junto a su esposa Vitka Kempner y se convirtió en un escritor importante (Extraído de la Enciclopedia del Holocausto, Yad Vashem, Jerusalem, 2004)


“Si acaso”, Wislawa Szymborska

Podía ocurrir.
Tenía que ocurrir.
Ocurrió antes. Después.
Más cerca. Más lejos.
Ocurrió, no a ti.

Te salvaste porque fuiste el primero.
Te salvaste porque fuiste el último.
Porque estabas solo. Porque la gente.
Porque a la izquierda. Porque a la derecha.
Porque llovía. Porque había sombra.
Porque hacía sol.

Por fortuna había allí un bosque.
Por fortuna no había árboles.
Por fortuna una vía, un gancho, una viga, un freno,
un marco, una curva, un milímetro, un segundo.
Por fortuna una cuchilla nadaba en el agua.

Debido a, ya que, y en cambio, a pesar de.
Qué hubiera ocurrido si la mano, el pie,
a un paso, por un pelo,
por casualidad,
¡Ah, estás! Directamente de un momento todavía entreabierto.
La red tenía un solo punto, y tú a través de ese punto.
No dejo de asombrarme, de quedarme sin habla.
Escucha
cuán rápido me late tu corazón.

Wislawa Szymborska©

De “Si acaso” 1978        
Versión de Abel A. Murcia

Poeta y ensayista polaca nacida en Kórnik, Poznan, en 1923.
Vivió en Cracovia desde que  su familia se trasladó allí en 1931. Estudió Literatura Polaca y Sociología en la Universidad Jagiellonian, dedicándose desde entonces al ejercicio literario.
Con su primera publicación “Busco la palabra” en 1945, seguida de“Por eso vivimos” en 1952 y “Preguntas planteadas a una misma”en 1954, logró situarse en los primeros planos del panorama literario europeo. “Apelación al Yeti” en 1957, “Sal” en 1962,“En el puente” en 1986, “Fin y principio” en 1993 y “De la muerte sin exagerar” en 1996, contienen parte de su restante obra.
Fue galardonada con importantes premios, entre los que se destacan, Premio del Ministerio de Cultura Polaco 1963Premio Goethe 1991, Premio Herder 1995  y Premio Nobel de Literatura1996.  Recibió además el título de Doctor Honorífico de la Universidad Adam Mickiewicz en Poznan, 1995. 
Falleció el 1° de febrero de 2012.


“Tango del Gueto de Varsovia”

“27 de Enero, Día Internacional de Recordación del Holocausto”


“La estupidez humana”

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Ante la publicación de esta tira nazi-fascista del dibujante Gustavo Sala en el diario porteño Página 12 del día 19 del corriente mes, producto de su total ignorancia, cabe una reflexión: “Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y no estoy tan seguro de la primera”, Albert Einstein.


“Terezin”, Silvio Rodríguez

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Cliquea en la imagen para escuchar la canción.

Terezin

Una pesadilla blanca 
de chimeneas quemando sangre 
para hijos de Judea 
con rara estrella y rostro de hambre. 

En invierno y verano es igual 
tras alambres no hay estación. 
Terezin de los niños jugar 
con la muerte común 
mientras pintaban el cielo azul, 
mientras soñaban con corretear, 
mientras creían aun en el mar, 
y los llevaban a caminar para no regresar.

Terezin, pelota rota. 
Sed de tardes ya increíbles 
saltaron locas las altas tapias, 
y el amor, irreductible, 
quedo colgado en alambradas de Terezin. 

Terezin, pelota rota.

Silvio Rodríguez©


“Lohamei Hagetaot: la voz del gueto de Varsovia”, Ricardo Coarasa

A sólo unos kilómetros de la frontera con El Líbano, en la Galilea Occidental que mira al Mediterráneo, se encuentra Lohamei Hagetaot, el kibbutz de los supervivientes del gueto de Varsovia. Habían logrado esquivar la barbarie nazi, pero tan importante como estar vivos y mirar decididamente hacia el futuro era perpetuar la memoria de los que se quedaron por el camino, luchar para que el Holocausto no se perdiese en los meandros del olvido.

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«No quise olvidar. Es importante no hacerlo, pero no para enfangarme en el pasado, sino para mirar hacia el futuro». Quien así habla es Havka Raban, 84 años, aparentemente una mujer frágil vencida por la vida. Pero nada más lejos de la realidad. Havka es una de las últimas supervivientes del Gueto de Varsovia. Una mujer dura como un pedernal, una heroína en toda regla con la memoria intacta y la palabra certera. Nacida en Varsovia, tras la invasión nazi se integró en los grupos de resistencia del gueto en 1941. Trabajaba como mensajera entre los distintos guetos. Pasaba de Varsovia a Cracovia con identidad falsa con diarios clandestinos que alimentaban la resistencia de los judíos polacos.
En 1942, sus compañeros partisanos colocaron una bomba en la cafetería Cyganeria, frecuentada por oficiales de la SS. A ella no le dejaron participar, pero esperó a los autores del atentado en un piso franco «con comida caliente». Alguien les delató y los arrestaron a todos. Condenada como colaboradora, fue trasladada a Auschwitz, donde le raparon y le tatuaron el número que todavía luce en su brazo izquierdo. Se adentró durante dos años «en un mundo que no es mundo». «No olvidaré nunca el olor a carne quemada ni el humo que salía de las chimeneas de los crematorios», confiesa con una entereza que paraliza. Terminada la guerra, fue canjeada por prisioneros alemanes en Suecia a través de Cruz Roja Internacional. Cuatro años después, se convirtió en una de las fundadoras de este kibbutz. «La idea surgió en el gueto, cuando empezamos a pensar en la insurrección y en que los que sobreviviéramos creásemos una comunidad en Israel», recuerda. Havka se deja fotografiar, enseña su número tatuado con el orgullo de quien ha mirado cara a cara a la muerte y ha vivido para contarlo. Sigue residiendo en el kibbutz y cualquiera que se acerque hasta allí debería tener el privilegio de escucharla.

Un kibbutz contra el olvido
Havka, como otros cuarenta partisanos y sobrevivientes del Holocausto (la mayoría proveniente del gueto de Varsovia), se asentó aquí en abril de 1949. Con el empeño de preservar la memoria del dolor (tan necesaria para no reincidir en la ignominia) juntos levantaron el primer museo que se edificó en el mundo sobre esa gran tragedia. Visitarlo hoy es una deuda pendiente para cualquiera que piense que mantener viva la memoria es el único antídoto para no repetir las páginas más desoladoras de nuestra historia.
Todo gira en torno a la Casa de los Combatientes del Gueto (Beit Lohamei Hagetaot). A simple vista, lo primero que sorprende al viajero es un imponente acueducto que parece proteger al museo. Fue construido hace casi 200 años por los otomanos para abastecer de agua a los habitantes de San Juan de Acre (Akko) desde los manantiales de Kabri. A su lado, un anfiteatro con capacidad para 15.000 personas ahora vacío, donde cada año se conmemora el Día del Recuerdo del Holocausto.
Las salas del museo se recorren con el estómago atenazado y el corazón triste. El visitante tiene ante sí, por ejemplo, el cubículo donde fue juzgado a principios de los 60 Adolf Eichman, el responsable de que los trenes que llevaban a los judíos a la muerte no se detuvieran. El Mossad, los servicios secretos israelíes, le siguieron los pasos durante más de diez años. Se había refugiado en Argentina bajo la identidad de Ricardo Clemen, pero finalmente fue capturado y en mayo de 1960 llegó a Tel Aviv para ser juzgado. Muchos de los testigos que declararon contra él vivían en el kibbtuz Lohamei Hagetaot. Para el pueblo de Israel fue una especie de exorcismo: una cuarta parte de la población era superviviente de la Shoa (el término hebreo que define el Holocausto).

Dejadme seguir siendo niño
Lohamei Hagetaot está lleno de frases que te llegan al corazón con la fría precisión del horror. El Museo de los Hijos de Yad Layeled habla a los niños del Holocausto. ¿Están nuestros pequeños preparados para entenderlo? El recinto, un enorme cilindro de hormigón, se recorre en sentido descendente. Es un viaje en el tiempo a través de los guetos, de la atmósfera opresiva del nacismo y un homenaje, a la vez, al millón y medio de niños que sucumbieron a la barbarie. «Nunca habría querido crecer. Es cien veces mejor seguir siendo un niño», se lee en una de las paredes. Una reflexión entre un millón de esos niños a los que el Holocausto no dio opción de añorar su niñez.

Fotos y texto: Ricardo Coarasa Artigas©

PD: En el momento de escribir estas líneas los obituarios de los periódicos informan de la muerte, a los 97 años, de otro superviviente del Holocausto, Jacques Stroumsa, “El violinista de Auschwitz”, a quien tuve el honor de conocer y escuchar en Jerusalén, gracias a la amabilidad de Casa Sefarad de España, hace ahora un año. Vaya desde aquí mi homenaje sincero a un hombre extraordinario, sobre el que VaP escribirá más adelante el reportaje que se merece.

Fuente: http://www.viajesalpasado.com/?s=lohamei&x=15&y=12