Archivo de la etiqueta: Novela

“La novela: Prólogo a Pedro y Juan”, Guy de Maupassant

No es mi intención abogar a favor de la novelita que sigue. Por el contrario, las ideas que intentaré hacer comprender implicarían más bien la crítica del género llamado de estudio psicológico, estudio que he emprendido en Pedro y Juan.

Voy a ocuparme de la novela en general.

No soy el único a quien los mismos críticos dirigen el mismo reproche cada vez que aparece un nuevo libro.

Entre las frases de elogio, encuentro por lo general la siguiente, debida a las mismas plumas:

“El mayor defecto de esta obra es que, propiamente hablando, no es una novela”.

Ahora bien, podría responderse con el mismo argumento: “El mayor defecto del escritor que me honra con su juicio es que no es un crítico”.

¿Cuáles son, en efecto, los caracteres esenciales de un crítico?

Es preciso que, sin prejuicio alguno, ni opiniones preconcebidas, sin ideas de escuela, sin compromisos con ningún grupo de artistas, comprenda, distinga y explique las tendencias más opuestas, los temperamentos más contrapuestos y admita las más diversas búsquedas del arte.

Así pues, el crítico que tras Manon Lescaut, Pablo y Virginia, Don Quijote, Las amistades peligrosas, Werther, Las afinidades electivas, Clarisse Harlowe, Emile, Candide, Cincq-Mars, René, Los tres mosqueteros, Mauprat, Papá Goriot, La prima Bette, Colomba, El rojo y el negro, Mademoiselle de Maupin, Nuestra Señora de París, Salambó, Madame Bovary, Adolfo, El señor de Camors, L’assomoir, Sapo, etcétera, se atreve a escribir también: “Esto es una novela y aquello no lo es”, me parece que está dotado de una perspicacia que se asemeja mucho a la incompetencia. Por lo general, este crítico entiende por novela una aventura más o menos verosímil, dispuesta como una obra teatral en tres actos, de los que el primero contiene la exposición, el segundo la acción y el tercero el desenlace.

Este modo de componer es absolutamente admisible, pero a condición de que se acepten todos los demás.

¿Existen reglas para escribir una novela, fuera de las cuales una historia escrita debiera llamarse de otro modo?

Continuar leyendo


“Katia la suave”,por Roberto Alvarez-Quinones

El desmejorado timbre del teléfono suena y Roxana se lanza sobre él antes de que alguien lo vaya a coger.

—Ah, eres tú. Sí, yo sé, pero es que desde que terminé con Felito no tengo ánimo para fiestas. ¿Dónde es por fin? No sé, no tengo ganas de ir…

La joven cuelga el auricular, y con desgano le dice a la mamá que su amiga Maribel insiste en que vaya a los 15 de su prima, que se van a celebrar esa noche en la casa de su tía, en el Vedado, pero que no tiene muchos deseos de ir.

—Embúllate y ve, mi’ja —le dice su madre— desde que rompiste con el chulampín ese de tu novio estás muy alicaída.

Roxana no responde. Queda un rato en silencio. Instantes después acepta y le dice que sí, que tiene razón, que va a ir, pues ella es muy joven para tener ese “gorrión”. Y llama a Maribel.

—Pero, Roxy, no quiero que vengas muy tarde en la madrugada— aclara la progenitora.

—No te preocupes, mami, que Maribel y el novio me van a traer en el carro de él.

Se emperifolla y se perfuma como puede, se pone la mini, esa que deja verle hasta la cocina de par en par cuando se sienta, y se despide de su mamá con un beso.

Camina con sumo tacto por las aceras agujereadas del apagado reparto Santos Suárez. No se ve un burro a tres pasos. Pronto llega a donde la espera la blonda oxigenada de Maribel con su “novio”, al volante de un paraíto Chevrolet del 57. Falta poco para las 8:00 de una noche a galaxia abierta.

—Ay, Mari, me remuerde la conciencia —comenta Roxana— mami se tragó el anzuelo completico. No sé, nunca la he engañado así…

La fiesta de 15 será sui generis. Roxana y Maribel van con el Pichi Aníbal, alias “El Brillo” —por lo resplandeciente que siempre tiene su auto— al hotel Meliá Cohiba.

Al notar que su compañera de carrera y de trabajo está muy nerviosa, Maribel decide darle psicoterapia.

—Relájate Roxy. Mira, yo al principio, hace tres meses, me sentí un tilín mal, pero luego inventé que el Ministerio de Turismo me pagó en dólares unos proyectos para las cabañas de un hotel en Varadero, y ya tú has visto cómo en mi casa empezamos a salir de la Edad Media y la ecochambre.

—Pero Mari, aparte de mami y papi, me preocupa mucho el sida, aclara Roxana.

Continuar leyendo


“Breve manual para robar libros y no sentir remordimiento”

libreria La mañana del viernes 3 de abril de 1993, como prestador de servicio social del Juzgado Segundo de lo Civil en el distrito judicial del centro, me tocó auxiliar al Actuario de la mesa de asuntos pares para llevar a cabo un embargo en el Juicio Ejecutivo Mercantil 344/93. A las nueve en punto pasó por nosotros el abogado que llevaba el caso, recién bañado. Nos subimos a una camioneta que había estacionado en doble fila frente a las puertas del Juzgado.

Ser prestador de servicio social en un juzgado lleva las de perder cuando se trata de cargar, coser expedientes, ir a traer o dejar cosas. El actuario sacó de la gaveta el expediente, tomó su código, hojas blancas, papel carbón y me pidió cargar la máquina de escribir, una Olimpia de tapa blanca que pesaba casi 10 kilos y que ahora debe estar vendida como hierro viejo.

En la cabina de la camioneta, el abogado que litigaba el asunto ofreció llevarnos a comer unas carnitas a Zaachila si terminábamos temprano el embargo. El actuario con su cara regordeta volteó a verme y sonrió haciéndome un guiño. Promesa de por medio, nos perfilamos hasta una casa ubicada al fondo de una vecindad en el centro histórico, desde donde se veían los campanarios de Santo Domingo.

Hecho el trámite el Código de Comercio y la Ley General de Títulos y Operaciones de Crédito establecen para estos penosos casos, “constituido legalmente en el domicilio que se señala como de la parte demandada, y requerido que fue el deudor del pago que por concepto de tá tá tá…” se procedió a trabar formal embargo sobre bienes que bastaran para garantizar las prestaciones reclamadas, como no se encontraba en la ciudad el deudor, según informó quién dijo ser su sobrina, el Actuario al entrar al domicilio procedió a señalar los bienes objeto del embargo, vio un refrigerador destartalado, una estufa repleta de platos sucios y tazas con residuos de café, la casa era un cuchitril, un chaislone mugroso constituía toda la sala; no había nada digno de embargarse.

Al final del pasillo había una puerta cerrada, la sobrina dijo que ahí no podíamos entrar porque ese cuarto tenía llave, realmente no tenía llave, solamente estaba atrancada; al abrirla descubrimos que era una señora biblioteca, libros por todos lados, en las cuatro paredes, de extremo a extremo, desde el suelo casi hasta el techo, sobre banquitos, apilados en dos viejas sillas y en medio de tantos libros y un verdadero desorden, sobre una mesa de madera sólo había un pequeño espacio donde había hojas sueltas, apuntes y una maquinita Olivetti, de esas portátiles que venían en su estuche (para mí, que era quien las cargaba, todas las máquinas de escribir eran portátiles) a pesar de los ruegos de la sobrina para que no tocáramos ningún libro de la biblioteca, el Actuario dijo que con todos esos libros se garantizaba el pago del adeudo y sin hacerle caso a la muchacha me continuó dictando el acta y yo seguí escribiendo. Los dos cargadores, el mismo abogado litigante, el Actuario (a quien el abogado lo llamaba siempre “lic”) y yo empezamos a bajar los libros de los estantes y cargarlos hasta la camioneta.

Por mis manos de estudiante pasaron libros de todo tipo y diferentes editoriales, colecciones, enciclopedias, diccionarios… recuerdo que el Actuario me decía “a ver muchacho, bájame esos libros que están ahí a tu lado, esos grandotes colorados” (como si fueran mangos o ciruelas que se bajan de un árbol) se refería a la colección original de 1888 de “México a través de los Siglos”; “Ayúdame a cargar estos verdecitos de pasta roñosa” (era la colección completa de los Clásicos editada por Grolier) “Estos chiquitos yo creo que los dejamos lic, no han de valer mucho, son de puras caricaturas” (se refería a los libros de Rius).

Recuerdo haber tenido, durante las casi 5 horas que duró la diligencia, libros que iban desde Emecé, Siglo XXI, Porrúa, Lumen, Editores Unidos Mexicanos, Planeta, Fondo de Cultura, toda la biblioteca breve de Seix Barral, Ediciones de Cultura Popular, Espartaco, Jus, Grijalva, Era, colección Austral y la famosa BAC, hasta libros viejos que venían de la librería del Señor San Germán y Julián S. Soto en el Oaxaca del siglo XIX, pasando por las ya desaparecidas ediciones Botas, Dante quincenal y Sepsetentas.

Casi al terminar, el abogado litigante, empapado en sudor se me acercó y en voz baja me dijo: “órale mi lic, chínguese un libro, mire, aquí encontré éste que le puede servir para la carrera” era una edición reciente de “El abogado del diablo”, que no se lee ni por equivocación en la facultad de Derecho.

Nunca supe bien quién era el demandante en el juicio ni quién era el dueño de tantos libros, ignoro por qué no pagó la deuda o por qué nunca acudió a defenderse en el juzgado, sólo recuerdo que al final, cuando ya quedaban pocos libros y los estantes estaban casi vacíos, noté que las hojas que al principio estaban sobre la mesa, ahora estaban regadas en el suelo, levanté este pequeño legajo que en su hoja frontal decía “breve manual para robar libros y no sentir remordimiento” lo que llamó mi atención y me hizo tomarlo antes de salir, bañado de polvo, rumbo a mis clases vespertinas en la facultad.

Hace poco, en un cambio de casa encontré este documento dentro de una caja donde guardo diversos papeles que aún conservo de mi época universitaria. Por si llegara a ser útil a alguien que leyere esto, aquí lo transcribo tal cual:

“BREVE MANUAL PARA ROBAR LIBROS Y NO SENTIR REMORDIMIENTO”

I.- ¿POR QUÉ ROBAR UN LIBRO?

(Parte deontológica en el fino arte del hurto a las librerías)

Un libro es como un hijo para quién lo ha escrito, el autor siempre se queja que cuando alguien roba su libro y no lo compra, él está perdiendo, pero desde el momento en que lo saca a la calle y lo pone a la venta, ese vínculo de consanguinidad literaria se rompe ¿Cómo puede alguien vender un hijo y rebajarlo con un descuento para lograr que se lo lleven? El libro es de quien lo lee, así sea transitorio y fugaz este elemental acto. La posesión bibliográfica es un derecho que legitima la forma en que se obtiene.

Continuar leyendo


“Soy el primer capítulo de Cien años de soledad”

Personas Libro - Proyecto Fahrenheit 451 Un grupo de fomentadores de la lectura se hacen llamar Personas Libro. Narran desde hace seis años, de memoria y en voz alta, su novela o poemario favorito, al igual que aquellos protagonistas de la novela “Fahrenheit 451”, de Ray Bradbury.

Estas peculiares sesiones de lectura comienzan así. El grupo despliega paraguas naranjas en el suelo, y se enroscan en el cuello bufandas de ese mismo color, símbolo del fuego que quema el papel. Estos lectores se presentan con las manos vacías, sin novelas, sin poemarios. Delante del auditorio narran de viva voz; y después una de ellas se presenta: “Buenas tardes, soy el primer capítulo de Cien Años de Soledad, de Gabriel García Márquez”. Luego, el resto de las Personas Libro –así se llaman-continúan la narración ante los asistentes.

“Las Personas Libro – Proyecto Fahrenheit 451” es un movimiento asociativo que surge de la mano del dramaturgo Antonio Rodríguez en 2006. Su idea era promover la lectura de manera concéntrica, pero bajo una misma actitud y aptitud. Por grupos de voluntarios, cada lector recitaría de memoria y en voz alta, ante su público, un capítulo de un libro elegido, aquel que más le hiciera sentir el placer de la lectura. A partir de ahí, los grupos se irían conformando con su propia personalidad e inquietudes.

El nombre de este colectivo tiene como valedor la novela de Ray Bradbury Fahrenheit 451, en cuyo mundo literario los libros estaban prohibidos y se quemaban por la autoridad represora. Para conservar en la memoria colectiva cada novela, cada poema, cada título narrativo, un grupo de valedores de la lectura memorizaba un libro extinto.

“La idea se me ocurrió cuando en mis talleres de teatro me di cuenta de que los actores engolaban la voz y la palabra no llegaba. Empecé entonces a trabajar la lectura con varios alumnos. Mientras tanto, estaba releyendo el libro de Bradbury: y, por eso, llamé así al proyecto”, explica Antonio Rodríguez, fundador del colectivo en Madrid.

Así, el movimiento de Personas Libro se propaga desde hace casi un lustro por toda la geografía española, aunque tiene bastantes adeptos en Andalucía, por ejemplo. Allí se expande por ciudades como Sevilla, Córdoba, Granda o Huelva. Incluso hay hermanamientos con otros grupos internacionales, en países tan poco equidistantes como Argentina o Italia.

Este equipo de narradores-lectores (puesto que no les gusta vincularse al verbo recitar o al sustantivo recital) es heterogéneo, tanto en edad como en gustos literarios: “Dentro de nuestro colectivo de personas libro, tenemos entre una veintena de miembros que van desde los siete años a personas casi nonagenarias, lo que puede dar una idea de la diversidad”, comenta Esperanza García, responsable del proyecto Personas Libro en Sevilla.

Antonio Rodríguez, fundador de la asociación en Madrid, por su parte, insiste en que cada grupo tiene sus peculiaridades de narración y puesta en escena, pero que son dos los elementos fundamentales de esta actividad lectora en voz alta: que cada Persona Libro aprenda los fragmentos deseados de aquel título que más le toque o inquiete; y, además, que entregue la palabra, como si tocara a su interlocutor.

“Narramos con sencillez, en colegios, en asilos o en cárceles. Yo, por ejemplo, soy el primer fragmento de Cien Años de Soledad. Nuestro objetivo es defender el libro y el fomento de la lectura, en una acción que despierte la curiosidad lectora”, añade Esperanza García.

Esta asociación sevillana recuerda que entre sus hitos está su participación en las narraciones que en Andalucía se hicieron en homenaje al fallecimiento de la muerte del escritor y poeta uruguayo Mario Benedetti. O la sesión de lectura en voz alta del libro clave de Juan Ramón Jiménez, “Platero y yo”.

El promotor, Antonio Rodríguez, también recuerda que las narraciones de Personas Libro han viajado, en estos últimos cuatro años, desde el Círculo de Bellas Artes de Madrid, donde se leyó “El Quijote” en todas las lenguas del mundo, hasta la presentación de la Biblioteca Europea de Roma.

Lo cierto es que estas sesiones internacionales de lectura oral le han dado cierto empaque al proyecto, pero sus promotores recuerdan que en cualquier lugar o ante cualquier aforo, esta actividad se contagia como una epidemia lectora.

“No es necesario tener cualidades para ser una persona libro. Cada vez que surge una narración somos germen de un nuevo foco. Somos voluntarios de lecturas voluntarias. Lo importante es que se parta de un libro deseado y que la palabra derramada, como chocolate fundido, sea vital, como cuando nacemos, follamos o morimos”, apostilla Rodríguez.

Funte: http://www.aviondepapel.tv/2010/05/soy-el-primer-capitulo-de-cien-anos-de-soledad/?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+aviondepapel_tv+%28www.aviondepapel.tv%29