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«¡Madre, vende el azafrán!», Gregorio García García

EL AZAFRÁN EN ESOS LUGARES DE LA MANCHA…

La rosa del azafrán
triste visita nos hace,
cuando nace el sol saldrá
a morirse con la tarde.

azafránEl azafrán en esos lugares de la Mancha, de cuyos recuerdos guardo en mi alma y nunca voy a olvidarme. No era cultivo de poderosos y ricos terratenientes, dado la gran cantidad de mano de obra que necesita y el especial cuidado que su cultivo requiere. Ellos, no todos, solo algunos arrendaban tierras que, se dividían en parcelas de un celemín (cuatrocientos sesenta y siete metros cuadrados), cobrando un alto precio por el arriendo a obreros, pobres enfermos o con alguna minusvalía física. Estos no podían trabajar siempre por cuenta ajena, por la dureza salvaje de algunos trabajos del campo, como por ejemplo: el destajo de la siega o hacer hoyos para viñedos y olivos, por eso cultivaban el azafrán, porque nadie les imponía ningún ritmo ni exceso siendo dueños de sus propias tareas. Aunque las ganancias no eran muy rentables, teniendo en cuenta la cantidad de horas dedicadas en su cultivo y recolección. En la monda colaboraba toda la familia de la casa, incluidos niños y los más mayores también, ajenos que se les pagaba en azafrán con la cuarta parte de lo que mondaban.

De los años sesenta a los noventa, su cultivo se generalizó más entre obreros del campo y pequeños agricultores y también albañiles y peones de la construcción que, al no tener trabajo en esta zona de la Mancha, debido a su precario desarrollo (intencionado) que, en años atrás no consintieron los poderosos terratenientes ricos, para tener mano de obra barata y disponible siempre al alcance de sus manos. Unos tuvieron que emigrar, otros si querían trabajar tenían que desplazarse todos los días a Madrid y a otras lejanas ciudades, saliendo a las cuatro y media de la madrugada y regresando a sus casas a altas horas de la noche. Con los consiguientes gastos y riesgos que esto les originaba que, podrían calcularse en un treinta y cinco por ciento de merma en su salario y mucho más con la moda que llego a generalizarse, de los intermediarios del trabajo, llamados «pistoleros», con los perjuicios que de estos se derivan (hoy parecen ser especie protegida), aparte de las penurias y el no poder gozar ni disfrutar de sus hijos. Cultivando el azafrán en sábados y domingos les ayudaba a sacar su familia adelante.

Hasta el año 2011 han trascurrido dos décadas, de casi su total desaparición, debido a innumerables causas de crisis y burocráticas. Parece ser que en estos tiempos, la Junta de Comunidades de Castilla la Mancha, está poniendo los mecanismos y ayudas para su nuevo renacimiento en la región.

azafrán1El azafrán en las familias obreras pobres, era necesario para poder sobrevivir, criar y casar a los hijos, comprar un solar para después hacer la casa, reformarla o comprar algún mueble. Era parte de nuestra necesaria economía y también nuestra cultura. El azafrán no es un producto agrícola más, sino que también este forma parte de nuestro patrimonio histórico y cultural de la región y debe de ser conservado y además protegido.

¡MADRE, VENDE EL AZAFRÁN…!

¡Madre, vende el azafrán!
que anoche mondando rosa
mi novio encima la mesa
me dijo que soy preciosa.

¡Madre, vende el azafrán!
que con sus besos de miel
entre suspiros me dijo
que me casara con él.

¡Madre, vende el azafrán!
que casarme yo requiero
que en el trabajo del campo
se muere pobre el obrero.

¡Madre, vende el azafrán!
prepara pronto mi boda
que mi novio tiene casa
y los muebles a la moda.

¡Madre, vende el azafrán!
que mi novio tiene mulas
también viñas y olivares
y dos galeras muy chulas.

¡Madre, vende el azafrán!
cómprame el ajuar que espero
que en el banco mi Manolo
tiene guardado dinero.

¡Madre, vende el azafrán!
que la miseria es martirio,
siendo obrera paso hambre,
con mi novio es un delirio.

¡Madre, vende el azafrán!
que en lo que digo no miento
que me parece que tengo
en el vientre alumbramiento.

¡Madre, vende el azafrán!
es tanto lo que le quiero
que con el quiero vivir
y por tenerle me muero.

Gregorio García García©

El poema expone una realidad del pasado aún latente en los que todavía la recordamos. Pudiera ser que algunos conceptos las nuevas generaciones no lo entiendan del todo. De los cuatro personajes del poema el principal no sale a escena. Aunque la hija para el padre fuera la niña de sus ojos… algunas cosas que ella cuenta a su madre en aquellos tiempos no se solían contar a un padre. Aparentemente en un principio, parece ser que a nuestra joven protagonista, por ser su novio de una clase social más alta solo le moviera el interés. Aunque para ella era un buen logro el salir de la miseria que la envolvía. Pero lo que de verdad pretende, porque esta locamente enamorada, es convencer a su madre, como era tradición, una vez conseguido esto, entre las dos convencer al padre sería pan comido.


Ardiente paciencia (fragmento), Antonio Skármeta

antonio skármeta il postino

-¡P’tas que me gustaría ser poeta!
-¡Hombre! En Chile todos son poetas. Es más original que sigas siendo cartero…
-¡Déme un ejemplo!
-“Me llamo mar, repite pegando en una piedra sin lograr convencerla. Entonces con siete lenguas verdes, de siete tigres verdes, de siete perros verdes, de siete mares verdes, la recorre, la besa, la humedece, y se golpea el pecho repitiendo su nombre”. –Hizo una pausa satisfecho-. ¿Qué te parece?…
-¿Cómo se lo explicaría? Cuando usted decía el poema las palabras iban de acá pa’llá.
-¡Como el mar, pues!
-Sí, pues, me movían igual que la mar…
-Te mareaste.
-¡Claro! Yo iba como un barco temblando en sus palabras.
Los párpados del poeta se despegaron lentamente.
-“Como un barco temblando en mis palabras”.
-¡Claro!
-¿Sabes que has hecho Mario?
-¿Qué?
-Una metáfora… Contra los vidrios turbios de sal y polvo, soplaba una ráfaga que los hacía vibrar. Mario mantuvo la vista sobre una flor derramada contra el canto de un jarrón de greda, y reprodujo el texto…
-“Dolor e indignación asesinato presidente Allende…”
-Otro –dijo el vate sintiendo que subían sombras a sus ojos y que, como cataratas o galopes de fantasmas, buscaban trizar los cristales para ir a reunirse con ciertos cuerpos borrosos, que se venían levantando desde la arena… su casa frente al mar y la casa de agua que ahora levitaba tras esos vidrios que también eran agua, sus ojos que también eran la casa de las cosas, sus labios que eran la casa de las palabras y ya se dejaban mojar dichosamente por esa misma agua que un día había rajado el ataúd de su padre…
Mario lo abrazó desde atrás, y levantando las manos para cubrirle las pupilas alucinadas, le dijo:
-No se muera, poeta.

Antonio Skármeta©

Escritor chileno, nacido en Antofagasta, que también ha destacado como director de cine. Estudió Filosofía y Letras en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, donde se graduó en 1964. Durante esos años era conocido en su país por sus trabajos como actor y director del grupo de teatro estudiantil CADIP. Amplió sus estudios en Estados Unidos y fue profesor en la Universidad de Chile desde 1967 hasta 1973, año en el que, tras la caída de Salvador Allende, se trasladó primero a Buenos Aires y después, en 1975, a Berlín. Desde entonces se dedica a la literatura, el periodismo, el cine y a impartir clases como profesor invitado en diversas universidades estadounidenses y europeas. Su actividad docente abarcó la enseñanza de filosofía contemporánea, dramaturgia y literatura. Su primer libro fue una colección de cuentos, El entusiasmo (1967), al que siguieron Desnudo en el tejado (1969, Premio Casa de las Américas), El ciclista del San Cristóbal(1973) y Novios y solitarios (1975). A partir de esta época se dedicó con gran entusiasmo al cine, como actor, guionista y director. Su novela corta Ardiente paciencia (1985), que previamente había conocido una versión teatral (1984) y antes un guión para la radio (1983), se llevó al cine en 1995 con el título El cartero y Pablo Neruda, película dirigida por Michael Radford e interpretada por Massimo Troisi y Philippe Noiret. Fue esta película la que supuso el reconocimiento y la recuperación de Antonio Skármeta como escritor. Su literatura se caracteriza por la amenidad, la fluidez verbal y un agudo sentido del humor. Otros títulos importantes de novela son Soñé que la nieve ardía(1975); La insurrección (1982); No pasó nada (1982), patética y poética historia sobre el exilio chileno en Berlín, visto y narrado por un adolescente reflexivo e inocente; Match-Ball (1989); La velocidad del amor (1997), en la que con su humor habitual analiza el mito de Lolita, de la obra homónima de Nabokov; la novela histórica La boda del poeta (1999, Premio Médicis 2001 a la mejor novela extranjera); La chica del trombón (2001) y El baile de la victoria (2003). En 2002 recibió el Premio UNESCO de Literatura Infantil y Juvenil en pro de la Tolerancia por su obra La composición. Se ha dedicado a la elaboración de guiones para cine y radio, así como a la dirección de un programa literario en la Televisión Nacional de Chile. Su actividad como guionista de cine incluye las películas Reina la tranquilidad en el país y La insurrección, de Peter Lilienthal, y Desde lejos veo este país, de Christian Ziewer. Muchas de sus obras han sido traducidas a varios idiomas, llevadas al cine y, como en el caso de Ardiente paciencia, al teatro.


“Poesencia”, Teatro Interior

El grupo eibarrés Teatro Interior ofrece una representación de su espectáculo “Poesencia”. Integrado por los actores Eduardo Falces, Ernesto Barrutia y Maite Lorenzo, que actúan acompañados en esta ocasión por la música de Yasmín Soud al piano y Leticia Ibáñez a la guitarra.

Los componentes de Teatro Interior han recogido la experiencia desarrollada en montajes a partir de la poesía de varios autores y han dado un paso más. Para ello, han dejado atrás el teatro leído y se han lanzado a la interpretación de poemas de Federico García Lorca, Miguel Hernández, Antonio Machado y Mario Benedetti entre otros.


“Esos tests”, Carlos Martínez Aguirre

Nunca preguntan nada de mí
en esos tests.
En esos tests que te preguntan algo de todo
nunca preguntan nada de mí.
Los cuestionarios,
nunca preguntan si me divierte hablar con mi sombra.
Y a mí me gusta contarle cosas.
Los cuestionarios
tampoco incluyen “dar un paseo” como afición.
Hubo una vez que preguntaron sobre los libros.
Es un detalle.
Los muertos saben contar historias en su silencio.
Algunas veces cierro un volumen y lo acaricio.
¡Les quiero tanto!
¡Ah! No preguntan tampoco nunca si hago poemas.
Y es una suerte que yo no pinte.
Pero da igual.
Pienso que al menos, sí, deberían decirlo al menos.
Ya sé que yo no contestaría.
Pero da igual.
No sé quien hace esos cuestionarios.
Nunca preguntan nada que sirva.
¿Ellos no buscan una muchacha
y se enamoran?
¿No se divierten después diciendo
cosas bonitas?
¡Qué raros son!
Nunca preguntan nada de mí
en esos tests. 

Carlos Martínez Aguirre©


“Aguinaldo”, Mario Benedetti

Ya he sacado mis cuentas
y no le pago
a nadie.

Ni al sastre que me hizo estas solapas
como alas de palomo
ni al pobre almacenero
que no me vende azúcar
ni al Banco que me ahorca
ni al librero que gime
ni al destino que claro no recoge
las tiernas oraciones
que envío contra reembolso.

Ya he sacado mis cuentas
y no le pago
a nadie.

Cobraré el aguinaldo en billetes de uno a uno,
y me iré caminando por Dieciocho
silbando un tango amargo
como otro distraído.

Mario Benedetti©

De Poemas de la oficina