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Juan Gelman: ¿y si Dios dejara de preguntar?, Carlos Monsiváis

JuanGelman

¿Así viaja el amor/ de ser a antes de ser?
Carta a mi madre
J.G.

La obra de Juan Gelman es un ir y venir entre las atmósferas de todos los días y la reflexión sobre la escritura poética. Gelman describe casi al principio la trayectoria de su oficio:

A este oficio me obligan los dolores ajenos, las lágrimas, los pañuelos saludadores, las promesas en medio del otoño o del fuego, los besos del encuentro, los besos del adiós, todo me obliga a trabajar con las palabras, la sangre.

Años más tarde, al inventario fundamental Gelman añade la pesadumbre de la patria perdida, de los seres amados destruidos por la dictadura, de la revolución que no llegó, del exilio que se compensa de un modo substancial por los nuevos arraigos, de la composición de circunstancias:

No era perfecto mi país antes del golpe militar. Pero era mi estar, las veces que temblé contra los muros del amor, las veces que fui niño, perro, hombre, las veces que quise, me quisieron. De “Bajo la lluvia ajena” (Notas al pie de una derrota).

Si los temas de Gelman no son tantos, son incontables sus métodos para describirlos, incorporarlos a otras multitudes de símbolos o de realidades que fueron o serán símbolos. Él siempre es sorprendente, en la medida en que sus soluciones literarias no vienen de la monotonía del hallazgo petrificado, ni de los fuegos de artificio de quien diseña sus maestrías para ya no molestarse en ejercerlas. Él va y viene de las metáforas que abandona sin arrepentimientos, de las versiones de los poemas de su tradición original, de las palabras que inventa con tal de esclarecer su sentido, de la autobiografía indirecta y la confesión directa, del amor al deseo y del sentido del dolor puro, del puro dolor:

Nota XX

no bajo a los infiernos/ subo
hasta mi hijo clausurado
en su bondad/ belleza/ vuelo/
y torturado/ concentrado/
asesinado/ dispersado
por los dolores del país/…

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«Los sueños de los niños inventando países», Raúl González Tuñón

niños-surrealistas

 

«Cuando paso frente de un local donde
exponen pinturas de niños, sigo de largo».
Batlle Planas

Porque el niño conserva todos los libres bríos
de la invención, baraja sus monstruos increíbles
y sus enloquecidos ángeles.
La bárbara inocencia sin prejuicios de la primera pureza
y el espléndido caos, el delirio de la razón, la fantasía.

El niño es el primer surrealista.

Y crece y es hombre, y sigue viviendo más no sabe
y quien lo lleva adentro así lo ignora.
A veces, de manera sutil, eso supongo,
en cada acto adulto la infancia nos vigila
-una voz, un suceso rotundo, familiar, una lámpara,
una paloma herida con mensaje-.

Todo hombre en el final minuto de su invierno
piensa en algo lejano cuando muere.
Y la muerte es el último país que el niño inventa.

Raúl González Tuñón©. Antología poética.
Buenos Aires: Losada, 1992


“Coplas pa’ don gobierno”, Mariana Carrizo

Todos los días me paso
como garza en la laguna
con el pescuezo estirado
sin esperanza ninguna.

Al gobierno que tenemos
yo lo estoy aborreciendo
de ver mis tierras queridas
que ha toditas la están vendiendo.

Más antes prefiero al vino
que al gobierno que nos ejerce.
El vino me da alegría
el gobierno penares ofrece.

Que haremos los calchaquíes
con esas minas trabajando,
las vertientes están secando
y a los vivientes matando.

La pucha con don gobierno
que no deja de embromar,
si le falta pa’ cigarro
otro impuesto ha ‘i decretar.

Ya me voy a despedir
con este dolor que llevo
volveré si es que resisto
los maltratos de mi gobierno.


“Cuentos para no morir”, Hamlet Lima Quintana


“Boceto de Ingmar Bergman”, Adrián Desiderato

ingmarbergman
Bergman decía 
sé como levantarme en las mañanas
cómo lavarme el rostro
cómo vestirme para salir al día
sé cómo cepillarme los dientes
cómo peinarme
cómo tomar café
sé cómo dirigir a mis actores
cómo marcar una secuencia
encuadrar una toma
pero no sé qué hacer con Dios
Bergman decía
no sé dónde guardarlo
no cabe en mis almuerzos
en ningún sitio cabe
decía Bergman
me duele la cabeza
decía
entonces la miraba a Liv Ullmann
y filmaba el infierno.
Adrián Desiderato©

“Ropa en la soga”, Luis Luchi

lasoga

La limpieza expone a efectos públicos
esa intimidad tan custodiada.
El sol elige el centro de la bandera
la convierte en zona de combate;
las golondrinas hacen sus primaveras
y los gorriones el resto de los solsticios.
Vientos de paso silban los broches,
les cierran las bocas.
Entre las guerras de pañuelos
pierden los del luto en los orillos,
los lloros de los mayores con lágrimas,
con mocos inconsolables a secarse.
Parado en un extremo
atado al alambre cubro las estaciones,
los fantasmas disfrazados con sábanas
exaltan la pasión escéptica de los domesticados.
En la otra punta un poste
me deja hacer
y no se cae de asombro.

Luis Luchi©

Luis Yanischevsky Lerer conocido por su pseudónimo literario como Luis Luchi nació el 11 de octubre de 1921 en el barrio de Villa Crespo de Buenos Aires, Argentina, hijo de Gregorio Yanischevsky y Paulina Lerer, inmigrantes judíos ucranianos. Hacia 1926, su familia se muda a Parque Chas. En 1944, Luis Luchi se casa con Irene Lavalle, con quien tiene tres hijos. Militó activamente en el Partido Comunista, sin embargo, a través de los años habría de acercarse al anarquismo. Trabajó como obrero gráfico en editorial Atlántida y como vendedor viajante de libros, sin embargo, después decide dedicarse a la poesía, manteniéndose al margen de la cultura oficial. En la década de 1960 participa en el grupo “El Matadero”, grupo de cuentistas cuyo nombre rendía homenaje al relato homónimo de Esteban Echeverría. El grupo se reunía en el café El Estaño, ubicado en las calles de Talcahuano y Corrientes, al que habían renombrado “El Gardelito” y estaba integrado por Guillermo Cantore, Blas Raúl Gallo, Nenina Caro, Mario Lesing, Arminda Ralesky y Lubranolas, entre otros, quienes se proponían publicar a jóvenes con sentido popular. Luis Luchi sólo habría de publicar su cuento El Brasilerito en 1961 en la antología Cuentistas argentinos contemporáneos editada por El Matadero. A finales de la década y principios de la siguiente, Luis Luchi forma el grupo “Gente de Buenos Aires”, junto con el poeta Roberto Jorge Santoro, el actor Héctor Alterio, el músico Eduardo Rovira y el artista plástico Pedro Gaeta con el objeto de acercar la cultura al público presentándose en clubes de barrio, sociedades de fomento y escuelas. Luis Luchi, profundo admirador de César Vallejo y Vladimir Mayakovsky recurre a la ciudad, el barrio, el tango y las luchas sociales como temas de su obra, siempre marcada por el humor y la ironía. Luis Luchi muere el 21 de octubre de 2000 en Barcelona, España.


“Juancito caminador”, Raúl González Tuñón

Juancito caminador
murió en un lejano puerto-
El prestidigitador
poca cosa deja al muerto.

Terminada su función
-canción, paloma y baraja-
todo cabe en una caja,
todo, menos la canción.

Ponle luto a la pianola,
al conejito, a la estrella,
al barquito, a la botella,
al botellón, a la bola.

Música de barracón
-canción, baraja y paloma-
flor de campo sin aroma
Todo, menos la canción.

Ponle luto a la veleta,
al gallo, al reloj de cuco,
al fonógrafo, al trabuco,
al vaso y a la carpeta.

Su prestidigitación
-canción, paloma y baraja-
el tiempo humilla y ultraja,
Todo, menos la canción.

Mucha muerte a poca vida,
que lo entierre de una vez
la reina del ajedrez
y un poeta lo despida.

Truco mágico, ilusión,
-canción, baraja y paloma-
que todo en broma se toma,
todo, menos la canción.

Raúl González Tuñón


“Chiquilín de Bachín”, Julia Zenko

Por las noches, cara sucia
de angelito con bluyín,
vende rosas por las mesas
del boliche de Bachín.

Si la luna brilla
sobre la parrilla,
come luna y pan de hollín.

Cada día en su tristeza
que no quiere amanecer,
lo madruga un seis de enero
con la estrella del revés,
y tres reyes gatos
roban sus zapatos,
uno izquierdo y el otro ¡también!

Chiquilín,
dame un ramo de voz,
así salgo a vender
mis vergüenzas en flor.
Baleáme con tres rosas
que duelan a cuenta
del hambre que no te entendí,
Chiquilín.

Cuando el sol pone a los pibes
delantales de aprender,
él aprende cuánto cero
le quedaba por saber.
Y a su madre mira,
yira que te yira,
pero no la quiere ver.

Cada aurora, en la basura,
con un pan y un tallarín,
se fabrica un barrilete
para irse ¡y sigue aquí!
Es un hombre extraño,
niño de mil años,
que por dentro le enreda el piolín.

Chiquilín,
dame un ramo de voz,
así salgo a vender
mis vergüenzas en flor.
Baleáme con tres rosas
que duelan a cuenta
del hambre que no te entendí,
Chiquilín.

Interpreta: Julia Zenko.

Letra: Horacio Ferrer.

Música: Astor Piazzolla.


“10 Haïkais y un soneto”, Álvaro Yunque

PALABRAS

Sangre que brotas
De esa mortal herida
Que es nuestra boca.

FE

¿La noche es negra?…
¡Con pensar en la aurora
Que va a encenderla!

CARICIAS

Blandas caricias:
Entretenéis el hambre
Con agua tibia.

TRIUNFAR

¿Qué es triunfar?:
¿No ser agua de lluvia
Que cae al mar?

VERTICAL

La vida es lucha:
Al hombre de rodillas
nadie lo empuja.

CURVAS

Para ti, Ideal,
Mi vida que era círculo
Se hizo espiral.

ODIO Y AMOR

Odio es amor:
El agua, odiando, es hielo;
Ama, es vapor.

SER HOMBRE

Ser hombre es ser
Un dedo de la mano
Y no del pie.

OTOÑO

Hojas de abril,
A volar aprendisteis
Para morir.

POETA

Es ser poeta:
Tener alma de viento,
No de veleta.

SOLIDARIDAD

No hay hombres islas.
Aún el más solitario
Siempre es península.

SINTESIS DE UN LARGO VIAJE

En todas partes fuego de pasiones
Y las conciliadoras remembranzas,
Los limpios besos de las emociones
Y las caricias de las esperanzas.

En todas partes lloran corazones
Y hay dolor, hay angustias, hay venganzas,
La juventud, tinglado de ilusiones
Y la experiencia con sus malandanzas.

En todas partes casos de conciencia
Que auxilia, a veces, la abnegada ciencia
Y visten de consuelo bellas artes;

en todas partes el amor creyente
Y la duda, de sí la eterna ausente…
La humanidad es una en todas partes.

Álvaro Yunque©

extraído del libro “100 Haïkais y un soneto”,