Archivo de la etiqueta: Poetas españoles contemporáneos

«Pare/Padre», Joan Manuel Serrat

Pare,
digueu-me què
li han fet al riu
que ja no canta
rellisca com un barb
mort sota un pam
d’escuma blanca.
Pare,
el riu ja no és el riu
Pare,
abans que torni l’estiu
amagui tot el que és viu.

Pare,
digueu-me què
li han fet al bosc
que no hi ha arbres.
A l’hivern
no tindrem foc
ni a l’estiu lloc
on aturar-nos.
Pare,
el bosc ja no és el bosc.
Pare.
abans de que no es faci fosc
ompliu de vida el rebost.

Sense llenya I sense peixos, pare
ens caldrà cremar la barca
llaurar el blat per les enrunes, pare
i tancar amb tres panys la casa
i deia vostè

Pare,
si no hi ha pins
no es fan pinyons
ni cucs, ni ocells.
Pare,
on no hi ha flors
no es fan abelles
cera, ni mel.
Pare,
que el camp ja no és el camp.
Pare
demà del cel plourà sang
el vent ho canta plorant.

Pare,
ja són aquí
monstres de carn
amb cucs de ferro.
Pare,
no, no tingeu por
digueu que no
que jo us espero.
Pare,
que estan matant la terra.
Pare,
deixeu de plorar
que ens han declarat la guerra.

Padre,
decidme qué
le han hecho al río
que ya no canta
resbala como un barbo
muerto bajo un palmo
de espuma blanca.
Padre,
que el río ya no es el río.
Padre,
antes de que vuelva el verano
esconda todo lo que tiene vida.

Padre,
decidme qué
le han hecho al bosque
que no hay árboles.
En invierno
no tendremos fuego
ni en verano sitio
donde resguardarnos.
Padre,
que el bosque ya no es el bosque.
Padre,
antes de que oscurezca
llenad de vida la despensa.

Sin leña y sin peces, padre
tendremos que quemar la barca
labrar el trigo entre las ruinas, padre
y cerrar con tres cerraduras la casa
y decía usted.

Padre,
si no hay pinos
no se hacen piñones
ni gusanos, ni pájaros
Padre,
donde no hay flores
no hay abejas
ni cera, ni miel.
Padre,
que el campo ya no es el campo.
Padre,
mañana del cielo lloverá sangre
el viento lo canta llorando.

Padre,
ya están aquí
monstruos de carne
con gusanos de hierro.
Padre,
no tengáis miedo
decid que no
que yo os espero.
Padre,
que están matando la tierra.
Padre,
dejad de llorar
que nos han declarado la guerra.


“Arte poética”, Fernando Quiñones

Memorial To Caedmon by RichardThomas

Una noche, el viejo Caedmón,
aquél que siempre se avergonzaba y rechazaba el arpa
al llegarle su turno de cantar, dejó la mesa,
se fue a dormir a los establos para cuidar de las caballerías
y en su sueño le dijo un hombre:
“Cántame alguna cosa”.
“No sé cantar, por eso vine aquí”.
“Cantarás —le instó el otro— voy a decirte qué:
el origen del mundo”.
Caedmón cantó y no sabía
qué iba diciendo, nunca
oyera hablar de aquello que nombraba,
pero cantó y cantó entre el áspero
olor de los caballos y el vaho acuchillado por el frío,
y al despertar recordó el tema:
la creación del mundo.
Nunca llegó a leer. Los monjes
de Hild le referían pasajes
de los libros antiguos y Caedmón los rumiaba
como un limpio animal y los hacía
verso. Cantó así la venida del hombre,
miles de nacimientos, de agonías,
las migraciones, el Mar Rojo,
hasta Cristo y sus enseñanzas
antes de que la Iglesia las ajase.

Así de sabio y de inocente el canto que quisieras para ti.

Fernando Quiñones ©

Caedmón (siglo VI o VII) es el primer poeta inglés cuyo nombre se ha conservado. Beda refiere la onírica historia de su obra.

Poeta y narrador español, consiguió cerrar una obra consolidada aunque discutida, que une fantasía e imaginación con una fuerte dosis de realismo expresivo. Se le consideró flamencólogo eminente y escribió algunos libros de relatos sobre temas taurinos. Ha producido una literatura tierna, satírica, socarrona y a la vez erudita. Nació en Chiclana de la Frontera (Cádiz) y su extensa obra poética se comenzó a publicar a mediados de la década de 1950. Ha escrito libros tan significativos como Cercanía de la gracia (1957), Retratos violentos (1963) y En vida (1963, Premio Leopoldo Panero). Por esos años publicó también algunos libros de relatos, entre los que destacan Cinco historias del vino (1960) y Siete historias de toros y de hombres (1960), así como una obra dedicada al flamenco: De Cádiz y sus cantes (1964). Mucho más tarde apareció El flamenco: vida y muerte (1982). Las crónicas de mar y de tierra (1968), prologadas por el poeta José Hierro, significó un cambio radical en la orientación estilística del autor, que se convirtió en intérprete privilegiado entre la obra de creación y el lector. Más tarde fueron apareciendo: Las crónicas de Al-Andalus (1970), Ben Jaqan (1973), Las crónicas del 40 (1976), Las crónicas inglesas (1980) y Las crónicas de Hispania (1985), quizá excesivamente repetitivas. Las crónicas de Rosemont(1998) cierran definitivamente esta serie. Doctor honoris causa por la Universidad de Cádiz, en 1998 se le concedió el Premio Gil de Biedma. En su narrativa destacan: El viejo país (1978), Las mil y una noches de Hortensia Romero (1979), Nos han dejado solos (1980), La canción del pirata. Vida y embarques de Juan Cantueso (1983) su obra preferida, la antología de relatos Viento Sur (1987), El amor de Soledad Acosta (1989), Encierro y fuga de San Juan de Aquitania (1989, Premio Café Gijón), El coro a dos voces(1997) un autorretrato lleno de duplicidades, Vueltas sin fecha (Premio Juan March) y, finalmente, una obra que mezcla biografía e invención, La Visita(1998).


“Me sigue asombrando ese misterio…”, Álvaro Valverde

Me sigue asombrando ese misterio que pone ante mis ojos las líneas de un poema. Poema que ha brotado después de tensa espera. Bien es cierto que algo, no sabemos el qué, lo presagiaba. Más tarde, procediendo dudoso y “por tanteo”, se me ha ido desvelando.

Álvaro Valverde©

valverdePoeta español nacido en Plasencia en 1959. Fue director  durante ocho años del Aula de Literatura José Antonio Gabriel y Galán junto al novelista  Gonzalo Hidalgo Bayal, Actualmente dirige la Editora Regional de Extremadura.
Ha recibido los premios Ciudad de Badajoz  en 1984, Loewe en 1991, el Ciudad de Córdoba en 1993 y fue finalista en el  Premio Café Gijón, Tigre Juan y Premio Extremadura a la Creación por su primera novela «Las murallas
del mundo» en el año 2001. Su última novela, « Alguien que no existe»  fue editada en 2005 por Seix Barral. De su obra poética se destacan: «Territorio» 1985, «Las aguas detenidas» 1989, «Una oculta razón» 1991, «A debida distancia» 1993, «Ensayando círculos» 1995, «El reino oscuro» 1999 y «Mecánica terrestre» 2002.


“Soliloquio del farero”, Luis Cernuda

Cómo llenarte, soledad,
Sino contigo misma.

De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
Quieto en ángulo oscuro,
Buscaba en ti, encendida guirnalda,
Mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
Y en ti los vislumbraba,
Naturales y exactos, también libres y fieles,
A semejanza mía,
A semejanza tuya, eterna soledad.

Fui luz serena y anhelo desbocado,
Y en la lluvia sombría o en el sol evidente
Quería una verdad que a ti te traicionase,
Olvidando en mi afán
Cómo las alas fugitivas su propia nube crean.

Y al velarse a mis ojos
Con nubes sobre nubes de otoño desbordado
La luz de aquellos días en ti misma entrevistos,
Te negué por bien poco;
Por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
Por quietas amistades de sillón y de gesto,
Por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma,
En bocas de mentira y palabras de hielo.

Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona
Que yo fui,
Que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones;
Por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,
Limpios de otro deseo,
El sol, mi dios, la noche rumorosa,
La lluvia, intimidad de siempre,
El bosque y su alentar pagano,
El mar, el mar como su nombre hermoso;
Y sobre todos ellos,
Cuerpo oscuro y esbelto,
Te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,
Y tú me das fuerza y debilidad
Como al ave cansada los brazos de la piedra.

Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
Oigo sus oscuras imprecaciones,
Contemplo sus blancas caricias;
Y erguido desde cuna vigilante
Soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres,
Por quienes vivo, aun cuando no los vea;
Y así, lejos de ellos,
Ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
Roncas y violentas como el mar, mi morada,
Puras ante la espera de una revolución ardiente
O rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
Cuando toca la llora de reposo que su fuerza conquista.
Tú, verdad solitaria,
Transparente pasión, mi soledad de siempre,
Eres inmenso abrazo;
El sol, el mar,
La oscuridad, la estepa,
El hombre y su deseo,
La airada muchedumbre,
¿Qué son sino tú misma?

Por ti, mi soledad, los busqué un día;
En ti, mi soledad, los amo ahora.

Luis Cernuda©

Poeta español nacido en Sevilla en 1902. Perteneció a una familia acomodada donde respiró una atmósfera de estricta disciplina y desafecto reflejada en su carácter tímido, introvertido y amante de la soledad. Estudió Derecho y Literatura Española. Lírico exquisito, fue encasillado entre los representantes de la «Poesía pura». En 1925 comenzó a frecuentar el ambiente literario, haciendo amistad con los más destacados poetas de su generación: Alberti, Aleixandre, Prados, y García Lorca, entre otros. Exiliado después de la guerra civil, fue profesor de Literatura en Glasgow, Cambridge, Londres, Estados Unidos y México, donde falleció en 1963.


“Lira Política, David Gutiérrez García

1891947186 

Las silvas ancestrales
que paran el dolor y los sentidos
son cantos actuales,
palabras como aullidos
en contra de políticos podridos.

Si hubiera más Sanjuanes *
y menos graduados del soborno
y menos charlatanes
pisando nuestro entorno
seguro que acababa este bochorno.

Si hubiera más poemas
volando como átomos visibles
y menos monotemas
que no son comprensibles
los días nos serían asumibles.

Pero no hay más que cutres,
maestros del discurso monocorde
tan cursis y tan futres,
expertos del engorde
con ellos no seré misericorde.

Esta es nuestra desgracia
vivir en el Estado Posmoderno
sólo con bancocracia
y “listos” del infierno:
¡cojamos esta mierda por los cuernos!

David Gutiérrez García©

* San Juan de la Cruz


“Charlot y el chico”, Juan José Romero Montesino-Espartero

chaplin

Con tu bastón girando en molinillo,
patizambo, patoso y desgarbado,
bombín en la cabeza, despeinado
y en tu ropa luciendo un sucio brillo,
.
haces del blanco y negro un romancillo
mostrándote cual ángel desalado,
-sencillo, triste, mudo y apocado-
y ofreces tu ternura hacia un chiquillo
.
que fuera por su madre abandonado.
En alivio de llantos y dolores,
has llenado de amor su alma transida
.
borrándole del todo su pasado,
pero la ley que no sabe de amores,
te lo quita quitándote la vida..
.
Juan José Romero Montesino-Espartero©


“Udazken koloretan”, Benito Lertxundi

En los colores de otoño,
atravesando los perfumes de los campos,
evocándote, estoy en ti.
A la sombra del árbol desnudo,
amarillenta y rojiza
yace la hojarasca; todo duerme.
Recojo una hoja, es tan simple como bella,
tan sencilla al morir,
parece aún poseer toda la vitalidad del árbol
Tanta dignidad al caer
me impulsa a cantarte.
De nuevo contemplo el árbol;
¿estará preocupado…?,
se diría que dibuja la sonrisa de la eternidad
en la bondad de su libre transcurrir.
Y parece burlarse
de los sueños cultivados
en las entrañas del tiempo que me esclaviza.
En los colores de otoño,
atravesando los perfumes de los campos,
evocándote, estoy en ti,
tan sencillo al morir,
tan simple al irte sin un adiós.

Benito Lertxundi©


“Cuando ella se viste”, Luis Jiménez-Claveria

Cuando ella se viste,
la lenta transformación de un cuadro veo.
Cuando ella se viste mientras llueve
y queda presa en el terrible lacrimario,
destilan sangre las acacias.

Como una criatura carroliana
introduce sus piernas en las medias de cristal,
y los peces de cera crepitan:
acaba de arrojar un puñado de diamantes contra el suelo.

Se sigue vistiendo
y lenta
transforma su cuerpo.
Su cuerpo es una nave de conquista que surca aguas de nadie;
el trauma corrosivo de la gran ciudad.

Se tambalea el cuarto bajo su paso romano,
mientras una brocha llorosa
pinta de color su indumentaria;
la tristeza del negro para su jersey,
el alegre fresa para su falda de metal.
Como un áspid el collar se enrolla a su garganta;
son siete vueltas de dolor.
Luego, las oscuras sombras de los ojos,
dibujadas con una línea de carbón
que enarca también las cejas del orgullo.
Así queda la memoria, o el olvido,
en su mirada de ultratumba.

Fuera, en la calle, ha dejado de llover.
Negros son los zapatos de largo tacón
que impulsan su figura.
Y tras la última contemplación ante el espejo
resuena la hoja de la puerta y se va.
Se va.
Se ha ido.
Por la calle traspasada de un fuerte olor a tierra y pasto,
camina.
Queda en la estancia,
entremezclado,
el delicado perfume de Rabanne
y reinando en la recia mansedumbre del orden,
el aroma, inextinguible, de su ausencia.

Luis Jiménez-Claveria©


“Coplas”, Sebastián Mondéjar

El camino que tomé

es el que sigo;

pero a veces me dan ganas

de no ir conmigo.

viñeta

Amor, cierra los ojos.

Somos oscuridad.

Sólo en ella nos vemos.

La luz es soledad.

viñeta

 

Me dan pena las estatuas,

solas en su pedestal,

marginadas por su hazaña.

viñeta

 

Igual que si viviera sin mí el mundo

he vivido, he soñado,

he pasado mis días siendo otro

para poder ser yo sin fatigarme.

 

Sebastián Mondéjar©


“Jerusalén”, Carlos Morales

pigmalion-y-la-estatua 

Cada vez que pienso en Jerusalén,

recuerdo el barro que nunca esculpí

con una mujer dentro

colgada de la luz,

apoyada en la luz,

penetrando en la luz de la mañana.

Y me pregunto

qué sería de las cúpulas doradas del dolor

si, en medio de la noche,

los dioses advirtieran el rumor

— por un instante —

de sus ágiles sandalias al costado.

Y me pregunto

qué sería del miedo

si — por un instante sólo —

los dioses escucharan a su espalda

el roce de su túnica al caer

sobre la estera

y en los ojos el soplo de su boca

apagando las antorchas de los santuarios

y encendiendo las candelas de mi corazón,

el barro que yo mismo tuve entre mis manos

y no pude esculpir,

porque abrasaba.

Carlos Morales©