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«Vamos a oprimir nosotros», Javier Marías

Ada Colau

NOS HARTAMOS de repetirlo todos sus miembros, del más veterano al más reciente: la Real Academia Española o RAE no manda ni impone nada; no obliga, prohíbe, castiga ni multa. No está facultada para hacerlo y además no quiere. Es probablemente la institución más liberal de cuantas hay en este país profundamente antiliberal. A lo sumo recomienda, orienta, aconseja, avisa de que tal o cual término son peyorativos o vulgares o despectivos. Indica simplemente lo que es correcto gramatical, sintáctica y ortográficamente, pero nadie se ve forzado a hablar ni a escribir según esa corrección, que ni siquiera dicta la propia RAE, sino el uso centenario de la lengua. Si no hay un mínimo acuerdo básico, no nos entenderíamos y el idioma se tornaría inservible. Aun así, cada cual es libre de decir y escribir lo que quiera y como quiera, de emplear el vocabulario que le plazca, desde el exquisito hasta el malsonante y soez. Eso no está penado todavía, por fortuna. Sin embargo, demasiada gente pretende lo contrario, que la RAE ejerza de policía, que censure el diccionario, que elimine palabras o acepciones, que añada otras a capricho de cada colectivo o individuo con ínfulas, que se dedique a una labor represiva. Como si tuviera capacidad o voluntad para ello; no las tiene en absoluto.

En vista, así pues, de que la RAE no se pliega a ninguna presión autoritaria, son numerosas las instituciones que intentan legislar y censurar y reprimir por su cuenta. Son conocidas, por ejemplo, las directrices que con frecuencia lanzan la Junta de Andalucía o Comisiones Obreras, y aun el Congreso, que decidió que los castellanohablantes teníamos que decir Girona, Lleida y A Coruña, aunque viniéramos llamando secularmente a esas ciudades Gerona, Lérida y La Coruña. Ninguna institución posee la menor autoridad para dictaminar nada —aún menos para imponer— en materia de lengua. Pero todas se la arrogan con intolerables intrusión y soberbia.

Ahora se ha ido aún más lejos, por parte de Ada Colau y su Ayuntamiento de Barcelona, que han impreso 62.000 ejemplares de una Guía de Comunicación Inclusiva para construir un mundo más igualitario (menudas pretensiones). Está destinada sobre todo a las empresas que aspiren a contratar o a concursar, a trabajar con dicho Ayuntamiento. El paso más lejos consiste en que aquí se obliga a tales empresas a utilizar los vocablos estúpidos y ridículos que se les han ocurrido a Colau y a su equipo. Y, si no se someten, se las castiga privándolas de oportunidades y beneficios. Eso sólo lo hacen las dictaduras más intransigentes: en el III Reich, si alguien saludaba con «Buenos días» o «Alabado sea Dios» (un religioso) en vez de con el preceptivo «Heil Hitler!», se lo multaba o detenía por «desafecto». Y una vez detenido en aquel régimen, uno podía acabar rápidamente en una fosa… Una de las órdenes más pintorescas de esta Guía de Colau es que se eviten términos como «demente», «loco» o «trastornado», así que no sé cómo decir que el panfleto en cuestión me parece obra de dementes, locos y trastornados. Según él, «no hay nadie normal, sino que todo el mundo es diferente». No se debe decir «estoy depre» porque eso trivializa la depresión, sino «tengo el día triste». Según él, «las razas no existen, el racismo sí», que viene a ser tan estulto y —sí— trastornado como afirmar que «no existen los machos, el machismo sí», o que «los sexos no, el sexismo sí». Según él, el desdoblamiento hoy tan pelmazo («los trabajadores y las trabajadoras») también es «excluyente», porque «excluimos a las personas que no se identifican como hombre o mujer». No hay que hablar de «madres solteras», pues puede resultar discriminatorio mencionar el estado civil «cuando la persona no tiene pareja». «Abuelo, abuela» son inadmisibles como apelativos irónicos o cariñosos, ya que muchas «personas mayores» carecen de progenie. Y nada de «cambio de sexo», eso se llama «operaciones de afirmación de género» (cuando en español «género» y «sexo» no son, o no solían ser, sinónimos). Olvídense de la milenaria pero «irrespetuosa» «hermafrodita», de «minusválido”, «inválido», «cojo», «sordo», «ciego» y hasta «invidente». Todos esos son «personas con discapacidad física» o «con movilidad reducida» o «con ceguera». Francamente, entre “«ciego» y «con ceguera» veo la misma diferencia que entre «inteligente» y «con inteligencia»; claro que este último concepto le es desconocido a Colau, no la ha tocado jamás. Para ella y su equipo es insultante decir que uno «compra en un chino» o «en el paki», y proponen algo tan inespecífico como «comprar en la tienda» (se han roto el cerebro). Ignoran que «moro» y «mauritano» (condenan la primera palabra y predican la segunda) significan exactamente lo mismo. Absténganse ustedes de espetarle a nadie «Que te den» e inclínense por el vetusto «A freír espárragos»; y nada de «mariconadas», sino «tonterías» (otra vez rotos los sesos). Inaceptables «inmigrantes» y «emigrantes», son todos «migrantes», como las aves. La Guía es un inagotable y fascinante compendio de imbecilidades. Búsquenla y díganme si es obra de gente cuerda, tolerante, democrática, «igualitaria» y respetuosa de las libertades. El lema parece ser: «Si la RAE no oprime, que le den. Vamos a oprimir nosotros».

 

Javier Marías© Fuente: https://elpais.com/elpais/2019/07/16/eps/1563284195_363202.html


«Juan Mayorga ingresa en la RAE para ocupar la silla M»

El dramaturgo y doctor en Filosofía Juan Mayorga (Madrid, 1965) ha tomado posesión hoy de su plaza (silla M) en la Real Academia Española (RAE) con el discurso titulado Silencio. En nombre de la corporación, le ha dado la bienvenida Clara Janés.

SILLA M

Juan Mayorga fue elegido el 12 de abril de 2018 para ocupar la vacante dejada por el académico Carlos Bousoño Prieto, fallecido el 24 de octubre de 2015. El escritor ha recordado al inicio de su intervención a su predecesor, al que ha descrito como «un poeta, un lector de poetas, un teórico de la poesía y un docente».

Sobre su legado artístico, Mayorga ha expresado que «la poesía de Bousoño es pensamiento cantado. Su meditación sobre sí, sobre el ser humano, sobre el mundo, sobre la poesía misma, está encendida por la conciencia de la muerte, pero también por la alegría de existir».

LA NECESIDAD DEL SILENCIO

El dramaturgo ha explicado que silencio en el teatro es «la más conflictiva de sus palabras» ya que puede «enfrentarse a todas las demás. Sucede que en el teatro, arte de la palabra pronunciada, el silencio se pronuncia […], puede pensarse y su historia relatarse atendiendo al combate entre la voz y su silencio. Sucede que en el escenario basta que un personaje exija silencio para que surja lo teatral; basta que, al entrar un personaje en escena, otro enmudezca; basta que uno, requerido a decir, se obstine en callar. Si el silencio es parte de la lengua, lo es, y determinante, del lenguaje teatral».

Juan Mayorga ha destacado la necesidad del silencio en el terreno de la interpretación y la comunicación cotidiana: «El silencio nos es necesario para un acto fundamental de humanidad: escuchar las palabras de otros. También para decir las propias. El silencio, frontera, sombra y ceniza de la palabra, también es su soporte. Por eso, lo que hablan bien dominan, tanto como la palabra, el silencio, estructurado fundamental del discurso, cuya arquitectura, atractivo e incluso sentido dependen en buena parte del saber callar. Los elocuentes saben que, si la sigue o la precede un silencio, el valor de una palabra se transforma».

LA CONVIVENCIA DE LA VOZ Y EL SILENCIO

A juicio del escritor, «hay en el escenario un combate físico entre la voz y su silencio. […] Silencio y voz laten cada uno en el otro. El silencio despierta el deseo de voz y la voz el del silencio. Quizá de la tensión del silencio surja la voz o la tensión de esta haga aparecer aquel».

«La materialidad de la voz y de su silencio basta para contradecir a quien reduzca el teatro a su literatura. En el escenario se expone inmediatamente algo irreducible a aquello que en el texto puede leerse. Se exponen el hablar y el callar como acciones radicales de la existencia humana. Cuando un actor pronuncia palabras, no solo nos ofrece lo que esas significan, sino, también y antes, el hablar mismo. Entre los sonidos del mundo hay el de la voz humana y el de su silencio», señaló el nuevo académico.

DESDE LAS TRAGEDIAS GRIEGAS

Según Juan Mayorga, los griegos «ya exploraron las formas fundamentales del silencio» no solo en el teatro; también ha recordado los versos del canto III de la Iliada «donde Homero relata que, la víspera del combate, solo los príncipes hablan, mientras los soldados no parecen tener voz en el pecho».

El académico ha desgranado las tragedias donde el silencio guarda una relación esencial: «Hemos podido leer y ver los silencios de Tiresias ante Edipo […] y de Hipólito ante Teseo […]. Y merecería por sí solo un discurso el silencio de los mensajeros antes de transmitir las noticias de que son portadores».

Su intervención ha continuado con otros ejemplos de Federico García Lorca en La casa de Bernarda Alba: «el que Bernarda impone en su casa, silencio de sangre, es un silencio antiguo. Viene de la vieja tragedia. Procede de aquel que en Tebas dicta Creonte y que una muchacha desafía anunciando, al precio de su vida, una comunidad en la que no solo el tirano hable Hay en el diálogo de Hemón con su padre réplicas que podrían haberse pronunciado en la casa de Bernarda, y Adela tiene gesto de Antígona cuando rompe el bastón de la dominadora».

MAESTRO DE LA PALABRA

La académica de la RAE, Clara Janés, ha sido la encargada de dar la bienvenida, en nombre de la corporación, al nuevo académico. En su intervención se ha referido a Juan Mayorga como «un maestro, no solo en vestir y desnudar la palabra, sino en dotarla de un trayecto, un acompañamiento, y un doble, y de la astucia necesaria para que, una vez dicha, se dirija a despertar aquella otra palabra no formulada, pero no menos inmediata».

Fuente:
http://www.rae.es/noticias/juan-mayorga-ingresa-en-la-rae-para-ocupar-la-silla-m

Texto completo del discurso de ingreso en la RAE:
http://www.asale.org/sites/default/files/Discurso_ingreso_Mayorga.pdf