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«Su excelencia», Javier Obregón Gómez

santosyubero

Antonio Muñoz Molina con su habitual rigor y buena prosa nos dejaba en el suplemento de El País, Babelia, de la semana pasada un artículo de opinión con el título de «Su Excelencia» que merece, como todos los suyos, ser leído. Y éste me ha llamado especialmente la atención. Reflexiona sobre su vida, en su pueblo Úbeda, Jaén, allá por la década de los 60 siendo niño, a los que su buena memoria le hacen aún hoy fácilmente recordar. Fueron años, nos cuenta, de ausencia de libertades, de conmemoraciones patrióticas, de retratos de Franco y José Antonio en la escuela, de conmemoraciones de efemérides y batallas gloriosas en una retórica de lirismo falangista y arenga cuartelaria que lo invadía todo.

Esos años yo, como niño, también los viví. Jugábamos a nuestros propios juegos infantiles en el Paseo Pereda o en el Patio del Instituto de Santa Clara, pero no me llegó ese ambiente opresor excluyente y triste del que nos habla Antonio Muñoz Molina que le tocó vivir. Éramos una familia que teníamos pocas simpatías a Franco ,y sólo nos llegaba como rescoldos casi apagados la vida oficial Régimen en sus actos y parafernalia partidista . Pero también a mi esos recuerdos, de la década de los 60, se me hacen vivos ,aunque se me olvidan quiero recordarlos y más de una vez me confunden, pero están ahí, y forman parte de mi vida y mi niñez. El franquismo nos llegaba, yo diría apagado ,atenuado y de refilón.

Los largos nodos que precedían a las películas de un Franco omnipresente, inaugurador de pantanos nos aburría; Jugábamos en pandillas señalando a los rojos» por su uniforme a los del Colegio de la Sagrada Familia, sin saber muy bien las connotaciones de tal adjetivo, nosotros los azules los del Colegio de San José, éramos los buenos, ellos los malos a los que en nuestras bandas infantiles había que pegar. Sabíamos de la existencia de una piscina climatizada en La Alameda de la Falange, a la que nunca asistimos. Visitamos entusiasmados los actos la Semana Naval en 1968 viendo barcos, destructores y portaviones, señal inequívoca del poderío de la España Imperial y nos gustó, teníamos 14 años. La visita a nuestra ciudad del Caudillo aplaudido por masas enfervorecidas nos dejaba exhortos, le veíamos pequeño y diminuto desde lo alto de un balcón de Jesús de Monasterio, contemplando los pañuelos agitados al grito de !Franco¡ !Franco¡ En las clase de Formación Política que se nos impartía en Instituto de Santa Clara se nos recordaba los principios fundamentales del falangismo, se denostaba a la democracia, y se tildaba con todo tipo de insultos a historiadores como Menéndez Pidal, a escritores y políticos como Lorca, el homosexual; a Azaña, el verrugas; a Lutero , el monje impío y de lascivos deseos… Fueron también años de imágenes y de recuerdos penosos, de cosas que no entendíamos y nos era difícil de encajar para nosotros como niños que éramos y a los que no encontrábamos explicación.

Vimos subir a cientos de santanderinos por la calle de Francisco Quevedo, para asistir a un fusilamiento público, ejemplar se decía, en el Cuartel del Alta de un chico joven que había dado muerte en un atraco a un guardia civil. Pese a todo jugábamos y nos divertíamos, las chapas y las canicas ocupaba una gran parte de nuestro tiempo, el fútbol y el ciclismo nos deleitaba. Seguíamos con apasionamiento la marcha de nuestro Racing y nos entusiasmaba los triunfos de nuestros ciclistas locales (Pérez Francés, Ventura Fernández)…

Pero al rememorar ese tiempo pasado y leer como recientemente el Tribunal Supremo en una sentencia indicaba que el 1 de Octubre de 1936 ya era Franco jefe del Estado de España, comprendo la indignación Antonio Muñoz Molina ante el silencio y la incomprensión de muchos historiadores que no han querido significarse ante el tamaño de tales aberraciones históricas, cuando lo más propio hubiera sido señalar la ilegalidad de esa acción conspirativa, la de la insurrección del 18 de julio, en un régimen que por esa fechas seguía siendo aún la República reconocida internacionalmente con un presidente elegido democráticamente. A uno no le hace falta ser radical, escribe Antonio Muños Molina, para que la sangre se hiele en las venas al enterarse que el Tribunal Supremo, el templo civil de la legalidad democrática, el cónclave de las mentes jurídicas más sabias y más escogidas del país, considera que aquel día primero de octubre de 1936 el jefe del Estado de España era el general Franco. La últimas palabras del autor en este articulo son ciertamente esclarecedoras . No es decente que al cabo de medio siglo la tumba de un dictador sea un monumento público…. No es decente ni es lícito, y ni siquiera creo que sea legal, aunque lo autorice el Tribunal Supremo. Soy, de los que piensan, que los recuerdos de muchos que vivieron esos años ,de los emigrantes, de los encarcelados, de las familias de los fusilados, de los marginados y perseguidos son motivos más que suficientes para que se proceda a borrar ya definitivamente con la mayor celeridad posible ese símbolo mortuorio, público ,el del Valle de los Caídos del quién lo hizo posible.

Javier Obregón Gómez© https://www.facebook.com/javi.tron.16/posts/1607776002686695


“40 años y un "exilio" aún vigente”, Matías Maggio Ramírez

Haroldo ContiEn vísperas del aniversario por los 40 años del último golpe de Estado todavía quedan sus huellas en el mercado editorial: el recuerdo de la censura y el exilio (interno y externo) de editores, escritores y libreros, el cierre de bibliotecas y librerías, así como la desaparición -asesinato- de lectores, traductores, autores como Rodolfo Walsh y Haroldo Conti, y de editores como Carlos Pérez, cuyo fondo editorial todavía puede encontrarse en la Librería Hernández de la Calle Corrientes (que también sufrió la clausura de su local,  el exilio de sus dueños y la detención de uno de sus familiares, en ese momento a cargo de la librería), se vuelven presentes cada 24 de marzo. Otra de las marcas menos visibles que todavía opera sobre la actualidad del mercado editorial se puede encontrar en los derechos de traducciones que entre el 1976 y 1983 no se renovaron para su publicación en Argentina por el opresivo clima cultural. Las traducciones de las obras que se habían publicado por primera vez en castellano en Buenos Aires o Córdoba fueron compradas por editoriales españolas, que tenían nuevos aires en los últimos tiempos del franquismo, y en menor medida por históricos sellos mexicanos.

La Argentina tuvo en la ley 1420 que promulgaba una educación laica, gratuita y obligatoria uno de los principales pilares para la construcción de lectores desde finales del siglo XIX. La consolidación de las políticas públicas educativas a lo largo del siglo XX tuvo en el mercado editorial uno de sus beneficiarios. La producción local tenía como eje para su rentabilidad la exportación a mercados hispanoamericanos. Los lectores contaban a su alcance con traducciones locales que se realizaban al poco tiempo de la publicación en su lengua original para un público regional. La traducción de libros locales tenía una amplia proyección para el resto de América y España. José Luis de Diego en Editores y políticas editoriales en Argentina, 1880-2000 sostuvo que en los primeros años 70 ya no se exportaba como en las décadas anteriores para suplir el 80% de los libros que importaba España. La pérdida de mercados externos encontró su principal público en un fortalecido mercado interno ávido de literatura latinoamericana. El libro, en tanto bien cultural que no es intercambiable por otro, tuvo durante el siglo XX distintos embates pero ninguno como el de la última dictadura que lesionó una vieja tradición argentina como la de oficiar de mediadora cultural. La acción represiva de la dictadura contra la cultura tuvo, según de Diego dos caras: la pública que se había visible en las resoluciones y decretos; y la oculta e ilegal que se negaba y silenciaba en las instancias públicas. El miedo, el silencio, la persecución, encarcelamiento, muerte, exilio eran los ingredientes de una vida cultural opresiva para el mercado editorial.

Ante la falta de una bibliografía nacional para reconstruir parte de la historia del libro en Argentina se pudo acceder a catálogos digitales integrados como Worldcat y los de la Biblioteca Nacional “Mariano Moreno” y la Biblioteca Nacional de España, para rastrear aquellos libros que tuvieron una primera traducción y edición argentina, como síntoma de la consolidación del mercado interno, para luego durante la dictadura “exiliarse” en España o bien reaparecer años más tarde. La editorial Infinito, fundada en 1954 por los arquitectos Leonardo Aizemberg, Eduardo Aubone, Jorge Enrique Hardoy, Carlos A. Méndez Mosquera y José A. Rey Pastor, tuvo una mirada exquisita para contratar traducciones de obras centrales para las artes visuales, el diseño y la arquitectura. Al revisar el catálogo de la Biblioteca Nacional se encuentra que esta editorial publicó sin interrupciones hasta 1977 para retomar su tarea a partir de 1986, tras la recuperación de la democracia. Entre los títulos de su catálogo histórico se destacó la publicación, en 1959, de Arquitectura gótica y escolástica de Erwin Panofsky con traducción de Enrique Revol, a los pocos años de su edición en inglés. Esta obra fue publicada en 1986 en Madrid por Ediciones La Piqueta con una nueva traducción. Del mismo autor Infinito publicó, en 1970, El significado de las artes visuales, que desde 1979 engrosa el catálogo del sello español Alianza. Un autor central para el urbanismo como Lewis Mumford publicó en 1966 La ciudad en la historia: Sus orígenes, transformaciones y perspectivas, con la traducción de Enrique Revol, que fue recuperada por la editorial española Pepitas de Calabaza en 2012.

La editorial Eudeba, fundada en 1958, sufrió en su gestión los avatares del quiebre democrático en 1966 y en 1976. La exhaustiva investigación de Hernán Invernizzi y Judith Gociol en Un golpe a los libros reconstruyó la acción y resultados de su intervención militar. El sello universitario sufrió la censura de libros que “atentaban contra la seguridad nacional”, tuvo empleados reprimidos y “desaparecidos” y la rescisión de “contratos de edición de obras extranjeras traducidas al español, cuyas fechas de aparición están vencidas”. Entre los 83 títulos caídos se encontraban obras de autores como Rudolf Carnap y Jean Piaget. Con esta decisión tampoco se renovaron los contratos de traducción anteriores convenidos con agentes y editores extranjeros. Entre los casos emblemáticos en Ciencias Sociales y Humanidades se puede citar Antropología estructural de Claude Lévi Strauss, que se publicó el 1958 en Francia y cuya traducción realizó para Eudeba Eliseo Verón seis años después. El libro tuvo múltiples reimpresiones hasta 1977. Diez años después, Paidós ibérica obtuvo los derechos de la traducción realizada por Verón para todo el ámbito hispanoamericano. En 1962 la editorial universitaria publicó la primera traducción al castellano de Arte y percepción visual: psicología de la visión creadora, de Rudoplh Arnheim. En 1976 la obra llevaba ya 7 reimpresiones pero no se renovaron los derechos. En 1979 la editorial Alianza compró con los derechos de traducción para publicar y reimprimirla, cosa que hace hasta la actualidad.

Quema de libros del CEAL en Sarandí. Foto de Ricardo FigueiraEn el ámbito de las ciencias duras, línea en que la editorial se había afianzado desde la gestión de Boris Spivacow hasta el golpe del 66, se interrumpieron las publica-ciones de “libros de física y química, y el vacío fue paulatinamente ocupado por editoriales extranjeras como Mc Graw Hill, Prentice Hall, etc. cuya publicación en castellano se realiza principalmente en México”, tal como sostuvo Oscar Fernández en su investigación sobre Eudeba, en el volumen colectivo Centro Editor de América Latina. Capítulos para una historia.

La editorial universitaria de Córdoba, emprendimiento que tuvo como director a Gregorio Bermann y a José Aricó como gerente, fue financiado por Natalio Kejner según se desprende de la investigación “Eudecor: edición y política”, de Diego García para la revista Deodoro. Eudecor publicó en 1967 Estructuralismo y crítica literaria, de Gerard Genette, con traducción de Alfredo Paiva, y al año siguiente un título que aún es un long seller: Las vanguardias artísticas del siglo XX, de Mario de Micheli con la traducción de Giannina de Collado, que fue reeditado en castellano desde 1979 por la editorial española Alianza hasta la actualidad.

La lista de títulos que tuvieron una primera publicación en Argentina para luego “exiliarse” en distintos sellos editoriales del exterior puede ampliarse en una futura investigación que analice la bibliografía nacional de mediados del siglo XX. La fortaleza del público local posibilitó apuestas editoriales que tras la dictadura se diluyeron por distintas causas económicas, políticas, sociales y de la propia seguridad de los actores involucrados en el circuito del libro.

A 40 años del golpe, muchos de los libros que tuvieron en Argentina su primer encuentro con los lectores en castellano tienen que cruzar el Atlántico. Su “exilio” se afianzó con el proceso de concentración editorial, pero seguro esperaran volver, aunque sea de visita en cada Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

Matías Maggio Ramírez©, para “Noticias del Libro”: http://www.el-libro.org.ar/profesionales/noticias-del-libro/exilio-vigente.html


“Zyklon B”, Juan Zapato

cajademuñecasMe presento, soy Miriam, la muñeca de Yael, les cuento nuestra historia.

Como no conozco el calendario, sólo puedo decirles que era de mañana, muy temprano porque aún se escuchaban los trinos aunque el Sol no asomaba ni asomaría en Lodz.

Unos fuertes gritos provenientes de la calle, hicieron asomarse a la ventana a Beca, la mamá de Yael, las tres estábamos solas ese día ya que Ádan el papá, había marchado a Varsovia días atrás.

Beca, despertó a Yael y la vistió con premura, yo que estaba apoyada sobre los piececitos de mi dueña, salté al levantarse ella. Sin lavarse el rostro bajamos las tres. Las miradas de todos reprimían preguntas, el aire estaba viciado del humo de los escapes de aquellos camiones militares, a los que nos condujeron violentamente. Llegamos a una estación de ferrocarril, sería la primera vez para las tres y la última para dos. Por los cuentos que la bobe2de Yael solía contarle por las noches, los viajes en tren eran muy placenteros, yo no lo veía así, estaban abarrotados esos vagones sin asientos y sin luces, el viaje era interminable, el olor nauseabundo, hasta que por fin llegamos a un lugar de mucho verde que sobresalía por encima de la fuerte niebla. Descendimos pero no descendieron todos, algunos quedaron en los suelos sucios de aquel vagón.

Sobre el andén, nos hicieron formar, sentía miedo y Yael me apretujó sobre su pecho y sus latidos vibraban en mí. Separaron a los hombres de las mujeres, nosotras tres seguíamos juntas, sin saber a dónde debíamos ir.

Atravesamos unas rejas y nos hicieron formar nuevamente, un soldado que llevaba en su gorra la insignia de los piratas, nos separó a las dos de la mano de Beca y nos arrastró hacia donde estaban muchos niños y vimos alejarse a Beca con los ojos borrosos del llanto de mi dueña. Una mujer soldado, con voz dulce nos dijo, no temáis nada iremos a las duchas y luego se reencontraran con sus familias. A todos los niños los hicieron desvestirse y en un descuido me separé de Yael, hacía frío, el lugar olía desagradable. Unos hombres recogieron las ropas y entre ellas me arrojaron en un gran recipiente, no volví a ver a Yael.

Entre muchas pertenencias de aquellos seres humanos aguardo a que venga por mí, intento reconocerla entre esos jóvenes que visitan Treblinka, dije que no entiendo de calendarios pero me la imagino que ya debe ser como de diecisiete años.

Juan Zapato©

Del libro “Juglarías” …un poeta en Israel, ISBN: 978-965-91073-0-8

http://www.latorredebabelediciones.com

1 Pesticida que fuera utilizado como arma química por los nazis en las cámaras de gas de los campos de exterminio de Auschwitz-Birkenau.

2 Abuela en idish.


“La historia de Carli”, Roberto Sánchez Soria

carliEl abogado de la Asociación Argentina Pro Derechos Humanos (AAPDH) de Madrid, Carlos Slepoy, fue detenido por razones políticas antes del golpe de Estado y siendo interrogado en la Escuela de Mecánica de la Armada le anticiparon lo que pasaría tiempo después con los desaparecidos. “Me dijeron que si era subversivo iba a aparecer en el río”.

“Yo formaba parte de un grupo de abogados jóvenes que habíamos decidido poner estudios jurídicos en distintos puntos de la provincia para asesorar a delegados gremiales. Éramos doce, pero desaparecieron cinco: Oscar Di Dío, Adolfo Chorni, Alberto Antebi, Nora Hochman y Alberto Podgaetsky”.

El abogado Carlos Slepoy Prada, “Carli” para la familia y amigos, fue detenido el 15 de marzo de 1976 -nueve días antes del golpe de Estado- en una confitería del barrio porteño de la Chacarita. El grupo que lo detuvo estaba integrado por marinos de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).

“En la ESMA nos separaron. En la celda, un oficial me puso una pistola en la cabeza porque yo invocaba la Constitución Nacional y mis derechos. Me dijo que si pertenecía a la subversión iba a aparecer en el río, y que si no tenía nada que ver me pedirían disculpas. Luego de una ronda de golpes y preguntas fui subido a un auto y llevado, encapuchado, a un descampado. Me dijeron que era la última posibilidad de hablar e hicieron un simulacro de fusilamiento”. Cuando se produjeron estos episodios aún gobernaba María Estela Martínez de Perón.

Tras el simulacro, Carli fue trasladado al edificio de Coordinación Federal donde escuchó torturas.

Al poco tiempo recayó en el Departamento Central de la Policía Federal. “Estábamos como en una gran cuadra, donde todo el tiempo tiraban personas vendadas. Muchas tenían su nariz ensangrentada producto de la venda apretada que no los dejaba ver”.

El periplo por las dependencias policiales duró unos días, al cabo de los que fue trasladado al penal de Villa Devoto, donde estuvo hasta octubre de 1977. “Aquí obligaban a los presos a desnudarse y a hacer ejercicios como el salto de rana”.

El siguiente traslado fue a la Unidad Penal N°9 de La Plata. “Cuando entramos nos desnudaron. Los detenidos formamos en fila india y pasamos, entre golpes del personal penitenciario, hasta nuestra celda”. Estuvo alojado en el Pabellón 16.

“Durante las requisas nos hacían desnudar y abrir las nalgas. Además, nos hacían formar en fila india para darnos golpes. Hubo varios compañeros con quebraduras”.

“Entre el 4 y el 6 de enero de 1977 los detenidos de la U9 fuimos sacados al patio a jugar al fútbol . Este hecho coincidió con el traslado a otro penal de dos hombres del Pabellón de la Muerte, que más tarde aparecieron muertos”.

Su ex mujer Andrea Benítez fue secuestrada cuando salía de visitarlo del Departamento Central de la Policía Federal. “Ella no supo dónde estuvo; la dejaron en un descampado”.

También su hermana, Silvia, sufrió un secuestro, “la detuvieron cinco días en el centro clandestino ‘Club Atlético’. Fue vejada y humillada”.

Durante toda su detención, Slepoy estuvo bajo responsabilidad del Poder Ejecutivo Nacional, que le denegó el exilio. El decreto 423 de 1977 fundamenta la detención del abogado y de decenas de presos políticos que también habían pedido dejar el país en que “podrían poner en peligro la paz y la seguridad de la Nación en caso de permitirse su salida del territorio nacional”.

Finalmente, Slepoy salió en libertad de la U9 en octubre de 1977.

Esa mañana éramos cinco o seis familiares acompañándolo en el aeropuerto de Ezeiza en las dependencias militares, en una habitación custodiada, tuve la oportunidad de abrazarlo por primera vez.

Roberto Sánchez Soria.


“La memoria”, León Gieco

Los viejos amores que no están,
la ilusión de los que perdieron,
todas las promesas que se van,
y los que en cualquier guerra se cayeron.
Todo está guardado en la memoria,
sueño de la vida y de la historia.

El engaño y la complicidad
de los genocidas que están sueltos,
el indulto y el punto final
a las bestias de aquel infierno.

Todo está guardado en la memoria,
sueño de la vida y de la historia.

La memoria despierta para herir
a los pueblos dormidos
que no la dejan vivir
libre como el viento.

Los desaparecidos que se buscan
con el color de sus nacimientos,
el hambre y la abundancia que se juntan,
el mal trato con su mal recuerdo.

Todo está clavado en la memoria,
espina de la vida y de la historia.

Dos mil comerían por un año
con lo que cuesta un minuto militar
Cuántos dejarían de ser esclavos
por el precio de una bomba al mar.

Todo está clavado en la memoria,
espina de la vida y de la historia.

La memoria pincha hasta sangrar,
a los pueblos que la amarran
y no la dejan andar
libre como el viento.

Todos los muertos de la A.M.I.A.
y los de la Embajada de Israel,
el poder secreto de las armas,
la justicia que mira y no ve.

Todo está escondido en la memoria,
refugio de la vida y de la historia.

Fue cuando se callaron las iglesias,
fue cuando el fútbol se lo comió todo,
que los padres palotinos y Angelelli
dejaron su sangre en el lodo.

Todo está escondido en la memoria,
refugio de la vida y de la historia.

La memoria estalla hasta vencer
a los pueblos que la aplastan
y que no la dejan ser
libre como el viento.

La bala a Chico Méndez en Brasil,
150.000 guatemaltecos,
los mineros que enfrentan al fusil,
represión estudiantil en México.

Todo está cargado en la memoria,
arma de la vida y de la historia.

América con almas destruidas,
los chicos que mata el escuadrón,
suplicio de Múgica por las villas,
dignidad de Rodolfo Walsh.

Todo está cargado en la memoria,
arma de la vida y de la historia.

La memoria apunta hasta matar
a los pueblos que la callan
y no la dejan volar
libre como el viento.

León Gieco©


“Desapariciones”, Maná

Que alguien me diga si ha visto a mi esposo
preguntaba la Doña
Se llama Ernesto X, tiene cuarenta años,
trabaja de celador en un negocio de carros,
llevaba camisa oscura y pantalón claro
Salió anoche y no ha regresado
y no sé ya qué pensar
Pues esto, antes no me había pasado
ooo…

Llevo tres días
buscando a mi hermana,
se llama Altagracia
igual que la abuela,
salió del trabajo pa’ la escuela
llevaba unos jeans y una camisa clara,
no ha sido el novio, el tipo está en su casa,
no saben de ella en la PSN ni en el hospital
ooo…

Que alguien me diga si han visto a mi hijo
es estudiante de pre-medicina,
se llama Agustín y es un buen muchacho
a veces es terco cuando opina
lo han detenido, no sé que fuerza,
pantalón claro, camisa a rayas
pasó anteayer.

CORO
A dónde van los desaparecidos
busca en el agua y en los matorrales
y por qué es que se desaparecen
por qué no todos somos iguales.
Y cuándo vuelve el desaparecido
cada vez que lo trae el pensamiento
cómo se le habla al desaparecido
con la emoción apretando por dentro
oh…

Clara, Clara, Clara Quiñones se llama mi madre
ella es, ella es un alma de Dios
no se mete con nadie
y se la han llevado de testigo
por un asunto que es nada más conmigo
y fui a entregarme hoy por la tarde
y ahora dicen que no saben quién se la llevó
del cuartel.
Anoche escuche varias explosiones
patún pata patún pete,
tiro de escopeta y de revolver,
carros acelerados freno gritos,
eco de botas en la calle
toque de puertas por dioses platos rotos,
estaban dando la telenovela
por eso nadie miró pa’ fuera.

CORO
A dónde van los desaparecidos
busca en el agua y en los matorrales
y por qué es que se desaparecen
por qué no todos somos iguales.
Y cuándo vuelve el desaparecido
cada vez que lo trae el pensamiento
cómo se le habla al desaparecido
con la emoción apretando por dentro.

Letra: Rubén BLades.

Interpreta: Maná.

 

“El País de los Colores”, Polo Dabal

Cliquea para leer el prologo Muchas veces sueño que vamos con Ileana en avión. Y las otras noches tuve un sueño precioso, en colores. El avión paró en un campo muy verde, cerca de unos cuantos árboles muy grandes. Cuando el avión se fue Papo era chiquito, como Ileana, y empezamos a caminar de la mano, en dirección al monte. Era de mañana, y el sol brillaba muy fuerte. El cielo estaba lleno de cometas de todos colores, y el campo lleno de flores.

Cuando empezamos a caminar, pasaron nueve mariposas grandes bien rojas, menos la de adelante que era toda blanca. Iban en formación como si fueran aviones, y la mariposa blanca nos saludó: “Buenos días amiguitos”. Nosotros no dijimos nada porque nos quedamos muy sorprendidos de oír hablar a la mariposa. Más adelante paso un zorzal que también nos dijo: “Buenos días, amiguitos!”. Más sorprendidos aún, ya íbamos llegando al monte cuando salió corriendo un perrito blanco con manchas negras, la oreja derecha bien parada y la izquierda doblada hacia adelante. Se paró frente a nosotros y nos dijo: “¡Bienvenidos, amiguitos!” Yo me llamo Binky. Este es el País de los Colores, y ustedes van a vivir muy felices aquí. Pueden quedarse todo lo que quieran. Solamente una cosa les tengo que avisar: -que nunca, nunca, pueden olvidarse de decir la palabra “amiguito”. Si se olvidan el País de los colores desaparece”. “Muchas gracias, amiguito”, dijimos los dos y de la mano, guiados por Binky, fuimos a recorrer el País de los Colores. Lagartos chiquitos muy verdes, cardenales rojos y azules, canarios amarillos, gallos negros, monos castaños, tortugas de varios colores, todos, todos, nos cantaban: “Buenos días, amiguitos. Bienvenidos, amiguitos!”. Binky nos daba frutas chiquitas, que eran también de todos los colores. Cuando nos cansamos, nos sentamos sobre un tronco, al lado de un arroyito. Entonces salió del agua un pez de todos colores y nos dijo: “¡Buenos días, amiguitos! Todos los que viene al país de los Colores, amiguitos, vienen porque desean algo. Cada uno piense qué vino a buscar y dígamelo. Yo les diré donde encontrarlo, amiguitos.”

Y dijo Ileana: “Yo vine a buscar el canto del guitarrero, amiguito.”

Y dije yo: “Yo vine a buscar la luz de la luciérnaga, amiguito.”

tapaPolo Entonces dijo el pez que cambiaba de colores continuamente: “Caminen hasta donde encuentren un árbol que se llama Arce, que tiene las hojas amarillas y rojas, amiguitos. Siéntense a su sombra cierren los ojos y piensen en lo que desean. Cuando alguien les hable, abran los ojos y digan: Dame tu canto, guitarrero amiguito. Dame tu luz, luciérnaga amiguita”. Y se volvió ala agua. Binky guió a Ileana y a Papo que, siempre de la mano, caminaron hasta encontrara el árbol llamado Arce. Se sentaron a su sombra, y pensaron. Había pasado un ratito, nada más, cuando alguien dijo: “Abran los ojos, amiguitos. Nos envía el pez multicolor”. Y cuando miramos, un guitarrero celeste y una luciérnaga naranja estaban sentados frente a nosotros. Ileana dijo: “Quiero tu canto, guitarrero amiguito.” Y dijo Papo: “Dame tu luz, luciérnaga.” Y me desperté. Me desperté porque me equivoqué; me olvidé de decir la palabra: “amiguito”.

Y como no podía dormir, me senté en la cama. La pieza estaba oscura y me puse a pensar en el precioso sueño que había tenido. Y cuando estaba así veo que se prende una luz chiquita al lado de mi pie. Miro, y era la luciérnaga del sueño. Estaba también el guitarrero celeste. Y me dijeron:

“Cuando le escribas a Ileana, le dices que cuando estén juntos de nuevo, los vamos a visitar a los dos, amiguito.”

Y se fueron volando por la ventana. Me paré y los miré irse en la noche.

Creo que volvieron a su País de los Colores.

Polo Dabal©

Nota: Los errores ortográficos y de sintaxis que aparecen en estos cuentos, no han sido corregidos para respetar el manuscrito original.

Para conocer un poco más sobre esta historia te invito a visitar el siguiente enlace:

http://books.google.com.ar/books?id=XscJagMOnuQC&pg=PA52&lpg=PA52&dq=polo+dabal&source=bl&ots=UQbNGSR3tX&sig=L99FGFiRIeHWftVxNaekKLSiC_8&hl=es


“La carta”, Violeta Parra

Me mandaron una carta,
por el correo temprano,
y en esta carta me dice,
que cayó preso mi hermano,
así sin lastima con grillos,
por las calles lo arrastraron,si.

La carta dice el motivo,
que ha cometido Roberto,
haber apoyado el paro,
que ya se había resuelto,
si caso esto es un motivo,
presa también voy sargento, si.

Yo que me encuentro tan lejos,
esperando una noticia,
me viene a decir en la carta,
que en mi patria no hay justicia,
los hambrientos piden pan,
plomo les da la milicia, si.

De esta manera pomposa,
quieren conservar su asiento,
los de abanicos y de frac,
si tener merecimiento,
van y vienen de la iglesia,
y olvidan los mandamientos, si.

Habrase visto insolencia,
barbarie y alevosía,
de presentar el trabuco,
y matar a sangre fría,
a quien defensa no tiene,
con las dos manos vacía, si

La carta que he recibido,
me pide contestación,
yo pido que se propale,
por toda la población,
que el león es un sanguinario,
en toda generación, si.

Por suerte tengo guitarra,
para llorar mí dolor,
también tengo nueve hermanos,
fuera del que se engrilló,
los nueve son comunistas,
con el favor de mí Dios, si.

Violeta Parra©


“Tatatatatagoooool”, por Sebastián Jorgi

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Veníamos de San Juan y el calor nos agobiaba. Nené prendió la radio. Sentí la voz de un relator de fútbol —para mí desconocido hasta ese momento— que transmitía la final Boca-Palmeiras desde la hermana República Oriental del Uruguay.

—¿En dónde estamos?

—Estamos entrando en la Provincia de Buenos Aires —le aclaré a mi cuñado— ¿cómo va Boca?

—No sé, no me interesa.

Entonces me dio la radio. Claro, éramos de River.

—¿Tomamos unos mates, Nene ?

—Bueno, unos matungos no vendrán mal.

—Ta ta ta solo frente al arquero, lo va a fusilar, ta ta ta… —la voz del relator. Lo miré a Nené.

—La gozás porque Boca no va ganando, eh.

—Sí.

—No tenés que ser así —le dije—, con Boca los de River somos primos hermanos.

—Seguro —dijo, con sorna—. Por eso nos llevamos como la mona.

—Cómo transmite ese muchacho, qué original, qué estilo, el partido lo vive y te lo hace vivir.

—Si transmitiera a River, todavía.

Reímos. De pronto, el micro se desvió a un costado del camino.

—¿Qué pasa? —preguntó una señora.

—Hay milicos en la ruta —explicó uno que leía el diario.

—Requisa —dijo el chofer—. Nos harán bajar a todos.

—Hay que joderse —dijo alguien atrás—. Encima que vamos con atraso…

—¿Qué buscarán?

La pregunta la había hecho una mujer que iba con un bebé.

—Subversivos —dijo al chofer.

Nos hicieron bajar a todos. Las mujeres en una pared del micro. Los hombres en la otra pared, con las manos en alto. Pidieron documentos. Miraban con ahínco los mismos. Las fotos, primero. La cara de la gente, después.

—No somos ladrones —se atrevió a decir la mujer que viajaba con el bebé.

—Cállese, señora. Recibimos órdenes.

—Dígame su número de documento —me instó un soldado.

Titubeé. El miedo se apoderó de mí. No me acordaba. Diablos. Seis millones, seis millones…

—Seis millones…espere,

—Sí. Seis millones y ¿cuánto?

—Seis millones —recordé— trescientos mil…

—¿No sabe su número de cédula? ¿Y el de la libreta de enrolamiento?

Me quedé mudo. Nené me miró y dijo:

—Decíles la verdad: que nunca los memorizaste.

—Ciento uno…

—¿Está bromeando? ¿Quiere decirme que su documento tiene tres números?

Temblé.

—No…quiero decirle que termina en ciento uno… Se había acercado un oficial.

—¿Qué pasa, soldado?

—No sabe bien los números de su documento, mi sargento.

—¿Dónde trabaja?

—En la Italo —respondí.

—¿Y eso qué es?

Me miró fijo.

—La Italo Argentina —intenté explicar; de golpe me vino a la memoria el número completo—. Seis millones trescientos ocho mil ciento uno.

—¿Cédula o libreta? —inquirió el sargento.

—Cédula —respondí seguro.

—Ese lugar… la Italo Argentina…

—Es la farmacia Italo Argentina, mi sargento —se adelantó el soldado. Yo le quería explicar que no, que se trataba en verdad de la Compañía de Electricidad.

—Está bien —dijo el sargento.

Todavía me miró unos segundos.

—Allá hay otra señora que tampoco se acuerda del número de su libreta cívica.

—Déjenla —ordenó—. Que suban las mujeres y los niños.

Ahora interrogaba con insistencia a un gordo. Había alzado su voz en son de protesta.

—Soy un laburante. Vendedor.

—¿Cómo se llama la señorita que viaja con usted?

—Lidia, es una amistad…

—No se haga el idiota que del otro micro se quedaron varios —amenazó el sargento.

Un oficial que estaba en el otro extremo, gritó:

—Todos arriba

Sentí que se me aflojaban las piernas. Un mareo invadió mi cuerpo. La palidez de todos los rostros se reflejaría también en mi propia cara. Nené me comentó:

—Dicen que detuvieron a tres tipos en el micro que iba adelante.

No dije nada. Respiré hondo. Seis millones trescientos ocho mil ciento uno. Ahora intenté leer el número de la libreta de enrolamiento en la otra cara de la cédula. Pero no quise hacer ningún movimiento. No vaya a ser que…

Seguimos el viaje. Al rato, escuchamos como disparos. Ta ta ta.

—¿Qué es eso? —se preguntaron todos.

—Metralleta —dijo Nené.

—Es cerca del río —dijo la mujer que llevaba el bebé.

Ta ta ta ta se escudó otra vez. ¿O era una ilusión que nos traía el viento?

—¿Tomamos mate o no? —dijo Nené.

—Sí.

Prendí la radio. ¿Cómo iría Boca?

—Los que nada tenemos que temer u ocultar, que nada tenemos que ver con la subversión, viajamos tranquilos, ¿no? —dijo alguien—. Ellos saben bien a quiénes buscan.

—Es que una se pone nerviosa —dijo la mujer del bebé.

—Menos mal que los soldados son considerados —dijo otra.

—Todavía quedan subversivos —dijo el vendedor que viajaba furtivamente con una mujer.

Tenían razón. No sé por qué sentí tanto miedo al no acordarme del número de documento. No sé. Tonto de mí. Si yo no sabía lo que era un arma. No sé por qué se asustaron todos. Ni por qué sigo temblando.

—A ver cómo va el partido —me dije como para distraerme. Nené me dio un mate.

—Fijáte si está bien de azúcar…

—Sí, está bien. Parece que Gatti es el hombre de la cancha. Qué arquero le dimos a Boca. Después de Amadeo, el más grande…

—¿Amadeo? —me preguntó mi cuñado.

—Sí: Amadeo Carrizo. Vos no lo viste jugar, Nené.

—Pierde Boca, ¿no?

—Empata. Vos que hiciste la colimba… ¿eran tiros de metralleta, no?

—Liviana.

—Están pateando penales para desempatar, Nené. Si ataja el loco Gatti el penal que viene, gana Boca.

—No lo quiero escuchar.

—Ta ta ta cara o ceca ta ta ta ta…: Gatti Gatti Gatti Boca Boca Boca Boca: Boca campeón.

—Tenés razón, Toni, como transmite el uruguayo —admitió Nené.

—Acordáte lo que te digo ahora, julio de 1977: este relator va a triunfar porque tiene un estilo bárbaro, che.

—Si vos lo decís, que fuiste cronista deportivo, será así.

Un tremendo escalofrío me asaltó al recordar el otro “ta ta ta” que se había grabado en mis oídos. Y que recorriéndome, crecía. Crecía. Crecía.

Sebastián Jorgi©