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“Mario y sus Paradise Birds”, Yamila Carini

“Mario y sus Paradise Birds”, Yamila Carini 

La última vez que Margarita Luz de las Tinieblas se detuvo a mirar el «horizonte»,Mario, su marido, rompió el equilibrio.  —Marga… ¿y si nos vamos a Indonesia?

La mujer, de unos treinta años, se encontraba tomando té frío en el balcón junto a Enriqueta, una gata persa que admiraba a su dueña con ojos de búho, característicos en esa especie de peludos. El felino movió la vista lentamente agitando su majestuosa cabellera y en un pestañeo tajante, cerró el ojo izquierdo en forma de guiño.  Su ama se reacomodó en la silla.  Ella seguía observando el «horizonte»,o sea, el balcón del edificio de enfrente; cuando súbitamente recordó el significado de su nombre: «Margarita, nombre griego que significa perla, popularmente llamado aquella que no arriesga». Esta definición estaba adherida en su memoria, pero para sus adentros, su nombre significaba: «flor amarilla que crece como el junco y es salvaje como el viento».Eso se repetía cuando escaseaba  el aire en la oficina, y a veces, al mirar las góndolas del supermercado.

—Eso queda en Asia ¿no gordo?

—Sí ¡sí!  Es el lugar que muestran en la televisión, con esos pájaros multicolores que tienen hilos en vez de alas –el hombre tomó un gran sorbo de aire- picos invertidos y ojos fluorescentes… ¿te acordás?  ¡Los paradí-se berds!

La mujer sonrió con cierta picardía en sus ojos. —Paradise birds —corrigió.

En el macetero del vecino la albahaca crecía como los tréboles, los tomates cherry comenzaban a asomar sus amarillentos cuerpos y la menta estaba llena de hojas puntiagudas con olor a chicle.

En cambio, las petunias de Margarita se habían secado poco a poco y solamente quedaba un helecho en pie, el cual era alimentado por la lluvia.   

Paradise birds— repitió en voz baja y la gata suspiró tan profundo que a Mario le dio un ataque silencioso de celos.  No le gustaba para nada esa complicidad que se enredaba entre el animal y su mujer.  Lo caratulaba secretamente como «incestuoso».Compartir el amor con sus futuros hijos lo asustaba, pero de seguro lo sentiría razonable…  Ahora, los sistemáticos suspiros y ronroneos a dúo le molestaban casi como cuando su equipo erraba un gol, así de tanto.

Ambos guardaron silencio y se zambulleron en sus propios pensamientos.

Por primera vez, contaban con trabajos establemente herméticos, que brindaban la posibilidad de viajes cortos, quesos franceses y ropa de marca.

A principio de año, Margarita había leído en un horóscopo que su «herida ancestral» se encontraba en proceso de curación, algo que la tenía alterada, pues no sabía que era una «herida ancestral». Había googleado días enteros en búsqueda de alguna respuesta pero todo era tan ilógico como la actual «cacería de pokemones». Se sentía de otra época, como si las vidas anteriores la estuviesen abucheando.

En cambio, el horóscopo de Mario indicaba que se encontraba en una búsqueda de su propio ser, para comprender que hay algo en él que no sufre cuando sufre y que no se enfada cuando se enfada.

Después de unos segundos, ambos se miraron y sonrieron.  Enriqueta, estiró su corto cuerpo en el regazo de su ama haciéndose un nudo.  Mario, tomo bruscamente a su mujer por ambos hombros y corrió violentamente al animal, tirándolo al suelo.  —¡Esta gata de porquería se queda acá! ¡¿Me entendiste?!

Margarita Luz de las Tinieblas, se levantó de la silla bastante mareada y al mismo tiempo como una flor amarilla que crece como el junco y es salvaje como el viento. 

Yamila Carini©

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