Archivo de la etiqueta: Yiddish

«Mayn Pulemyot», Canción antifascista de los partisanos judíos #NosotrosRecordamos

 

איך ליג לעבן פוליעמיאָט
און שעפטשע א יידישן ניגן
,ארום מיר איז אלץ שטיל
.נאר ס׳טוען די גרעזעלעך זיך וויגן

כ׳דערמאָן זיך מיין פריילעך שטעטל
ווער האָט עס ניט געקענט?
,איצט איז עס פוסט, אָן מענטשן
.אוי די שטיבער פארברענט

נאָר ס׳איז דאָ א רויטע ארמיי,
,האָט זי מיר א פוליעמ׳אָט געגעבן
שלאָג איך און שלאָג איך די דייטשן
  קעדיי אונדזערע פעלקער זאלן פריי לעבן.

אוי, איר וויסטע מענטשן–פרעסער,
אוי, איר דייטשישע באנדיטן!
היי, פולעמיאָט, ציל בעסער
זאָלסט קיין דייטש ניט אויסמיטן


«Shtil di nakht», Hirsch Glik #NosotrosRecordamos

The song “Shtil di nakht” was written by the young Vilna poet Hirsch Glik, who also wrote “Zog nit keynmol az du geyst dem letstn veg” (Never say that you are walking the final road). Glik was a member of the underground resistance in the ghetto, and wrote this song to commemorate the partisans’ first successful act of sabotage by one young woman and two young men. His lyrics focus on the heroic actions of the female partisan Vitke Kempner.
Glik survived the liquidation of the vilna ghetto and was sent to a concentration camp in Estonia.  In July 1944, shortly before the camp was to be destroyed by the Nazis in the face of the rapidly approaching Red Army, Glik and forty other prisoners managed to escape and flee to the surrounding forests.  There Glik joined up with a group of partisans, where he and all of his comrades were killed in combat with Nazi forces (see http://holocaustmusic.ort.org/places/…).

Lyrics: Hirsch Glik (1922-1944)

Shtil di nakht iz oysgeshternt 
un der frozt er hot gebrent,
tsi gedenkstu vi ikh hob dikh gelernt,
haltn a shpayer in di hent.
  
a moyd, a peltsl un a beret,
un halt in hant fezt a nagan,
a moyd mit a zametenem ponim,
hit op dem soynes karavan.
  
getsilt, geshozn un getrofn,
hot ir kleyninker piztoyl,
an oyto a fulinkn mit vofn,
farhaltn hot zi mit eyn koyl.
  
fartog fun vald aroysgekrokhn,
mit shney girlandn oyf di hor,
gemutikt fun kleyninkn nitsokhn,
far undzer nayem frayen dor.


“Ídish, el país de la palabra”, por Eliahu Toker

Cuando en 1936 tuvo lugar en Buenos Aires el Congreso Internacional de los PEN clubs, lado a lado con las delegaciones de Argentina, México, Francia, España, Bélgica o Japón, participaba un representante del "país ídish", el poeta H. Leivik.

Hoy, a más de sesenta años de aquel congreso y a más de cincuenta del establecimiento del Estado de Israel, –el Estado de los judíos, cuyo idioma oficial es el hebreo– la lengua ídish sigue siendo un país cultural sin territorio, un país de la palabra, un país que comenzó a despoblarse dramáticamente a partir del Holocausto nazi que en los años ’40 aniquiló la principal judería ídish-parlante, la de Europa Oriental.

Sin embargo nunca contó el ídish con un reconocimiento académico como el que tiene hoy en gran parte del mundo. De las humildes y populosas callejuelas de los ghettos y villorrios que lo empaparon de ternura y espiritualidad; de los hogares y ferias que le dieron sabor y olor; de los conventillos y bajos fondos que lo cargaron de picardía, el idioma ídish saltó a la cátedra de más de medio centenar de universidades, fue declarado por la UNESCO parte del patrimonio de la humanidad e incluso recibió en 1978 el reconocimiento de un Premio Nobel de Literatura en la persona del narrador Isaac Bashevis Singer. Pero en América Latina y en el mundo de habla hispana en general, el ídish sigue siendo una lengua fantasmal, o casi.

Para el Diccionario de la Real Academia Española –que recién en su última edición se decidió a eliminar las definiciones peyorativas de judío, judiada, sinagoga, cohén, etc.– el ídish sencillamente no existe. También es ignorado por el Diccionario Ideológico de J. Casares (G.Gili, Barcelona, 1942), por la Enciclopedia Barsa (Bs.As, Chicago, México, 1964) y por otros once de la veintena de diccionarios y enciclopedias consultados. Y en los que la incluyen, esa ignorancia del mundo de habla hispana respecto de la lengua ídish y de su cultura se vuelve más evidente todavía con sólo prestar atención al caos imperante, primero en la transcripción española de su nombre mismo, y luego, en su definición (1). Lo más usual es encontrarlo escrito según la grafía inglesa: yiddish , matizada por una cantidad de variantes. Es sabido que el conocimiento y reconocimiento de una persona, una cultura, una lengua, comienza por nombrarla. ¿Por qué no adoptar para el ídish una transcripción acorde con la lengua española?

Enfrentado al problema y apoyado en una serie de antecedentes y razonamientos (2) opté por la grafía ídish. Y no se trata de un debate abierto sólo en la lengua española.
En francés sucede algo semejante(3). Se diría que el ídish, este país de la palabra, sin territorio, sin ejército ni policía, sin gobierno ni legitimación política, sigue siendo una lengua irreductiblemente extraña, la extranjera por antonomasia.

Continuar leyendo