“Anhelo”, Marga Mangione

Mi alma sin religión y sin fronteras,
pide a Dios por la sangre de los muertos
y le ruega que nadie en las trincheras,
sufra dolor, congojas y tormentos.

Le pregunto a Jesús, Alá, Mahoma,
qué castigo han de darle al asesino;
al que mata desde que ele sol asoma,
porque cree que hacerlo es don divino.

¿or qué el odio de unos pocos logra tanto,
y el amor de otros siempre es ignorado?
¿Por qué siembran la muerte y el espanto,
a través de un hermano que es soldado?

No recibo respuestas a mi angustia
o tal vez no las oigo en mi quebranto…
la confianza se me ha quedado mustia,
y me pierdo en las sombras de mi llanto.

Pero aún no he perdido la esperanza,
y la elevo en el aire cual bandera
no concibo la paz con la venganza,
porque la anhelo plena y duradera.

Quiero un mundo llenito de alegría,
sin misiles, sin balas, sin metralla;
sin división musulmana o judía,
donde nadie levante una muralla.

Un lugar sin desquites ni revancha,
donde jueguen los niños sin problema,
a las escondidas, al fútbol o a la mancha
buscando que el amor sea su emblema.

En el erial que hoy destruyó la guerra,
mañana quiero campos bien sembrados,
para saciar el hambre de la tierra
con trigales maduros y dorados.

¡Amemos al igual y al diferente
desde el fondo recóndito del alma!
¡Sonriendo sin distingos a la gente,
lograremos la ansiada y dulce calma!

¡Rompamos esas sórdidas cadenas,
que nos separan de cualquier alianza!
¡Brindemos el amor a manos llenas,
y reinará en el mundo la bonanza!

Mi palabra es humilde y no pretende,
exigir que estos sean mandamientos…
La envío cual antorcha que se enciende,
para alumbrar oscuros sentimientos.

Déjala que se mezcle entre la gente,
y que penetre en todos los oídos,
que convenza de a poco y dulcemente,
hasta que invada todos sus sentidos.

Entenderán entonces que la guerra,
es el problema y jamás la solución;
si el hombre de su vida la destierra,
logrará la más excelsa perfección.

Marga Mangione©

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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