“O qué será”, Matti Caspi

ארץ טרופית משגעת
(1987)הו מה יהיה
מתי כספי
מילים ולחן: שיקו בוארקי
תרגום: אהוד מנור
קיים ביצוע נוסף לשיר זה

הוי מה יהיה מה יהיה
תגידי מה יהיה כאן איתי ואיתך
הבטיחו אגדות לי ולך לי ולך
ולא קיבלנו כלום מכל מה שהובטח
סיפרו לי על עולם בלי שום צל של ענן
סיפרו לך על נסיך וסוסו הלבן
אמרו שאהבה היא טובה היא טובה
אמרו תביט ישר בתקווה בתקווה
ואין לי שום מושג מה יהיה מה יהיה
אך בליבי אני עוד רוצה מקווה
שלא הכל אבד שנחייה כאן לעד
באושר ובעושר

הוי מה יהיה מה יהיה
תגידי מה יהיה כאן איתי ואיתך
ניסיתי לחפש את כל מה שהובטח
אך לא קרה לי נס זה סיפור לא מוצלח
ניסיתי לבקש קצת יותר קצת יותר
אמרו זה מה שיש אז תלמד לוותר
חשבתי על ביתי על אבי על אימי
חשבתי שאמשיך לחפש בעצמי
ואין לי שום מושג מה יהיה מה יהיה
אך בליבי אני עוד רוצה מקווה
שלא הכל אבד שנחייה כאן לעד
באושר ובעושר

הוי מה יהיה מה יהיה
תגידי מה יהיה כאן איתי ואיתך
הביטי איזה קור איזה גשם ניתך
מתי זה יעבור זה נמשך זה נמשך
זוכרת כל סיפור כל מילה כל מילה
חוזר על כל מילה כמו תפילה כמו תפילה
אסור להתייאש ואסור לעזוב
צריך להתעקש וצריך לאהוב
ואין לי שום מושג מה יהיה מה יהיה
אך בליבי אני עוד רוצה מקווה
שלא הכל אבד שנחייה כאן לעד
באושר ובעושר 


Nos visitan de Radio Sefarad, Stand #9

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¡Vamos, que hoy se acaba la Feria!

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Luis Bassat conversando con Fernando Martí nez-Vara de Rey y Roi Bet Levi.

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Los esperamos en nuestro Stand #9.

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“La última historia de Amor y Andrea Bauab”

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Presentación de Andrea Bauab y su nouvelle “La última historia de amor”, en la Feria Internacional del Libro de Jerusalén 2017.

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Firma de libros.

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Las letras y la música del Paraguay hoy en la Feria y a las 18:00 coloquio con Andrea Bauab

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El Secretario Consular de la Embajada del Paraguay en Israel, Sr. Fernado Allo Acevedo, acercándonos a la vida y obra del Premio Cervantes Augusto Roa Bastos, hoy en la “Feria Internacional del Libro de Jerusalén 2017”

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David Karlsberg interpretando el arpa paraguaya.

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Hoy 18:00 coloquio con la autora Andrea Bauab

LaultimahistoriadeamorAfich

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¡Ya estamos en la Feria, los esperamos! Stand #9 desde las 11:00 hasta las 23:00

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Palabras del embajador de El Salvador Sr. Warner Matías Romero, acto de entrega de ejemplares de autores salvadoreño a la Biblioteca José Camilo Cela del Instituto Cervantes de Tel Aviv.

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El embajador de España Don Manuel Gómez-Acebo durante el acto de inauguración de las “Letras iberoamericanas”.

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“La Torre de Babel Ediciones® en la Feria Internacional del Libro de Jerusalén 2017”

FERIA-JERUSALEM-2017

“Stand #9”, en el predio de la Antigua Estación del Tren,
David Remez 4, entre los días 11 al 15 de junio.

Los invitamos a conversar con  Andrea Bauab,
el día 14 a las 18:00 horas sobre
“La última historia de amor,
y la escritura atareada”

Y el día 15 a las 16:00 horas, con Roberto Sánchez Soria,
editor de
 

“Morir por la Argentina”,
¿hipótesis o teoría?

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“Fundación Caminos de Identidad”. Ruth Chaparro

FUCAI nace en 1991, cuando un grupo de 7 profesionales con experiencia académica y trabajo directo en la educación y el desarrollo social de las comunidades marginales indígenas, campesinas y urbanas marginales, observan la precariedad de los esfuerzos estatales, la progresiva concientización de las comunidades alrededor de la consolidación de una educación propia, pertinente y de calidad, y las escasas organizaciones civiles que hacían presencia efectiva en comunidades alejadas de los núcleos urbanos.

Para mayor información: http://www.fucaicolombia.org/


“Yom haShoá vehaGuevurá 2017”

YomHaShoah


“Eduardo Mendoza, Premio Cervantes 2016”

Majestades, autoridades, señoras y señores,

No creo equivocarme si digo que la posición que ocupo, aquí, en este mismo momento, es envidiable para todo el mundo, excepto para mí.

Han transcurrido varios meses desde que me llamó el señor Ministro para comunicarme que me había sido concedido el premio Cervantes y todavía no sé cómo debo reaccionar. Espero no haber quedado mal entonces, ni quedar mal ahora, ni en el futuro.

Porque un premio de esta importancia, tanto por lo que representa como por las personas que lo han recibido a lo largo de los años, no es fácil de asimilar adecuadamente, sin orgullo ni modestia. No peco de insincero al decir que nunca esperé recibirlo.

En mis escritos he practicado con reincidencia el género humorístico y estaba convencido de que eso me pondría a salvo de muchas responsabilidades. Ya veo que me equivoqué. Quiero pensar que al premiarme a mí, el jurado ha querido premiar este género, el del humor, que ha dado nombres tan ilustres a la literatura española, pero que a menudo y de un modo tácito se considera un género menor. Yo no lo veo así. Y aunque fuera un género menor, igualmente habría que buscar y reconocer en él la excelencia.

Pero no soy yo quien ha de explicar las razones del jurado ni menos aún justificar su decisión. Tan sólo expresarle mi más profundo agradecimiento y decirles, plagiando una frase ajena, que me considero un invitado entre los grandes.

En el acta que nos acaba de ser leída, se me honra mencionando mi vinculación con la obra de Cervantes. Es una vinculación que admito con especial satisfacción. He sido y sigo siendo un fiel lector de Cervantes y, como es lógico, un asiduo lector del Quijote. Con mucha frecuencia acudo a sus páginas como quien visita a un buen amigo, a sabiendas de que siempre pasará un rato agradable y enriquecedor. Y así es: con cada relectura el libro mejora y, de paso, mejora el lector.

Pero en mi memoria quedan cuatro lecturas cabales del Quijote, que ahora me gustaría recordar.

Leí por primera vez el Quijote por obligación, en la escuela. En algún sitio he leído que la presencia obligatoria del Quijote en la enseñanza no pasa de ser una leyenda urbana. Es cierto, pero toda regla tiene su excepción. En nuestro copioso surtido de planes de enseñanza, hubo, tiempo atrás, un curso llamado preuniversitario, coloquialmente “el preu”, cuyo programa era monográfico, es decir: un solo tema por cada materia. A los que hicimos preuniversitario el año académico de 1959/60 nos tocó leer y comentar el Quijote, tanto a los que habíamos optado por el bachillerato de letras como por el de ciencias. A diferencia de lo que ocurre hoy, en la enseñanza de aquella época prevalecía la educación humanística, en detrimento del conocimiento científico, de conformidad con el lema entonces vigente: que inventen ellos.

Las cosas cambian de nombre en función de la distancia. El suelo que ahora piso se llama paisaje cuando está lejos. Y cuando ya no está, se llama Geografía.

Del mismo modo, la pomposa abstracción que hoy llamamos Humanidades, antes se llamaba, humildemente, Curso de Lengua y Literatura. Y para mis compañeros de curso y para mí, aún más humildemente, la clase del Hermano Anselmo.

El colegio donde se encontraba esta clase era un edificio vetusto, de ladrillo oscuro, frío en invierno, en una Barcelona muy distinta de la que es hoy. Por las ventanas se veían las cuatro torres de la Sagrada Familia tal como las dejó Gaudí, negras de hollín y felizmente dejadas de la mano de Dios. En la clase de Literatura nos enseñaban algunas cosas que luego no me han servido de mucho, pero que me gustó aprender y me gusta recordar. Por ejemplo, la diferencia entre sinécdoque, metonimia y epanadiplosis. O que un soneto es una composición de catorce versos a la que siempre le sobran diez.

Y allí, contra aquel fiero rebaño compuesto por treinta adolescentes sin chicas que era la clase del Hermano Anselmo, arremetió lanza en ristre don Alonso Quijano el Bueno, no sé si en la edición de Riquer o en la de Zamora Vicente para la lectura, y en la desmesurada edición de Rodríguez Marín para ir por nota. Porque de esto hace mucho y el Profesor don Francisco Rico aún no había alcanzado el uso de razón.

La verdad es que don Quijote y Sancho no fueron bien recibidos. Nuestra imaginación literaria se nutría de El Coyote y Hazañas Bélicas y las sesiones dobles del cine de barrio eran nuestro Shangri-La. Pero el Siglo de Oro, francamente, no.

Hay que decir, en nuestro descargo, que en aquellos años, que Juan Marsé llamó de incienso y plomo, la figura de don Quijote había sido secuestrada por la retórica oficial para convertirla en el arquetipo de nuestra raza y el adalid de un imperio de fanfarria y cartón piedra. También, solo o con Sancho, a pie o a caballo, se vendía a la gruesa en estaciones y aeropuertos, y en muchos hogares estaba presente como cenicero, pisapapeles o apoyalibros. Malas tarjetas de visita para un aspirante a superhéroe.

Pero entonces no se iba a la escuela a jugar, sino a estudiar y a obedecer. Tampoco nos apetecía aprender de memoria los afluentes del Ebro. Y con el mismo entusiasmo emprendimos la lectura de lo que parecía ser una tortura dividida en dos partes. Como es de suponer de inmediato y casi contra mi voluntad me rendí a su encanto.

Curiosamente, lo que me fascinó entonces no fue la figura de don Quijote, ni sus empresas y sus infortunios, sino el lenguaje cervantino. Desde niño yo quería ser escritor. Pero hasta ese momento los resultados no se correspondían ni con el entusiasmo ni con el empeño. Las vocaciones tempranas son árboles con muchas hojas, poco tronco y ninguna raíz. Yo estaba empeñado en escribir, pero no sabía ni cómo ni sobre qué.

La lectura del Quijote fue un bálsamo y una revelación. De Cervantes aprendí que se podía cualquier cosa: relatar una acción, plantear una situación, describir un paisaje, transcribir un diálogo, intercalar un discurso o hacer un comentario, sin forzar la prosa, con claridad, sencillez, musicalidad y elegancia.

“Apeáronse don Quijote y Sancho y, dejando al jumento y a Rocinante a sus anchuras pacer de la mucha yerba que allí había, dieron saco a las alforjas y, sin ceremonia alguna, en buena paz y compañía, amo y mozo comieron lo que ellas hallaron”. No se puede dar una información más expresiva con palabras más sencillas y una sintaxis más limpia.

Cuál no sería mi entusiasmo que traté de compartirlo con mi padre, hombre aficionado a la literatura. Mi padre me escuchó y me respondió que sí, que bueno, pero que era mejor Lope de Vega. Hasta en eso teníamos que disentir.

Leí el Quijote de cabo a rabo por segunda vez una década más tarde. Yo ya era lo que en tiempos de Cervantes se llamaba un bachiller, quizá un licenciado, lo que hoy se llama un joven cualificado, y lo que en todas las épocas se ha llamado un tonto.

Llevaba el pelo revuelto y lucía un fiero bigote. Era ignorante, inexperto y pretencioso. Pero no había perdido el entusiasmo. Seguía escribiendo con perseverancia, todavía con pasos aún inciertos, en busca una voz propia.

Como tenía otros modelos literarios, de mayor graduación alcohólica, por decirlo de algún modo, como Dostoievski, Kafka, Proust y Joyce, en esa ocasión me atrajo sobre todo el Caballero de la Triste Figura, su tenacidad y su arrojo. Porque, salvando todas las distancias, yo aspiraba a lo mismo que don Alonso Quijano: correr mundo, tener amores imposibles y deshacer entuertos.

Algo conseguí de lo primero; en lo segundo me llevé bastantes chascos, y en lugar de deshacer entuertos, causé algunos, más por irreflexión que por mala voluntad.

Un héroe trágico nunca deja de ser un héroe, porque es un héroe que se equivoca. Y en eso a don Quijote, como a mí, no nos ganaba nadie.

Tampoco a don Quijote le salen bien las cosas. También él se equivoca en el planteamiento. Cree seguir las normas de la Caballería andante pero es un hijo de Erasmo y de la Reforma. Para él no son las leyes humanas o divinas las que determinan su conducta, sino la ética personal. Cree defender a los débiles pero defiende a los rebeldes y a los que luchan por la libertad, aunque sean delincuentes. Antepone sus deseos a la realidad, y es, en definitiva, el paradigma del idealismo desencaminado, si esta expresión no es una redundancia. Poco importa, porque “la gloria de haber emprendido esta hazaña no la podrá oscurecer malicia alguna”.

Y por eso me gustaba. Porque si Cervantes es hijo de Erasmo, yo era hijo del Romanticismo, y no me atraían los héroes épicos sino los héroes trágicos. Un héroe épico se vuelve un pelma cuando ya ha hecho lo suyo. En cambio un héroe trágico nunca deja de ser un héroe, porque es un héroe que se equivoca. Y en eso a don Quijote, como a mí, no nos ganaba nadie.

La tercera vez que leí el Quijote ya era, al menos nominalmente, lo que nuestro código civil llama “un buen padre de familia”.

Cuando emprendí esta nueva lectura del Quijote no tenía motivos de queja. Como don Quijote, había recibido algunos palos, ni muchos ni muy fuertes. Como Sancho Panza, me había apeado muchas veces del burro. Pero había conseguido publicar algunos libros que habían recibido un trato benévolo de la crítica y una buena acogida del público. Hago un paréntesis para decir que, sin quitarme el mérito que me pueda corresponder, mucho debo al apoyo y, sobre todo, al cariño de algunas personas. Y creo que sería injusto silenciar, a este respecto, la contribución especial de dos personas a mi carrera literaria. Una es Pere Gimferrer, que me dio la primera oportunidad y es mi editor vitalicio y mi amigo incondicional. La otra es, por supuesto, Carmen Balcells, cuya ausencia empaña la alegría de este acto.

En aquella tercera lectura del Quijote, descubrí y admiré el humor que preside la novela. Lo que digo puede parecer una obviedad, pero a mi juicio no lo es. Cuando el Quijote vio la luz sin duda fue recibido y leído como un libro cómico. Pero los tiempos cambian y aunque el humor es el mismo, nuestra percepción de lo cómico ha cambiado. En este sentido, en la actualidad el Quijote ha perdido buena parte de su comicidad. Visto desde mi perspectiva, los episodios jocosos no son muchos ni muy variados. Hay alguno espléndido, como el de los molinos de viento, pero el resto repiten un patrón convencional: confusión y paliza. Una parodia del estilo artificioso de las novelas de caballerías y varias intervenciones divertidas de Sancho completan el panorama. Nada de esto desmerecía a mis ojos la calidad de la obra ni rebajaba mi admiración, pero así pensaba yo.

Lo que descubrí en la lectura de madurez fue que había otro tipo de humor en la obra de Cervantes. Un humor que no está tanto en las situaciones ni en los diálogos, como en la mirada del autor sobre el mundo. Un humor que camina en paralelo al relato y que reclama la complicidad entre el autor y el lector. Una vez establecido el vínculo, pase lo que pase y se diga lo que se diga, el humor lo impregna todo y todo lo transforma.

Es precisamente el Quijote el que crea e impone este tipo de relación secreta. Una relación que se establece por medio del libro, pero fuera del libro, y que a partir de ese momento constituirá la esencia de lo que denominamos la novela moderna. Una forma de escritura en la cual el lector no disfruta tanto de la intriga propia del relato como de la compañía de la persona que lo ha escrito.

Aunque raro es el año en que no vuelva a picotear en el Quijote, con la única finalidad de pasar un rato agradable y levantarme el ánimo, lo cierto es que no lo había vuelto a releer de un tirón, hasta que la cordial e inesperada llamada del señor Ministro me notificó que me había sido concedido este premio, y por añadidura en el cuarto centenario de la muerte de Cervantes. Así las cosas, pensé que tenía el deber moral y la excusa perfecta para volver, literalmente, a las andadas.

En esta ocasión seguía y sigo estando, en términos generales, satisfecho de la vida. De nada me puedo quejar e incluso ha mejorado mi estado de salud: antes padecía pequeños desarreglos impropios de mi edad y ahora estos desarreglos se han vuelto propios de mi edad.

Sin embargo, cuando se lee el Quijote, uno nunca sabe lo que le puede pasar. En lecturas anteriores yo había seguido al caballero y a su escudero tratando de adivinar la dirección que llevaba su peregrinaje. Esta vez, y sin que en ello interviniera de ningún modo la melancolía, me encontré acompañando al caballero en su camino de vuelta a un lugar de la Mancha cuyo nombre nunca hemos olvidado, aunque a menudo lo hayamos intentado.

Alguna vez me he preguntado si don Quijote estaba loco o si fingía estarlo para transgredir las normas de una sociedad pequeña, zafia y encerrada en sí misma. Aunque ésta es una incógnita que nunca despejaremos, mi conclusión es que don Quijote está realmente loco, pero sabe que lo está, y también sabe que los demás están cuerdos y, en consecuencia, le dejarán hacer cualquier disparate que le pase por la cabeza. Es justo lo contrario de lo que me ocurre a mí. Yo creo ser un modelo de sensatez y creo que los demás están como una regadera, y por este motivo vivo perplejo, atemorizado y descontento de cómo va el mundo.

Mi conclusión es que don Quijote está realmente loco, pero sabe que lo está, y también sabe que los demás están cuerdos

Pero en una cosa le llevo ventaja a don Quijote: en que yo soy de verdad y él un personaje de ficción.

Una novela es lo que es: ni la verdad ni la mentira. El que lee una obra de ficción y no se cree nada de lo que allí se cuenta, va mal; pero el que se lo cree todo, va peor. Hoy esto es de conocimiento general. Pero el Quijote es la primera novela moderna y el pobre don Quijote no ha tenido tiempo de asimilar los cambios que él mismo trae al mundo. Al contrario, él es el primer caso certificado de lector demasiado crédulo. No es raro que se haga un lío. Y así va, hasta que un mal día, en la misma ciudad de Barcelona, donde yo habría de descubrirlo unos cuantos siglos más tarde, don Quijote visita una imprenta y allí descubre que en realidad es el protagonista de una novela. Y como ya no sabe qué hacer a continuación, da media vuelta y regresa a casa.

Lo que tampoco sabe es que su breve periplo, de poco más de un mes, no ha sido en balde.

Todo personaje de ficción es transversal. Va de lector en lector, sin detenerse en ninguno. Eso mismo hace don Quijote. Exceptuando a Sancho, todos los personajes del libro están donde Dios los puso. Don Quijote es lo contario: va de paso y atraviesa fugazmente por sus vidas. Generalmente les causa un pequeño trastorno, pero les paga con creces. Sin la incidencia atropellada de don Quijote, hidalgos, venteros, labriegos, curas y mozas del partido reposarían en la fosa común de la 9antropología cultural. Gracias a don Quijote hoy están aquí, con nosotros, tan reales como nosotros mismos y, en algunos casos, quizás un poco más.

Ésta es, a mi juicio, la función de la ficción. No dar noticia de unos hechos, sino dar vida a lo que, de otro modo, acabaría convertido en mero dato, en prototipo y en estadística. Por eso la novela cuenta las cosas de un modo ameno, aunque no necesariamente fácil: para que las personas, a lo largo del tiempo, la consuman y la recuerden sin pensar, como los insectos que polinizan sin saber que lo hacen.

Recalco estas cosas bien sabidas porque vivimos tiempos confusos e inciertos. No me refiero a la política y la economía. Ahí los tiempos siempre son inciertos, porque somos una especie atolondrada y agresiva y quizá mala, si hubiera otra especie con la que nos pudiéramos comparar.

La incertidumbre y la confusión a las que yo me refiero son de otro tipo. Un cambio radical que afecta al conocimiento a la cultura, a las relaciones humanas, en definitiva, a nuestra manera de estar en el mundo. Pero al decir esto no pretendo ser alarmista. Este cambio está ahí, pero no tiene por qué ser nocivo, ni brusco, ni traumático.

En este sentido, ahora que los dos vamos de vuelta a casa, me gustaría discrepar de don Quijote cuando afirma que no hay pájaros en los nidos de antaño. Sí que los hay, pero son otros pájaros.

Ocasiones como la presente entrañan para el premiado un riesgo inverso al que corrió don Quijote: creerse protagonista de un relato más bonito que la realidad. Prometo hacer todo lo posible para que no me ocurra tal cosa.

Vivimos tiempos confusos e inciertos. No me refiero a la política y la economía. Ahí los tiempos siempre son inciertos, porque somos una especie atolondrada y agresiva y quizá malaPara los que tratamos de crear algo, el enemigo es la vanidad. La vanidad es una forma de llegar a necio dando un rodeo. Es un peligro que no debería existir: mal puede ser vanidoso el que a solas va escribiendo una palabra tras otra, con mimo y con afán y con la esperanza de que al final algo parezca tener sentido. La tecnología ha cambiado el soporte de la famosa página en blanco, pero no ha eliminado el terror que suscita ni el esfuerzo que hace falta para acometerla.

Por lo demás, al que se echa a los caminos la vida le ofrece recordatorios de su insignificancia. Hace muchos años, cuando yo vivía en Nueva York, quedé en un bar con un amigo, ilustre poeta leonés. Como vimos que la camarera que nos atendía era hispanohablante, probablemente portorriqueña, cuando vino a tomarnos la comanda nos dirigimos a ella en castellano. La camarera tomó nota y luego nos preguntó si éramos franceses. Le respondimos que no. ¿Qué le había hecho pensar eso? Oh, dijo ella, como habláis tan mal el español… En su momento, esta anécdota nimia me produjo una gran alegría que nunca se ha disipado. Porque comprendí que habitaba un mundo diverso, rico, divertido y con un amplísimo horizonte. Y que todas las lenguas del mundo son amables y generosas para quien las quiere bien y las trabaja.

Y aquí termino, repitiendo lo que dije al principio. Que recojo este premio con profunda gratitud y alegría, y que seguiré siendo el que siempre he sido: Eduardo Mendoza, de profesión, sus labores.


“Kadish por Carli”, Juan Zapato

kadish

a Carlos Slepoy Prada Z”L

 

¡Oh Señor!
¡Qué putada!
Que necesitás ahora,
en esta hora
de este Hombre a Tu lado.
Por ser sabedor de su Tikún Olám:
buscar la Justicia en este Mundo,
que no es la ley de los hombres.

Él que ha luchado contra el Mal que tiene nombre:
Amalek o Videla, Amán o Pinochet, el mismo Franco.

Ahora,
en esta hora
la labor continúa.
Que no levanten la copa los tiranos,
que al Juicio,
Carlos aportará las pruebas
y Tú, la condena.

Perdona mis palabras si suenan profanas,
pero Tú me conoces.
Soy hombre, soy débil, tengo bronca
y por ello se me encoje el corazón
y amargas son mis lágrimas
y desgarro mi prenda.
    Baruj Ata, Adonai,
    Eloheinu, Melej Haolam,
    Dayán Emet.

Tené en cuenta mi plegaria por su alma,
sabés que nunca pido por mí,
sí por los míos
y Carli es de los nuestros.

¡Oh Señor!
¡Qué putada!
¿Seguirá habiendo diez hombres justos?

Juan Zapato© Israel, 18 de abril de 2017.


“Anoten bien su nombre: Carlos Slepoy, el abogado de los Derechos Humanos”, Olga Rodríguez

Carlos Slepoy

 

Los teléfonos de muchos familiares de víctimas de la dictadura argentina, chilena o española echaban humo esta noche con mensajes de condolencia. Se ha ido Carlos Slepoy -Carli para los amigos- un abogado valiente y perseverante, impulsor de la querella argentina contra los crímenes del franquismo, abogado de la acusación popular en el juicio contra Pinochet o contra el exmilitar argentino Adolfo Scilingo, participante también en los juicios contra los dictadores Ríos Montt o Videla.

Anoten bien su nombre. Quizá no sea objeto de homenajes oficiales ni de luto institucional, pero Carlos Slepoy trabajó por la justicia universal, por la memoria y por las víctimas de las dictaduras mucho más que algunos Estados democráticos incapaces de escarbar en su pasado. Puede que alguno de ustedes le viera alguna vez en una protesta contra la impunidad del franquismo, o a las puertas de la Audiencia Nacional, celebrando con las víctimas de la dictadura chilena o argentina.

Anoten bien su nombre, porque se trata de un hombre valiente. Un hombre que supo de la naturaleza de los regímenes represores, no solo porque ejerció como abogado especializado en estos asuntos, sino porque él mismo sufrió la dictadura argentina. Fue encarcelado dos semanas antes del golpe de Estado argentino, en marzo de 1976, y pasó por varias prisiones antes de ser condenado al exilio.

Aquí en España, ya como abogado, un policía ebrio le pegó un tiro por la espalda en 1982, hiriéndole gravemente. Las secuelas de aquellas heridas le persiguieron de por vida y le condenaron a pasar parte de su tiempo en silla de ruedas. Pero ni eso, ni los compañeros desaparecidos en Argentina, ni los obstáculos encontrados en su empeño por defender los derechos humanos le hicieron desistir:

“La vida de una persona, su memoria, [sonreía haciendo hincapié en la palabra memoria] influye mucho en lo que hace”, decía.

Los ojos de Carli, llenos de verde y de vida, chispeaban con fuerza cuando hablaba de los derechos humanos y de la necesidad de la justicia universal. Sus trabajos en los juicios contra Pinochet, contra el exdictador de Guatemala o contra el exmilitar argentino Adolfo Scilingo, al que la justicia española condenó a 1.084 años de prisión por crímenes contra la humanidad, le valieron reconocimiento internacional.

Las paradojas de la vida le llevaron hace unos años a recorrer el camino inverso a su exilio: de Madrid a Buenos Aires, para interponer allí una querella contra los crímenes del franquismo que sigue viva a día de hoy y que ha devuelto dignidad y esperanza a muchos familiares de las víctimas.

“Presentamos esta querella como consecuencia de la escandalosa paralización de los procedimientos judiciales en España”, explicaba entonces. Entre los acusados en la misma se encuentran el torturador “Billy el Niño”, Martín Villa o el suegro de Gallardón.

Los últimos años de Slepoy se centraron en recoger testimonios, documentar y trabajar con y para las víctimas del franquismo y sus familiares. En su casa madrileña acumulaba archivos, informes, datos. Tenía el optimismo no del ingenuo, sino del militante que sabe que para recorrer el camino es preciso creer en la posibilidad de un final productivo. Una vez le pregunté por ello en su casa:

“Como todo el mundo, tengo sinsabores en estas historias. Aún así, en la medida en que uno siente que aporta no necesita una especial cuota de energía”, respondió con evidente humildad, porque es mucha la fuerza precisa para hacer lo que él hacía.  Hace un tiempo me pidió que le ayudara a crear una cuenta en Twitter. Cuando le pregunté qué foto poner, me dijo: “Escoge una en la que esté sonriente, que está bien que a uno le vean contento”. Tenía la sonrisa de quien se sabe del lado de la humanidad. 

Denunció siempre que el obstáculo para juzgar el franquismo en España no es judicial, sino político, y mantuvo la esperanza en que algún juez español anulara algún día la ley de amnistía para juzgar los crímenes de la dictadura:  “Yo creo que en algún momento eso va a ocurrir, empezará a haber jueces que se atrevan, porque la ley de amnistía no puede amparar crímenes contra la humanidad. (…) En España hubo una planificación para perseguir a determinados grupos de la sociedad, para dar origen a un país diferente. Y lo consiguieron en gran medida. Eso es un genocidio”. 

El historiador estadounidense Howard Zinn escribió que las incontables pequeñas acciones de la gente desconocida son las que llevan a grandes momentos de cambio histórico. No hay duda de que las incontables acciones de Carlos Slepoy han contribuido a un futuro con espacio para los derechos humanos y la justicia.

La última vez que lo vi, hace unos meses, ya enfermo, mientras le preguntaba por cuestiones de salud en su casa, él me respondía con nuevas ideas que tenía para dar fuelle a la querella argentina. 

Carli nos deja muy huérfanos, pero con la certeza de que son muchos los que recogerán su testigo y proseguirán el trabajo en defensa de los derechos humanos, para que la historia no repita sus capítulos más siniestros. Como él mismo diría, con ese brillo en los ojos, quizá mañana podamos preparar una nueva acción que nos lleve a un nuevo camino para terminar con la impunidad, porque el reloj continúa. Sigues entre nosotros, Carli. Cuánto te queremos.

Olga Rodríguez© Fuente: http://www.eldiario.es/zonacritica/Anoten-Carlos-Slepoy-Derechos-Humanos_6_634196612.html


“Otoño Porteño”, Astor Piazzolla

 

Guitar: 1976 Miguel Rodriguez ‘Churchdoor’ (http://tinyurl.com/hzobg5q)
Here’s Rupert Boyd playing Astor Piazzolla’s Otoño Porteño on a beautiful 1976 Miguel Rodriguez ‘Churchdoor’ from the Russell Cleveland Collection that had belonged to Celin Romero and John Dearman. Recorded at the Guitar Salon International showroom in Santa Monica, CA.

)


“Kertész y Celan: un diálogo entre Kaddish por el hijo no nacido y Fuga de muerte”, Judit Gerendas

Paul Celan

Uno de los poetas que más hondamente ha marcado la literatura y la cultura del siglo XX es Paul Celan. A los veintidós años, siendo estudiante de literaturas románicas en una universidad de Rumanía, fue llevado a un campo de trabajo, en tanto que sus padres, judíos de alta cultura, fueron deportados a un campo de exterminio, de donde nunca regresaron.

Sobrevivió a la guerra, pero no a la convicción de que su vida no le pertenecía, de que podía ser trasladado de un lugar a otro, obligado a dejar su vocación y  trabajar como una bestia, sin ninguna  retribución, o ser exterminado como una alimaña, sin motivo racional alguno, solo por ser definido como el otro, el judío, algo de lo cual él nunca estuvo consciente. Luego de dejar una obra poética magistral, Paul Celan no pudo seguir soportando la obtusa presencia del mundo y se suicidó a los cincuenta años. De entre toda su obra, tan valiosa, el poema más conocido y más frecuentemente citado es el escalofriante “Fuga de muerte” (“Todesfuge”), escrito en 1948 y publicado en el volumen Amapola y memoria, de 1952.

Me voy a permitir transcribirla completa, en traducción de Jesús Munárriz:

Leche negra del alba la bebemos al atardecer
la bebemos al mediodía y a la mañana la bebemos de noche
bebemos y bebemos
cavamos una fosa en los aires allí no hay estrechez.

En la casa vive un hombre que juega con las serpientes que
    escribe
que escribe al oscurecer a Alemania tu cabello de oro Margarete
lo escribe y sale a la puerta de casa y brillan las estrellas silba
    llamando a sus perros
silba y salen sus judíos manda cavar una fosa en la tierra
nos ordena tocad ahora música de baile.

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana y al mediodía te bebemos al atardecer
bebemos y bebemos
un hombre vive en la casa tu cabello de oro Margarete tu cabello
    de ceniza Sulamita él juega con serpientes.

Grita tocad más dulcemente a la muerte la muerte es un amo de
    Alemania
grita tocad más sombríamente los violines luego subiréis como
    humo en el aire
luego tendréis una fosa en las nubes allí no hay estrechez.

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía la muerte es un amo de Alemania
te bebemos al atardecer y a la mañana bebemos
y bebemos la muerte es un amo de Alemania su ojo es azul
te alcanza con bala de plomo te alcanza certero
un hombre vive en la casa tu cabello de oro Margarete
azuza sus perros contra nosotros nos regala una fosa en el aire
acosa con las serpientes y sueña la muerte es un amo de
    Alemania
tu cabello de oro Margarete
tu cabello de ceniza Sulamita1.

El poeta habla de todos los seres humanos pertenecientes a la cultura de su personaje, Sulamita, los cuales han sido atrapados y serán víctimas de un crimen inenarrable, indecible, una shoah, es decir, una catástrofe que desteje el tejido de lo que consideramos la cultura humana. Para hablar de ello, el poeta convoca al máximo representante del humanismo alemán y, quizás, de toda la cultura occidental, al menos  de una cierta época: a Goethe, el autor de ese personaje femenino de cabellos de oro que da un paso y sale del Fausto, esa magnífica obra, para enfrentarla a la Sulamita de cabellos de ceniza, la cual también, con sus pasos, sale de un clásico de la cultura occidental, del Cantar de los Cantares,  conocido como del rey Salomón, texto en el cual la bella y erótica muchacha, protagonista de la historia de amor que ahí se nos cuenta, no tiene los cabellos de ceniza, es una joven morena, rosa de Sarón, lirio de los valles.

La ceniza es esparcida por el viento y viene de las chimeneas de los hornos crematorios, donde Sulamita se convertirá en humo, sus cenizas se perderán en medio de las nubes, no tendrá un entierro, no tendrá una tumba, ni una urna, sus descendientes no podrán honrarla ni hacer el duelo por ella, como es norma dentro de la ley humana, de la cultura que tiene sus rituales de vida y de muerte;  estos últimos ayudan a elaborar el dolor, forman parte del proceso de duelo con el que la psique humana integra dentro de sí el hecho de la muerte, intentando reparar la devastación sufrida mediante los ritos propios de su cultura.

Pero el pueblo que solo toma leche negra día y noche, leche de muerte, leche de exterminio, no tendrá derecho ni siquiera a una fosa dentro de la tierra, algo que Paul Celan expresa con la reiterada imagen de la sepultura en el aire, esas tumbas que las propias víctimas del próximo exterminio están cavando en los aires.

Quizás nunca nadie había llegado tan lejos en la poetización del horror como Celan. El poema adquiere su grandeza al asumir la forma de la fuga, en su sentido musical, composición abierta construida sobre la figura de la repetición de sus múltiples temas (o de la polifonía de sus voces), una incesante reiteración que se dispara hacia el infinito, no tiene cierre, como no tienen tumba que los encierre las víctimas de la shoah. El tema se va desplazando, hasta perderse en las fosas que se cavan en el aire, en la nada, humo y ceniza que se dispersa en el universo, fuera del mundo humano, dando cuenta del quiebre del humanismo, ahí cerca de Weimar, la ciudad de Goethe, en el campo de concentración de Buchenwald (Bosque de las hayas), aunque ahí no había hornos crematorios, lo que no obsta que pueda considerarse símbolo de ese quiebre, situado como está frente a la ciudad de Weimar, la que está sobre la colina de Ettersberg, donde se yergue el Castillo de Ettersburg, el lugar en el cual trabajó Goethe más de cien años atrás, en obras que se convirtieron en piedra fundamental del clasicismo europeo, del humanismo que se haría trizas en Auschwitz, en Buchenwald, en Mauthausen, en tantos otros campos del horror.

El contrapunto entre Margarete y Sulamita, entre los cabellos de oro de la una y los de ceniza de la otra, también corresponde a la composición de la fuga.  Las repeticiones en el poema se presentan con variaciones y en distintos tonos, en el desarrollo de ese obsesivo tema que tampoco se cierra, se pierde en el infinito, en el cosmos helado e inhabitable.

“Fuga de muerte” es una de las poesías más significativas del siglo XX,   capaz de formular en palabras originales, no desgastadas ni sentimentales, una situación límite, la cual, en correspondencia con lo insoportable de su decir, adquiere una forma poética a su vez insoportable en sus terribles reiteraciones, todo lo cual, articulado, da origen a un magistral poema. De la cicatriz que no se cierra, como calificó el estudioso húngaro-alemán Péter Szondi a la poesía de Celan, habla el escritor mexicano José María Pérez Gay,  doctor en filosofía germanística, como de

la cicatriz de nuestro tiempo. No niegan la dignidad del miedo, ni el consuelo de la confianza. Es la suya una poesía ardiente, brotada de la vida y el diálogo del hombre con el mundo. (…) Hay amapolas y memoria, urnas y arena, tallos y lámparas. (…) Celan es un poeta que ha dejado un rastro de fuego en la lengua alemana2 .

Paul Celan escribió “Fuga de la muerte” en 1948. Veintidós años después se suicidó en París, lanzándose al Sena desde un puente. La simbolización de su inconsciente lo llevó a esa fuga de la muerte dentro de una materia que, aunque no era una fosa en el aire, era un líquido, las aguas de un río en las que tampoco cabe una fosa que se corresponda con la ley humana (tan antigua como Antígona y su historia, o más), que encierra al cuerpo muerto dentro de la solidez de la tierra. No se puede cavar en el río, el cual corre sin cesar en su fuga indetenible hasta desembocar en la vastedad del mar. Pero la realidad no es simbólica, es factual, y el cuerpo de Celan fue recuperado de las aguas días después de su muerte y enterrado en un cementerio de París.

Imre Kertész

Veinte años después del suicidio de Celan, otro sobreviviente de la shoah, el Premio Nobel húngaro Imre Kertész publica en 1990, en su idioma, su magistral libro Kaddish por el hijo no nacido, el cual a su vez se constituye en una fuga de muerte, en constante diálogo con el poema de Celan. Ya el epígrafe mismo pertenece al poema que hemos estado asediando, esta vez en otra traducción, muy sugestiva:

. . .  tocad más sombríamente los violines
luego subiréis como humo en el aire
luego tendréis una fosa en las nubes
allí no hay estrechez

Paul Celan, Fuga de la muerte3.

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“Filigranas con origen del papel fabricado en la villa de Capelladas”, Rafael León Portillo

 

“Le filigrane, empreinte laisée en creux dans la feuille de papier par un ornament en fil de métal fixé sur la forme, est, de toutes les particularités qui différencient les papers, la plus importante”.
Ch.M. Briquet. Les Filigranes

El recuerdo de ese trayecto, que hice siete años atrás con una amiga enferma, reaparece por momentos como una filigrana por detrás de estas imágenes de ahora. Pero es propio de la filigrana no ser visible sino cuando se coloca la hoja a contraluz y a pleno día. El resto del tiempo, no nos damos cuenta de que está ahí.

Marguerite Yourcenar
Una vuelta por mi cárcel

‘CAPELLADAS’ / CAPELLADES

En otro lugar1 reproduje una selección de las etiquetas adheridas a los embalajes de papel, que tomaría de Carátulas papeleras. Siglos XVIII-XX, obra de Isabel Gaig y Victòria Rabal2, admirable conservadora ésta última del museo instalado en el viejo molino harinero comunal, el molí de la vila de Capelladas3, aunque, con seguridad, ella habría dicho y hecho constar “Capellades”, en catalán, sin perjuicio de que muchas de esas carátulas —y, desde luego, todas las que yo reproduje— digan “Capelladas” y de que el libro a que nos referimos esté escrito en español 4.

Pero yo reconozco que el nombre de aquella villa puede ser “Capellades” porque indudablemente le asiste el derecho a designarse como le venga en gana. Aunque igualmente reconozco que, escribiendo en español, decir “Capellades” es un despropósito y una cursilería semejante a la que se producirá si, hablando en español, dijésemos London, Firenze o Köln para referirnos a Londres, Florencia o Colonia (que no son designaciones oponentes sino el resultado de una larga evolución y adaptación a esta lengua que compartimos con Cataluña y que sólo por mero arcaísmo poético llamamos castellano, por más que no lo sea). Proceder así sería algo tan insoportable como decir Gerona, Lérida o Tarragona hablando o escribiendo en catalán. Pero allá cada uno.

El despropósito, de todos modos, es menos insufrible conforme el topónimo tenga menor relevancia y arraigo. “Capelladas”, aunque sólo sea el nombre de una villa modestísima, se ha venido registrando y exportando sistemáticamente así, al menos desde el XVIII. Por citar sólo algunos documentos de los que ya me he ocupado con cierta extensión, recordemos que los excepcionales privilegios concedidos por Carlos III a los Guarro en 1735 (confirmados en 1749), citan expresamente a “Capelladas”; que la consulta hecha en 1779 por la Junta General de Comercio a “los Guarros y Capelladas” vuelve a hacer igual referencia, y que la respuesta a esa consulta (firmada nada menos que por papeleros que se apellidan Guarro, Romaní, Ferrer, Ferreres, Soteras y Romeo) se data en “Capelladas”; que don Carlos Beramendi, comisionado por Carlos IV en 1791, vuelve a citar la villa de ese modo en la relación de su viaje; y que el cartapacio llamado Libro de varios planos y máquinas (constituido por planos e informes de en torno a 1760), por abreviar la relación, citan igualmente la villa como “Capelladas”. Frente a esa unanimidad textual, quienes en el Principado han ido publicando esos documentos transcriben con igual unanimidad, y sin previa advertencia, “Capellades”.

Desde luego, cuando se habla de la historia del papel en Cataluña, Capelladas constituye una referencia de privilegio, aunque ese nombre viene mitificándose, más en beneficio del museo molino —según creo— que de la propia Historia. Baste pensar que la Guía oficial de aquella institución declara que “Capellades ya era reconocido en el siglo XIII como pueblo papelero” y que “a mediados de ese siglo el papel de esta población era exportado a Italia, Egipto, Grecia, Bizancio y otros muchos lugares importantes del Mediterráneo”, todo lo cual contrasta con el hecho de la desconcertantemente tardía elaboración catalana de papel que en ningún modo fue anterior a 14445.

A la difusión del nombre de Capelladas contribuyó no solo su extraordinaria actividad fabril (los dieciséis molinos papeleros que se alimentaban del agua de su balsa —hoy desdichadamente seca6— encabezados por el actual museo molino y los de su comarca, y su comercio favorecido por el emplazamiento de esa villa en el Camino Real de Madrid a Zaragoza y Barcelona), sino también el hecho de que se generalizase la denominación “Capelladas” para referirse al papel “Salustio” o “Suplido” sin consideración del lugar en que se fabricara efectivamente. Frente a esos orígenes magnificados de la elaboración del papel en la villa, el propio Oriol Valls hubo de reconocer, finalmente, que “hasta el siglo XVII poco o nada se sabe de la fabricación del papel en Capellades”7.

Y mitificación ha sido igualmente referirse a una supuesta calidad excepcional de sus fabricados. Recuérdese el juicio, generalmente desfavorable, que ese papel iba mereciendo a los expertos de la Real Junta General de Comercio en sus periódicos exámenes a partir de 1765 8.

Paralelo al caso de las carátulas que aparecen en las maculaturas o papel de envolver que se ha dicho al comienzo, y que se reparten ambos modos de denominación, es el caso de las marcas al agua que pueden apreciarse en el papel envuelto, y las líneas que siguen van a detenerse un momento en esa diversidad, para lo que —un tanto desordenada y caprichosamente— pudiéramos establecer con ellas los tipos que a continuación se ensayan:

filigranas1

En el tipo que podemos designar como A9 la lectura es inequívoca. En el levantamiento que se reproduce, sus caracteres, de manera independiente cada uno de ellos, debían estar ya a disposición del proveedor, como están los tipos móviles en las cajas de imprenta, dispuestos para aplicarlos a cualquier composición, a cualquier nombre, y ello explica la difusión de esa caligrafía clásica en el mundo de las marcas y contramarcas.

Dentro de la natural variedad gráfica, el tipo B es el contrapuesto al anterior. El hilo se ha llevado de manera que sólo podría aplicarse al nombre que nos ocupa, y se ha escrito con un trazo continuo en evitación de que al rematarse cada letra o grupo de letras pudiese levantarse y herir al papel recién formado. En el ejemplar reproducido parece mostrarse el vacilante residuo de una lectura anterior: una especie de visera desciende del tramo horizontal superior de la última E (muy diferente de la primera E, que parece una F), como queriendo enlazar con el tramo horizontal intermedio. Y desde el tramo horizontal inferior, que se interpreta como superpuesto a la línea que une todas las letras, se alza una puntera que se ha interpretado como rasgo final de la S en que acaba el nombre. Todo ello quizás —sólo quizás— tienda a apuntar a una escritura CAPELLADAS.

Mayor rareza representa el tipo C, con interpunción10 entre las dos primeras sílabas y las dos siguientes, CAPE.LLADES, y en el que se aprecia una segunda L casi vergonzante y como en letra voladita, lo que nos pone a un paso de su desaparición11, según ocurrirá ya en D. Es posible que, en ambos tipos, el filigranador tomara la palabra como un nombre compuesto (siempre con base en capellus) y, dado que el catalán medieval palataliza automáticamente la ele inicial de una palabra (cfr. llet/ leche, lluna/ luna, y tantas más), hasta el punto de que no era necesario indicar en la escritura la doble ele (como en español no se duplica al principio de la palabra la ere o erre para indicar que ésta es fuerte), el punto de la interpunción permitía leer /capellades/. (En catalán, la elle fue tomada posteriormente del castellano, cuando se introdujeron las voces cultistas con ele inicial, lo que obligaba a distinguir entre los dos posibles sonidos iniciales de una palabra).

Más curioso es el tipo E, donde se lee CAPELLADENS, y que quzás no sea sino una mera analogía con Castelldásens, literalmente “Castell d’ases” (“de asnos”)12, donde se cumple un curioso plural irregular, incorrecto en el catalán normativo, pero frecuente por aquel contorno, aplicado a palabras como àsens (“asnos”), térmens (“términos”), que da nombre a una población), hòmens (“hombres”), còvens (“cuévanos”) y algunos más, cuyos plurales correctos serían ases, termes, homes, coves…, pero el recuerdo del latín se mantiene, inconscientemente, en el habla popular. Es muy probable que la vacilación entre el plural irregular de Castelldàsens y el regular de Capellades indujera ese Capellàdens, a todas luces incorrecto.

El tipo que hemos considerado como F se reduce a ostentar la última E de manera inscrita en la D. Sin embargo es muy posible que, para quien no apreciara esa E inscrita, el rótulo que constituye nuestro tipo G dijera, sencillamente, CAPELLADS creyendo que reproducía el anterior, y mantuviese la misma omisión de espacio entre la D y la S. Por ello, o quizás por una reflexión previa, el tenaz mantenimiento de este tipo representa el decidido propósito de no optar entre la vocal del plural castellano y la del catalán.

Un tipo que pudiéramos señalar como H es el que ofrece lo que indudablemente creo que es una A inscrita en la D, Porque la abertura de sus pies ha impedido que la D alcance a cerrarse, y porque para ser una E le falta el trazo horizontal inferior que caracteriza a esta letra13. Otras aes en las que su travesaño no llega a cerrarse —lo que quzás fuese motivo de escrúulo para la lectura que se propone— pueden verse en las marcas con sobrada frecuencia. El propio Valls las trae en su Historia, con referencia a Cataluña, indicadas con los números 26, 36, 58, 59, 70 A, 81 A y B, y 85, por citar sólo algunas.

Por fin, llamaré Y y Z a los CAPELLADAS de lectura indudable que se traen aquí, reservando todo el resto no ocupado del alfabeto para los tipos suficientemente caracterizados por alguna particularidad con que pueda seguir encontrándome. Es probable que una lectura con el plural en español no haya sido infrecuente, pero que quienes habitualmente levantan las filigranas tiendan a leer en ellas lo que creen estar seguros de que allí dice. Las Y y Z que ahora nos ocupan son de Joseph Soteras, el mismo que firma en 1779 —con cinco más— el dictamen antes aludido y que es respuesta a la consulta que la Junta General formuló a los “Guarros y Capelladas”14.

filigranas2

Valls da dos filigranas de Joseph Soteras, ambas del Archivo Notarial de Olot, una de ellas15 con su emblema aunque sin más inscripción que el apellido, por lo que me abstengo de reproducirla16; pero la otra17, con el propio emblema y, entre dos círculos concéntricos, la inscripción “FABRICA DE JOSEP SOTERAS, CAPELLADAS”, con la primera E inscrita en la P y un breve corazón como interpunción, tras el apellido. Por tales características la marco como Y. Y reservo la Z para el rótulo prácticamente idéntico que se ofrece en el Dictionary de Labarre, “FABRICA DE JOSEPH SOTERAS DE CAPELLADAS”, sin que la E se inscriba en la P18.

 


1. “Historia y leyenda. La Guía del Museo de Capelladas”, en Se trata del papel, SPICUM, Málaga 2001.

2. Alier, Barcelona 1986.

3. Ciertamente y de modo transitorio, trabajó en dos ocasiones como molino papelero (poco antes de la mediación del XIX, en la primera, y hasta 1919 en la segunda) y aún puede verse, a suelo descubierto, una parte de sus instalaciones: las primitivas pilas, que se soterraron al instalarse sobre ellas las pilas holandesas. Tampoco es excesiva su antigüedad: “el edificio ya existía como molino papelero mediados del XVII”, dice la Guía. Y añade que “fue ampliado en 1754 según consta en la dovela del arco de piedra que da entrada al museo”. Pero es portada, con su inscripción, procedía de un edificio de Moià de donde se llevó al actual emplazamiento cuando se iniciaron sus trabajos de escenografía. Todo el propósito de esa Guía es acreditar la antigüedad de la instalación, u así dice que la maqueta de marfil allí exhibida quizá represente la antigua disposición del molino, pero la realidad es que reproduce el molino de Pau Vidal (en cuya casa había estado expuesta siempre sobre una consola) y que se adquirió por 17.000 ptas. en un anticuario de Tarragona. Seguiremos inútilmente esperando una nueva redacción de la Guía en la que, al menos, se omitan las fábulas de la que está vigente. No es preciso que diga toda la verdad, pero sí que sea verdad todo lo que diga. Y una nueva edición de la misma, en la que su sobrecubierta de papel hecho a mano sea elaboración del propio museo molino, y no —desconcertantemente— un producto de Munné, S.A.

4. Según la razonable persuasión local, el topónimo se forma a partir del lat. tardío capella, en el sentido de “oratorio, capilla”, por referencia a las grandes hornacinas que la riera de Anoia va excavando en sus altas riberas próximas a Capelladas, y especialmente el bien conocido capelló que hay en sus afueras. (Pero véase ‘capilla’, aunque también ‘capillo’, en el Dic. crítico etimológico de Corominas).

5. Véase MADURELL i MARIMON, El paper a les terres catalanes… Barcelona 1972, p. 29.

6. En realidad lo único que se perdería si dejasen de suministrarle agua de un modo artificial sería una parte del show, porque el árbol de levas de aquel museo no es una prolongación del eje de la rueda hidráulica (como puede verse en el plano que figura en la Guía), de manera que sus mazos se han accionado siempre por un motor eléctrico. Pero es que, además, el papel no se hace allí de unos trapos que picasen esos mazos sino de línters de algodón tratados en la pila holandesa.

7. HPE II 68.

8. Véanse “Valoración de muestras catalanas de papel a mediados del siglo XVIII”, de José Luis Asenjo, en ITP 18 1968, y Rafael León, “Las Ordenanzas de 1791”, en Papeles sobre el papel, Universidad de Málaga, Málaga 1997. Aunque hubo también sus excepciones egregias como las que se reconocieron —y ya hemos aludido parcialmente a ellas— a los Romaní de Capelladas y a los Guarro de la Pobla de Claramunt, declarando Reales Fábricas a sus molinos. Naturalmente Oriol Valls silencia esas bajas calificaciones al referirse a Cataluña en su Historia del papel en España. Pero también fue Real Fábrica —entre tantas más— la de Santhorell, en Huesca, y a nadie se le ocurre citar hoy sus papeles. Y recuérdese que en la Serranía de Ronda hubo una Real Fábrica de Hojalata.

9. La marca A, de 1816, es un calco de Mª Dolores Díaz de Miranda y otra; la B, de 1794, es de José Luis Lasanta; la C, de 1780, que se atribuye Valls, es de Bofarull, según Sánchez Real; la D, de 1763, es de Carmen Rodrigo y otras; E, F y G, de 1795, 1825 y 1825 igualmente, son las tres de Ángela Aldea. Todas ellas figuran en las actas del II, IV y V Congreso de la HHP.

10. Se trata de la interpunción que es característica en los papeles españoles del XVIII, un corazón, según E.J. Labarre en su Dictionary (vide infra), p. 352, líns. Penúltima y última.

11. Corominas ha mostrado cómo algunos catalanes del medievo, escribiendo —incorrectamente— en castellano, ponían palabras como lanto y análogas.

12. Castelldàsens (Castra asinorum en la documentación medieval) ha cambiado de nombre para evitar las previsibles burlas y ahora se llama Castelldans, es decir, “Castillo de antes” o “antiguo”.

13. Valls, HPE III 251.

14. Una de las carátulas que ofrecí en el lugar antes indicado y en la que se lee “Capelladas” era de Romaní y Soteras.

15. Núm. 107, de 1778, en su HPE II 253.

16. Gonzalo Ganoso, en su Historia del papel en España, ofrece otras dos filigranas de J. Soteras, con los núms. 246 y 247 del vol. III (Lugo, 1994), pero igualmente sin mencionar la villa.

17. Núm. 107, de 1764, en la p. 252 del mismo volumen.

18. El calco del modelo que aquí reproducimos, y que se data en Madrid 1773, aparece con el núm. 179 en la p. 353 del Dictionary and Encyclopaedia of Paper-Making de E.J. Labarre, 2ª ed. Su referencia en ese libro puede verse en p. 348 líns. 10-11: “Marks of Catalan paper include those of Soteras of Capelladas: eagle with sun etc. in a circular band”. Otras filigranas de Soteras, sin texto o al menos sin citar el nombre de la villa, pueden verse en III AHHP 210 y en IV 331, respectivamente levantadas por Ángela Aldea Hernández y Amparo García Cuadrado.

Fuente: http://arsfluentes.es/ddiseno/ddiseno-4/documento7.htm


“Shnei Shoshanim”, Kedem Ensemble

Talya G A Solan – voice
Zhubin Kalhor – kamanche
Antonello Messina – accordion
Omri Hason – percussion
Video: Tim Duerig
Mix: Nitzan Peri
Produced and recorded by Omri Hason – http://www.omrihason.ch

אנסמבל קדם – שני שושנים
באנסמבל קדם משתפים פעולה מוזיקאים מאיראן, ישראל, איטליה ושוויץ.
הביצוע של האנסמבל ל”שני שושנים” קלאסיקה ישראלית של יעקב אורלנד ומרדכי זעירא מביא את השיר לקדמת הבמה הבינלאומית ומעניק לו גוון אתני ג’אזיסטי.
ז’ובין קלהור – קמנצ’ה
טליה ג.סולאן – שירה
אנטונלו מסינה – אקורדיון
עמרי חסון – כלי הקשה והפקה מוזיקלית
טים דואריג – צילום ועריכה.

Shnei Shoshanim (Dos rosas)

I’ll sing you an ancient song,
I’ll sing you a tune about a rose
A song from way back when
two roses, two roses.
It was long ago that day,
one was white, the other red.
Children of one garden, like two brothers,
grew leaves, grew thorns.
The time came, the morning a pale shade
the white opened its eyes,
the evening came and the day went down
the red one closed its eyes.
And in the nights, in the nights
winds blew in them slightly.
How they sprouted until one rose,
the hand that picked one rose,
and it isn’t known until today –
the white or the red.


“Holocausto”, lecturas para comprender el presente, Juan Zapato

En el marco del
“Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto”.

“Holocausto”,
lecturas para comprender el presente
.

Disertación del escritor israelí Juan Zapato
sobre las obras
“El rescoldo”, de Sara Strassberg-Dayán
y “El último día”, de Mina Weil,
autoras israelíes contemporáneas.

 

  • 26 de enero 19:00 hs.
    Librería GIL, Plaza Pombo, Santander.
  • 27 de enero 19:00 hs.
    Centro Cívico La Bolsa – Palacio John, Casco Viejo de Bilbao.
  • 31 de enero 20:00 hs.
    Hotel México, Rúa del Norte 10, Vigo.


“Gabinetes espaciales”, Juanse

Gabinetes espaciales,
donde la gente va,
los que llegan de la tierra,
esos son los más…
ah…

Algunos saben,
porque lloran…
y algunos quieren,
ver la aurora…

Gabinetes espaciales,
flotando sin razón…
Circos de polietileno,
para ver el sol…
oh…

Y en navidad todos se juntan,
y explotan bombas en la luna…

Gabinetes espaciales,
donde la gente va,
los que llegan de la tierra,
esos son los más…
ah…

Algunos saben,
porque lloran…
y algunos quieren,
ver la aurora…


“Promo 100”

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Precio especial de ₪ 100 (cien nuevos shekels israelíes o su moneda local, incluye envío gratis), por la adquisición de un ejemplar de “Fractales de Plenilunio” y otro de “La última historia de amor”.

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“La fée”, Dominique Abel, Fiona Gordon, Bruno Romy

La comedia burlesca nació con los primeros días del cine. Las andanzas de sus protagonistas, generalmente solitarios, vagabundos, al margen de la sociedad pero con un enorme corazón, conquistaron al público desde su aparición y permitieron a sus actores convertirse en las primeras estrellas internacionales.

Charles Chaplin, Buster Keaton y Harold Lloyd, los tres maestros del género, abrieron el camino a un sinfín de imitadores, con mayor o menor inspiración, hasta hoy, con un pico de calidad en el fabuloso actor Jacques Tati. Sus gags de persecuciones, tropiezos, meteduras de pata, equivocaciones, trompazos y sentimentalismo fueron perdiendo, poco a poco, público, pero aún conservan fieles seguidores y la comedia actual no oculta su poderosa influencia.

Sin embargo, el burlesco puro es tan complicado de obtener que sólo una alta concentración de creatividad y energía conduce a un buen resultado sin pasar por el ridículo. Esta película es un excelente ejemplo de un inagotable baúl repleto de gags, situaciones y diálogos dignos de la época dorada del género.

El típico cuento del hada que concede tres deseos se convierte en manos de estos alocados belgas en un regalo para la vista. Actualización obligatoria para adaptarlo al gusto del siglo XXI, el castillo se convierte en un hotel de Le Havre (ciudad últimamente muy de moda en las pantallas, Tournée o el último film de Aki Kaurismäki), el príncipe es el portero de noche, el reino la barra de un bar, el caballo una bicicleta…

El ritmo se acelera y de las sonrisas iniciales se pasa a la carcajada general al final de la película. Los actores están increíbles en este film tan visual: expresivos al límite y capaces de implicarse en una actuación, por momentos, extraordinariamente física. Un embarazo instantáneo, un camarero miope, un coro femenino de jugadoras de hockey, un bebé a punto de desplomarse del rótulo del hotel o la persecución más lenta de la historia del cine son momentos gloriosos para los espectadores que aprecian la poesía surrealista e imprevisible de la existencia humana y sus tribulaciones.

Fuente: http://cine-invisible.blogs.fotogramas.es/2011/10/17/el-hada-la-fee-belgica-2011/

Título original : La fée (The Fairy)
– Año _ 2011 – Duración : 93 min. – País : Francia
– Director : Dominique Abel, Fiona Gordon, Bruno Romy
– Guión : Dominique Abel, Fiona Gordon, Bruno Romy
– Reparto : Dominique Abel, Fiona Gordon, Philippe Martz, Bruno Romy, Vladimir Zongo
– Productora : Coproducción Bélgica-Francia
– Género : Comedia. Drama. Fantástico
– Premios : 2011: Festival Internacional de Hampton: Premio del Jurado


“Mario y sus Paradise Birds”, Yamila Carini

“Mario y sus Paradise Birds”, Yamila Carini 

La última vez que Margarita Luz de las Tinieblas se detuvo a mirar el «horizonte»,Mario, su marido, rompió el equilibrio.  —Marga… ¿y si nos vamos a Indonesia?

La mujer, de unos treinta años, se encontraba tomando té frío en el balcón junto a Enriqueta, una gata persa que admiraba a su dueña con ojos de búho, característicos en esa especie de peludos. El felino movió la vista lentamente agitando su majestuosa cabellera y en un pestañeo tajante, cerró el ojo izquierdo en forma de guiño.  Su ama se reacomodó en la silla.  Ella seguía observando el «horizonte»,o sea, el balcón del edificio de enfrente; cuando súbitamente recordó el significado de su nombre: «Margarita, nombre griego que significa perla, popularmente llamado aquella que no arriesga». Esta definición estaba adherida en su memoria, pero para sus adentros, su nombre significaba: «flor amarilla que crece como el junco y es salvaje como el viento».Eso se repetía cuando escaseaba  el aire en la oficina, y a veces, al mirar las góndolas del supermercado.

—Eso queda en Asia ¿no gordo?

—Sí ¡sí!  Es el lugar que muestran en la televisión, con esos pájaros multicolores que tienen hilos en vez de alas –el hombre tomó un gran sorbo de aire- picos invertidos y ojos fluorescentes… ¿te acordás?  ¡Los paradí-se berds!

La mujer sonrió con cierta picardía en sus ojos. —Paradise birds —corrigió.

En el macetero del vecino la albahaca crecía como los tréboles, los tomates cherry comenzaban a asomar sus amarillentos cuerpos y la menta estaba llena de hojas puntiagudas con olor a chicle.

En cambio, las petunias de Margarita se habían secado poco a poco y solamente quedaba un helecho en pie, el cual era alimentado por la lluvia.   

Paradise birds— repitió en voz baja y la gata suspiró tan profundo que a Mario le dio un ataque silencioso de celos.  No le gustaba para nada esa complicidad que se enredaba entre el animal y su mujer.  Lo caratulaba secretamente como «incestuoso».Compartir el amor con sus futuros hijos lo asustaba, pero de seguro lo sentiría razonable…  Ahora, los sistemáticos suspiros y ronroneos a dúo le molestaban casi como cuando su equipo erraba un gol, así de tanto.

Ambos guardaron silencio y se zambulleron en sus propios pensamientos.

Por primera vez, contaban con trabajos establemente herméticos, que brindaban la posibilidad de viajes cortos, quesos franceses y ropa de marca.

A principio de año, Margarita había leído en un horóscopo que su «herida ancestral» se encontraba en proceso de curación, algo que la tenía alterada, pues no sabía que era una «herida ancestral». Había googleado días enteros en búsqueda de alguna respuesta pero todo era tan ilógico como la actual «cacería de pokemones». Se sentía de otra época, como si las vidas anteriores la estuviesen abucheando.

En cambio, el horóscopo de Mario indicaba que se encontraba en una búsqueda de su propio ser, para comprender que hay algo en él que no sufre cuando sufre y que no se enfada cuando se enfada.

Después de unos segundos, ambos se miraron y sonrieron.  Enriqueta, estiró su corto cuerpo en el regazo de su ama haciéndose un nudo.  Mario, tomo bruscamente a su mujer por ambos hombros y corrió violentamente al animal, tirándolo al suelo.  —¡Esta gata de porquería se queda acá! ¡¿Me entendiste?!

Margarita Luz de las Tinieblas, se levantó de la silla bastante mareada y al mismo tiempo como una flor amarilla que crece como el junco y es salvaje como el viento. 

Yamila Carini©