«El guardapolvo blanco», Mina Weil

Te invitamos a conocer toda la historia en «El último día» el libro.
Un relato de amores naturales y violencias incomprensibles, de bruscos crecimientos y envejecimientos prematuros.
No hay en él rencor o estridencias, sino una dolida denuncia y, sobre todo, la apretada nostalgia que desea recuperar y preservar, mediante la palabra amorosa, lo que nunca debió perderse del modo en que se perdió.

DATOS DEL LIBRO
Título: «El último día»
Autora: Mina Weil
Género: Novela
Nº de páginas: 160 págs.
Encuadernación: Tapa blanda con solapas.
Interior: Blanco y negro.
Papel 100% ecológico.
Tamaño: 150 x 210 mms.
Peso: 268,14 grs.
Lengua: Castellano
ISBN: 978-965-91073-2-2
Precio: En España 18 €
En Israel ₪ 75
El precio incluye gastos de envío.
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«El origen del Primero de Mayo, Rosa Luxemburgo»

1-de-mayo

La feliz idea de instaurar un día de fiesta proletaria para lograr la jornada laboral de ocho horas nació en Australia, donde ya en 1856 los obreros habían decidido organizar un día completo de huelga, con mitines y entretenimiento, como una manifestación a favor de la jornada de ocho horas. Se eligió el 21 de abril para esa celebración.

Al principio los obreros australianos pensaban en una única celebración, aquel 21 de abril de 1856. Pero como esa primera celebración tuvo un efecto muy fuerte sobre las masas proletarias de Australia, animándolas con ideas agitadoras, se decidió repetirla todos los años.

Efectivamente: ¿Qué podría proporcionarles a los trabajadores más coraje y fe en su propia fuerza que un paro masivo, decidido por ellos mismos?

¿Qué podría proporcionarles más valor a los eternos esclavos de las fábricas y de los talleres que el reconocimiento de su propia gente?

Por eso, la idea de una fiesta proletaria fue rápidamente aceptada y comenzó a extenderse de Australia a otros países, hasta conquistar finalmente todo el mundo proletario.

Los primeros en seguir el ejemplo de los obreros australianos fueron los norteamericanos. 

En 1886 se fijó el 1º de mayo como el día de la huelga universal. Ese día, 200.000 trabajadores abandonaron sus lugares de trabajo y exigieron la jornada laboral de ocho horas. Más tarde, la policía y el hostigamiento legal impidieron por muchos años la repetición de esa gran manifestación.

Sin embargo, en 1888 restablecieron su decisión y fijaron el 1º de mayo de 1890 como el día de la siguiente celebración.

Mientras tanto, el movimiento obrero en Europa se había fortalecido notablemente.  La expresión más poderosa de este movimiento ocurrió en el Congreso Internacional Obrero de 1889. En ese Congreso, al que asistieron 400 delegados, se decidió que la jornada de ocho horas debía ser la primera reivindicación. El delegado de los sindicatos franceses, el obrero Lavigne de Burdeos, propuso difundir esa reivindicación en todos los países mediante un paro universal. El delegado de los trabajadores estadounidenses llamó la atención de sus camaradas sobre la decisión de ir a la huelga el día 1º de mayo de 1890, por lo que el Congreso fijó esa fecha para la fiesta proletaria universal.

Los obreros, al igual que treinta años antes en Australia, pensaban solamente en  una única manifestación. Ese 1º de mayo de 1890 el Congreso había decidido que los trabajadores de todos los países se manifestarían juntos por la jornada de ocho horas. Nadie había hablado de repetir la celebración en años siguientes. Naturalmente, nadie podía predecir el enorme éxito que tendría esa idea ni la rapidez con que sería adoptada  por la clase obrera. Sin embargo, fue suficiente celebrar el 1º de mayo tan sólo una vez para que todos comprendieran y sintieran que debía convertirse en una institución anual y permanente.

El 1º de mayo significaba establecer la jornada de ocho horas. Pero aún después de haber logrado este objetivo, ese 1º de mayo no fue abandonado. Mientras continúe la lucha de los obreros contra la burguesía y la clase dominante, mientras todas las exigencias no hayan sido satisfechas, el 1º de mayo continuará siendo la manifestación anual de esos reclamos. Y cuando lleguen días mejores, cuando la clase obrera del mundo haya logrado su objetivo, es probable que la humanidad entera también celebre el 1º de mayo, honrando las amargas luchas y los sufrimientos del pasado.

Rosa Luxemburgo
(febrero 1894)

Fuente: https://www.marxists.org/deutsch/archiv/luxemburg/1894/02/maifeier.htm


«72 años del Estado de Israel»

Independence Scroll

Eretz-Israel (Tierra de Israel) fue el lugar de nacimiento del pueblo judío. Aquí toma forma su identidad espiritual, religiosa y política. Aquí obtuvieron por vez pri mera un Estado, crearon valores culturales de importancia nacional y universal y aportaron al mundo el Libro de los Libros.

Después del exilio forzoso de su tierra, el pueblo mantuvo su fe a través de su dispersión y no cesó de orar y de anhelar la vuelta a su tierra y la restauración en ella de su libertad política.

Empujados por estos lazos históricos y tradicionales, los judíos se esforzaron a través de las generaciones en establecerse de nuevo en su antigua tierra. En las últimas décadas volvieron en masa. Pioneros «mapilim» (inmigrantes que van a Eretz-Israel desafiando la legislación restictiva) y defensores hicieron florecer el desierto, re vivir la lengua hebrea, construyeron pueblos y ciudades, y crearon una comunidad próspera controladora de su propia economía y cultura, amante de la paz pero sabiendo defenderse, aportando los bienes del progreso a los habitantes de todos los países, y aspirando a una nación independiente.

En el año 5657 (1897), en el requerimiento del padre espiritual del Estado Judío Theodor Herzl, el Primer Congreso Sionista convino y proclamó el derecho del pueblo judío a su renacimiento nacional en su propio país

Este derecho fue reconocido en la Declaración de Balfour de 2 de noviembre de 1917, y reafirmado en el Mandato de la Liga de las Naciones que en concreto sancionó la conexión histórica entre el pueblo judío y Eretz-lsrael y el derecho del pueblo Judío a rehacer su Casa Nacional.

La catástrofe que recientemente padeció el pueblo judío —la masacre de millones de judíos en Europa— fue otra demostración clara de la urgencia de la resolución de este problema de falta de hogar mediante el restablecimiento de Eretz-lsrael como Estado judío, que abriría ampliamente las puertas de su tierra a cada judío y daría al pueblo judío el status de pleno reconocimiento con miembro de la Comunidad de naciones.

Los supervivientes del holocausto Nazi en Europa, así como los judíos de otras partes del mundo, continuaron emigrando a Erezt-lsrael superando las dificultades, restricciones y peligros, y nunca cesaron de afirmar su derecho a una vida digna, libre y honrada en su tierra nacional. Durante la Segunda Guerra Mundial, la comunidad judía de este país participó plenamente en la lucha entre las naciones que defendían la libertad, paz y amor contra la maldad de las fuerzas nazis, y con la sangre de sus soldados y su esfuerzo militar ganó el derecho a figurar entre los pueblos fundadores de las Naciones Unidas.

El 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución proclamando el establecimiento del Estado judío en Erezt-Israel; la Asamblea General solicitaba la adopción por los habitantes de Eretz-Israel de todas las medidas necesarias para la ejecución de esta resolución. El reconocimiento del derecho del pueblo judío a establecerse en su Estado, hecho por las Naciones Unidas, es irrevocable.

El derecho es el derecho natural del pueblo judío de ser dueños de su propio destino, como todas las naciones, en su propio Estado soberano.

En conformidad, nosotros miembros del Consejo del Pueblo, representantes de la comunidad judía de Eretz-Israel y del Movimiento Sionista estamos aquí reunidos en el día del final del mandato británico sobre Eretz-Israel y, en virtud de nuestro derecho natural e histórico y la fuerza legal de la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas por la presente declaramos el establecimiento del Estado Judío en Eretz-Israel, que será conocido como Estado de Israel.

Declaramos que, con efecto desde el momento de la terminación del Mandato que será esta noche, vísperas del Sabat, el 6 Iyas 5708 (14/15 de mayo de 1948), antes del establecimiento de las autoridades del Estado regularmente elegidas de acuerdo con la Constitución que deberá adoptarse por la Asamblea Constituyente elegida no más tarde del 1 de octubre de 1948, el Consejo del Pueblo actuará como Consejo Provisional del Estado, y su órgano ejecutivo, la Administración del Pueblo, será el Gobierno Provisional del Estado judío, llamado Israel.

El Estado de Israel estará abierto a la inmigración judía y a la recogida de los exiliados, fomentará el desarrollo del país para el beneficio de todos sus habitantes, estará basado en la libertad, justicia y paz como lo preveían los profetas de Israel, asegurará la total igualdad de derechos sociales y políticos a todos sus habitantes, sin consideración de religión, raza o sexo; garantizará la libertad de religión, conciencia, lengua, educación y cultura, protegerá los lugares sagrados de todas las religiones y será fiel a los principios de la Carta de las Naciones Unidas.

El Estado de Israel está dispuesto a cooperar con las agencias y representaciones de las Naciones Unidas para ejecutar la resolución de la Asamblea General de 29 de noviembre de 1947, y adoptará todas las medidas necesarias para la unión económica de todo Eretz-Israel

Apelamos a las Naciones Unidas para que ayuden al pueblo judío en la construcción de su Estado y para que reciban al Estado de Israel en el comité de Naciones.

Apelamos en medio del ataque emprendido contra nosotros desde hace meses a los habitantes árabes del pueblo de Israel para que conserven la paz y participen en la construcción del Estado, en las bases de ciudanía plena e igual y representación correspondiente en todas sus instituciones provisionales y permanentes.

Extendemos nuestra mano a todos los Estados vecinos y a sus gentes y ofrecemos paz y buenas relaciones, y apelamos a ellos para el establecimiento de puntos de cooperación y ayuda mutua con el pueblo judío establecido en su propia tierra. El Estado de Israel está dispuesto a hacer todo lo posible en un esfuerzo común para el progreso de Oriente Próximo.

Apelamos a todo el pueblo judío de la Diáspora para que colabore junta con los judíos de Eretz-Israel en la labor de inmigración y de construcción y para que estén unidos a ellos en la gran lucha por la realización del sueño de los tiempos la redención de Israel.

Poniendo nuestra confianza en el Todopoderoso firmamos esta declaración en esta sesión del Consejo de Estado provisional en la tierra de nuestro hogar, en la ciudad de Tel-Aviv, en visperas del Sabat del día 5 de Iyar, 5708 (14 de mayo de 1948).

David Ben Gurion


«Guernika 26 de abril de 1937»

Guernica

La tarde del 26 de abril de 1937 tuvo lugar uno de los episodios más salvajes y tristes de la Guerra Civil española: el bombardeo de Guernica. 

Aquel día, lunes, día de mercado habitual, la ciudad, con apenas una población de 5000 personas, estaba especialmente concurrida. Hacia las cuatro de la tarde, los aviones de la Legión Condor alemana y la Aviazione Legionaria italiana aparecieron en el cielo.

Las primeras bombas explosivas e incendiarias cayeron junto al puente de Renteria y en la estación de trenes, arrasando después toda la ciudad en un ataque que duró más de tres horas. 

Aunque posteriormente se dijo que el objetivo de la operación era una simple voladura de un puente, el hecho real es que tanto el puente en cuestión como una fábrica de armas, situada a las afueras de la ciudad, resultaron intactos. 

La destrucción alcanzó niveles tan grandes que el incendio provocado por el bombardeo no se pudo apagar hasta varios días después. 

A pesar de que los servicios de propaganda del general Franco negaron lo ocurrido, la crónica del periodista británico George Steer, corresponsal de The Times, que se encontraba presente en Guernica, daría la vuelta al mundo. «Por la forma de su ejecución y la magnitud de la destrucción causada, así como por la selección de su objetivo, la incursión en Guernica no tiene paralelismo en la historia militar», escribía. 

El bombardeo de Guernica fue el primer ataque aéreo indiscriminado contra una ciudad indefensa y su población civil, y ha pasado a ser símbolo internacional de las atrocidades de la guerra. 

Se calcula que aproximadamente un tercio de los habitantes murieron en los ataques, pero lo cierto es que aún en la actualidad no se conocen con exactitud el número de bajas. 

Pocas semanas después del bombardeo, Pablo Picasso comenzaría a crear el enorme mural conocido como Guernica, pintado entre los meses de mayo y junio de 1937, y que hoy, además de ser considerada una de las obras más importantes del arte del siglo XX, es un icono de los terribles sufrimientos que la guerra causa en los seres humanos. 

“Gritos de niños, gritos de mujeres, gritos de pájaros, gritos de flores, gritos de vigas y de piedras, gritos de ladrillos, gritos de muebles, de camas, de sillas, de cortinas, de vasos…” todo ellos se podían escuchar en la que tal vez sea la obra de arte más triste de la historia. 

Fuente texto: https://www.muyhistoria.es/

Foto: Centro de Documentación sobre el Bombardeo de Guernica. Fundación Museo de La Paz de Guernika


«Los que sobran», Javier Obregón Gómez

Losquesobran

Es estos tiempos difíciles se me hace presente el recuerdo de la lectura del libro de Götz Ally, historiador alemán, que lleva por título «Los que sobraban. Historia de la eutanasia social en la Alemania nazi.1939-1945». Escribo ahora desde mi casa. No tengo el libro, ni apenas notas para precisar y detallar lo que leí hace unos años de un libro esclarecedor en cosas que apenas sabía.

Los nombres, los datos concretos de personas e instituciones cuando aparecen, hoy, en los distintos medios de comunicación apenas los retengo; se me olvidan con rapidez, pero muchas de sus opiniones que escucho y leo me perturban cuando no me indignan, y más cuando entreveo cierta aquiescencia por parte de un gran número de personas con lo que allí se dice. Y es que muchos de ellos en un lenguaje muchas veces sesgado, pero sin rubor, una y otra vez hacen llegar su mensaje tenebroso y lo explicitan. Son sin lugar a dudas postmodernos. Los ancianos y los mayores sobran en este tipo de sociedad repiten una y otra vez y lo fundamentan con argumentos distintos; no merecen atención ni cuidado alguno y más en estos tiempos difíciles. Son un estorbo para los más jóvenes concluyen casi todos en sus razonamientos. Dejarlos morir es lo que mejor podemos hacer en una vida que para ellos ha sido longeva.

Göt Ally sitúa su libro en los inicios de la Segunda Guerra Mundial. Enfermos incurables, débiles mentales, epilépticos o discapacitados… eran eliminados. Camionetas grises del Aktion T34 los llevaban a clínicas y centros especializados donde tras un corta estancia los dejaban morir, los asesinaban. Sobraban. Todos eran bocas improductivas, «vidas que no merecían la pena de ser vividas». Murieron más de 200.000 alemanes con la colaboración de muchos médicos y familiares. La pureza racial y las necesidades del estado no podía soportar los gastos y cuidados de esta población dependiente, marginada, cuando las prioridades eran distintas centradas en la guerra que se avecinaba. Faltarían recursos. No es, concluye el historiador alemán, una denuncia más de los crímenes del nazismo, sino situar los acontecimientos en la responsabilidad colectiva de la sociedad alemana.

El nazismo fue vencido, sus ideas desaparecieron y concita en la población un rechazo casi generalizado Pero en tiempos de crisis, como he señalado, hay hoy, también, grupos de personas, como hace unos 90 años, que piensan que muchos sobran, y en estos casos no son los que sobran sólo judíos, ni gitanos ni débiles mentales como lo fueron el programa de exterminio de la Alemania nazi. Los que sobran como diría Götz Ally es un sector de nuestra población, nuevo, marginado y olvidado que lo conforman básicamente gente de edad avanzada a los que no se les quiere atender, no se les presta la atención debida y para quienes los medios que se asignan son cada vez menores en un estado que tampoco, en opinión de muchos, no puede detraer recursos para esa población que ahora ya es improductiva.

El recuerdo de lo que nos pasó hace pocos años está ahí y de reactivarse sigue siendo igualmente peligroso como lo fue antes

Javier Obregón Gómez©


«Los tres jazanim», Berson, Schwartz and Zelermyer,


«Shajar habekashja», Light in Babylon/Shlomo Ibn Gabirol

שַׁחַר אֲבַקֶּשְׁךָ צוּרִי וּמִשְׂגַּבִּי
אֶעְרֹךְ לְפָנֶיךָ שַׁחְרִי וְגַם עַרְבִּי
לִפְנֵי גְדֻלָּתְךָ אֶעְמֹד וְאֶבָּהֵל
כִּי עֵינְךָ תִּרְאֶה כָל מַחְשְׁבוֹת לִבִּי
מַה זֶּה אֲשֶׁר יוּכַל הַלֵּב וְהַלָּשׁוֹן
לַעְשׂוֹת וּמַה כֹּחַ רוּחִי בְּתוֹךְ קִרְבִּי
הִנֵּה לְךָ תִּיטַב זִמְרַת אֱנוֹשׁ עַל כֵּן
אוֹדְךָ בְּעוֹד תִּהְיֶה נִשְׁמַת אֱלֹהַּ בִּי

 

Este poema es uno de los poemas de la «Autoridad para el alma» compuesta por el gran poeta y filósofo del siglo XI, Rab Shlomo Ibn Gabirol,

El piut se abre con una marca de tiempo, al amanecer, el tiempo que conduce a la diferenciación de la luz, que recrea las cosas y les da volumen, forma y cuerpo.

Al clarear, el poeta elige preguntarle a Dios, saliendo de la incertidumbre nocturna y aún sin alcanzar el amanecer completo, la luz que aclarará las cosas, las aclarará y las distinguirá como lo hicieron desde el principio.

La vocación de la canción y su nombre coinciden maravillosamente con el momento en que se canta. Amanecer de ti, dice el poeta y pide permiso para presentarse ante su Creador.

Al amanecer, en las horas de oscuridad y luz, los judíos de Alepo y del norte de África cantan esta canción, una especie de encuentro entre el hombre y su alma, él mismo, el hombre y su Dios. Este permiso es una canción en la que la experiencia religiosa, la declaración de fe, aparece con toda su fuerza. Es una canción gloriosa para Dios, una especie de poema dedicado al poeta, quien declara al final de «el mejor canto del hombre / oda el primer día», cuando vence el primer día y por primera vez. El piut también enfatiza el «beneficio» que un cantante humano puede causar a Dios, para que se sienta cómodo. Una especie de favor mutuo. Es una canción de fe sublime y completa.

#MeQuedoEnCasaDespiertaTusSentidosLeyendo


«Esperanza», Juan Zapato

esperanza

Esperanza de descubrir una llave blanca que no quiera darse vuelta.
Un cristal inocente envuelto en una palabra abierta.
Un barrilete fugitivo que un día remontó a un niño.
Esa sortija inmóvil que amanece en un boleto.
Un reloj amnésico parpadeando frente a un espejo.
Un cielo extendido posando su nariz sobre la superficie de las olas.
Esa poesía muda interpretando a dos cuerpos.
Una estrella dibujada destellando a una escalera.
Un ave de arena a la que le crecieron ramas.
Ese sueño de almohada que descansó recordando.
Un sonido de la naturaleza al que nombraron melodía.
Una página rota conteniendo recuerdos de la vida.
Esa nube de ensueño marcando surcos en tus manos.
Los latidos del fuego consumiendo a los ardores.
Mil mariposas que desvelaron al tiempo.
Un planeta utopía que disipó las miserias de los hombres.
Una mirada de frente, hablarnos
En cenizas curarnos y ser luz del Universo.

Juan Zapato©


«¡Madre, vende el azafrán!», Gregorio García García

EL AZAFRÁN EN ESOS LUGARES DE LA MANCHA…

La rosa del azafrán
triste visita nos hace,
cuando nace el sol saldrá
a morirse con la tarde.

azafránEl azafrán en esos lugares de la Mancha, de cuyos recuerdos guardo en mi alma y nunca voy a olvidarme. No era cultivo de poderosos y ricos terratenientes, dado la gran cantidad de mano de obra que necesita y el especial cuidado que su cultivo requiere. Ellos, no todos, solo algunos arrendaban tierras que, se dividían en parcelas de un celemín (cuatrocientos sesenta y siete metros cuadrados), cobrando un alto precio por el arriendo a obreros, pobres enfermos o con alguna minusvalía física. Estos no podían trabajar siempre por cuenta ajena, por la dureza salvaje de algunos trabajos del campo, como por ejemplo: el destajo de la siega o hacer hoyos para viñedos y olivos, por eso cultivaban el azafrán, porque nadie les imponía ningún ritmo ni exceso siendo dueños de sus propias tareas. Aunque las ganancias no eran muy rentables, teniendo en cuenta la cantidad de horas dedicadas en su cultivo y recolección. En la monda colaboraba toda la familia de la casa, incluidos niños y los más mayores también, ajenos que se les pagaba en azafrán con la cuarta parte de lo que mondaban.

De los años sesenta a los noventa, su cultivo se generalizó más entre obreros del campo y pequeños agricultores y también albañiles y peones de la construcción que, al no tener trabajo en esta zona de la Mancha, debido a su precario desarrollo (intencionado) que, en años atrás no consintieron los poderosos terratenientes ricos, para tener mano de obra barata y disponible siempre al alcance de sus manos. Unos tuvieron que emigrar, otros si querían trabajar tenían que desplazarse todos los días a Madrid y a otras lejanas ciudades, saliendo a las cuatro y media de la madrugada y regresando a sus casas a altas horas de la noche. Con los consiguientes gastos y riesgos que esto les originaba que, podrían calcularse en un treinta y cinco por ciento de merma en su salario y mucho más con la moda que llego a generalizarse, de los intermediarios del trabajo, llamados «pistoleros», con los perjuicios que de estos se derivan (hoy parecen ser especie protegida), aparte de las penurias y el no poder gozar ni disfrutar de sus hijos. Cultivando el azafrán en sábados y domingos les ayudaba a sacar su familia adelante.

Hasta el año 2011 han trascurrido dos décadas, de casi su total desaparición, debido a innumerables causas de crisis y burocráticas. Parece ser que en estos tiempos, la Junta de Comunidades de Castilla la Mancha, está poniendo los mecanismos y ayudas para su nuevo renacimiento en la región.

azafrán1El azafrán en las familias obreras pobres, era necesario para poder sobrevivir, criar y casar a los hijos, comprar un solar para después hacer la casa, reformarla o comprar algún mueble. Era parte de nuestra necesaria economía y también nuestra cultura. El azafrán no es un producto agrícola más, sino que también este forma parte de nuestro patrimonio histórico y cultural de la región y debe de ser conservado y además protegido.

¡MADRE, VENDE EL AZAFRÁN…!

¡Madre, vende el azafrán!
que anoche mondando rosa
mi novio encima la mesa
me dijo que soy preciosa.

¡Madre, vende el azafrán!
que con sus besos de miel
entre suspiros me dijo
que me casara con él.

¡Madre, vende el azafrán!
que casarme yo requiero
que en el trabajo del campo
se muere pobre el obrero.

¡Madre, vende el azafrán!
prepara pronto mi boda
que mi novio tiene casa
y los muebles a la moda.

¡Madre, vende el azafrán!
que mi novio tiene mulas
también viñas y olivares
y dos galeras muy chulas.

¡Madre, vende el azafrán!
cómprame el ajuar que espero
que en el banco mi Manolo
tiene guardado dinero.

¡Madre, vende el azafrán!
que la miseria es martirio,
siendo obrera paso hambre,
con mi novio es un delirio.

¡Madre, vende el azafrán!
que en lo que digo no miento
que me parece que tengo
en el vientre alumbramiento.

¡Madre, vende el azafrán!
es tanto lo que le quiero
que con el quiero vivir
y por tenerle me muero.

Gregorio García García©

El poema expone una realidad del pasado aún latente en los que todavía la recordamos. Pudiera ser que algunos conceptos las nuevas generaciones no lo entiendan del todo. De los cuatro personajes del poema el principal no sale a escena. Aunque la hija para el padre fuera la niña de sus ojos… algunas cosas que ella cuenta a su madre en aquellos tiempos no se solían contar a un padre. Aparentemente en un principio, parece ser que a nuestra joven protagonista, por ser su novio de una clase social más alta solo le moviera el interés. Aunque para ella era un buen logro el salir de la miseria que la envolvía. Pero lo que de verdad pretende, porque esta locamente enamorada, es convencer a su madre, como era tradición, una vez conseguido esto, entre las dos convencer al padre sería pan comido.


«Identidad vs. diversidad», Jimena Escalante

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Yo soy la persona menos adecuada para hablar de identidad. Y por varias razones.
La primera: De niña crecí en un lugar singular: un edificio donde los habitantes componíamos una geografía única. Mis vecinos no eran cualquier cosa. Eran -en su mayoría- exiliados de distintas partes del mundo y, también, de distintas ideologías.

Frente a la ventana de mi cuarto se veía la ventana de una anciana. Era alemana y loca. Todas las tardes -a la misma hora- gritaba un monólogo inteligible en alemán y sin armonía. Nosotros, los niños, interpretábamos que eran las historias que ella había vivido con los nazis. La primera vez que escuché la palabra «nazi» ya tenía cara: la de una anciana. Me obsesioné con ella, la observaba en secreto, hasta que se dio cuenta y decidió arrojarme objetos: su plancha, sus zapatos, ceniceros… la palabra «nazi» tenía para mí una emoción en su significado: furia.

Mis mejores amigas eran mitad mexicanas–estadounidenses. También eran bipolares. Una pelirroja y otra rubia. Cuando se peleaban hablaban en inglés; de modo que el aprendizaje de mi segundo idioma se aceleró gracias a ellas, sólo por el morbo de saber qué dicen unas hermanas que pelean. El país vecino no era para mí un mapa en el libro de la escuela; eran ellas, la cara de mis amigas bipolares.

Admiraba a las novias chilenas de mis hermanos, que fueron sus primeras novias, y en realidad no eran hermanas, eran medio hermanas. Hijas de un escritor que cambiaba de mujer cada década y, por eso, ellas se acomodaban tan bien con mis hermanos. Las cuñadas chilenas me enseñaron mis primeros coqueteos con la feminidad; por lo que siempre agradecí al país Chile la forma en que se dicen secretos a los novios o se deben rizar las pestañas o cómo, hasta hoy, me pinto los labios.

Mi segunda madre era argentina. Segunda madre porque me adoptó: era una famosa actriz que ya veía en mí el gusto por el drama. Su hija, la única hermana que he tenido y ya no tengo era, obvio, argentina. Me cayó del cielo una hermana argentina. Así que, de pronto, me volví erudita en marcas de dulce de leche, caras y nombres de futbolistas y acepté a muchos parientes que nunca supe quiénes fueron ni lo sabré. La mitad de la semana dormía en mi casa «auténtica», y la otra mitad dormía en mi casa «adoptada», con mi otra madre y mi otra hermana. Me enseñaron a amar a la familia, aunque no esté a tu lado.

Mi primer enamorado era francés–mexicano. Los padres de mi enamorado tenían en su departamento una pequeña Francia: moverse en el interior de esa casa era como visitar otra ciudad, otro idioma, otros sabores, otros gustos, otras conversaciones, más libertades. Ah… a todos los niños nos gustaba ir a esa «Francia» donde podíamos quedarnos despiertos toda la noche -entre otras libertades prohibidas en la infancia- y comer chocolate a lo bestia.

En la esquina del edificio había una repostería libanesa. El dueño, un pastelero muy sexy, además de hacer unos dedos de novias exquisitos –supongo que gracias a las múltiples novias que tenía en la cuadra-, leía el Corán a quien tenía tiempo de tomarse un café turco con su pastelito. Era musulmán y su cultura árabe nos cautivó a muchos. Leía cuentos de Rumi, fue mi precoz contacto con el sufismo.

Había en el edificio un sector muy importante de catalanes. Muy gritones y peleoneros. Se vestían de negro. Recuerdo algunas parejas de homosexuales. Una adolescente marimacha. Y al poeta alcohólico. Imposible olvidar a toda la población de comunistas. Imposible olvidar a los hippies y el olor a marihuana. Imposible olvidar al gitano con su oso bailarín que pernoctaban en la cantina; un lugar prohibido porque era oscuro y me daba miedo.

También teníamos vecinos judíos. Muchos de ellos ancianos. Pero sus nietos, que venían de visita, se hicieron amigos de nosotros; todos esos niños que moríamos por probar sus sopas, pues los olores de sopa que salían de sus casas eran únicos. Una mujer inglesa, un tanto aburrida, tenía un negocio de estambres y daba clases de tejido, a las que íbamos las niñas. Imposible olvidar a las hermanas polacas que usaban minifaldas y cada vez que salían de su casa algunas ventanas se poblaban de caras de hombres que, casualmente, se asomaban para ver cómo estaba el clima. Había una familia de Sonora y la madre hacía unas tortillas de harina suculentas. Una familia de mujeres otomíes trabajaban en diversos departamentos y entre ellas hablaban otomí.

Además de vecinos… tenía padres. Mi madre es española. Los domingos la pasábamos en la casa de mis abuelos, exiliados de la Guerra Civil. Esas comidas eran todo un recorrido por los refranes que aún hoy me son útiles: «me cago en la leche de los mexicanos», «que muera Franco», «aquel es más feo que pegarle a Dios» y «las cosas son claras y el chocolate espeso». Mis abuelos, tíos y toda la familia española nunca dejaron España: aunque vivieron años en México, sus hábitos, creencias y lenguaje no llevaron el ritmo de la realidad. Vivían en una complicada anacronía, que nunca mejoró.

En cambio, en la familia paterna son mexicanos, muy tradicionalistas y conservadores y nunca aceptaron ni a los españoles ni a los argentinos, ni a los chilenos ni a nadie que no formara parte de su clase o su círculo social. Con ellos, entendí la verdadera dimensión del concepto «gachupín»; o la dimensión de la palabra «xenofobia»; o cómo el racismo es una complicidad que se expresa plena de humor en las sobremesas.

Mis padres estaban divorciados y en la misma época decidieron, cada uno por su cuenta, casarse por segunda vez. Mi mamá se casó con un peruano. Mi papá con una panameña. Nosotros, los hijos, creíamos que nuestros padres competían por sumar nacionalidades a sus vidas amorosas, hábito que siguieron usando en sus sucesivos matrimonios.

Nosotros, los hijos, pasábamos temporadas en los países de sus parejas; lo cual no fue nada difícil para nosotros que, sin movernos de nuestro edificio, ya habíamos viajado a distintas partes del mundo, hablábamos otros idiomas y nuestros paladares estaban cultivados en la diferencia de los sabores.

«Los otros», «lo diferente», «los de allá» , «los que llegan», «los extranjeros», «los pinches gachupines», «la leche con los mexicanos», «explícame qué es tantito o qué es ahorita», «puaj las tortillas», «tan cerca de los gringos y tan lejos de Dios», «no es mi país/sí es mi país», «¿de dónde soy?»… etc., eran frases y experiencias tan cotidianas como lavarse los dientes.

Entonces: está claro que no soy la persona adecuada para habar de la identidad. Lo poco que sé de mí lo adquirí en la diversidad. Lo que sé de la historia de México son episodios de guerras o de anhelos por crear una idea de lo que podría ser una identidad, siempre fragmentada. En todo caso, soy adecuada para defender la diversidad, que es lo que conozco y en donde me siento fuerte.

Tengo un mapa que describe la geografía de mi diversidad:

Catálogo de mis «primera vez»:

Primer insulto recibido y aprendido: España.
Primera conciencia de clases sociales: México.
Primer maquillaje en el rostro: Chile.
Primera noción de una guerra: Alemania.
Primera infatuación con una diva: Argentina.
Primer beso: Francia.
Primera lectura de mano y primera sensación del dolor ajeno: gitanos.
Primer medio hermano en la familia: Panamá.
Primera varicela: Perú.
Primera idea de poesía: Líbano.
Primera vez en oír que alguien grita al prójimo: Cataluña.
Primera experiencia bipolar: Estados Unidos.
Primer morbo hacia la cocina del vecino: judíos.
Primera definición de comunista: alguien que usa suecos.
Primer suicidio: un poeta alcohólico.
Primer tabú normal: la homosexualidad.
Primer ataque de pánico: un avión de madrugada.
Etc.

Durante muchos años eso fue lo que yo creía que era México: un lugar donde los lunes, podía ser argentina. Los martes, chilena. Los miércoles, mexicana. Los jueves, gringa. Los viernes, francesa. Los sábados, comunista. Los domingos, española… alguna tarde musulmana, otra judía y otra católica o actriz o poeta o lo que se presentara… y así. Hace unos días, al caminar por las calles de mi edificio de la infancia reconocí algunas personas y reconocí los cambios: ya no existe la cafetería del libanés, pero en su lugar hay un restaurante italiano; los hijos de mi hermana argentina son llamados argenmex; los hijos de las chilenas son historiadores de la historia de México; la enfermera de la vieja alemana sigue siendo enfermera pero de otra vieja; los homosexuales siguen juntos; los franceses murieron pero sus nietos estudian en el Liceo Franco Mexicano; los comunistas se volvieron ricos y ahora son bohemios que viven de sus rentas; los nietos de catalanes van al Colegio Madrid; las gringas tienen a sus hijos en el Colegio Americano; las polacas se perdieron pero reaparecieron en Facebook; los judíos tienen más departamentos; el local de la inglesa es una papelería con servicio de fax e Internet; los hippies tienen muchos nietos porque no les sirvieron las pastillas anticonceptivas; mis padres se volvieron a divorciar y a casar y a divorciar; al lado de la tortillería hay un restaurante chino y al lado del restaurante chino hay un argentino y al lado del argentino una tintorería que es atendida por la misma familia desde hace 40 años… En unas cuadras: lo pasado y lo presente, la tradición y la vorágine de la red, los extranjeros y las familias tradicionales, mestizajes de todo tipo… y el viejo edificio sigue ahí. En medio de la Ciudad de México, que es una identidad totalmente distinta a lo que llamamos país México. Es una ciudad plagada de exilios. Políticos, ideológicos, económicos, culturales, civiles, raciales… espirituales.

***

La otra razón por la que no soy adecuada para hablar sobre la identidad pero sí para defender la diversidad es que me dedico a la dramaturgia: esa herramienta que la ficción ha elaborado para describir la fractura de la identidad. Vivo cotidianamente sumergida en el océano de los personajes dramáticos que son, todos, apátridas, refugiados, exiliados, escindidos, bipolares, renegados, excéntricos, solitarios, abandonados, excomulgados… Y, ahora que escribo esto, pienso: ¿no son todos estos personajes, los grandes paradigmas de la literatura dramática, un fiel retrato de mis vecinos de la infancia?, ¿no son como la gente que camina por las calles de mi ciudad… diversa y sin una, sino múltiples identidades?, ¿buscar entender una identidad, para qué?… ¡Si ya tenemos varias: una para cada día de la semana!

Jimena Escalante©

Fuente: http://www.casarefugio.com/

Imagen: https://aulaintercultural.org/


«Maagalim מעגלים»,El Banat \ אל בנאת \ديوان البنات».

Ma’aglim by El Banat Original song written and composed by Ofri Zidner Film Director: Nitai Shalom Music Producer: Liad Mor Executive Producer: Noya Yifat Tamar Bloch – Singer Noya Yifat – Persian Tar Ofri Zidner – Turkish Baglama Liad Mor – Bass Gilad Amsalem – Percussion and Doumbek Regev Baruch – Drums Gypsy Dance by Nataly Dvir Special Thanks to Elad Kimchi, Ivan Ceresnjes, Soli Shlomit Avraham. Recorded Mixed and Mastered at Library Studios 2016. (c) All Rights Reserved to Diwan El Banat.


«No estamos en las librerías, pero queremos llegar a ti», La Torre de Babel Ediciones®

Despierta-tus-sentidos

No estamos en las librerías, pero queremos llegar a ti.

¿Cómo?

Con la compra* de dos ejemplares impresos, recibirás una edición en formato digital.

Sí. #MeQuedoEnCasaDespiertaTusSentidosLeyendo

«La última historia de amor» y «Secretos Oscuros»

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«HaTikva», Himno nacional del Estado de Israel #NosotrosRecordamos

Mientras en el corazón
Un alma judía palpite
Y rumbo al Oriente
La mirada a Sión se dirija

No está perdida aún nuestra esperanza
Esta esperanza bimilenaria
De ser un pueblo libre en nuestra tierra
La Tierra de Sión y Jerusalén

Mientras nuestros ojos viertan lágrimas
Y cual lluvia, afluyan las ofrendas
Y las multitudes de nuestro pueblo
Aún las tumbas de los padres visiten.

No está perdida aún nuestra esperanza…

Mientras el ardor de nuestro ideal
En nuestros ojos aparezca
Y por la destrucción de nuestro Santuario
Ojo alguno lágrima vierta

No está perdida aún nuestra esperanza…

Mientras lágrimas puras
Del ojo de la hija de mi pueblo corran
Y para los lamentos por Sión en las vigilias
Aún a medianoche se levanten

No está perdida aún nuestra esperanza…

Mientras el amor nacional
En el corazón judío lata
Aún hoy cabe confiar
Que Dios el iracundo nos prodigue misericordia

No está perdida aún nuestra esperanza…

Escuchas, mis hermanos, en los países de mis andanzas
La voz de uno de nuestros profetas
«Que tan sólo con el último judío
Acabará también nuestra esperanza».

No está perdida aún nuestra esperanza…

Letra:        Naphtali Herz Imber
Música:    Samuel Cohen
Año:          1886


«Mayn Pulemyot», Canción antifascista de los partisanos judíos #NosotrosRecordamos

 

איך ליג לעבן פוליעמיאָט
און שעפטשע א יידישן ניגן
,ארום מיר איז אלץ שטיל
.נאר ס׳טוען די גרעזעלעך זיך וויגן

כ׳דערמאָן זיך מיין פריילעך שטעטל
ווער האָט עס ניט געקענט?
,איצט איז עס פוסט, אָן מענטשן
.אוי די שטיבער פארברענט

נאָר ס׳איז דאָ א רויטע ארמיי,
,האָט זי מיר א פוליעמ׳אָט געגעבן
שלאָג איך און שלאָג איך די דייטשן
  קעדיי אונדזערע פעלקער זאלן פריי לעבן.

אוי, איר וויסטע מענטשן–פרעסער,
אוי, איר דייטשישע באנדיטן!
היי, פולעמיאָט, ציל בעסער
זאָלסט קיין דייטש ניט אויסמיטן


«Ghetto», Joshua Sobol #NosotrosRecordamos

En 1941 los alemanes han tomado Lituania. Tras la ocupación, 55.000 judíos son enviados a los campos de concentración para ser ejecutados. Kittel, un joven y sanguinario comandante nazi, está al mando de Vilna, el gueto más importante del territorio. Todo cambia cuando el sanguinario joven conoce a Hayyah, una bella muchacha a la que el oficial descubre robando comida. Cuando está a punto de fusilarla, descubre que la chica había sido una famosa cantante, por lo que le perdona la vida y decide reactivar el viejo teatro. Los prisioneros, entonces, empiezan a organizar actuaciones a diario. La película -dirigida por el cineasta lituano Audrius Juzenas y interpretada por Seabastian Hülk, Heino Ferch y Erika Marozsán-, fue nominada en 2007 a mejor película en los Nika Awards. Una producción cinematográfica basada en los escalofriantes hechos reales que acontecieron en el año 1941 en Lituania. Una película que aborda el tema del holocausto nazi desde un punto de vista poco habitual en este tipo de films. Además del componente dramático, cobra especial fuerza el género musical, como ya ocurriera en otras películas de misma temática como en “El Pianista”, de Roman Polansky.


«Shtil di nakht», Hirsch Glik #NosotrosRecordamos

The song “Shtil di nakht” was written by the young Vilna poet Hirsch Glik, who also wrote “Zog nit keynmol az du geyst dem letstn veg” (Never say that you are walking the final road). Glik was a member of the underground resistance in the ghetto, and wrote this song to commemorate the partisans’ first successful act of sabotage by one young woman and two young men. His lyrics focus on the heroic actions of the female partisan Vitke Kempner.
Glik survived the liquidation of the vilna ghetto and was sent to a concentration camp in Estonia.  In July 1944, shortly before the camp was to be destroyed by the Nazis in the face of the rapidly approaching Red Army, Glik and forty other prisoners managed to escape and flee to the surrounding forests.  There Glik joined up with a group of partisans, where he and all of his comrades were killed in combat with Nazi forces (see http://holocaustmusic.ort.org/places/…).

Lyrics: Hirsch Glik (1922-1944)

Shtil di nakht iz oysgeshternt 
un der frozt er hot gebrent,
tsi gedenkstu vi ikh hob dikh gelernt,
haltn a shpayer in di hent.
  
a moyd, a peltsl un a beret,
un halt in hant fezt a nagan,
a moyd mit a zametenem ponim,
hit op dem soynes karavan.
  
getsilt, geshozn un getrofn,
hot ir kleyninker piztoyl,
an oyto a fulinkn mit vofn,
farhaltn hot zi mit eyn koyl.
  
fartog fun vald aroysgekrokhn,
mit shney girlandn oyf di hor,
gemutikt fun kleyninkn nitsokhn,
far undzer nayem frayen dor.


«Puerta de Atocha–Estación de los desamparados», Eduardo Chirinos

PuertadeAtocha

Váca mi estómago, váca mi yeyuno.
César Vallejo

1

Paradojas del movimiento. En el interior del tren
el paisaje se percibe desde la quietud. Todo
lo sólido se desvanece en el aire, deja partículas
de polvo, su estela multicolor en la retina.
En el exterior, en cambio, el paisaje es inmóvil.
El tren perfora la quietud como una aguja en la
arteria, como la sangre que circula en un cuerpo
inerte pero todavía vivo. Y el sol. El sol benéfico
que arde en los metales, en la memoria que
agradece la llegada del tren. Y me adormece.

2

Ahora, por ejemplo, veo paisajes con vacas.
¿Por qué el tren me hace pensar en paisajes
con vacas? Del soporte de fierro cuelgan bolsas
como ubres. Están conectadas a mi cuerpo y mi
cuerpo, callado, las recibe. Miro sin entusiasmo
las ubres de las vacas. Su leche rosada y salina
que ha de llegar hasta mí. Una enfermera entra
a la habitación y pide mi boleto. Las vacas pastan
en las laderas de los Andes, vuelan por los tejados
de Madrid, aterrizan sin alas a orillas del Jocko.
Yo bebo su leche, palpo las ubres que cuelgan del
soporte de fierro. Siempre de pie, junto a mi cama.

3

Estación de los Desamparados, mayo de 1973.
Todo está en orden: el sol, el río, los asientos
numerados. Domingo familiar en las afueras
de Lima. Escucho la algarabía del tren, su
insistente y frágil traqueteo. ¿Quién hace
tanta bulla? Quiero descansar, pero tampoco
quiero que se vayan. Me hace bien tanto
alboroto, tanto laberinto. La enfermera
me pide mi boleto. No lo tengo, pregúntele
a mis padres, tal vez esté escondido entre
las sábanas. El tren partió con media hora
de retraso. Miro las aguas del río. Ellas
también viajan, pero en sentido contrario.
Conforme suben se tornan más limpias,
más violentas, menos habladoras.

4

Silencio. Lo que necesito es silencio. Cierro
los ojos, acomodo la cabeza en la almohada
y trato de dormir. Pero no puedo. En cada
estación los ambulantes ofrecen sus productos:
bolsitas de cancha, de camote frito, de maní
tostado. Artesanía barata para turistas pobres.
La enfermera me trae la comida en una bandeja
de aluminio. Dice que volverá en dos horas.
Se llama Eulalia como la santa del pueblo,
como la marquesa de Darío que ríe y ríe y ríe.

5

Estación de Atocha, septiembre de 1986.
Frente a nosotros viaja una familia de gitanos.
El compartimento es pequeño y huele mal.
Aquí no hay cante jondo, ni romance con luna,
ni sangre de cuchillos. Con una navaja el padre
corta un queso. La niña duerme en faldas de la
madre, el niño me ofrece revistas pornográficas
por tres duros. El destino se aleja a la velocidad
del tren, se adentra en la noche, se hunde sin
piedad en la pupila del lobo. Me aferro a los
barrotes de la cama (“váca mi estómago, váca
mi yeyuno”). En la próxima estación se bajan
los gitanos. Y yo debería irme con ellos.

6

Imagina un tren que parte de una estación
cualquiera. Imagina que en cada estación el
tren se multiplica. Que lo que fue al comienzo
un tren solitario y reluciente son ahora miles
circulando sin control. Invadiendo lentamente
y en silencio cada vía sana y libre de tu cuerpo.

7

Infiernillo es rojo y da miedo. Estoy hablando
de mi primer viaje en tren (Lima-Jauja, 1967).
Atrás quedó Desamparados, la cuesta amable
de Chosica, Matucana, San Mateo. Mejor no
mires, advierte mi madre. Estelas de sal en los
rieles podridos de la Oroya (3,700 m.s.n.m.).
El tren perfora la montaña y la divide en dos
en tres, en cuatro. La enfermera pregunta
si he comido ancas de rana. Hace tiempo me
arrodillé ante la Señora de los Desamparados,
me preguntó si leía revistas pornográficas.
No supe contestarle. Me perturban los ojos
del niño gitano, su insoportable olor a queso.
Mejor no mires, advierte mi madre. Abajo
camiones pequeñitos transportan minerales
a una fundición. Me siento mareado. Mejor no
mires, advierte mi madre. Mejor no mires.

8

Eulalia entra a la habitación y pide mi boleto.
Volteo nerviosamente los bolsillos, reviso una
y otra vez la billetera, rebusco entre las sábanas.
Si no lo encuentro tendré que bajarme en la
próxima estación. No te preocupes, me dice
un pasajero. Ahora ya eres uno de los nuestros.

9

El tren es una mancha que enturbia la pureza
del paisaje. Perfora la quietud como una aguja
en la arteria, como la sangre que circula en un
cuerpo inerte, pero todavía vivo. Y el sol. El sol
benéfico que arde en los metales, en la memoria
que agradece la llegada del tren. Y me despierta.

Eduardo Chirinos©


«Wadjda», Haifaa al-Mansour

Wadjda es una niña de 10 años que vive en un pueblecito a las afueras de Riad, en Arabia Saudí. Como es normal a su edad, la chiquilla es muy inquieta y compite habitualmente con su amigo de juegos, Abdullah, aunque el entorno tradicional islámico que la rodea no ve con buenos ojos que juegue con niños. Sin embargo, el inconformismo de Wajda va aumentando con el paso del tiempo y su familia empieza a preocuparse: una bicicleta, algo vetado para la mujer, es el nuevo juguete deseado por la niña…

Directora: Haifaa Al-Mansour Guión: Haifaa Al-Mansour Música: Max Richter Fotografía: Lutz Reitemeier Intérpretes: Abdullrahman Al Gohani (Abdullah), Ahd (Ms. Hussa), Dana Abdullilah (Salma), Rafa Al Sanea (Fatima), Reem Abdullah (Madre), Rehab Ahmed (Noura), Sultan Al Assaf (Padre), Waad Mohammed (Wadjda)


«Carta abierta», Mauricio Aliskevicius Rogovich

jrst0628

                                 9 de enero de 2020

Señor Andrzej Duda
Presidente de Polonia

De mi consideración: Habiendo leído en la prensa que usted rechazó la invitación a la ceremonia que se realizará el próximo día 23 de los corrientes en un acto conmemorativo del Holocausto judío por mano nazi (tengo que explicitarlo porque hoy ya son varios los holocaustos en el mundo) en el memorial de Yad Vashem en nuestra capital Jerusalem, me dirijo a usted por lo siguiente:
   El motivo de su rechazo, manifestado por su gobierno y usted mismo, es el hecho de que no se le dará la palabra en dicho acto, cuando sí se permitirá hablar a los representantes de otras naciones. Usted manifiesta que se siente menospreciado por tal actitud de Israel.
   Personalmente consideraría lógica su actitud si la manifestara alguno de los gobiernos de los países aliados que combatieron al nazismo, o de aquellos países que por fuerza se vieron conquistados por la barbarie nazi.
   La pregunta que me hago es por qué darle igual honor a un país donde los judíos nunca tuvieron la palabra, ni antes ni durante el nazismo invasor. Un país donde mi madre y toda su familia -polacos de nacimiento- no sabían una sola palabra del idioma polaco porque no se les permitía vivir con los demás polacos, estudiar o trabajar con los otros polacos, y ni siquiera hablar el idioma polaco. Debo clarificar una excepción: algunas palabras en polaco sabían, aquellas palabras sucias e insultantes que proferían sus conciudadanos cuando efectuaban los pogromos golpeando y matando a judíos que hoy usted menciona como polacos pero que en ese entonces no los consideraban ni polacos ni seres humanos.
   Usted es joven, no vivía cuando esos hechos ocurrieron, pero seguramente sus ancestros sí. Salvo pocas -muy pocas- excepciones, la población polaca permitió y ayudó a la masacre de tres millones de seres humanos, hombres, mujeres, niños, ancianos, pese a ser nacidos en Polonia. Pueblo y gobierno polacos, junto a otros como Rusia, Ucrania y más, dieron el ejemplo durante siglos y enseñaron a los nazis a perseguir y asesinar judíos por el sólo hecho de serlo. Qué discurso habría querido dar usted señor Duda? Acaso disculparse en nombre de sus compatriotas y seguramente familiares? O pensaba usted dar algún justificativo a la actitud de sus allegados que hasta hoy en día están demostrando el feroz antisemitismo que tienen incrustado, y ya no tienen la posibilidad de echarle la culpa a Hitler y sus aliados? Qué castigos impone usted en este año 2020 a los que atentan contra personas o sitios cuando se enteran que son judíos?
   Le diré algo señor Duda, me tomo el privilegio de hablar pese a que soy judío y además ciudadano israelí. Los judíos hemos levantado la cabeza, desde Mordejai Anilevich y sus compañeros (polacos) en el gueto de Varsovia hasta mis cuatro nietos que hoy lucen orgullosos el uniforme del ejército israelí (bisnietos de polacos). Se acabaron los tiempos en que los antisemitas nos hacían temblar. La sangre judía regada durante dos mil años por esa causa abonó una nueva generación, más fuerte, más dura, incluso muy temida por nuestros contrarios.
   Los antisemitas deshicieron vidas de científicos, artistas, personas de bien y de trabajo. Hoy seguimos generando científicos que mejoran al planeta, artistas que lo embellecen con su música, sus cuadros, sus esculturas, sus obras arquitectónicas.
   No dejamos de lado a la humanidad, pero no permitiremos que levanten cabeza las criaturas nacidas de los huevos de la serpiente antisemita, y cuidaremos al mundo entero para liberarlo de ese flagelo, de esa lacra, de esa inmundicia.
   Si usted manifiesta que quiere pedir disculpas en nombre del pueblo que usted gobierna, seré el primero en exigir a mi gobierno que le dé la palabra y los honores correspondientes. Si usted promulga leyes contra el antisemitismo haré todo lo posible para que los judíos del mundo entero lo feliciten. Pero mientras eso no suceda, me queda en la memoria que por culpa de los polacos mi madre polaca siendo casi una niña, acompañada de su familia, tuvo que escapar de Sokoly -su pueblo polaco de nacimiento-  con lo puesto, y atravesar a pie media Europa por los bosques para esconderse en Francia huyendo de un pogrom.
   Como se dice popularmente, la pelota está en su cancha, usted sabrá qué hacer con ella.
   Me despido de usted,

   Mauricio Aliskevicius Rogovich©
   Rehovot – Israel

https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=593113224586596&id=100016637715570


«Se acabaron los buenos trapecitas», Jorge Ricardo

TrapecistasPacoMorales

caer tal vez fue gracia
Ungaretti

Me acerqué al calor para enfriarme
al amor para partir
          quería escapar
y pido perdón
          respetuosamente
pido perdón y saludo con un infinito
          silencio
con la gorra en la mano
          sin lágrimas
sin ningún tipo de excusas
Quería escapar y para eso alquilé un barco
con todas las luces encendidas
pero fue inútil empuñar el timón
y gritar órdenes: el barco
tenía el casco comido por las algas
estaba desfondado
Bueno, me quedé. Caros míos:
viajar por las metáforas
no es más que una prueba de destreza
tanto más aplaudible cuando se hace sin red
El trapecista puede reventarse
          contra el piso
y el público horrorizado
          jamás olvidará la escena
Algunos dirán: murió en su ley
(cosa enteramente cierta)
Si el trapecista alcanza la vejez
a los cincuenta años posiblemente
se dedique a la bebida
y muera en una pieza
a la luz de fotos amarillas
en otoño o verano
(o en invierno o primavera)
y habrá muerto en su ley de todas formas
Al menos por una décima de segundo
de toda su vida
los buenos trapecistas se sintieron
reyes de este mundo «pero también del otro».
Pero se acabaron los buenos trapecistas
quedan pocos maestros del trapecio:
la enorme mayoría trabaja con red.
La enorme mayoría logra pese a todo
piruetas fascinantes
          que el público aplaude a rabiar
Ahora que bajé del barco
(con el trapecio nunca me metí)
yo también aplaudo los buenos espectáculos
Ahora que vuelvo (y no vencido
sino apenas un poco más cansado)
a calentarme las manos aquí abajo.

Jorge Ricardo ©

Jorge Ricardo Aulicino. Buenos Aires, Argentina, 1949. Poeta, periodista y traductor. Ha publicado: Vuelo bajo (1974), Poeta antiguo (1980), La caída de los cuerpos (1983), Paisaje con autor (1988), Hombres en un restaurante (1994), Almas en movimiento (1995), La línea del coyote (1999), La poesía era un bello país. Antología 1974-1999 (2000), Las Vegas (2000), La luz checoslovaca (2003), La nada (2003), Hostias (2004), Máquina de faro (2006), Cierta dureza en la sintaxis (2008), Libro del engaño y del desengaño (2011), Estación Finlandia. Poesía reunida 1974-2011 (2012).

Ilustración:
«El vuelo de los trapecistas»
Arte Contemporáneo,  Pinturas,  Óleo.
Autor: Paco Morales.
60 x  45 cm  /   23.6 x  17.7 in.
Temas: Fantástico.
Género: Surrealismo.
Autenticidad: Original.
Tipos de artistas: Artistas de ocio.
Soportes: Sobre lienzo.
Corriente de Arte: Pintura española.
Periodo: Contemporáneo. https://es.artquid.com/artwork/491208/79235/el-vuelo-de-los-trapecistas.html