«Shajar habekashja», Light in Babylon/Shlomo Ibn Gabirol

שַׁחַר אֲבַקֶּשְׁךָ צוּרִי וּמִשְׂגַּבִּי
אֶעְרֹךְ לְפָנֶיךָ שַׁחְרִי וְגַם עַרְבִּי
לִפְנֵי גְדֻלָּתְךָ אֶעְמֹד וְאֶבָּהֵל
כִּי עֵינְךָ תִּרְאֶה כָל מַחְשְׁבוֹת לִבִּי
מַה זֶּה אֲשֶׁר יוּכַל הַלֵּב וְהַלָּשׁוֹן
לַעְשׂוֹת וּמַה כֹּחַ רוּחִי בְּתוֹךְ קִרְבִּי
הִנֵּה לְךָ תִּיטַב זִמְרַת אֱנוֹשׁ עַל כֵּן
אוֹדְךָ בְּעוֹד תִּהְיֶה נִשְׁמַת אֱלֹהַּ בִּי

 

Este poema es uno de los poemas de la «Autoridad para el alma» compuesta por el gran poeta y filósofo del siglo XI, Rab Shlomo Ibn Gabirol,

El piut se abre con una marca de tiempo, al amanecer, el tiempo que conduce a la diferenciación de la luz, que recrea las cosas y les da volumen, forma y cuerpo.

Al clarear, el poeta elige preguntarle a Dios, saliendo de la incertidumbre nocturna y aún sin alcanzar el amanecer completo, la luz que aclarará las cosas, las aclarará y las distinguirá como lo hicieron desde el principio.

La vocación de la canción y su nombre coinciden maravillosamente con el momento en que se canta. Amanecer de ti, dice el poeta y pide permiso para presentarse ante su Creador.

Al amanecer, en las horas de oscuridad y luz, los judíos de Alepo y del norte de África cantan esta canción, una especie de encuentro entre el hombre y su alma, él mismo, el hombre y su Dios. Este permiso es una canción en la que la experiencia religiosa, la declaración de fe, aparece con toda su fuerza. Es una canción gloriosa para Dios, una especie de poema dedicado al poeta, quien declara al final de «el mejor canto del hombre / oda el primer día», cuando vence el primer día y por primera vez. El piut también enfatiza el «beneficio» que un cantante humano puede causar a Dios, para que se sienta cómodo. Una especie de favor mutuo. Es una canción de fe sublime y completa.

#MeQuedoEnCasaDespiertaTusSentidosLeyendo


«Esperanza», Juan Zapato

esperanza

Esperanza de descubrir una llave blanca que no quiera darse vuelta.
Un cristal inocente envuelto en una palabra abierta.
Un barrilete fugitivo que un día remontó a un niño.
Esa sortija inmóvil que amanece en un boleto.
Un reloj amnésico parpadeando frente a un espejo.
Un cielo extendido posando su nariz sobre la superficie de las olas.
Esa poesía muda interpretando a dos cuerpos.
Una estrella dibujada destellando a una escalera.
Un ave de arena a la que le crecieron ramas.
Ese sueño de almohada que descansó recordando.
Un sonido de la naturaleza al que nombraron melodía.
Una página rota conteniendo recuerdos de la vida.
Esa nube de ensueño marcando surcos en tus manos.
Los latidos del fuego consumiendo a los ardores.
Mil mariposas que desvelaron al tiempo.
Un planeta utopía que disipó las miserias de los hombres.
Una mirada de frente, hablarnos
En cenizas curarnos y ser luz del Universo.

Juan Zapato©


«¡Madre, vende el azafrán!», Gregorio García García

EL AZAFRÁN EN ESOS LUGARES DE LA MANCHA…

La rosa del azafrán
triste visita nos hace,
cuando nace el sol saldrá
a morirse con la tarde.

azafránEl azafrán en esos lugares de la Mancha, de cuyos recuerdos guardo en mi alma y nunca voy a olvidarme. No era cultivo de poderosos y ricos terratenientes, dado la gran cantidad de mano de obra que necesita y el especial cuidado que su cultivo requiere. Ellos, no todos, solo algunos arrendaban tierras que, se dividían en parcelas de un celemín (cuatrocientos sesenta y siete metros cuadrados), cobrando un alto precio por el arriendo a obreros, pobres enfermos o con alguna minusvalía física. Estos no podían trabajar siempre por cuenta ajena, por la dureza salvaje de algunos trabajos del campo, como por ejemplo: el destajo de la siega o hacer hoyos para viñedos y olivos, por eso cultivaban el azafrán, porque nadie les imponía ningún ritmo ni exceso siendo dueños de sus propias tareas. Aunque las ganancias no eran muy rentables, teniendo en cuenta la cantidad de horas dedicadas en su cultivo y recolección. En la monda colaboraba toda la familia de la casa, incluidos niños y los más mayores también, ajenos que se les pagaba en azafrán con la cuarta parte de lo que mondaban.

De los años sesenta a los noventa, su cultivo se generalizó más entre obreros del campo y pequeños agricultores y también albañiles y peones de la construcción que, al no tener trabajo en esta zona de la Mancha, debido a su precario desarrollo (intencionado) que, en años atrás no consintieron los poderosos terratenientes ricos, para tener mano de obra barata y disponible siempre al alcance de sus manos. Unos tuvieron que emigrar, otros si querían trabajar tenían que desplazarse todos los días a Madrid y a otras lejanas ciudades, saliendo a las cuatro y media de la madrugada y regresando a sus casas a altas horas de la noche. Con los consiguientes gastos y riesgos que esto les originaba que, podrían calcularse en un treinta y cinco por ciento de merma en su salario y mucho más con la moda que llego a generalizarse, de los intermediarios del trabajo, llamados «pistoleros», con los perjuicios que de estos se derivan (hoy parecen ser especie protegida), aparte de las penurias y el no poder gozar ni disfrutar de sus hijos. Cultivando el azafrán en sábados y domingos les ayudaba a sacar su familia adelante.

Hasta el año 2011 han trascurrido dos décadas, de casi su total desaparición, debido a innumerables causas de crisis y burocráticas. Parece ser que en estos tiempos, la Junta de Comunidades de Castilla la Mancha, está poniendo los mecanismos y ayudas para su nuevo renacimiento en la región.

azafrán1El azafrán en las familias obreras pobres, era necesario para poder sobrevivir, criar y casar a los hijos, comprar un solar para después hacer la casa, reformarla o comprar algún mueble. Era parte de nuestra necesaria economía y también nuestra cultura. El azafrán no es un producto agrícola más, sino que también este forma parte de nuestro patrimonio histórico y cultural de la región y debe de ser conservado y además protegido.

¡MADRE, VENDE EL AZAFRÁN…!

¡Madre, vende el azafrán!
que anoche mondando rosa
mi novio encima la mesa
me dijo que soy preciosa.

¡Madre, vende el azafrán!
que con sus besos de miel
entre suspiros me dijo
que me casara con él.

¡Madre, vende el azafrán!
que casarme yo requiero
que en el trabajo del campo
se muere pobre el obrero.

¡Madre, vende el azafrán!
prepara pronto mi boda
que mi novio tiene casa
y los muebles a la moda.

¡Madre, vende el azafrán!
que mi novio tiene mulas
también viñas y olivares
y dos galeras muy chulas.

¡Madre, vende el azafrán!
cómprame el ajuar que espero
que en el banco mi Manolo
tiene guardado dinero.

¡Madre, vende el azafrán!
que la miseria es martirio,
siendo obrera paso hambre,
con mi novio es un delirio.

¡Madre, vende el azafrán!
que en lo que digo no miento
que me parece que tengo
en el vientre alumbramiento.

¡Madre, vende el azafrán!
es tanto lo que le quiero
que con el quiero vivir
y por tenerle me muero.

Gregorio García García©

El poema expone una realidad del pasado aún latente en los que todavía la recordamos. Pudiera ser que algunos conceptos las nuevas generaciones no lo entiendan del todo. De los cuatro personajes del poema el principal no sale a escena. Aunque la hija para el padre fuera la niña de sus ojos… algunas cosas que ella cuenta a su madre en aquellos tiempos no se solían contar a un padre. Aparentemente en un principio, parece ser que a nuestra joven protagonista, por ser su novio de una clase social más alta solo le moviera el interés. Aunque para ella era un buen logro el salir de la miseria que la envolvía. Pero lo que de verdad pretende, porque esta locamente enamorada, es convencer a su madre, como era tradición, una vez conseguido esto, entre las dos convencer al padre sería pan comido.


«Identidad vs. diversidad», Jimena Escalante

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Yo soy la persona menos adecuada para hablar de identidad. Y por varias razones.
La primera: De niña crecí en un lugar singular: un edificio donde los habitantes componíamos una geografía única. Mis vecinos no eran cualquier cosa. Eran -en su mayoría- exiliados de distintas partes del mundo y, también, de distintas ideologías.

Frente a la ventana de mi cuarto se veía la ventana de una anciana. Era alemana y loca. Todas las tardes -a la misma hora- gritaba un monólogo inteligible en alemán y sin armonía. Nosotros, los niños, interpretábamos que eran las historias que ella había vivido con los nazis. La primera vez que escuché la palabra «nazi» ya tenía cara: la de una anciana. Me obsesioné con ella, la observaba en secreto, hasta que se dio cuenta y decidió arrojarme objetos: su plancha, sus zapatos, ceniceros… la palabra «nazi» tenía para mí una emoción en su significado: furia.

Mis mejores amigas eran mitad mexicanas–estadounidenses. También eran bipolares. Una pelirroja y otra rubia. Cuando se peleaban hablaban en inglés; de modo que el aprendizaje de mi segundo idioma se aceleró gracias a ellas, sólo por el morbo de saber qué dicen unas hermanas que pelean. El país vecino no era para mí un mapa en el libro de la escuela; eran ellas, la cara de mis amigas bipolares.

Admiraba a las novias chilenas de mis hermanos, que fueron sus primeras novias, y en realidad no eran hermanas, eran medio hermanas. Hijas de un escritor que cambiaba de mujer cada década y, por eso, ellas se acomodaban tan bien con mis hermanos. Las cuñadas chilenas me enseñaron mis primeros coqueteos con la feminidad; por lo que siempre agradecí al país Chile la forma en que se dicen secretos a los novios o se deben rizar las pestañas o cómo, hasta hoy, me pinto los labios.

Mi segunda madre era argentina. Segunda madre porque me adoptó: era una famosa actriz que ya veía en mí el gusto por el drama. Su hija, la única hermana que he tenido y ya no tengo era, obvio, argentina. Me cayó del cielo una hermana argentina. Así que, de pronto, me volví erudita en marcas de dulce de leche, caras y nombres de futbolistas y acepté a muchos parientes que nunca supe quiénes fueron ni lo sabré. La mitad de la semana dormía en mi casa «auténtica», y la otra mitad dormía en mi casa «adoptada», con mi otra madre y mi otra hermana. Me enseñaron a amar a la familia, aunque no esté a tu lado.

Mi primer enamorado era francés–mexicano. Los padres de mi enamorado tenían en su departamento una pequeña Francia: moverse en el interior de esa casa era como visitar otra ciudad, otro idioma, otros sabores, otros gustos, otras conversaciones, más libertades. Ah… a todos los niños nos gustaba ir a esa «Francia» donde podíamos quedarnos despiertos toda la noche -entre otras libertades prohibidas en la infancia- y comer chocolate a lo bestia.

En la esquina del edificio había una repostería libanesa. El dueño, un pastelero muy sexy, además de hacer unos dedos de novias exquisitos –supongo que gracias a las múltiples novias que tenía en la cuadra-, leía el Corán a quien tenía tiempo de tomarse un café turco con su pastelito. Era musulmán y su cultura árabe nos cautivó a muchos. Leía cuentos de Rumi, fue mi precoz contacto con el sufismo.

Había en el edificio un sector muy importante de catalanes. Muy gritones y peleoneros. Se vestían de negro. Recuerdo algunas parejas de homosexuales. Una adolescente marimacha. Y al poeta alcohólico. Imposible olvidar a toda la población de comunistas. Imposible olvidar a los hippies y el olor a marihuana. Imposible olvidar al gitano con su oso bailarín que pernoctaban en la cantina; un lugar prohibido porque era oscuro y me daba miedo.

También teníamos vecinos judíos. Muchos de ellos ancianos. Pero sus nietos, que venían de visita, se hicieron amigos de nosotros; todos esos niños que moríamos por probar sus sopas, pues los olores de sopa que salían de sus casas eran únicos. Una mujer inglesa, un tanto aburrida, tenía un negocio de estambres y daba clases de tejido, a las que íbamos las niñas. Imposible olvidar a las hermanas polacas que usaban minifaldas y cada vez que salían de su casa algunas ventanas se poblaban de caras de hombres que, casualmente, se asomaban para ver cómo estaba el clima. Había una familia de Sonora y la madre hacía unas tortillas de harina suculentas. Una familia de mujeres otomíes trabajaban en diversos departamentos y entre ellas hablaban otomí.

Además de vecinos… tenía padres. Mi madre es española. Los domingos la pasábamos en la casa de mis abuelos, exiliados de la Guerra Civil. Esas comidas eran todo un recorrido por los refranes que aún hoy me son útiles: «me cago en la leche de los mexicanos», «que muera Franco», «aquel es más feo que pegarle a Dios» y «las cosas son claras y el chocolate espeso». Mis abuelos, tíos y toda la familia española nunca dejaron España: aunque vivieron años en México, sus hábitos, creencias y lenguaje no llevaron el ritmo de la realidad. Vivían en una complicada anacronía, que nunca mejoró.

En cambio, en la familia paterna son mexicanos, muy tradicionalistas y conservadores y nunca aceptaron ni a los españoles ni a los argentinos, ni a los chilenos ni a nadie que no formara parte de su clase o su círculo social. Con ellos, entendí la verdadera dimensión del concepto «gachupín»; o la dimensión de la palabra «xenofobia»; o cómo el racismo es una complicidad que se expresa plena de humor en las sobremesas.

Mis padres estaban divorciados y en la misma época decidieron, cada uno por su cuenta, casarse por segunda vez. Mi mamá se casó con un peruano. Mi papá con una panameña. Nosotros, los hijos, creíamos que nuestros padres competían por sumar nacionalidades a sus vidas amorosas, hábito que siguieron usando en sus sucesivos matrimonios.

Nosotros, los hijos, pasábamos temporadas en los países de sus parejas; lo cual no fue nada difícil para nosotros que, sin movernos de nuestro edificio, ya habíamos viajado a distintas partes del mundo, hablábamos otros idiomas y nuestros paladares estaban cultivados en la diferencia de los sabores.

«Los otros», «lo diferente», «los de allá» , «los que llegan», «los extranjeros», «los pinches gachupines», «la leche con los mexicanos», «explícame qué es tantito o qué es ahorita», «puaj las tortillas», «tan cerca de los gringos y tan lejos de Dios», «no es mi país/sí es mi país», «¿de dónde soy?»… etc., eran frases y experiencias tan cotidianas como lavarse los dientes.

Entonces: está claro que no soy la persona adecuada para habar de la identidad. Lo poco que sé de mí lo adquirí en la diversidad. Lo que sé de la historia de México son episodios de guerras o de anhelos por crear una idea de lo que podría ser una identidad, siempre fragmentada. En todo caso, soy adecuada para defender la diversidad, que es lo que conozco y en donde me siento fuerte.

Tengo un mapa que describe la geografía de mi diversidad:

Catálogo de mis «primera vez»:

Primer insulto recibido y aprendido: España.
Primera conciencia de clases sociales: México.
Primer maquillaje en el rostro: Chile.
Primera noción de una guerra: Alemania.
Primera infatuación con una diva: Argentina.
Primer beso: Francia.
Primera lectura de mano y primera sensación del dolor ajeno: gitanos.
Primer medio hermano en la familia: Panamá.
Primera varicela: Perú.
Primera idea de poesía: Líbano.
Primera vez en oír que alguien grita al prójimo: Cataluña.
Primera experiencia bipolar: Estados Unidos.
Primer morbo hacia la cocina del vecino: judíos.
Primera definición de comunista: alguien que usa suecos.
Primer suicidio: un poeta alcohólico.
Primer tabú normal: la homosexualidad.
Primer ataque de pánico: un avión de madrugada.
Etc.

Durante muchos años eso fue lo que yo creía que era México: un lugar donde los lunes, podía ser argentina. Los martes, chilena. Los miércoles, mexicana. Los jueves, gringa. Los viernes, francesa. Los sábados, comunista. Los domingos, española… alguna tarde musulmana, otra judía y otra católica o actriz o poeta o lo que se presentara… y así. Hace unos días, al caminar por las calles de mi edificio de la infancia reconocí algunas personas y reconocí los cambios: ya no existe la cafetería del libanés, pero en su lugar hay un restaurante italiano; los hijos de mi hermana argentina son llamados argenmex; los hijos de las chilenas son historiadores de la historia de México; la enfermera de la vieja alemana sigue siendo enfermera pero de otra vieja; los homosexuales siguen juntos; los franceses murieron pero sus nietos estudian en el Liceo Franco Mexicano; los comunistas se volvieron ricos y ahora son bohemios que viven de sus rentas; los nietos de catalanes van al Colegio Madrid; las gringas tienen a sus hijos en el Colegio Americano; las polacas se perdieron pero reaparecieron en Facebook; los judíos tienen más departamentos; el local de la inglesa es una papelería con servicio de fax e Internet; los hippies tienen muchos nietos porque no les sirvieron las pastillas anticonceptivas; mis padres se volvieron a divorciar y a casar y a divorciar; al lado de la tortillería hay un restaurante chino y al lado del restaurante chino hay un argentino y al lado del argentino una tintorería que es atendida por la misma familia desde hace 40 años… En unas cuadras: lo pasado y lo presente, la tradición y la vorágine de la red, los extranjeros y las familias tradicionales, mestizajes de todo tipo… y el viejo edificio sigue ahí. En medio de la Ciudad de México, que es una identidad totalmente distinta a lo que llamamos país México. Es una ciudad plagada de exilios. Políticos, ideológicos, económicos, culturales, civiles, raciales… espirituales.

***

La otra razón por la que no soy adecuada para hablar sobre la identidad pero sí para defender la diversidad es que me dedico a la dramaturgia: esa herramienta que la ficción ha elaborado para describir la fractura de la identidad. Vivo cotidianamente sumergida en el océano de los personajes dramáticos que son, todos, apátridas, refugiados, exiliados, escindidos, bipolares, renegados, excéntricos, solitarios, abandonados, excomulgados… Y, ahora que escribo esto, pienso: ¿no son todos estos personajes, los grandes paradigmas de la literatura dramática, un fiel retrato de mis vecinos de la infancia?, ¿no son como la gente que camina por las calles de mi ciudad… diversa y sin una, sino múltiples identidades?, ¿buscar entender una identidad, para qué?… ¡Si ya tenemos varias: una para cada día de la semana!

Jimena Escalante©

Fuente: http://www.casarefugio.com/

Imagen: https://aulaintercultural.org/


«Maagalim מעגלים»,El Banat \ אל בנאת \ديوان البنات».

Ma’aglim by El Banat Original song written and composed by Ofri Zidner Film Director: Nitai Shalom Music Producer: Liad Mor Executive Producer: Noya Yifat Tamar Bloch – Singer Noya Yifat – Persian Tar Ofri Zidner – Turkish Baglama Liad Mor – Bass Gilad Amsalem – Percussion and Doumbek Regev Baruch – Drums Gypsy Dance by Nataly Dvir Special Thanks to Elad Kimchi, Ivan Ceresnjes, Soli Shlomit Avraham. Recorded Mixed and Mastered at Library Studios 2016. (c) All Rights Reserved to Diwan El Banat.


«No estamos en las librerías, pero queremos llegar a ti», La Torre de Babel Ediciones®

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¿Cómo?

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«HaTikva», Himno nacional del Estado de Israel #NosotrosRecordamos

Mientras en el corazón
Un alma judía palpite
Y rumbo al Oriente
La mirada a Sión se dirija

No está perdida aún nuestra esperanza
Esta esperanza bimilenaria
De ser un pueblo libre en nuestra tierra
La Tierra de Sión y Jerusalén

Mientras nuestros ojos viertan lágrimas
Y cual lluvia, afluyan las ofrendas
Y las multitudes de nuestro pueblo
Aún las tumbas de los padres visiten.

No está perdida aún nuestra esperanza…

Mientras el ardor de nuestro ideal
En nuestros ojos aparezca
Y por la destrucción de nuestro Santuario
Ojo alguno lágrima vierta

No está perdida aún nuestra esperanza…

Mientras lágrimas puras
Del ojo de la hija de mi pueblo corran
Y para los lamentos por Sión en las vigilias
Aún a medianoche se levanten

No está perdida aún nuestra esperanza…

Mientras el amor nacional
En el corazón judío lata
Aún hoy cabe confiar
Que Dios el iracundo nos prodigue misericordia

No está perdida aún nuestra esperanza…

Escuchas, mis hermanos, en los países de mis andanzas
La voz de uno de nuestros profetas
«Que tan sólo con el último judío
Acabará también nuestra esperanza».

No está perdida aún nuestra esperanza…

Letra:        Naphtali Herz Imber
Música:    Samuel Cohen
Año:          1886


«Mayn Pulemyot», Canción antifascista de los partisanos judíos #NosotrosRecordamos

 

איך ליג לעבן פוליעמיאָט
און שעפטשע א יידישן ניגן
,ארום מיר איז אלץ שטיל
.נאר ס׳טוען די גרעזעלעך זיך וויגן

כ׳דערמאָן זיך מיין פריילעך שטעטל
ווער האָט עס ניט געקענט?
,איצט איז עס פוסט, אָן מענטשן
.אוי די שטיבער פארברענט

נאָר ס׳איז דאָ א רויטע ארמיי,
,האָט זי מיר א פוליעמ׳אָט געגעבן
שלאָג איך און שלאָג איך די דייטשן
  קעדיי אונדזערע פעלקער זאלן פריי לעבן.

אוי, איר וויסטע מענטשן–פרעסער,
אוי, איר דייטשישע באנדיטן!
היי, פולעמיאָט, ציל בעסער
זאָלסט קיין דייטש ניט אויסמיטן


«Ghetto», Joshua Sobol #NosotrosRecordamos

En 1941 los alemanes han tomado Lituania. Tras la ocupación, 55.000 judíos son enviados a los campos de concentración para ser ejecutados. Kittel, un joven y sanguinario comandante nazi, está al mando de Vilna, el gueto más importante del territorio. Todo cambia cuando el sanguinario joven conoce a Hayyah, una bella muchacha a la que el oficial descubre robando comida. Cuando está a punto de fusilarla, descubre que la chica había sido una famosa cantante, por lo que le perdona la vida y decide reactivar el viejo teatro. Los prisioneros, entonces, empiezan a organizar actuaciones a diario. La película -dirigida por el cineasta lituano Audrius Juzenas y interpretada por Seabastian Hülk, Heino Ferch y Erika Marozsán-, fue nominada en 2007 a mejor película en los Nika Awards. Una producción cinematográfica basada en los escalofriantes hechos reales que acontecieron en el año 1941 en Lituania. Una película que aborda el tema del holocausto nazi desde un punto de vista poco habitual en este tipo de films. Además del componente dramático, cobra especial fuerza el género musical, como ya ocurriera en otras películas de misma temática como en “El Pianista”, de Roman Polansky.


«Shtil di nakht», Hirsch Glik #NosotrosRecordamos

The song “Shtil di nakht” was written by the young Vilna poet Hirsch Glik, who also wrote “Zog nit keynmol az du geyst dem letstn veg” (Never say that you are walking the final road). Glik was a member of the underground resistance in the ghetto, and wrote this song to commemorate the partisans’ first successful act of sabotage by one young woman and two young men. His lyrics focus on the heroic actions of the female partisan Vitke Kempner.
Glik survived the liquidation of the vilna ghetto and was sent to a concentration camp in Estonia.  In July 1944, shortly before the camp was to be destroyed by the Nazis in the face of the rapidly approaching Red Army, Glik and forty other prisoners managed to escape and flee to the surrounding forests.  There Glik joined up with a group of partisans, where he and all of his comrades were killed in combat with Nazi forces (see http://holocaustmusic.ort.org/places/…).

Lyrics: Hirsch Glik (1922-1944)

Shtil di nakht iz oysgeshternt 
un der frozt er hot gebrent,
tsi gedenkstu vi ikh hob dikh gelernt,
haltn a shpayer in di hent.
  
a moyd, a peltsl un a beret,
un halt in hant fezt a nagan,
a moyd mit a zametenem ponim,
hit op dem soynes karavan.
  
getsilt, geshozn un getrofn,
hot ir kleyninker piztoyl,
an oyto a fulinkn mit vofn,
farhaltn hot zi mit eyn koyl.
  
fartog fun vald aroysgekrokhn,
mit shney girlandn oyf di hor,
gemutikt fun kleyninkn nitsokhn,
far undzer nayem frayen dor.


«Puerta de Atocha–Estación de los desamparados», Eduardo Chirinos

PuertadeAtocha

Váca mi estómago, váca mi yeyuno.
César Vallejo

1

Paradojas del movimiento. En el interior del tren
el paisaje se percibe desde la quietud. Todo
lo sólido se desvanece en el aire, deja partículas
de polvo, su estela multicolor en la retina.
En el exterior, en cambio, el paisaje es inmóvil.
El tren perfora la quietud como una aguja en la
arteria, como la sangre que circula en un cuerpo
inerte pero todavía vivo. Y el sol. El sol benéfico
que arde en los metales, en la memoria que
agradece la llegada del tren. Y me adormece.

2

Ahora, por ejemplo, veo paisajes con vacas.
¿Por qué el tren me hace pensar en paisajes
con vacas? Del soporte de fierro cuelgan bolsas
como ubres. Están conectadas a mi cuerpo y mi
cuerpo, callado, las recibe. Miro sin entusiasmo
las ubres de las vacas. Su leche rosada y salina
que ha de llegar hasta mí. Una enfermera entra
a la habitación y pide mi boleto. Las vacas pastan
en las laderas de los Andes, vuelan por los tejados
de Madrid, aterrizan sin alas a orillas del Jocko.
Yo bebo su leche, palpo las ubres que cuelgan del
soporte de fierro. Siempre de pie, junto a mi cama.

3

Estación de los Desamparados, mayo de 1973.
Todo está en orden: el sol, el río, los asientos
numerados. Domingo familiar en las afueras
de Lima. Escucho la algarabía del tren, su
insistente y frágil traqueteo. ¿Quién hace
tanta bulla? Quiero descansar, pero tampoco
quiero que se vayan. Me hace bien tanto
alboroto, tanto laberinto. La enfermera
me pide mi boleto. No lo tengo, pregúntele
a mis padres, tal vez esté escondido entre
las sábanas. El tren partió con media hora
de retraso. Miro las aguas del río. Ellas
también viajan, pero en sentido contrario.
Conforme suben se tornan más limpias,
más violentas, menos habladoras.

4

Silencio. Lo que necesito es silencio. Cierro
los ojos, acomodo la cabeza en la almohada
y trato de dormir. Pero no puedo. En cada
estación los ambulantes ofrecen sus productos:
bolsitas de cancha, de camote frito, de maní
tostado. Artesanía barata para turistas pobres.
La enfermera me trae la comida en una bandeja
de aluminio. Dice que volverá en dos horas.
Se llama Eulalia como la santa del pueblo,
como la marquesa de Darío que ríe y ríe y ríe.

5

Estación de Atocha, septiembre de 1986.
Frente a nosotros viaja una familia de gitanos.
El compartimento es pequeño y huele mal.
Aquí no hay cante jondo, ni romance con luna,
ni sangre de cuchillos. Con una navaja el padre
corta un queso. La niña duerme en faldas de la
madre, el niño me ofrece revistas pornográficas
por tres duros. El destino se aleja a la velocidad
del tren, se adentra en la noche, se hunde sin
piedad en la pupila del lobo. Me aferro a los
barrotes de la cama (“váca mi estómago, váca
mi yeyuno”). En la próxima estación se bajan
los gitanos. Y yo debería irme con ellos.

6

Imagina un tren que parte de una estación
cualquiera. Imagina que en cada estación el
tren se multiplica. Que lo que fue al comienzo
un tren solitario y reluciente son ahora miles
circulando sin control. Invadiendo lentamente
y en silencio cada vía sana y libre de tu cuerpo.

7

Infiernillo es rojo y da miedo. Estoy hablando
de mi primer viaje en tren (Lima-Jauja, 1967).
Atrás quedó Desamparados, la cuesta amable
de Chosica, Matucana, San Mateo. Mejor no
mires, advierte mi madre. Estelas de sal en los
rieles podridos de la Oroya (3,700 m.s.n.m.).
El tren perfora la montaña y la divide en dos
en tres, en cuatro. La enfermera pregunta
si he comido ancas de rana. Hace tiempo me
arrodillé ante la Señora de los Desamparados,
me preguntó si leía revistas pornográficas.
No supe contestarle. Me perturban los ojos
del niño gitano, su insoportable olor a queso.
Mejor no mires, advierte mi madre. Abajo
camiones pequeñitos transportan minerales
a una fundición. Me siento mareado. Mejor no
mires, advierte mi madre. Mejor no mires.

8

Eulalia entra a la habitación y pide mi boleto.
Volteo nerviosamente los bolsillos, reviso una
y otra vez la billetera, rebusco entre las sábanas.
Si no lo encuentro tendré que bajarme en la
próxima estación. No te preocupes, me dice
un pasajero. Ahora ya eres uno de los nuestros.

9

El tren es una mancha que enturbia la pureza
del paisaje. Perfora la quietud como una aguja
en la arteria, como la sangre que circula en un
cuerpo inerte, pero todavía vivo. Y el sol. El sol
benéfico que arde en los metales, en la memoria
que agradece la llegada del tren. Y me despierta.

Eduardo Chirinos©


«Wadjda», Haifaa al-Mansour

Wadjda es una niña de 10 años que vive en un pueblecito a las afueras de Riad, en Arabia Saudí. Como es normal a su edad, la chiquilla es muy inquieta y compite habitualmente con su amigo de juegos, Abdullah, aunque el entorno tradicional islámico que la rodea no ve con buenos ojos que juegue con niños. Sin embargo, el inconformismo de Wajda va aumentando con el paso del tiempo y su familia empieza a preocuparse: una bicicleta, algo vetado para la mujer, es el nuevo juguete deseado por la niña…

Directora: Haifaa Al-Mansour Guión: Haifaa Al-Mansour Música: Max Richter Fotografía: Lutz Reitemeier Intérpretes: Abdullrahman Al Gohani (Abdullah), Ahd (Ms. Hussa), Dana Abdullilah (Salma), Rafa Al Sanea (Fatima), Reem Abdullah (Madre), Rehab Ahmed (Noura), Sultan Al Assaf (Padre), Waad Mohammed (Wadjda)


«Carta abierta», Mauricio Aliskevicius Rogovich

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                                 9 de enero de 2020

Señor Andrzej Duda
Presidente de Polonia

De mi consideración: Habiendo leído en la prensa que usted rechazó la invitación a la ceremonia que se realizará el próximo día 23 de los corrientes en un acto conmemorativo del Holocausto judío por mano nazi (tengo que explicitarlo porque hoy ya son varios los holocaustos en el mundo) en el memorial de Yad Vashem en nuestra capital Jerusalem, me dirijo a usted por lo siguiente:
   El motivo de su rechazo, manifestado por su gobierno y usted mismo, es el hecho de que no se le dará la palabra en dicho acto, cuando sí se permitirá hablar a los representantes de otras naciones. Usted manifiesta que se siente menospreciado por tal actitud de Israel.
   Personalmente consideraría lógica su actitud si la manifestara alguno de los gobiernos de los países aliados que combatieron al nazismo, o de aquellos países que por fuerza se vieron conquistados por la barbarie nazi.
   La pregunta que me hago es por qué darle igual honor a un país donde los judíos nunca tuvieron la palabra, ni antes ni durante el nazismo invasor. Un país donde mi madre y toda su familia -polacos de nacimiento- no sabían una sola palabra del idioma polaco porque no se les permitía vivir con los demás polacos, estudiar o trabajar con los otros polacos, y ni siquiera hablar el idioma polaco. Debo clarificar una excepción: algunas palabras en polaco sabían, aquellas palabras sucias e insultantes que proferían sus conciudadanos cuando efectuaban los pogromos golpeando y matando a judíos que hoy usted menciona como polacos pero que en ese entonces no los consideraban ni polacos ni seres humanos.
   Usted es joven, no vivía cuando esos hechos ocurrieron, pero seguramente sus ancestros sí. Salvo pocas -muy pocas- excepciones, la población polaca permitió y ayudó a la masacre de tres millones de seres humanos, hombres, mujeres, niños, ancianos, pese a ser nacidos en Polonia. Pueblo y gobierno polacos, junto a otros como Rusia, Ucrania y más, dieron el ejemplo durante siglos y enseñaron a los nazis a perseguir y asesinar judíos por el sólo hecho de serlo. Qué discurso habría querido dar usted señor Duda? Acaso disculparse en nombre de sus compatriotas y seguramente familiares? O pensaba usted dar algún justificativo a la actitud de sus allegados que hasta hoy en día están demostrando el feroz antisemitismo que tienen incrustado, y ya no tienen la posibilidad de echarle la culpa a Hitler y sus aliados? Qué castigos impone usted en este año 2020 a los que atentan contra personas o sitios cuando se enteran que son judíos?
   Le diré algo señor Duda, me tomo el privilegio de hablar pese a que soy judío y además ciudadano israelí. Los judíos hemos levantado la cabeza, desde Mordejai Anilevich y sus compañeros (polacos) en el gueto de Varsovia hasta mis cuatro nietos que hoy lucen orgullosos el uniforme del ejército israelí (bisnietos de polacos). Se acabaron los tiempos en que los antisemitas nos hacían temblar. La sangre judía regada durante dos mil años por esa causa abonó una nueva generación, más fuerte, más dura, incluso muy temida por nuestros contrarios.
   Los antisemitas deshicieron vidas de científicos, artistas, personas de bien y de trabajo. Hoy seguimos generando científicos que mejoran al planeta, artistas que lo embellecen con su música, sus cuadros, sus esculturas, sus obras arquitectónicas.
   No dejamos de lado a la humanidad, pero no permitiremos que levanten cabeza las criaturas nacidas de los huevos de la serpiente antisemita, y cuidaremos al mundo entero para liberarlo de ese flagelo, de esa lacra, de esa inmundicia.
   Si usted manifiesta que quiere pedir disculpas en nombre del pueblo que usted gobierna, seré el primero en exigir a mi gobierno que le dé la palabra y los honores correspondientes. Si usted promulga leyes contra el antisemitismo haré todo lo posible para que los judíos del mundo entero lo feliciten. Pero mientras eso no suceda, me queda en la memoria que por culpa de los polacos mi madre polaca siendo casi una niña, acompañada de su familia, tuvo que escapar de Sokoly -su pueblo polaco de nacimiento-  con lo puesto, y atravesar a pie media Europa por los bosques para esconderse en Francia huyendo de un pogrom.
   Como se dice popularmente, la pelota está en su cancha, usted sabrá qué hacer con ella.
   Me despido de usted,

   Mauricio Aliskevicius Rogovich©
   Rehovot – Israel

https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=593113224586596&id=100016637715570


«Se acabaron los buenos trapecitas», Jorge Ricardo

TrapecistasPacoMorales

caer tal vez fue gracia
Ungaretti

Me acerqué al calor para enfriarme
al amor para partir
          quería escapar
y pido perdón
          respetuosamente
pido perdón y saludo con un infinito
          silencio
con la gorra en la mano
          sin lágrimas
sin ningún tipo de excusas
Quería escapar y para eso alquilé un barco
con todas las luces encendidas
pero fue inútil empuñar el timón
y gritar órdenes: el barco
tenía el casco comido por las algas
estaba desfondado
Bueno, me quedé. Caros míos:
viajar por las metáforas
no es más que una prueba de destreza
tanto más aplaudible cuando se hace sin red
El trapecista puede reventarse
          contra el piso
y el público horrorizado
          jamás olvidará la escena
Algunos dirán: murió en su ley
(cosa enteramente cierta)
Si el trapecista alcanza la vejez
a los cincuenta años posiblemente
se dedique a la bebida
y muera en una pieza
a la luz de fotos amarillas
en otoño o verano
(o en invierno o primavera)
y habrá muerto en su ley de todas formas
Al menos por una décima de segundo
de toda su vida
los buenos trapecistas se sintieron
reyes de este mundo «pero también del otro».
Pero se acabaron los buenos trapecistas
quedan pocos maestros del trapecio:
la enorme mayoría trabaja con red.
La enorme mayoría logra pese a todo
piruetas fascinantes
          que el público aplaude a rabiar
Ahora que bajé del barco
(con el trapecio nunca me metí)
yo también aplaudo los buenos espectáculos
Ahora que vuelvo (y no vencido
sino apenas un poco más cansado)
a calentarme las manos aquí abajo.

Jorge Ricardo ©

Jorge Ricardo Aulicino. Buenos Aires, Argentina, 1949. Poeta, periodista y traductor. Ha publicado: Vuelo bajo (1974), Poeta antiguo (1980), La caída de los cuerpos (1983), Paisaje con autor (1988), Hombres en un restaurante (1994), Almas en movimiento (1995), La línea del coyote (1999), La poesía era un bello país. Antología 1974-1999 (2000), Las Vegas (2000), La luz checoslovaca (2003), La nada (2003), Hostias (2004), Máquina de faro (2006), Cierta dureza en la sintaxis (2008), Libro del engaño y del desengaño (2011), Estación Finlandia. Poesía reunida 1974-2011 (2012).

Ilustración:
«El vuelo de los trapecistas»
Arte Contemporáneo,  Pinturas,  Óleo.
Autor: Paco Morales.
60 x  45 cm  /   23.6 x  17.7 in.
Temas: Fantástico.
Género: Surrealismo.
Autenticidad: Original.
Tipos de artistas: Artistas de ocio.
Soportes: Sobre lienzo.
Corriente de Arte: Pintura española.
Periodo: Contemporáneo. https://es.artquid.com/artwork/491208/79235/el-vuelo-de-los-trapecistas.html


«Hixa mía, mi querida»,Emilio Villalba & Sara Marina

Hixa mia mi querida
Aman, aman, aman
No te eches a la mar
Que la mar esta enfortuna
Mira que te va llevar

Que me lleve que me traiga
Aman, aman, aman
Siete picos de hondor
Que m’engluta pexe preto
Para salvar de l’amor.

Emilio Villalba: laúd. Sara Marina: bendir. Raje Bousleh: canto.
Sevilla – Túnez 2017
Sephardica es un proyecto de Emilio Villalba y Sara Marina
www.emiliovillalba.com


El fabricante de marionetas Geahk Burchill da vida a Asenath, la bruja de los Apalaches.


Cartelera cultural

JOSÉ LUIS GRECO, ESPAÑA

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-Viernes, 8 de noviembre, hago la presentación en la inauguración de la exposición de cuadros de mi antigua amiga Trudi van der Elsen en Toledo.  Es en Las Cuevas de Hércules, Callejón San Jinés 3, a las 18.30. La exposición también cuenta con la participación de otro antiguo amigo, Pierre Élie Mamou, quien ha proporcionado dos de sus Derivas como fondo sonoro ambiental.

-Domingo 10 y domingo 17 de noviembre, el Plural Ensemble vuelve a interpretar The Time Between, en Zaragoza y Palma de Mallorca. El primer concierto es dentro del marco del Festival de Ensembles en el Auditorio de Zaragoza. El segundo es dentro de marco de PHONA, Cicle de Noves Musiques en el Teatre Municipal Xesc Forteza.

-Y por último, lunes 25 de novienbre, la maravillosa pianista Judith Jáuregui vuelve a interpretar mi Study in Stride en el Auditorio Victor Villegas de Murcia. 

José Luis Greco: https://grecomusica.wordpress.com/


VIII FERIA IBEROAMERICANA

DEL LIBRO EN RAANANA, ISRAELfondo

Viernes 8 de noviembre de 9:00 a 13:00 horas.
Mishkan Haomanuiot – Calle HaPalmaj 2, Raanana
Stand de La Torre de Babel Ediciones®
Andrea Bauab «La última historia de amor»,
Escritores de «Secretos Oscuros»
Firma de ejemplares a las 11:00, los esperamos.
http://www.latorredebabelediciones.com


«Vamos a oprimir nosotros», Javier Marías

Ada Colau

NOS HARTAMOS de repetirlo todos sus miembros, del más veterano al más reciente: la Real Academia Española o RAE no manda ni impone nada; no obliga, prohíbe, castiga ni multa. No está facultada para hacerlo y además no quiere. Es probablemente la institución más liberal de cuantas hay en este país profundamente antiliberal. A lo sumo recomienda, orienta, aconseja, avisa de que tal o cual término son peyorativos o vulgares o despectivos. Indica simplemente lo que es correcto gramatical, sintáctica y ortográficamente, pero nadie se ve forzado a hablar ni a escribir según esa corrección, que ni siquiera dicta la propia RAE, sino el uso centenario de la lengua. Si no hay un mínimo acuerdo básico, no nos entenderíamos y el idioma se tornaría inservible. Aun así, cada cual es libre de decir y escribir lo que quiera y como quiera, de emplear el vocabulario que le plazca, desde el exquisito hasta el malsonante y soez. Eso no está penado todavía, por fortuna. Sin embargo, demasiada gente pretende lo contrario, que la RAE ejerza de policía, que censure el diccionario, que elimine palabras o acepciones, que añada otras a capricho de cada colectivo o individuo con ínfulas, que se dedique a una labor represiva. Como si tuviera capacidad o voluntad para ello; no las tiene en absoluto.

En vista, así pues, de que la RAE no se pliega a ninguna presión autoritaria, son numerosas las instituciones que intentan legislar y censurar y reprimir por su cuenta. Son conocidas, por ejemplo, las directrices que con frecuencia lanzan la Junta de Andalucía o Comisiones Obreras, y aun el Congreso, que decidió que los castellanohablantes teníamos que decir Girona, Lleida y A Coruña, aunque viniéramos llamando secularmente a esas ciudades Gerona, Lérida y La Coruña. Ninguna institución posee la menor autoridad para dictaminar nada —aún menos para imponer— en materia de lengua. Pero todas se la arrogan con intolerables intrusión y soberbia.

Ahora se ha ido aún más lejos, por parte de Ada Colau y su Ayuntamiento de Barcelona, que han impreso 62.000 ejemplares de una Guía de Comunicación Inclusiva para construir un mundo más igualitario (menudas pretensiones). Está destinada sobre todo a las empresas que aspiren a contratar o a concursar, a trabajar con dicho Ayuntamiento. El paso más lejos consiste en que aquí se obliga a tales empresas a utilizar los vocablos estúpidos y ridículos que se les han ocurrido a Colau y a su equipo. Y, si no se someten, se las castiga privándolas de oportunidades y beneficios. Eso sólo lo hacen las dictaduras más intransigentes: en el III Reich, si alguien saludaba con «Buenos días» o «Alabado sea Dios» (un religioso) en vez de con el preceptivo «Heil Hitler!», se lo multaba o detenía por «desafecto». Y una vez detenido en aquel régimen, uno podía acabar rápidamente en una fosa… Una de las órdenes más pintorescas de esta Guía de Colau es que se eviten términos como «demente», «loco» o «trastornado», así que no sé cómo decir que el panfleto en cuestión me parece obra de dementes, locos y trastornados. Según él, «no hay nadie normal, sino que todo el mundo es diferente». No se debe decir «estoy depre» porque eso trivializa la depresión, sino «tengo el día triste». Según él, «las razas no existen, el racismo sí», que viene a ser tan estulto y —sí— trastornado como afirmar que «no existen los machos, el machismo sí», o que «los sexos no, el sexismo sí». Según él, el desdoblamiento hoy tan pelmazo («los trabajadores y las trabajadoras») también es «excluyente», porque «excluimos a las personas que no se identifican como hombre o mujer». No hay que hablar de «madres solteras», pues puede resultar discriminatorio mencionar el estado civil «cuando la persona no tiene pareja». «Abuelo, abuela» son inadmisibles como apelativos irónicos o cariñosos, ya que muchas «personas mayores» carecen de progenie. Y nada de «cambio de sexo», eso se llama «operaciones de afirmación de género» (cuando en español «género» y «sexo» no son, o no solían ser, sinónimos). Olvídense de la milenaria pero «irrespetuosa» «hermafrodita», de «minusválido”, «inválido», «cojo», «sordo», «ciego» y hasta «invidente». Todos esos son «personas con discapacidad física» o «con movilidad reducida» o «con ceguera». Francamente, entre “«ciego» y «con ceguera» veo la misma diferencia que entre «inteligente» y «con inteligencia»; claro que este último concepto le es desconocido a Colau, no la ha tocado jamás. Para ella y su equipo es insultante decir que uno «compra en un chino» o «en el paki», y proponen algo tan inespecífico como «comprar en la tienda» (se han roto el cerebro). Ignoran que «moro» y «mauritano» (condenan la primera palabra y predican la segunda) significan exactamente lo mismo. Absténganse ustedes de espetarle a nadie «Que te den» e inclínense por el vetusto «A freír espárragos»; y nada de «mariconadas», sino «tonterías» (otra vez rotos los sesos). Inaceptables «inmigrantes» y «emigrantes», son todos «migrantes», como las aves. La Guía es un inagotable y fascinante compendio de imbecilidades. Búsquenla y díganme si es obra de gente cuerda, tolerante, democrática, «igualitaria» y respetuosa de las libertades. El lema parece ser: «Si la RAE no oprime, que le den. Vamos a oprimir nosotros».

 

Javier Marías© Fuente: https://elpais.com/elpais/2019/07/16/eps/1563284195_363202.html


«Su excelencia», Javier Obregón Gómez

santosyubero

Antonio Muñoz Molina con su habitual rigor y buena prosa nos dejaba en el suplemento de El País, Babelia, de la semana pasada un artículo de opinión con el título de «Su Excelencia» que merece, como todos los suyos, ser leído. Y éste me ha llamado especialmente la atención. Reflexiona sobre su vida, en su pueblo Úbeda, Jaén, allá por la década de los 60 siendo niño, a los que su buena memoria le hacen aún hoy fácilmente recordar. Fueron años, nos cuenta, de ausencia de libertades, de conmemoraciones patrióticas, de retratos de Franco y José Antonio en la escuela, de conmemoraciones de efemérides y batallas gloriosas en una retórica de lirismo falangista y arenga cuartelaria que lo invadía todo.

Esos años yo, como niño, también los viví. Jugábamos a nuestros propios juegos infantiles en el Paseo Pereda o en el Patio del Instituto de Santa Clara, pero no me llegó ese ambiente opresor excluyente y triste del que nos habla Antonio Muñoz Molina que le tocó vivir. Éramos una familia que teníamos pocas simpatías a Franco ,y sólo nos llegaba como rescoldos casi apagados la vida oficial Régimen en sus actos y parafernalia partidista . Pero también a mi esos recuerdos, de la década de los 60, se me hacen vivos ,aunque se me olvidan quiero recordarlos y más de una vez me confunden, pero están ahí, y forman parte de mi vida y mi niñez. El franquismo nos llegaba, yo diría apagado ,atenuado y de refilón.

Los largos nodos que precedían a las películas de un Franco omnipresente, inaugurador de pantanos nos aburría; Jugábamos en pandillas señalando a los rojos» por su uniforme a los del Colegio de la Sagrada Familia, sin saber muy bien las connotaciones de tal adjetivo, nosotros los azules los del Colegio de San José, éramos los buenos, ellos los malos a los que en nuestras bandas infantiles había que pegar. Sabíamos de la existencia de una piscina climatizada en La Alameda de la Falange, a la que nunca asistimos. Visitamos entusiasmados los actos la Semana Naval en 1968 viendo barcos, destructores y portaviones, señal inequívoca del poderío de la España Imperial y nos gustó, teníamos 14 años. La visita a nuestra ciudad del Caudillo aplaudido por masas enfervorecidas nos dejaba exhortos, le veíamos pequeño y diminuto desde lo alto de un balcón de Jesús de Monasterio, contemplando los pañuelos agitados al grito de !Franco¡ !Franco¡ En las clase de Formación Política que se nos impartía en Instituto de Santa Clara se nos recordaba los principios fundamentales del falangismo, se denostaba a la democracia, y se tildaba con todo tipo de insultos a historiadores como Menéndez Pidal, a escritores y políticos como Lorca, el homosexual; a Azaña, el verrugas; a Lutero , el monje impío y de lascivos deseos… Fueron también años de imágenes y de recuerdos penosos, de cosas que no entendíamos y nos era difícil de encajar para nosotros como niños que éramos y a los que no encontrábamos explicación.

Vimos subir a cientos de santanderinos por la calle de Francisco Quevedo, para asistir a un fusilamiento público, ejemplar se decía, en el Cuartel del Alta de un chico joven que había dado muerte en un atraco a un guardia civil. Pese a todo jugábamos y nos divertíamos, las chapas y las canicas ocupaba una gran parte de nuestro tiempo, el fútbol y el ciclismo nos deleitaba. Seguíamos con apasionamiento la marcha de nuestro Racing y nos entusiasmaba los triunfos de nuestros ciclistas locales (Pérez Francés, Ventura Fernández)…

Pero al rememorar ese tiempo pasado y leer como recientemente el Tribunal Supremo en una sentencia indicaba que el 1 de Octubre de 1936 ya era Franco jefe del Estado de España, comprendo la indignación Antonio Muñoz Molina ante el silencio y la incomprensión de muchos historiadores que no han querido significarse ante el tamaño de tales aberraciones históricas, cuando lo más propio hubiera sido señalar la ilegalidad de esa acción conspirativa, la de la insurrección del 18 de julio, en un régimen que por esa fechas seguía siendo aún la República reconocida internacionalmente con un presidente elegido democráticamente. A uno no le hace falta ser radical, escribe Antonio Muños Molina, para que la sangre se hiele en las venas al enterarse que el Tribunal Supremo, el templo civil de la legalidad democrática, el cónclave de las mentes jurídicas más sabias y más escogidas del país, considera que aquel día primero de octubre de 1936 el jefe del Estado de España era el general Franco. La últimas palabras del autor en este articulo son ciertamente esclarecedoras . No es decente que al cabo de medio siglo la tumba de un dictador sea un monumento público…. No es decente ni es lícito, y ni siquiera creo que sea legal, aunque lo autorice el Tribunal Supremo. Soy, de los que piensan, que los recuerdos de muchos que vivieron esos años ,de los emigrantes, de los encarcelados, de las familias de los fusilados, de los marginados y perseguidos son motivos más que suficientes para que se proceda a borrar ya definitivamente con la mayor celeridad posible ese símbolo mortuorio, público ,el del Valle de los Caídos del quién lo hizo posible.

Javier Obregón Gómez© https://www.facebook.com/javi.tron.16/posts/1607776002686695


«Meteoros, lluvias y poemas», Estíbaliz Espinosa

Una estrella fugaz

para una mujer

que no sabe qué pedir.

Suzuki Masajo

Tres versos, 17 sílabas en total y un microcosmos de significado capturado en una imagen: esto es un haiku de una transgresora poeta japonesa del siglo XX. El tema es curioso [daría para mucho, siendo mujer su autora y fisgando algo de su fascinante vida personal]. Nos remite a algo verosímilmente posible si en agosto nos encontramos bajo la lluvia de Perseidas o en diciembre bajo las Gemínidas: olvidar qué deseo pedir. Entre otras cosas, porque las estrellas fugaces no están ahí para cumplir deseos de primates ni de organismos eucariotas en general, y siento que muera un unicornio cada vez que alguien lee esto. A ver si lo compenso: no cabe duda de que pedir un deseo cuando se ve una estrella fugaz es un buen ejercicio, hasta sorprendente, para descubrirnos a nosotros mismos qué deseamos. Y una vez llevamos dos o tres formulados, igual nos apetece saber más sobre cómo se originan esas «estrellas», por qué aparecen en la misma época del año, de dónde vienen, adónde van…

Perseida y Pléyades [M45]. Foto de Óscar Blanco en A Veiga. Agosto 2018

«Necesitamos imaginación en ciencia, no todo es matemáticas y lógica, también belleza y poesía». Parecen palabras contemporáneas, el eslógan de un festival de sciencepoetry; son de Maria Mitchell, la primera astrónoma oficial de EEUU, directora del Observatorio del Vassar College [Nueva York] y formadora y defensora de mujeres en ciencia. Nació hace justo 200 años, se codeó amistosamente con John Herschel, Mary Sommerville o Alexander von Humboldt e incluso se le autorizó entrar en el Observatorio del Vaticano, aunque sólo hasta que se pusiese el sol… [un mírame y no me toques para un observatorio estelar, pero allá que fue].

Años antes, en 1847, Maria había avistado un cometa no periódico –bautizado en su honor como el cometa Miss Mitchell – desde su Nantucket natal y obtuvo por ello la medalla de oro prometida por un rey con afición a la astronomía, Federico VI de Dinamarca.

Por muy presentes que sigan las palabras y el carácter de su descubridora, el cometa Miss Mitchell no es de los que vuelven. Algunos de los cometas que sí nos visitan con regularidad precisamente provocan lluvias de estrellas, en las que a veces pedir un deseo es lo de menos. Muchos cometas son escultores involuntarios de meteoros y meteoritos.

No son lo mismo, claro. Todos conforman un ovillo de polvo y roca, pero el cometa, de órbita más elongada, se parece más a una bola sucia de nieve y hielo que, al calor del Sol, desprende una estela de polvo y gas ionizado muy vistosa, verdiazul; una coma en latín [κόμη en griego], una cabellera. Y de coma, tenemos cometa. Una bola de hielo desmelenada. Partículas y pequeñas rocas desprendidas de esa cola de polvo seguirán en su órbita y se cruzarán con la nuestra. Las llamamos «lluvia de estrellas», si bien la mayoría son esquirlas del tamaño de un grano de arena que entran en incandescencia al roce con nuestra atmósfera. Esos son los meteoros y se desplazan en «tubos meteóricos»: un hula hop de polvo y detritos.

La condición que convierte un meteoro en meteorito y le otorga su sufijo es el hecho de llegar a tocar nuestro planeta. Un meteoro pasa por el cielo como un ave de paso dejando una firma luminosa –de ahí lo de estrella fugaz, aunque no tenga nada de estrella – y puede convertirse en meteorito si no se desintegra y se hunde en algún lugar de nuestra Tierra, tal vez un océano, bosque o desierto. A la espera de que alguien dé con él y lo destripe.

[Sí, también puede caer sobre nuestras cabezas, pero esa probabilidad es 1 entre 1.600.000; mucho menor que la probabilidad de que nos caiga un rayo, nos ataque un tiburón o ganemos la Lotería. Podemos seguir mirando al cielo sin mayores aprensiones].

Lo que conocemos como lluvia de estrellas, en inglés meteor shower [ducha de meteoros], es un fenómeno frecuente y periódico protagonizado por meteoros. En griego μετέωρος significa «suspendido del cielo» y en principio podía aludir a la lluvia, la nieve, el arco iris, las auroras boreales… De ahí que todos esos fenómenos dispares en origen entren en el campo de estudio de la meteorología. Todos se manifiestan una vez pasado el lienzo transparente de nuestra atmósfera.

En la llanura de Tesalia, al norte de Grecia, los monasterios de Meteora nos recuerdan la raíz de esa palabra: las montañas sobre las que se erigen suscitaron la ilusión óptica de colgar o flotar en el cielo, son inmensos pilares de roca del terciario erosionados por un gran río.

Pero retomemos el hilo de los meteoros y su relación con los cometas [y algún que otro asteroide]. Como hemos apuntado, las conocidas como lluvias de estrellas suelen ser periódicas dado que su origen se encuentra en aquellos restos de roca desprendidos de un cometa en su período orbital en torno a nuestro Sol –que, como vemos, es menos nuestro de lo que pensábamos-. Hay muchas lluvias a lo largo del año, desde las Cuadrántidas de comienzos de enero hasta las fabulosas Gemínidas de diciembre, las que cuentan con mayor tasa horaria zenital o THZ, es decir, número máximo de meteoros por hora; sin olvidar las Líridas de abril, las Oriónidas, las Boótidas o las Leónidas, entre otras.

Todas ellas se originan en los restos de polvo dejados atrás por las colas de un cometa; ese enjambre de escombros cruza el plano orbital de nuestro planeta, aunque el cometa se halle ya pasado Saturno. El entrañable Halley [1P/Halley es su título oficial], que volverá a visitarnos hacia julio del 2061, es responsable de dos lluvias de estrellas al año, las Eta Aquáridas en mayo y las Oriónidas en octubre, coincidiendo con dos puntos de corte con su órbita. Las Perseidas son, por su parte, polvareda del cometa Swift–Tuttle [de nombre técnico 109P/Swift–Tuttle]. Y las espectaculares Gemínidas de nuestro invierno boreal serían migajas de otro tipo de roca, un asteroide: (3200) Phaethon, nombre que alude a otro mito, Faetón, el hijo caído por guiar con torpeza la cuadriga del astro rey.

Este variado menú de lluvias tiene algo común: todas ellas suenan igual. Riman, de hecho. Si regresamos al griego, el sufijo –idas significa «descendencia». Perseidas serían hijas de Perseo, Dracónidas de Draco y Gemínidas de Géminis. Una filiación metafórica, desde luego. De hecho, como todo lo relativo a las constelaciones, depende sólo del punto de vista humano desde su posición en la Tierra, es decir, se trata de ilusiones ópticas y de perspectiva que comparte nuestra especie. Todos los meteoros parecen surgir de una región del cielo donde reina una constelación, de las 88 totales reconocidas por la Unión Astronómica Internacional, de la cual toman su nombre como «hijos de». Esa región se denomina radiante, ya que los meteoros en aparienciairradian de ahí. Podemos verlos rayar otro punto del firmamento; en ese caso, trazamos su línea imaginaria y desembocamos en la constelación matriz. Si no es así, se trataría de un esporádico: un meteoro que no forma parte de la lluvia de estrellas, pero al que queremos igual.

Para una observación de Perseidas la constelación en el punto de mira como referencia es Perseo, el héroe que montaba a Pegaso, siempre cerca de Casiopea y Andrómeda, sus colegas de mito. Para las Leónidas, Leo, constelación fácil de ver al hallarse en la franja imaginaria del zodíaco, la línea de los eclipses, la eclíptica [quizás la línea más importante para la observación astronómica: una extensión de la recta imaginaria que uniría Tierra y Sol y la proyecta en el fondo de estrellas]. Y el radiante de las Camelopardálidas? Y el de las Cuadrántidas? Ahí os lo dejo.

Esto es un cometa, y qué cometa: el Hale-Bopp, de 1997, visible en el cielo durante varios meses y más brillante que Sirio. Créditos de la imagen: A. Dimai and D. Ghirardo, (Col Druscie Obs.), AAC

***

«¡Ou ti! roxa estrela
que din que comigo
naciche, poideras
por sempre apagarte,
xa que non pudeche
por sempre alumarme…!»

[«¡O tú! roja estrella
que dicen que conmigo
naciste, bien podrías
por siempre apagarte,
ya que no has podido
por siempre alumbrarme…!»]

Rosalía de Castro

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