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“Yom haShoá vehaGuevurá 2017”

YomHaShoah

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“Kertész y Celan: un diálogo entre Kaddish por el hijo no nacido y Fuga de muerte”, Judit Gerendas

Paul Celan

Uno de los poetas que más hondamente ha marcado la literatura y la cultura del siglo XX es Paul Celan. A los veintidós años, siendo estudiante de literaturas románicas en una universidad de Rumanía, fue llevado a un campo de trabajo, en tanto que sus padres, judíos de alta cultura, fueron deportados a un campo de exterminio, de donde nunca regresaron.

Sobrevivió a la guerra, pero no a la convicción de que su vida no le pertenecía, de que podía ser trasladado de un lugar a otro, obligado a dejar su vocación y  trabajar como una bestia, sin ninguna  retribución, o ser exterminado como una alimaña, sin motivo racional alguno, solo por ser definido como el otro, el judío, algo de lo cual él nunca estuvo consciente. Luego de dejar una obra poética magistral, Paul Celan no pudo seguir soportando la obtusa presencia del mundo y se suicidó a los cincuenta años. De entre toda su obra, tan valiosa, el poema más conocido y más frecuentemente citado es el escalofriante “Fuga de muerte” (“Todesfuge”), escrito en 1948 y publicado en el volumen Amapola y memoria, de 1952.

Me voy a permitir transcribirla completa, en traducción de Jesús Munárriz:

Leche negra del alba la bebemos al atardecer
la bebemos al mediodía y a la mañana la bebemos de noche
bebemos y bebemos
cavamos una fosa en los aires allí no hay estrechez.

En la casa vive un hombre que juega con las serpientes que
    escribe
que escribe al oscurecer a Alemania tu cabello de oro Margarete
lo escribe y sale a la puerta de casa y brillan las estrellas silba
    llamando a sus perros
silba y salen sus judíos manda cavar una fosa en la tierra
nos ordena tocad ahora música de baile.

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana y al mediodía te bebemos al atardecer
bebemos y bebemos
un hombre vive en la casa tu cabello de oro Margarete tu cabello
    de ceniza Sulamita él juega con serpientes.

Grita tocad más dulcemente a la muerte la muerte es un amo de
    Alemania
grita tocad más sombríamente los violines luego subiréis como
    humo en el aire
luego tendréis una fosa en las nubes allí no hay estrechez.

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía la muerte es un amo de Alemania
te bebemos al atardecer y a la mañana bebemos
y bebemos la muerte es un amo de Alemania su ojo es azul
te alcanza con bala de plomo te alcanza certero
un hombre vive en la casa tu cabello de oro Margarete
azuza sus perros contra nosotros nos regala una fosa en el aire
acosa con las serpientes y sueña la muerte es un amo de
    Alemania
tu cabello de oro Margarete
tu cabello de ceniza Sulamita1.

El poeta habla de todos los seres humanos pertenecientes a la cultura de su personaje, Sulamita, los cuales han sido atrapados y serán víctimas de un crimen inenarrable, indecible, una shoah, es decir, una catástrofe que desteje el tejido de lo que consideramos la cultura humana. Para hablar de ello, el poeta convoca al máximo representante del humanismo alemán y, quizás, de toda la cultura occidental, al menos  de una cierta época: a Goethe, el autor de ese personaje femenino de cabellos de oro que da un paso y sale del Fausto, esa magnífica obra, para enfrentarla a la Sulamita de cabellos de ceniza, la cual también, con sus pasos, sale de un clásico de la cultura occidental, del Cantar de los Cantares,  conocido como del rey Salomón, texto en el cual la bella y erótica muchacha, protagonista de la historia de amor que ahí se nos cuenta, no tiene los cabellos de ceniza, es una joven morena, rosa de Sarón, lirio de los valles.

La ceniza es esparcida por el viento y viene de las chimeneas de los hornos crematorios, donde Sulamita se convertirá en humo, sus cenizas se perderán en medio de las nubes, no tendrá un entierro, no tendrá una tumba, ni una urna, sus descendientes no podrán honrarla ni hacer el duelo por ella, como es norma dentro de la ley humana, de la cultura que tiene sus rituales de vida y de muerte;  estos últimos ayudan a elaborar el dolor, forman parte del proceso de duelo con el que la psique humana integra dentro de sí el hecho de la muerte, intentando reparar la devastación sufrida mediante los ritos propios de su cultura.

Pero el pueblo que solo toma leche negra día y noche, leche de muerte, leche de exterminio, no tendrá derecho ni siquiera a una fosa dentro de la tierra, algo que Paul Celan expresa con la reiterada imagen de la sepultura en el aire, esas tumbas que las propias víctimas del próximo exterminio están cavando en los aires.

Quizás nunca nadie había llegado tan lejos en la poetización del horror como Celan. El poema adquiere su grandeza al asumir la forma de la fuga, en su sentido musical, composición abierta construida sobre la figura de la repetición de sus múltiples temas (o de la polifonía de sus voces), una incesante reiteración que se dispara hacia el infinito, no tiene cierre, como no tienen tumba que los encierre las víctimas de la shoah. El tema se va desplazando, hasta perderse en las fosas que se cavan en el aire, en la nada, humo y ceniza que se dispersa en el universo, fuera del mundo humano, dando cuenta del quiebre del humanismo, ahí cerca de Weimar, la ciudad de Goethe, en el campo de concentración de Buchenwald (Bosque de las hayas), aunque ahí no había hornos crematorios, lo que no obsta que pueda considerarse símbolo de ese quiebre, situado como está frente a la ciudad de Weimar, la que está sobre la colina de Ettersberg, donde se yergue el Castillo de Ettersburg, el lugar en el cual trabajó Goethe más de cien años atrás, en obras que se convirtieron en piedra fundamental del clasicismo europeo, del humanismo que se haría trizas en Auschwitz, en Buchenwald, en Mauthausen, en tantos otros campos del horror.

El contrapunto entre Margarete y Sulamita, entre los cabellos de oro de la una y los de ceniza de la otra, también corresponde a la composición de la fuga.  Las repeticiones en el poema se presentan con variaciones y en distintos tonos, en el desarrollo de ese obsesivo tema que tampoco se cierra, se pierde en el infinito, en el cosmos helado e inhabitable.

“Fuga de muerte” es una de las poesías más significativas del siglo XX,   capaz de formular en palabras originales, no desgastadas ni sentimentales, una situación límite, la cual, en correspondencia con lo insoportable de su decir, adquiere una forma poética a su vez insoportable en sus terribles reiteraciones, todo lo cual, articulado, da origen a un magistral poema. De la cicatriz que no se cierra, como calificó el estudioso húngaro-alemán Péter Szondi a la poesía de Celan, habla el escritor mexicano José María Pérez Gay,  doctor en filosofía germanística, como de

la cicatriz de nuestro tiempo. No niegan la dignidad del miedo, ni el consuelo de la confianza. Es la suya una poesía ardiente, brotada de la vida y el diálogo del hombre con el mundo. (…) Hay amapolas y memoria, urnas y arena, tallos y lámparas. (…) Celan es un poeta que ha dejado un rastro de fuego en la lengua alemana2 .

Paul Celan escribió “Fuga de la muerte” en 1948. Veintidós años después se suicidó en París, lanzándose al Sena desde un puente. La simbolización de su inconsciente lo llevó a esa fuga de la muerte dentro de una materia que, aunque no era una fosa en el aire, era un líquido, las aguas de un río en las que tampoco cabe una fosa que se corresponda con la ley humana (tan antigua como Antígona y su historia, o más), que encierra al cuerpo muerto dentro de la solidez de la tierra. No se puede cavar en el río, el cual corre sin cesar en su fuga indetenible hasta desembocar en la vastedad del mar. Pero la realidad no es simbólica, es factual, y el cuerpo de Celan fue recuperado de las aguas días después de su muerte y enterrado en un cementerio de París.

Imre Kertész

Veinte años después del suicidio de Celan, otro sobreviviente de la shoah, el Premio Nobel húngaro Imre Kertész publica en 1990, en su idioma, su magistral libro Kaddish por el hijo no nacido, el cual a su vez se constituye en una fuga de muerte, en constante diálogo con el poema de Celan. Ya el epígrafe mismo pertenece al poema que hemos estado asediando, esta vez en otra traducción, muy sugestiva:

. . .  tocad más sombríamente los violines
luego subiréis como humo en el aire
luego tendréis una fosa en las nubes
allí no hay estrechez

Paul Celan, Fuga de la muerte3.

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“Holocausto”, lecturas para comprender el presente, Juan Zapato

En el marco del
“Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto”.

“Holocausto”,
lecturas para comprender el presente
.

Disertación del escritor israelí Juan Zapato
sobre las obras
“El rescoldo”, de Sara Strassberg-Dayán
y “El último día”, de Mina Weil,
autoras israelíes contemporáneas.

 

  • 26 de enero 19:00 hs.
    Librería GIL, Plaza Pombo, Santander.
  • 27 de enero 19:00 hs.
    Centro Cívico La Bolsa – Palacio John, Casco Viejo de Bilbao.
  • 31 de enero 20:00 hs.
    Hotel México, Rúa del Norte 10, Vigo.


Yom haShoá, sobre el libro “El rescoldo” de Sara Strassberg-Dayán

Briefmarke-Warschau-Ghetto-Aufstand3R.LEIB: En tantos de ustedes, se ve como luchan con las huellas del tesoro; se lo ve en sus ideas, en sus actos, aunque ustedes mismos no se den cuenta, y aunque eso moleste a ciertos judíos «piadosos» que se creen los custodios del judaísmo pero no lo son… Buscar la verdad en cualquiera de sus formas es siempre judaísmo.

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MADRE: ¿El ghetto está ardiendo, verdad?
URI: En parte, sí; el asfalto arde bajo nuestros pies, chorrea y se pega a nuestros zapatos, un humo negro cubre las calles, hay cadáveres por todos lados, y el olor de la carne quemada nos descompone, pero la lucha sigue.

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URI: Una vez Reb Leib nos dijo que ésta era una época de poda para el árbol de Israel, ¿te acuerdas? (Masha asiente.) Tenía razón; la poda sigue, pero nuestro árbol no puede ser talado, ¿sabes por qué? Ahora lo sé, lo comprendí en este último tiempo. No puede ser talado porque nuestras raíces no están en la tierra. Nuestra raíz es un sueño, y un sueño no puede ser destruido por la violencia ni por el fuego. Nacimos como pueblo pidiendo justicia, odiando el odio y la esclavitud, y no podemos traicionar ese sueño que marcha delante de nosotros, pidiendo fe y realización. Nacimos soñando con un futuro de libertad y dignidad para todos los seres humanos, y ese sueño no puede ser destruido, a menos que sea destruida toda la humanidad, ¿comprendes?

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GENERAL: Esto se acabó. Himmler me ha tele-grafiado ordenándome terminar  ya esta lucha absurda. Vamos  a destruir completamente el ghetto, lo arrasaremos hasta sus cimientos, ¿entiende?

CORONEL: ¿Y los talleres y fábricas, señor?

GENERAL: Bombardeen todo. Esos judíos saben pelear con nuestros soldados, veremos cómo pelearán ahora con las bombas que les arrojarán nuestros aviones, con el fuego de nuestros lanzallamas, y con el gas con que llenaremos sus refugios.

CORONEL: ¿Gas, señor?

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MASHA: Desde que estuve allá, en Treblinka, no había podido llorar; pero esa noche, mientras miraba arder el ghetto, mientras a mi espalda escuchaba brindar a los polacos, volví a llorar. Supe que entre esas llamas estaba el pueblo que yo creía que ya no existía; supe que yo era parte de ese pueblo y que el pueblo estaba en mí; supe que me quemaba el mismo fuego que los quemaba a ellos; pensé: ¿por qué no estoy también yo ahí, muriendo con mi gente? Supe quién era yo, por fin, ¿comprendes?

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«Si comprender es imposible, conocer es necesario…», las palabras de Primo Levi sirven de prefacio a la obra teatral «El rescoldo» de Sara Strassberg-Dayán, donde a través de ésta, cobra realidad el hecho histórico, al convertirse en coetáneo, al permitirnos reflexionar sobre las condiciones históricas en que tuvo lugar la vida humana en una época nefasta de la Humanidad.

Los roles actorales se funden en la piel de los personajes, cobran visibilidad ante el lector-espectador, son personas de otro tiempo con las cuales podemos identificarnos, desde el acuerdo o el desacuerdo de sus posturas, reacciones, miedos, creencias, recelos, desconfianza, etc.

En el caso del lector, la obra se transfigura en lo que podríamos calificar una novela en tres dimensiones, ya que la dinámica de la estructura de los actos, la ubicación en escena de aquellos seres-personajes en ese espacio físico y temporal, en una dimensión historia-presente, hace ágil la lectura y comprensible la situación planteada.

Tantas veces desde la ignorancia o la indiferencia, el desconocimiento o la soberbia, muchos han dicho: «por qué se dejaban conducir como ovejas al matadero», y la pregunta debería ser ¿cuál habría sido la decisión que hubiésemos tomado nosotros, en el caso de que se nos exigiera proporcionar una lista con varios miles de nombres para cubrir la cuota requerida para el próximo transporte a los campos de la muerte a cambio de que no mueran todos?, ¿cómo repartiríamos la exigua ración de comida o los medicamentos a todos los hambrientos y enfermos o sólo a aquellos con más posibilidades de sobrevivir?, ¿qué hacer, para conservar la vida un día más?, ¿cómo actuar ante la disyuntiva de que un padre sólo podía salvar a un hijo, a cual, de ser transportado?

Y una vez ya en los campos, la humillación, y la deshumanización el rapado total, el despojo de la ropa y de todos los efectos personales, el tatuaje de un número, la falta absoluta de privacidad en las barracas, el dormir en el camastro junto a dos o tres extraños, la indescriptible suciedad, la desaparición de todas las jerarquías que determinan usualmente una gran parte de nuestra identidad, la ausencia de toda ceremonia, la imposibilidad de llorar a los muertos. Y la misma muerte.

¡Y resistieron y lucharon!

Este libro es un humilde homenaje a aquellos jóvenes que presentaron lucha a la bestia nazi, para elegir siquiera la manera de morir. Los hubo no sólo en Varsovia, también en Bialistock, Cracovia, Chestojova, Tarnov, Bandin y en los mismos campos de concentración y los de exterminio.

ElRescoldoNovedadEncontrará el lector en «El rescoldo», a aquellos seres-personajes que a través de la resistencia judía, entonces, intentaron elevar la dignidad humana tanto como fuera posible, tanto como les fuese posible. Los que escribieron un periódico en la clandestinidad, los que enseñaron en escuelas, aquellos que impartieron clases de hebreo, de sionismo y de Torá, quienes tocaron en orquestas, quienes actuaron en los teatros para un público hambriento de pan; los niños contrabandistas; los judíos creyentes que siguieron cumpliendo las mitzvot, los tradicionalistas que continuaron yendo a las sinagogas y festejaron las festividades. Todos ellos fueron y serán nuestros héroes.

«El rescoldo», nace como el resultado de la necesidad pesonal de la autora, de enfrentarse con el tema del Holocausto desde su condición judía, por medio de su herramienta natural que es la dramaturgia, a la que nos tiene acostumbrados en su prolífica trayectoria como escritora.

Juan Zapato


“Zyklon B”, Juan Zapato

cajademuñecasMe presento, soy Miriam, la muñeca de Yael, les cuento nuestra historia.

Como no conozco el calendario, sólo puedo decirles que era de mañana, muy temprano porque aún se escuchaban los trinos aunque el Sol no asomaba ni asomaría en Lodz.

Unos fuertes gritos provenientes de la calle, hicieron asomarse a la ventana a Beca, la mamá de Yael, las tres estábamos solas ese día ya que Ádan el papá, había marchado a Varsovia días atrás.

Beca, despertó a Yael y la vistió con premura, yo que estaba apoyada sobre los piececitos de mi dueña, salté al levantarse ella. Sin lavarse el rostro bajamos las tres. Las miradas de todos reprimían preguntas, el aire estaba viciado del humo de los escapes de aquellos camiones militares, a los que nos condujeron violentamente. Llegamos a una estación de ferrocarril, sería la primera vez para las tres y la última para dos. Por los cuentos que la bobe2de Yael solía contarle por las noches, los viajes en tren eran muy placenteros, yo no lo veía así, estaban abarrotados esos vagones sin asientos y sin luces, el viaje era interminable, el olor nauseabundo, hasta que por fin llegamos a un lugar de mucho verde que sobresalía por encima de la fuerte niebla. Descendimos pero no descendieron todos, algunos quedaron en los suelos sucios de aquel vagón.

Sobre el andén, nos hicieron formar, sentía miedo y Yael me apretujó sobre su pecho y sus latidos vibraban en mí. Separaron a los hombres de las mujeres, nosotras tres seguíamos juntas, sin saber a dónde debíamos ir.

Atravesamos unas rejas y nos hicieron formar nuevamente, un soldado que llevaba en su gorra la insignia de los piratas, nos separó a las dos de la mano de Beca y nos arrastró hacia donde estaban muchos niños y vimos alejarse a Beca con los ojos borrosos del llanto de mi dueña. Una mujer soldado, con voz dulce nos dijo, no temáis nada iremos a las duchas y luego se reencontraran con sus familias. A todos los niños los hicieron desvestirse y en un descuido me separé de Yael, hacía frío, el lugar olía desagradable. Unos hombres recogieron las ropas y entre ellas me arrojaron en un gran recipiente, no volví a ver a Yael.

Entre muchas pertenencias de aquellos seres humanos aguardo a que venga por mí, intento reconocerla entre esos jóvenes que visitan Treblinka, dije que no entiendo de calendarios pero me la imagino que ya debe ser como de diecisiete años.

Juan Zapato©

Del libro “Juglarías” …un poeta en Israel, ISBN: 978-965-91073-0-8

http://www.latorredebabelediciones.com

1 Pesticida que fuera utilizado como arma química por los nazis en las cámaras de gas de los campos de exterminio de Auschwitz-Birkenau.

2 Abuela en idish.


“Los niños en el Holocausto, y los niños y el Holocausto, con Nora Gaon del Museo Beit Lojamei haGuetaot”

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UN POETA EN ISRAEL, CON JUAN ZAPATO – En esta ocasión, el poeta Juan Zapato entrevista a Nora Gaón, responsable del área en español del Museo de los Combatientes de los Guetos – Beit Lojamei haGuetaot, sobre los niños y el Holocausto.

CLIQUEA EN LA IMAGEN PARA ESCUCHAR LA ENTREVISTA


“Antología poética de Aarón Tseitlin”, por Eliahu Toker

También a mí me disgusta la metáfora vacía, / también yo soy, como tú, un realista, / sólo que mis realidades / no alcanzan para ti. //                                       Yo también desprecio la retórica, / sólo que Dios es real para mí, / el alma, para mí, algo tangible / y concretos la culpa y Satanás. //                                    Todo lo que para ti es retórica, / para mí es real y natural, / no meras palabras, versos a pulir, / materia literaria. //
Mi verdad tiene otro rostro / que forjaron generaciones, / y otro es mi realismo, / el realismo de un judío.
 
large_11148Este texto de Aarón Tseitlin resume el misticismo que atraviesa toda la obra de este  poeta ídish, cuya íntima relación con la figura divina se expresa dialogando a menudo  con ella, peleando, imprecando e, incluso, apiadándose a veces de la impotencia de ese  Dios. “¿Y tal vez Él no sea tan gran Señor / como los filósofos lo consagraron? / ¿y tal  vez padezca igual que la gente? / ¿y tal vez no sea en absoluto tan poderoso? / ¿y tal  vez golpee al portón de los mundos / cada noche, como un mendigo agobiado?”

Primogénito del famoso escritor y pensador religioso Hilel Tseitlin, Aarón nació en  1898 en Uvarovich, Rusia Blanca, y en 1907 se radicó con su familia en Varsovia. Poeta,  ensayista, dramaturgo y periodista, utilizaba el ídish como su principal lengua de  expresión poética, pero con idéntica soltura creaba en hebreo. En esta lengua publicó  en dos grandes tomos una suerte de antología titulada Ha’metsiut ha’ajeret, La otra  realidad. Pero no se consideraba un escritor bilingüe: “Yo escribo en una sola lengua, en  la lengua sagrada ídish y en la lengua sagrada hebreo; se trata de una sacralidad  lingüística interior. Cuando compongo un poema en ídish no me doy cuenta de que  estoy escribiendo en ídish y lo mismo me pasa al escribir en hebreo. La que yo utilizo
es la lengua sagrada del alma judía, de todas las almas judías”.

Ligado al movimiento expresionista, redacta en Varsovia desde 1930 una revista  literaria, Globus, interesada en profundizar problemas de poética. El judaísmo no  estaba de moda por ese entonces en el mundo literario, y mucho menos el misticismo  judío —la revolución social era considerada la respuesta a todos los problemas de la  humanidad—, sin embargo Tseitlin no sólo continuó desarrollando poéticamente su particular visión de mundo, sino que lo hacía sin ocultar sus dudas y contradicciones.

“Yo no sólo no escondo mis contradicciones íntimas, sino que les doy especial  expresión, las subrayo. Más aún, no puedo imaginarme una poesía que no esté movida  por fuertes conflictos interiores. Dicen que soy un poeta religioso, pero la poesía, en la  medida en que merezca ese nombre es, a mi juicio, de todos modos religiosa, siempreque no se entienda ese término en un sentido estrechamente ritual. Es religiosa incluso  cuando blasfema. Pero en mi caso, yo diría que más que la religión lo que me ocupa es  la fe. Y yo definiría la fe como algo dinámico y dialéctico; es decir, no algo cerrado y  congelado, sino como un proceso continuo. Un personaje de Dostoievsky dice en  alguna parte ‘Durante toda la vida me torturó el tema Dios’. Esto es lo que yo llamo  fe.”
Algunos de sus poemas ironizan a los escépticos: “Ustedes dicen: ‘¿Qué nos importuna  / con realidades diferentes de esta / que conocemos por nuestros sentidos? / Con los  dos pies estamos parados aquí / sólida, segura y concretamente. / También a la luna  hemos de acostumbrarla / a los pasos del hombre. / Hemos de instaurar / nuestra  realidad / sobre las estrellas / y ellas han de volverse mundos /iguales al nuestro. / También allí, sobre aquellas tierras, / hemos de erguirnos sobre ambos pies, / sólida, segura y concretamente.’ // Pero tontos, ¿es que acaso están parados vuestros pies? / ¿Está la tierra detenida acaso? / Por el contrario, / la tierra es sólo una porción de cielo. / Junto con ella viaja el hombre; / junto con ella, sus pies. / Sólo esto es seguro y concreto: / todo es espíritu y está en el espíritu; / todo está en los cielos, y es cielo”.

Desde ya que una parte importante de la poesía de Tseitlin está marcada por la Shoá,  durante la que fueron asesinados su esposa y su único hijo, mientras él estaba ausente  de Polonia. Pero resulta sobrecogedor encontrar entre sus textos, como entre los de  otros poetas ídish, uno premonitorio, escrito en Varsovia en 1933: “¡Quién tiene la  culpa de que sucumbamos, / de que no sepamos qué hacer con nuestras vidas! /…/Quien sucumbe es culpable. Desolación es culpa; / y la culpa es castigo, y el castigo no ha de omitirnos / porque se rebasaron las medidas / y lo que una mano siembra, ha de cosecharlo. // Gases han de asfixiarnos. Hemos de yacer bajo cenizas / y el verdor heredará las parcelas muertas; / y una joven lluvia lavará la vieja tierra / y las cosas hablarán una nueva lengua / y Dios descenderá y resonará la risa de los niños”.

Y también cabe un paralelo entre Tseitlin y otros poetas judíos, en la expresión de la culpa por haber sobrevivido. Escribe Tseitlin: “Me fui a tiempo y Dios ocultó / de mí los horrores. / ¿Por qué? ¿Por qué me fui de Polonia? // No tuve el privilegio de andar con mi pueblo / la senda de fuego, / y me tortura, como un pecado imperdonable / la culpa de seguir viviendo, / de seguir viviendo y haciendo versos”. Del mismo modo escribía Leivik: “Yo debí morir con vosotros / pero las fuerzas me faltaron, / y ahora lo hago todo por ocultar / el debatirse de mi verbo, de mis manos. // Ni la ira ni el dolor ayudan a ahogar / en sus abismos tormentosos mi culpa de ser; / la culpa de que las llamas de Treblinka / hayan omitido mis entrañas”.

Pero, sin embargo, Tseitlin se apiada de Dios: “Me dan ganas de blasfemar por el dolor, / de blasfemar por el desastre que nos sucedió, / pero percibo la desventura del Creador; / puede que ella sea todavía más atroz. / Tras Maidanek el Creador es un Job, / un Job que no puede demandar a un Creador; / y cuando yo increpo, Él mismo increpa en mí. / En Él el llanto / y todas las penas en Él. // Enloquecidamente gira un círculo en un círculo, / y por los años que se hunden en maldad, / se deja oír —y yo también lo percibo— ese gemido, / el gemido de pena por Dios”.

 En 1940, tras pasar diez meses en Cuba, a la que dedica un ciclo de poemas, Tseitlin se radica en los Estados Unidos, donde aparecen, en 1967 y 1970, dos grandes volúmenes que reúnen toda su obra poética en lengua ídish: Lider fun jurbn un lider fun gloibn, Poemas de desolación y poemas de fe. Poco después, en 1973, fallece en Nueva York.

Imagen

“Es gloria de Dios tener secretos…” (Proverbios 25:2)

¿Quién dice que imagen es evidencia?
La imagen es aquello que oculta.
Cuando Dios quiso ocultarse
creó la imagen.
El mayor de todos los creadores de imágenes,
cuanto más revela, más oculta.

SEPARADOR PARRAFOS

Ser judío
 
Ser judío significa correr hacia Dios siempre
aun siendo alguien que huye de él;
es esperar escuchar cualquier día,
aun siendo ateo,
la trompeta del Mesías.
 
Ser judío significa no poder abandonar a Dios
aun queriendo hacerlo;
significa no poder dejar de orarle
aun de vuelta de todas las plegarias,
aun de vuelta de todos los aúnes.

SEPARADOR PARRAFOS

Si ves sufrir y no te enfureces
 
Alábame, dice Dios, y sabré que me amas.
Maldíceme, y sabré que me amas.
Alábame o maldíceme
y sabré que me amas.
 
Canta Mis gracias, dice Dios.
Levanta los puños contra Mí e injúriame, dice Dios.
Canta Mis gracias o injúriame;
también la injuria es una alabanza.
 
Pero si permaneces encerrado en tu indiferencia,
y atrincherado en tu qué-me-importa, dice Dios,
si miras las estrellas y bostezas,
si ves sufrir y no te enfureces,
si no bendices ni injurias,
significa que te creé en vano, dice Dios.

SEPARADOR PARRAFOS

Visitas
 
Nosotros somos visitas, nunca nos arraigamos
en arenas terrestres, en mío y tuyo;
nos resulta ajeno lo sólido y asentado,
somos pájaros sin nido, visitantes apresurados.
nosotros sólo somos minuto, viento, hálito;
nube del anochecer, mitad sombra, mitad sangre,
nube del anochecer, sin tiempo vacante,
que se apresura y cambia, mudanza tras mudanza.
No nos queda un sitio, el mundo nos resulta chico.
Debemos transcurrir, no nos queda tiempo.
No nos queda tiempo, en algún lugar nos esperan.
¡Rápido, rápido! Por si las puertas se cierran.

SEPARADOR PARRAFOS

Dios, dejaste de creer en mí
 
Dios, dejaste de creer en mí,
eres un hereje, Dios, un hereje de mí;
me arrastro en cuatro patas al abismo
y no sé cómo se sale de allí.
No sé cómo se llega, cómo se llega a Ti.
Desde que dejaste de creer en mí
está abierto mi abismo y cerrada Tu puerta,
la puerta que lleva a Ti.
¿Qué se hace para que comiences a creer en mí?

SEPARADOR PARRAFOS

Biblia
 
Un judío de los sobrevivientes,
judío polaco, me dijo:
Seguir creyendo en Dios,
sólo usted puede hacerlo todavía,
usted, porque no estuvo allí…
Si hubiese vivido todo aquello
se hubiese vuelto otro.
 
Y le pregunté a aquel judío: Siendo así,
¿por qué sigue usando aladares y barba?
¿Qué le queda sin Dios?
Y el judío me respondió bajando la voz:
La Biblia me queda, la Biblia…
Fuera de la Biblia el mundo es todo pesadumbre…
La Biblia es la dicha terrena… la única alegría… 
Y el desaliento que envolvía sus palabras
se volvió un luminoso desaliento .

SEPARADOR PARRAFOS

Sin embargo tal vez

Un niñito judío en un campo
escribió un poema. Había allí,
en ese poema, versos así: ¿Quién sabe?
Sin embargo tal vez haya Dios…
Sin embargo tal vez…
 
Un abismo de congoja.
Una perla de consuelo.
Una perla de consuelo
en un abismo de congoja.
 
No puede olvidar mi corazón
ese “sin embargo tal vez”.

SEPARADOR PARRAFOS

Así escucho hablar a mi hijo en el gueto
En recuerdo de mi primogénito, el pequeño pintor,
(que Dios vengue su sangre).

Cuando papá me besó
por última vez,
era de madrugada
y llovía mucho.
¿Qué distancia hay, mamá, hasta América?
 
Tuve un sueño, mamá.
Veo a papá de pie, con una gorra clara.
Sobre él, un sol como vino rojo.
Él abre América para nosotros
y entramos.
 
Así va a ser
si no nos matan los alemanes.
Mamá, dime: ¿por qué Dios
creó alemanes?
 
No llores, mamá. Sólo preguntaba.
¿Habrá algún lápiz?
Voy a dibujarte el sol.
Voy a dibujarte a papá
con una gorra clara.
Y los dos vamos a ver
mi sueño.


“Palabras familiares”, Nora Gaon

Esas palabras eran familiares. Las palabras que estaba escuchando en ese mismo momento las había escuchado en otro tiempo, en otro lugar. No las comprendía pero sabía que habían estado allí, antes de aquel amargo ahora.

Hanna, ¿me escuchas? Hanna…

Después llegaron los gritos, aquellos gritos que se habían convertido en rutina. Generalmente me ponían nerviosa, cerraba los ojos porque creía que así no los escucharía, que mi mente me llevaría otra vez a pensar en esas palabras que deseaba descifrar, pero los gritos eran ladridos humanos en aquella noche fría. Trataba de taparme los oídos para no oírlos, pero los tonos de las voces eran agudos y penetraban a través de los dedos que querían proteger mi alma. Los gritos eran órdenes: “¡Silencio! ¡Raus! ¡Recuento!” ¡Tantas veces quise gritar!… pero mi voz quedó enmudecida. Los gritos se enredaban en los llantos de todas nosotras, en el pelo rapado, en aquella trenza que, como gesto de bienvenida a aquel lugar, había sido cortada con brutalidad.

Hanna… mírame a los ojos por favor, quiero decirte algo…

La rutina en este lugar está llena de sorpresas como en aquel parque de diversiones al que me llevaban cuando era una niña. Después del silencio trataba de encontrar las luces de los tiovivos, la música de la noria. Entre las luces, aparecían nuevamente las palabras que había escuchado hoy. ¡Aquel parque de diversiones era tan parecido a este! Quizá la única diferencia es que aquí los trenes son de verdad y traen a gente que tiene miedo.

Hanna… ¿alguien me puede decir qué le pasa a mi niña? Hanna, ¿me escuchas?

7e43f295ea992727e936364e168e3e5aEn uno de esos trenes llegó gente de lugares que yo no conocía, nunca había visto trenzas tan negras, ojos tan llenos de miedo, palabras tan difíciles de pronunciar. De reojo, observaba al grupo de muchachas que había llegado en aquel tren. Por un instante pensé en darles la bienvenida y no contarles lo que les espera, ¡como si supiera qué nos espera! Ayer alguien dijo que estoy aquí desde hace casi un año.
¡Un año! En estos momentos tendría que estar en el colegio. Una de las muchachas nuevas se parece mucho a mi compañera de pupitre. ¿Será ella? No, no puede ser ella, mi compañera sonreía, la chica nueva tiene una boca pequeña, una boca llena de miedo que no sonríe.

Hanna… no puede ser que no comas, vas a debilitarte. ¿No me escuchas…?

Toda mi atención estaba centrada en las “nuevas”. Hablaban una lengua que yo no conocía pero que tenía algo familiar, como esos aromas de la niñez: pan recién salido del horno, las velas de sabbat dejando un hilo de humo, o el aroma de la muñeca que apretaba contra mi pecho a la hora de dormir. Aromas familiares que trataban de transformarse en palabras.

Hanna… niña, ¿Por qué has subido a la cama más alta?

Necesitaba pensar, tratar de recordar dónde las había escuchado. Para eso necesitaba “altura”. Mi cama era la más baja y la compartía con otras tres chicas, por eso trepaba a la litera más alta y desde allí trataba de entender de qué hablaban las muchachas. De repente una dijo algo y la otra, la que se parecía a mi compañera, comenzó a reírse pero su risa se transformó en llanto. Las palabras se mojaron con lágrimas. Quizás llamaba a su madre, o a su padre, o a los dos.

Hanna… te traje un trozo de pan, lo dejo envuelto en el pañuelo sobre tu cama…

Pensaba si tal vez aquellas palabras las había escuchado en mi familia. La palabra familia era mágica. Los pensamientos levantaban el vuelo y me traían la memoria de mi padre y de mis dos hermanos menores. ¿Qué habrá sido de ellos? Mi padre solía decirme a menudo: “Hanna, escucha, escucha los trinos de los pájaros. Ellos hablan un idioma que nosotros hemos olvidado”. Los diálogos entre las muchachas eran como esos trinos. Aquellas muchachas-pájaro habían llegado a una gran jaula. No sé si volverán a volar.

Hanna… niña… no te has comido el pan ¿En qué piensas hija?

Y los pensamientos me llevaron a aquel momento en que nos sacaron de nuestra casa. Los soldados, altos como las torres de mi ciudad, entraron de repente. Los había visto caminando por las calles, uno de ellos me sonrío cuando pasó a mi lado. Una persona que sonríe no puede hacer daño, ni gritar, ni maltratar. Nos pusieron a todos contra la pared del vestíbulo, a todos menos a quienes estaban buscando y no encontraban. Un soldado se quedó apuntándonos con su fusil, la punta de la bayoneta tocó mi mejilla varias veces. Mamá lloraba en silencio, quise consolarla pero no me atreví a moverme. Dijeron algo, preguntaron cosas.

Hanna… llueve afuera, trata de no mojarte cuando salgas…

Entre las palabras incomprensibles de los soldados solo entendí dos nombres, el de las criadas que trabajaban en nuestra casa, aquellas dos muchachas italianas que habían llegado a nuestra ciudad antes de que yo naciera. Para mí eran como dos hermanas mayores. Después de pronunciar sus nombres, la punta de la bayoneta comenzó a hacer sangrar mi mejilla mientras el soldado sonreía, igual que aquél que me sonrió en la calle. Entonces, mi padre hizo una señal y les mostró cómo llegar a la cocina. Dos soldados sacaron de allí, a empujones, a las criadas. Ellas lloraban en otra lengua, en la misma lengua que hablaban cuando preparaban panes caseros, mermeladas agridulces, en la que me cantaban canciones de cuna.

Hanna… hija, escóndete por favor, dicen que nos vienen a sacar de aquí…

Gritos. Otra vez aquellos gritos. Se llevaron a las criadas a la otra sala mientras nos sacaban de la casa. Yo las oía suplicar. Sus voces se habían convertido en gritos de animales heridos. En un arranque incomprensible me di la vuelta. El soldado de la bayoneta me gritó algo y me marcó la frente. La cicatriz se secó en este último año, el recuerdo no.

Hanna… están entrando, están armados, Hanna, ¡baja, por favor!

61dbc2163bf0d9933e774c9b27135b0bGritos, nuevamente gritos. Al bajar de la litera no veo a nadie conocido a mi alrededor. No veo a mi madre. ¿Por qué no me advirtió, por qué no me llamó? Las muchachas de las trenzas están allí de pie con sus cabezas rapadas. Una de ellas me dice algo con voz tranquila, como si nada nos amenazara. Algo filoso y cortante me apunta, el frío metal que toca mi frente me traduce sus palabras: “quieta, quédate quieta, no te muevas, no temas”. Y yo entiendo lo que dice porque habla la lengua de los panes caseros y de las mermeladas. Por fin se abrió el pesado telón que no me permitía comprender lo que decían, estaba al lado de mi compañera y entendía claramente sus palabras.

Finalmente llegó el silencio. Esta vez era diferente. Esta vez era diferente a todos los otros silencios. Después de haber escuchado las palabras en ese idioma desconocido-conocido, el silencio se transformó en una masa de palabras. El silencio era blanco y pegajoso. En el último año había escuchado muchos silencios pero este era imposible de sobrellevar, durante aquellos momentos de silencio blanco se estaban llevando a mi madre, la sacaban a empujones del barracón. Y yo escuchaba las palabras que hasta hace poco no comprendía mientras mi alma estaba a oscuras, más a oscuras que nunca.

Nora Gaon


“בית לוחמי הגטאות-Beit Lohamei HaGhetaot”

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La Casa de los Combatientes de los Guetos

“La Casa de los Combatientes de los Guetos – Museo Itzhak Katzenelson del Holocausto y el Patrimonio de la Resistencia Judía”, fue fundado en el año 1949 por una comunidad de sobrevivientes del Holocausto, miembros de la clandestinidad judía en los guetos de Polonia, y veteranos de unidades partisanas, para ser un lugar de testimonio que relate la historia del pueblo judío en el siglo XX en general y durante la Segunda Guerra Mundial en particular.

En el centro de la crónica: las diferentes manifestaciones de Resistencia Judía, los levantamientos judíos en los guetos y en los campos, y los judíos que pelearon en las unidades partisanas y en los ejércitos de las Fuerzas Aliadas.

“La Casa de los Combatientes de los Guetos”, es el primer Museo en el mundo que conmemora la memoria del Holocausto y de la Resistencia Judía, expresando el compromiso de los fundadores con la actividad educativa del Holocausto en Israel y a un nivel internacional. “La Casa de los Combatientes de los Guetos” está acreditada por el Ministerio de Educación y Cultura de Israel.

La misión de “La Casa de los Combatientes de los Guetos”

  • Juntar testimonios, conservar, catalogar y presentar al público toda pieza de documentación y testimonio que pueda ayudar a narrar acerca del destino del pueblo judío en el Siglo XX y los crímenes perpetrados por la Alemania Nazi y sus partidarios. Como consecuencia de esto, “La Casa de los Luchadores de los Guetos”, está comprometida a mantener un Museo histórico que presente esos artículos de testimonio y un Archivo acreditado académicamente accesible al público. Su objetivo es fomentar la investigación y la documentación de proyectos para profundizar el entendimiento del Holocausto, sus causas y sus efectos y consecuencias.
  • Informar a futuras generaciones acerca del rico mundo judío que existió antes de la Segunda Guerra Mundial y que fue destruido durante los años de la guerra, y enseñar acerca de las víctimas del Holocausto, tratando de entender su mundo.
  • Contar la historia de la juventud judía antes del Holocausto, las organizaciones políticas y los movimientos juveniles que existían en las comunidades judías en la víspera del Holocausto, que pasarían a ser el origen de la Resistencia Judía que surgirá durante el Holocausto.
  • Proveer una reseña histórica de la Resistencia Judía en todas sus formas y expresiones: las tratativas de continuar con una existencia plena a pesar de las circunstancias, las expresiones de la vida espiritual, cultural y religiosa en un tiempo de destrucción, el mantenimiento de la vida comunitaria y las actividades de asistencia mutua, las escuelas clandestinas, las organizaciones políticas ilegales, los archivos clandestinos de documentación, los intentos de rescate, y finalmente la resistencia armada en los guetos, en los Campos y en la unidades partisanas. Esas historias que nos ayudan a conservar la confianza en el futuro de la humanidad y en el futuro del pueblo judío.
  • “La Casa de los Combatientes de los Guetos” tiene la obligación de pasar la herencia de los educadores que vivieron en la época del Holocausto, representados por las figuras de Itzjak Katzenelson y Janusz Korczak, quienes fueron la vanguardia de la lucha por mantener las cualidades humanas en esos días de tormenta.
  • Dar testimonio de la tragedia, perpetuando la memoria del millón y medio de niños que murieron en el Holocausto, haciendo de su sacrificada infancia, una lección para las futuras generaciones.
  • Enseñar acerca del Holocausto a amplias audiencias en Israel y en el mundo, efectuando una conexión con un diálogo multicultural acerca del significado del Holocausto y su lección en nuestros tiempos.
  • Desde su comienzo, “La Casa de los Combatientes de los Guetos”, introdujo la conmemoración del Holocausto en el calendario israelí e internacional, pasando a ser el Día de Conmemoración un evento nacional de unificación y memoria.
  • Trabajar en conjunto con instituciones de investigación y conmemoración en Israel y en el exterior, para acrecentar la concientización del significado universal del Holocausto, luchando juntos contra el odio, el racismo, el antisemitismo, la negación del Holocausto, intensificando el compromiso por los valores de libertad, dignidad humana, tolerancia y democracia..
  • “La Casa de los Combatientes de los Guetos” es parte integral de la rica trama socio-cultural de Israel y de la Galilea Occidental, y se compromete a contribuir a la asistencia de la sociedad israelí nutriéndola con un carácter humanístico y democrático.
  • “La Casa de los Combatientes de los Guetos” es parte integral del pueblo judío y del Movimiento Sionista, y como tal está comprometida a trabajar por las comunidades judías, nutriéndolas de una cultura moderna, pluralista y judía.

Para alcanzar esa misión, “La Casa de los Luchadores de los Guetos” se compromete a mantener una reputación histórica y académica, con un archivo accesible al público y a los investigadores, contando con un personal de calificados profesionales y una moderna infraestructura.


“La canzone del bambino nel vento”, Francesco Guccini & I Nomadi

Son morto con altri cento,
son morto ch’ero bambino:
passato per il camino,
e adesso sono nel vento.
Ad Auschwitz c’era la neve:
il fumo saliva lento
nel freddo giorno d’inverno
e adesso sono nel vento.
Ad Auschwitz tante persone,
ma un solo grande silenzio;
è strano: non riesco ancora
a sorridere qui nel vento.
Io chiedo come può l’uomo
uccidere un suo fratello,
eppure siamo a milioni
in polvere qui nel vento.
Ancora tuona il cannone,
ancora non è contento
di sangue la belva umana,
e ancora ci porta il vento.
Io chiedo quando sarà
che l’uomo potrà imparare
a vivere senza ammazzare,
e il vento si poserà

Francesco Guccini©


“Jai”, Ariel Zylbersztein

Fuente: http://maialoschblank.wordpress.com/


“Izkor”, Abba Kovner

Quién gritó y cayó en su grito
La mujer abrazando a su bebé y que sus brazos se desplomaron
El bebé cuyos dedos buscan el pezón materno y este esta azul de frío
Las piernas
Las piernas que buscaron salida y ya no había
Y las manos cerrándose en puños
Y los puños que levantaron el hierro
Y el hierro que se transformó en el arma de la esperanza, de la desesperación y de la rebelión
Y ellos de corazón generoso
Y ellos con sus ojos abiertos
Son los que se arrojaron sin posibilidad de salvar
Recordemos el día, su mediodía
El sol que ascendió sobre el altar sangriento
Los cielos altos y mudos
Recordemos los montículos de cenizas debajo de los jardines florecientes
Recordara el vivo a sus muertos
Porque ellos nos enfrentan
Y sus ojos alrededor
Y no cesaremos, no cesaremos hasta que seamos dignos a su memoria.

Abba Kovner 1918 -1987

BIOGRAFÍA DEL AUTOR
Líder de la resistencia judía y comandante partisano, poeta y escritor hebreo.

Nacido en Sebastopol, Rusia. Curso estudios secundarios en la escuela hebrea de Vilna, donde se incorporó al movimiento juvenil sionista socialista “Hashomer Hatzair”. Cuando Vilna fue ocupada por los nazis en 1941, resolvió que la única respuesta posible era la resistencia activa. Concentro sus esfuerzos en la creación de una fuerza judía combatiente clandestina. Ello inspiró a otros jóvenes judíos de toda Europa oriental a hacerle frente a los nazis. El 21 de enero de 1942 se creó una agrupación militar judía en Vilna.” La organización Partisana Unida (FPO). Abba Kovner fue uno de sus líderes y luego su comandante a partir de  julio de 1943. Durante la deportación final en septiembre de 1943  dirigió las acciones de la FPO y la fuga a los bosques de los combatientes del guetto. Luego dirigió una unidad partisana en los bosques.

Después de la guerra participó en la creación del movimiento HaBrijá, (La Huída) el cual organizó la evacuación de centenares de sobrevivientes judíos hacia el oeste para llegar así a Palestina. Él mismo se estableció en Eretz Israel junto a su esposa Vitka Kempner y se convirtió en un escritor importante (Extraído de la Enciclopedia del Holocausto, Yad Vashem, Jerusalem, 2004)


“Si acaso”, Wislawa Szymborska

Podía ocurrir.
Tenía que ocurrir.
Ocurrió antes. Después.
Más cerca. Más lejos.
Ocurrió, no a ti.

Te salvaste porque fuiste el primero.
Te salvaste porque fuiste el último.
Porque estabas solo. Porque la gente.
Porque a la izquierda. Porque a la derecha.
Porque llovía. Porque había sombra.
Porque hacía sol.

Por fortuna había allí un bosque.
Por fortuna no había árboles.
Por fortuna una vía, un gancho, una viga, un freno,
un marco, una curva, un milímetro, un segundo.
Por fortuna una cuchilla nadaba en el agua.

Debido a, ya que, y en cambio, a pesar de.
Qué hubiera ocurrido si la mano, el pie,
a un paso, por un pelo,
por casualidad,
¡Ah, estás! Directamente de un momento todavía entreabierto.
La red tenía un solo punto, y tú a través de ese punto.
No dejo de asombrarme, de quedarme sin habla.
Escucha
cuán rápido me late tu corazón.

Wislawa Szymborska©

De “Si acaso” 1978        
Versión de Abel A. Murcia

Poeta y ensayista polaca nacida en Kórnik, Poznan, en 1923.
Vivió en Cracovia desde que  su familia se trasladó allí en 1931. Estudió Literatura Polaca y Sociología en la Universidad Jagiellonian, dedicándose desde entonces al ejercicio literario.
Con su primera publicación “Busco la palabra” en 1945, seguida de“Por eso vivimos” en 1952 y “Preguntas planteadas a una misma”en 1954, logró situarse en los primeros planos del panorama literario europeo. “Apelación al Yeti” en 1957, “Sal” en 1962,“En el puente” en 1986, “Fin y principio” en 1993 y “De la muerte sin exagerar” en 1996, contienen parte de su restante obra.
Fue galardonada con importantes premios, entre los que se destacan, Premio del Ministerio de Cultura Polaco 1963Premio Goethe 1991, Premio Herder 1995  y Premio Nobel de Literatura1996.  Recibió además el título de Doctor Honorífico de la Universidad Adam Mickiewicz en Poznan, 1995. 
Falleció el 1° de febrero de 2012.


“Tango del Gueto de Varsovia”

“27 de Enero, Día Internacional de Recordación del Holocausto”


“Terezin”, Silvio Rodríguez

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Cliquea en la imagen para escuchar la canción.

Terezin

Una pesadilla blanca 
de chimeneas quemando sangre 
para hijos de Judea 
con rara estrella y rostro de hambre. 

En invierno y verano es igual 
tras alambres no hay estación. 
Terezin de los niños jugar 
con la muerte común 
mientras pintaban el cielo azul, 
mientras soñaban con corretear, 
mientras creían aun en el mar, 
y los llevaban a caminar para no regresar.

Terezin, pelota rota. 
Sed de tardes ya increíbles 
saltaron locas las altas tapias, 
y el amor, irreductible, 
quedo colgado en alambradas de Terezin. 

Terezin, pelota rota.

Silvio Rodríguez©


“Lohamei Hagetaot: la voz del gueto de Varsovia”, Ricardo Coarasa

A sólo unos kilómetros de la frontera con El Líbano, en la Galilea Occidental que mira al Mediterráneo, se encuentra Lohamei Hagetaot, el kibbutz de los supervivientes del gueto de Varsovia. Habían logrado esquivar la barbarie nazi, pero tan importante como estar vivos y mirar decididamente hacia el futuro era perpetuar la memoria de los que se quedaron por el camino, luchar para que el Holocausto no se perdiese en los meandros del olvido.

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«No quise olvidar. Es importante no hacerlo, pero no para enfangarme en el pasado, sino para mirar hacia el futuro». Quien así habla es Havka Raban, 84 años, aparentemente una mujer frágil vencida por la vida. Pero nada más lejos de la realidad. Havka es una de las últimas supervivientes del Gueto de Varsovia. Una mujer dura como un pedernal, una heroína en toda regla con la memoria intacta y la palabra certera. Nacida en Varsovia, tras la invasión nazi se integró en los grupos de resistencia del gueto en 1941. Trabajaba como mensajera entre los distintos guetos. Pasaba de Varsovia a Cracovia con identidad falsa con diarios clandestinos que alimentaban la resistencia de los judíos polacos.
En 1942, sus compañeros partisanos colocaron una bomba en la cafetería Cyganeria, frecuentada por oficiales de la SS. A ella no le dejaron participar, pero esperó a los autores del atentado en un piso franco «con comida caliente». Alguien les delató y los arrestaron a todos. Condenada como colaboradora, fue trasladada a Auschwitz, donde le raparon y le tatuaron el número que todavía luce en su brazo izquierdo. Se adentró durante dos años «en un mundo que no es mundo». «No olvidaré nunca el olor a carne quemada ni el humo que salía de las chimeneas de los crematorios», confiesa con una entereza que paraliza. Terminada la guerra, fue canjeada por prisioneros alemanes en Suecia a través de Cruz Roja Internacional. Cuatro años después, se convirtió en una de las fundadoras de este kibbutz. «La idea surgió en el gueto, cuando empezamos a pensar en la insurrección y en que los que sobreviviéramos creásemos una comunidad en Israel», recuerda. Havka se deja fotografiar, enseña su número tatuado con el orgullo de quien ha mirado cara a cara a la muerte y ha vivido para contarlo. Sigue residiendo en el kibbutz y cualquiera que se acerque hasta allí debería tener el privilegio de escucharla.

Un kibbutz contra el olvido
Havka, como otros cuarenta partisanos y sobrevivientes del Holocausto (la mayoría proveniente del gueto de Varsovia), se asentó aquí en abril de 1949. Con el empeño de preservar la memoria del dolor (tan necesaria para no reincidir en la ignominia) juntos levantaron el primer museo que se edificó en el mundo sobre esa gran tragedia. Visitarlo hoy es una deuda pendiente para cualquiera que piense que mantener viva la memoria es el único antídoto para no repetir las páginas más desoladoras de nuestra historia.
Todo gira en torno a la Casa de los Combatientes del Gueto (Beit Lohamei Hagetaot). A simple vista, lo primero que sorprende al viajero es un imponente acueducto que parece proteger al museo. Fue construido hace casi 200 años por los otomanos para abastecer de agua a los habitantes de San Juan de Acre (Akko) desde los manantiales de Kabri. A su lado, un anfiteatro con capacidad para 15.000 personas ahora vacío, donde cada año se conmemora el Día del Recuerdo del Holocausto.
Las salas del museo se recorren con el estómago atenazado y el corazón triste. El visitante tiene ante sí, por ejemplo, el cubículo donde fue juzgado a principios de los 60 Adolf Eichman, el responsable de que los trenes que llevaban a los judíos a la muerte no se detuvieran. El Mossad, los servicios secretos israelíes, le siguieron los pasos durante más de diez años. Se había refugiado en Argentina bajo la identidad de Ricardo Clemen, pero finalmente fue capturado y en mayo de 1960 llegó a Tel Aviv para ser juzgado. Muchos de los testigos que declararon contra él vivían en el kibbtuz Lohamei Hagetaot. Para el pueblo de Israel fue una especie de exorcismo: una cuarta parte de la población era superviviente de la Shoa (el término hebreo que define el Holocausto).

Dejadme seguir siendo niño
Lohamei Hagetaot está lleno de frases que te llegan al corazón con la fría precisión del horror. El Museo de los Hijos de Yad Layeled habla a los niños del Holocausto. ¿Están nuestros pequeños preparados para entenderlo? El recinto, un enorme cilindro de hormigón, se recorre en sentido descendente. Es un viaje en el tiempo a través de los guetos, de la atmósfera opresiva del nacismo y un homenaje, a la vez, al millón y medio de niños que sucumbieron a la barbarie. «Nunca habría querido crecer. Es cien veces mejor seguir siendo un niño», se lee en una de las paredes. Una reflexión entre un millón de esos niños a los que el Holocausto no dio opción de añorar su niñez.

Fotos y texto: Ricardo Coarasa Artigas©

PD: En el momento de escribir estas líneas los obituarios de los periódicos informan de la muerte, a los 97 años, de otro superviviente del Holocausto, Jacques Stroumsa, “El violinista de Auschwitz”, a quien tuve el honor de conocer y escuchar en Jerusalén, gracias a la amabilidad de Casa Sefarad de España, hace ahora un año. Vaya desde aquí mi homenaje sincero a un hombre extraordinario, sobre el que VaP escribirá más adelante el reportaje que se merece.

Fuente: http://www.viajesalpasado.com/?s=lohamei&x=15&y=12


“Paradero desconocido”, por Kressman Taylor

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Traducción de Carmen Aguilar

SCHULSE-EISENSTEIN GALLERIES
SAN FRANCISCO, CALIFORNIA, EEUU
12 de noviembre de 1932
Herrn Martin Schulse
Schloss Rantzenburg
Múnich, Alemania

Querido Martin:

¡De vuelta en Alemania! ¡Cómo te envidio! Aunque no la he visto desde que era un niño de escuela, escribir Unter den Linden todavía me sacude… La amplitud de horizontes de la libertad intelectual, las discusiones, la música, el desenfado de la camaradería. Y ahora el viejo espíritu aristócrata, la arrogancia prusiana y el militarismo han desaparecido. Llegas a una Alemania democrática, a una tierra profundamente culta, donde la preciosa libertad política está en sus comienzos. Será una vida maravillosa. Tu nueva dirección no puede ser más sugestiva. Me alegro de que la travesía haya sido tan agradable para Elsa y los pequeños.

En cuanto a mí, no puedo decir que esté tan feliz. La mañana del domingo me encuentra hecho un solterón solitario sin objetivo alguno. Mi hogar de los domingos se ha trasladado a través de los anchos mares. ¡Aquel antiguo caserón en la colina… tu bienvenida diciéndome que el día no llegaba del todo hasta que no estábamos otra vez juntos! Y nuestra querida y jovial Elsa, que salía radiante a recibirme, me cogía de la mano, gritaba ¡Max, Max! y me empujaba adentro para abrir mi Schnaps favorito. Y también la preciosidad de los chiquillos, sobre todo tu guapísimo pequeñín Heinrich. Será un hombre hecho y derecho antes de que vuelva a ponerle los ojos encima.

Y la comida… ¿Habrá esperanzas de que vuelva a comer como comía? Ahora voy a un restaurante y, por encima de mi desolado roast beef veo borbotear el gebackner Schinken en su salsa burgundesa, el Spätzle, ¡ah, el Spätzle y Spargel! No, nunca me resignaré a mi dieta norteamericana. Y los vinos, deslizados con tanto cuidado a tierra de los barcos alemanes, y las promesas que nos hacíamos, cuando los vasos rebosaban por cuarta, quinta y sexta vez.

Desde luego hiciste bien en irte. Nunca llegaste a convertirte en un norteamericano, a pesar de tus éxitos aquí. Y ahora que el negocio está tan bien consolidado, tenías que llevarte a tus fornidos críos alemanes para que se educaran en su país. Elsa ha echado de menos a su familia a lo largo de muchos años y a todos ellos también les gustará verte. El joven artista pobretón se ha convertido en el benefactor de la familia y eso significará para ti motivo de satisfacción.

El negocio sigue marchando bien. La señora Levine ha comprado el Picasso pequeño al precio que le habíamos pedido —me felicito por haberlo conseguido— y a la vieja señora Fleshman le hace tilín la horrenda Madonna. Nadie se molesta nunca en decirle que alguna de sus piezas sea mala porque todo lo que tiene es malo. Yo no tengo tu refinado tacto para venderle cualquier cosa a las viejas matronas judías. Puedo convencerlas de que están haciendo una excelente inversión pero, ante una obra de arte, sólo tú tenias ese refinado enfoque espiritual que las desarmaba. Además, probablemente, nunca se fían del todo de otro judío.

Ayer recibí carta de Griselle. Parece contentísima. Me dice que esta a punto de conseguir que pueda sentirme orgulloso de mi hermanita. Es la actriz principal de una obra recién estrenada en Viena y las críticas han sido excelentes… Sus descorazonadoras experiencias en compañías de poca monta empiezan a dar fruto. Pobre muchacha, su vida no ha sido nada fácil, pero nunca se ha quejado. Tiene un espíritu refinado, es bonita y espero que, además, tenga talento. Pregunta por ti, Martin, con mucho cariño. No guarda resentimientos porque los resentimientos se olvidan enseguida cuando se es tan joven como ella. En pocos años no quedará más que el recuerdo de la herida y, desde luego, ninguno de los dos sois culpables de nada. Esas cosas son como tormentas pasajeras. Por un momento te sientes calado hasta los huesos, herido por el rayo, indefenso. Pero luego sale el sol y, aunque nunca olvides del todo, sólo queda la ternura. El dolor ha desaparecido. Debes tomarlo como lo he tomado yo. No le he dicho a Griselle que estás en Europa pero, si te parece bien, tal vez lo haga porque no hace amigos con facilidad y sé que le gustaría sentir que algunos no están lejos.

¡Ya hace catorce años que acabó la guerra! ¿Te has dado cuenta de la fecha? ¡Qué camino más largo hemos recorrido como personas desde aquella derrota! Una vez más, querido Martin, te abrazo con toda el alma y mando mis más cariñosos recuerdos para Elsa y los niños.

Tu siempre fiel,
MAX

***

SCHLOSS RANTZENBURG, MÚNICH, ALEMANIA
10 de diciembre de 1932
Señor Max Eisenstein
Schulse-Eisenstein Galleries
San Francisco, California, EE UU

Querido y viejo amigo Max:

Llegaron sin demora el cheque y las cuentas. Te lo agradezco. No necesitas darme tanto detalle de cómo marcha el negocio. Sabes que siempre he estado de acuerdo con tus métodos y aquí, en Múnich, estoy metido en un torbellino de nuevas actividades. Estamos ya establecidos ¡pero cuánta agitación! Como sabes, hace mucho que tenía en la cabeza cuál era la casa que quería. Y la he conseguido. He hecho un negocio estupendo. Treinta habitaciones y unas cuatro hectáreas de parque. Te costará creerlo. No puedes imaginarte hasta qué extremos llega la pobreza en esta triste tierra mía. Las dependencias de servicio, los establos y las construcciones adyacentes no pueden ser más amplias y, aunque no lo creas, los salarios de diez personas de servicio nos cuestan lo mismo que lo que pagábamos por las dos que teníamos en la casa de San Francisco.

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