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"No tinc por" (No tengo miedo), Ricardo Fernández Esteban

No tinc por

Ayer asistí a la manifestación en Barcelona contra el terrorismo, que con el lema “No tinc por” (no tengo miedo) debería haber mostrado la unidad de la gente de bien frente a la barbarie. Desgraciadamente no fue así, e intento transmitir mi decepción, mi rabia, mi vergüenza ajena y mi miedo.

“NO TINC POR” (NO TENGO MIEDO)

“No tengo miedo”, tengo un gusto amargo
mezcla de decepción y rabia contenida.
Salimos a la calle buscando la unidad,
el mensaje era claro: olvidad diferencias,
los malos son los otros, los que matan
en el nombre del dios que reina en el infierno.

Éramos muchos,
pero faltaron más y otros sobraron.
Sobraron las banderas que separan,
en el día en que la única frontera
debía ser para todos la que cerca al terror.
Sobraron quienes rompen
pancartas por la paz y la justicia
que no estaban escritas en su lengua,
que también es la mía.
Sobraron los letreros partidistas
en clave electoral o identitaria,
cuando somos un pueblo frente a la vil barbarie.
Sobraron esos gritos que rezumaban odio
contra nosotros mismos,
porque gritaban contra quienes vinieron a apoyarnos.
Sobraron unas bestias coreando “asesinos”
no a quienes han matado en nuestras calles
sino a aquellos que representan a la ley y al estado.
Y no os hablo de oídas, porque yo estaba allí
y me hicieron sentir vergüenza ajena

No quiero exagerar, los energúmenos
no eran la mayoría de la gente,
la mayoría silenciosa era de bien,
pero eran muchos
y no supimos, o quisimos, hacer que se callasen,
les dejamos tener la hegemonía.
Por eso me confieso
asumiendo la culpa que me toca,
al ver que casi todos los políticos
han declarado en clave “política-correcta”.
Y no ha de ser así, y hay que decirlo,
eso ayer no tocaba,
tocaba la unidad en el “No tengo miedo”,
aislar al terrorismo y sus soportes,
condenar al mal dios que inventan quienes odian,
y auxiliar a las víctimas con palabra y hechos.

Ahora “tengo miedo”,
miedo de que esta falta de unidad
y el odio entre los nuestros,
dé alas al terror y venza el caos.
Aún estamos a tiempo de luchar todos juntos,
si el sentimiento es puro y rige la razón.

Ricardo Fernández Esteban ©

Fuente: http://lapalabraesmagica.us12.list-manage.com/track/click?u=7951f957c25610c24a9a97abe&id=e286b69a62&e=59353af04c

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“Non tin por, o mejor sería ser guiborim y honrar la vida”, Juan Zapato

Carpas en Arabia Saudí para el Ramadán, ni un solo refugiado.

España, Europa toda, nunca comprenderá, buscará autoculparse, justificar al verdugo, victimizarlo en su “buenismo imberbe”.

Su clase política mira a sus bolsillos, son funcionarios perpetuos, los viejos, los nuevos, todos hipócritas, que venden el futuro de su gente, por la codicia, la soberbia, la inescrupulosidad.

Sodoma y Gomorra no quedaron tan lejos, para algunos será sólo un cuento, para nosotros es la realidad de estos días.

Señores el Islam no es una religión, no existe un Islam moderado, lean el Corán, ya es hora de desasnarse.

Que no todos los musulmanes son violentos, por supuesto, pero también es hora de que esa mayoría no violenta, se manifieste, denuncie a los terroristas, no se haga cómplice. Que las organizaciones musulmanes, los países musulmanes repudien estos actos.

Si en la marcha en repudio al atentado, ante los gritos de “Non tin por”, se hubiese escuchado un solo grito de “Al·lahu-àkbar”, el miedo se hubiese hecho presente y convertido en pánico.
La respuesta a la violencia yihadista no acaba en un manifestación, de una vez por todas las autoridades deben administrar los medios para desenmascarar a los grupos terroristas que ya están conviviendo con sus ciudadanos pacíficos. Es como volver a mis tiempos en Argentina que por una Ley de Punto Final, los criminales del Proceso, transitaban libremente entre los ciudadanos de a pie.

Israel ha sido el laboratorio de ensayo, que han utilizado los terroristas árabes, que son apoyados por tantas ONGs, la CUP o por la organización antijudía llamada BDS, que tanto eco tiene en Europa. Hoy y ayer y mañana, padecerán lo que nosotros venimos combatiendo hace tanto tiempo, desde el primer día en que comenzaramos a construir nuestro Estado, incluso mucho antes.

Para explicar el título, debo explicar el significado de la palabra hebrea guibor (guiborim es el plural), ser guibor no es ser un héroe, un valiente, como los que aparecen en las películas de guerra yankee, es saber y reconocer que nos enfrentaremos a un peligro, sin menospreciarlo, si alardear de nuestra fuerza, siendo conscientes de que por sobre todas las osas debemos honrar la vida.

Juan Zapato, kibutz Sa’ar, Israel

Imagen de arriba: Carpas en Arabia Saudí para el Ramadán, ni un solo refugiado.
Canción: “Honrar la vida”.
Letra: Eladia Blazquez.
Intérprete: Mercedes Sosa.


“El prescriptor literario”, Manu de Ordoñana

DÍA DE LAS LIBRERÍAS

Illo tempore era frecuente encontrar en las librerías gente ocupada en hojear libros de las estanterías, sin prisa, con detenimiento, a la búsqueda de alguna novedad, de una obra rara o en vía de agotarse, como si el tiempo ya hubiera pasado, disfrutando del placer de tener un tesoro en las manos, sin sentir agobio alguno por pasar allí dentro toda una mañana, sobre todo, si fuera hacía frío o estaba lloviendo. Nadie te molestaba, te dejaban estar. Pero en último caso, siempre aparecía el librero, o algún dependiente ilustrado, para echarte una mano. Era el prescriptor competente al que casi siempre hacías caso.

La cuestión es que hoy el librero ya no cuenta para aconsejar al cliente, posiblemente, ni siquiera está preparado para hacerlo. Entiendo que el número de títulos que hoy exhiben estos establecimientos es muy superior al de aquellos mis tiempos. Aun así, pienso que muchos de ellos han abandonado su oficio, o no han tenido más remedio. La realidad es que esa figura sólo la encuentras en la librería de toda la vida, por desgracia casi siempre vacía, que aguanta sin cerrar la persiana hasta que su propietario se jubile.

Luego fue la prensa quien ocupó ese lugar ─además del boca a boca que seguirá funcionando siempre─, y lo sigue ocupando, a pesar de la irrupción de Internet. Es muy cómodo, sobre todo leer los domingos el suplemento cultural que ofrecen los periódicos serios. La sección literaria está especialmente cuidada, ya que el público pide la orientación de un experto antes de comprar un libro. Durante lustros, el crítico literario se convirtió en conductor de compradores y su juicio sirvió como elemento de persuasión para provocar el éxito o el fracaso de una obra en el mercado.

Cabría sospechar entonces de la influencia que las grandes editoriales podrían ejercer sobre los medios de comunicación para “orientar” a prescriptores tan relevantes. Aunque de todo habrá en la viña del señor (uvas, pámpanos y agraz), no hay razón para poner en duda la honorabilidad de esta profesión, aunque a menudo alguno se deje llevar por la subjetividad y su opinión se forme más por sus gustos personales ─en algún caso, por alguna fobia─ que por las normas que sostienen la creación literaria. Al final, los medios necesitan a los escritores y los escritores, a los medios, como sucede con la jet set y la prensa rosa.

El problema es que, con la revolución informática, han surgido otras formas de aconsejar el consumo de productos literarios: los blogueros, las revistas digitales y la opinión que los usuarios pueden subir a la red, una fuente de información que poco a poco se va imponiendo en la cultura de nuestra sociedad. Cabría esperar que la valoración espontánea que un lector aporta a la comunidad fuera objetiva o, cuando menos, independiente. De hecho una buena parte de la crítica literaria más exigente está en Internet, aunque el problema es saber reconocerla. Pero no es oro todo lo que reluce…

La propaganda directa se ha convertido en comunicación social, una manera sibilina de seducir pero tremendamente eficaz. Pedir a otros que hablen de tu producto ─que hablen bien, claro está, aunque un reproche sutil puede también servir─ no es difícil, sobre todos para las grandes corporaciones que tienen poderosos recursos humanos, informáticos y… económicos.

Así lo han entendido las agencias publicitarias al valerse de los denominados prescriptores, personajes de relieve que, por su visibilidad en los medios o su popularidad, son capaces de persuadir a los consumidores hacia uno u otro lugar. Y este recurso ha invadido el ámbito de la literatura. La industria editorial está sometida a la ley del beneficio y no es extraño que recurran a las técnicas del marketing para mejorar su cuenta de resultados.

Son los prescriptores literarios, individuos de distinto pelaje que, escondidos tras la pantalla de su ordenador, siguen las instrucciones que reciben del que les da de comer. ¿Cuántos blogs literarios existen en lengua castellana? Me atrevería a decir que más de mil. Y ¿cuántos de ellos son verdaderamente independientes? De los importantes, pocos, porque en cuanto alcanzan celebridad, alguien viene a incitarles para caer en la tentación.

El año pasado, Amazon fue acusado de admitir en su web críticas ditirámbicas de amigos y seguidores de ciertos autores que la multinacional de comercio electrónico tenía interés en promocionar, reseñas de escritores que alababan sus propios libros y atacaban los de sus colegas. La obtención del deseado trofeo “5 estrellas” está en las manos de un público que, bien manejado, puede dejar su recomendación sin ni siquiera haber leído el libro. Las sospechas de fraude se agravaron aún más cuando comenzaron a aparecer agencias que ofrecían a autores y editores la colocación en las librerías online de comentarios favorables a libros concretos, incluyendo paquetes de 20 reseñas por 499 dólares.

¿Necesitamos de verdad el “Me gusta”, el “+” o las estrellitas para comprar un libro? Hoy la red te ofrece siempre una sinopsis que ya debería darnos alguna pista, y casi siempre, una selección que nos permite leer entre un cinco y un diez por ciento del texto de la novela antes de hacer el clik definitivo. ¿No sería eso más que suficiente para echarnos al agua? Ser auto-prescriptores, no depender de nadie, salvo el consejo de quien nos merezca confianza. Por eso te sugiero, escritor diletante, que te esmeres en la sinopsis y dediques un tiempo a extraer una selección atractiva, incluso con más tiento que para escribir el contenido.

Fuente: http://serescritor.com/el-prescriptor-literario/#more-3517


“La escalera, de Escher a Cortázar”

M. C. Escher    Relatividad (litografía, 1960).

Instrucciones para subir una escalera. Julio Cortázar

Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se situó un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.

M. C. Escher    Ascendiendo y Descendiendo  (litografía, 1960)

Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).

M. C.  Escher   Cóncavo y convexo  (litografía 1955)

Llegando en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.
Julio Cortázar: Historias de cronopios y de famas. Cuentos completos, vol. ). Alfaguara, Madrid. Madrid. 1994.

Imágenes: Página oficial de M.C. Escher: http://www.mcescher.com/

Fuente: http://art1arquitectura.blogspot.co.il/2011/03/la-escalera-entre-escher-y-cortazar.html?view=mosaic


“Vivan tus cinco…”, Alicia Sisso Raz

hamsa

“La ḥaketía es la más graciozza de todas las lenguas del ˤolam; nada queda cabe (exp.) la picardía, ni cabe la gracia, ni cabe la chispa y el dursor de la ḥaketía”, me disho el otro día mi tía Fortuna. “A wueno está de tanta fantazía tía”, la dishí. Hay que dizir las cozzas como son, anque muestra ḥaketía está metida en mi alma, será demaziado ˤabbú dezir que es la más graciozza del ˤolam. Mi tía se quedó espetiĵandome con unos oĵos ferroĵentos, y muy dezgustozza me disho, que está en mí un tenikud preto… Y dale que dale (exp.) empesaron a salir de su boca cadenas de chistes, refranes, bendiciones y baldiciones, uno detrás del otro, y todos un plazer pa las oreĵas y la alma!

Ma lo que yo siempre sigoy diziendo es, que el wuen nombre de la ḥaketía no es por su gracia tan grande, sino más bien, por la agudezza analítica que se topa en la lengua! ¿Za’ama no se sabe que la matemática está en la fondina de la ḥaketía, y que el día entero y mozotros haziendo las cuentas? Dezde que amadrugamos ḥatta que mos echamos, y mozotros partiendo todo por una mano, pa no dizir el ‘cinco’! Lo hazemos y mozotros soñando, lo hazemos y mozotros contando… y con todo y en todo.

Esta ‘ada endimantada muestra empesó pamordel desseo que tenían unos ḥakitos en aquélla parte luzzida del ‘olam, de engrandezzer la agudezza analítica de los muestros. Wa se aĵuntaron todos ellos en su hora horada (exp.), y lo hablaron con el corassón en la mano (exp.). Discués de munchas honduras y shaureas, asentaron cabesa (exp.) y salieron con el penserio que lo meĵor será pasar el día entero haziendo las cuentas, y en vez de ‘cinco’ dizir ‘una mano’! Wa sin meshearsen, todos se ḥazmearon y trocaron el cinco y el quinze (exp.) con las manos, y dezde ese día endelante nadie deshó ni el cinco y ni el quinze a crusar sus labios! Ansí mizmó feron las cozzas.

Ma, si en uno de esos momentos raros de la vida se rezbala de la boca de algún cualsequier el cinco aú el quinze, se alevantan todos los ḥakitos, y le enderechan su hadrá con grandes ḥalḥalás, y le dizen: “vivan tus cinco; vivan tus cinco; wa vivan tus cinco, a babá”! Za’ama, le dizen, a ferazmal querido ¿a no lo sabemos bien sabido que tú conoces el número cinco y el quinze?, ma enĵubila a muestras oreĵas a babá, y amostramos si sabes cómo hazer la cuenta con las manos asigún muestra uzansa.

Esta mañana, muestra vezina la que mora cabe mozotros, entró a la garrada (exp.) a muestra cazza. Amarga ella, que está jammeando noche y día con quien jotbear a su hiĵa la al’azba, y su oĵo se quedó enclavado en mi hermano — un mancebo cabal de quinze años y seis mezes. ¿Wa que hizo ella, sino pescudar a mi madre por la edad de mi hermano? No mire mal en mi madre (exp.) como se ḥazmeó, y la segundó con esa clarezza endiamantada de su hadrá, y la disho: “El diamante fino de mi hiĵo tiene tresdoble manos de años, y más seis mezes, ni más ni menos”. Yo me quedí embobada de ver lo volando con lo que mi madre partió los 15 años y seis mezes, ni más ni menos, por una mano, za’ama, por cinco, y dizirla a muestra vezina la edad de mi hermano.

Ma, lo que yo más dezmiroy de todo, es cuando mis padres, sin telfear, meknean la dirección de muestra cazza a sus amigos, cada vez que tenemos ĵem’inas, ansí tengís lo wueno en vuestras cazzas (exp.). Halaquí el número de muestra cazza: diez manos y más una mano menos uno! Wa, nonbalde que el número es 54 ĵustito. Ma iwual lo hazen volando (exp.) cuando dizen el precio del coche nuevo; halaquile el calculó endiamantado: Mil manos, y una mano de cien manos, y más seis manos menos una mano, que son 5,505!

La amarga de mí, que la cuenta no me sale sahlito como a los demás. Davagar davagar lo hagoy. Por mal, yo no tuví el wuen mazzal de puĵarme en aquélla parte luzzida del ‘olam, endonde se hadréa la ḥaketía y se respira ese aire analítico. Wa, escuzzada sea esa hora, que pamorde esa falta preta en mi vida, me miroy los oĵos atrás (exp.) cuando hagoy la cuenta; me pierdoy un poco entre las manitas. Ma, el Dio de Abraham es grande, y con esa esperansa me quedoy, que en un día viñien, volando hare yo tamién los cálculos de las manitas. 

Por mal, en este ‘olam hay de todo – lo wueno con lo malo viven par en par – y la negra de la envidia está levantando su cabesa preta y mos está siguiendo como una solombra en cada paso que ḥazemos. ¿Wa no lo sabemos que la mar y el mundo (exp.) se están muriendo de la envidia, sabiendo muestras ‘adas luzzidas? Tantos celos tiene la ĝente, ḥatta que no los da vergüenza de dezdizir muestras calidades espeĵeadas. Ellos dizen que es muestra superstición y el espantiĵo del mal del oĵo, son los que no mos deshan a mencionar el cinco y el quinze. Y más dizen que la mano con los cinco deditos mos sirve, za’ama, como un amuleto escuentra de las oĵeadas malas. Wa haremos wo sobre los disho y misho de los entortiĵos de la ĝente, esa pena y no otra tenemos (exp.).

Que aznería! Daca que munchos son los plazeres que tenemos cuando se haze la cuenta de las manos. Y no solo muestra vivezza analítica se engrandeze, sino que además se farĵéan los oĵos y las oreĵas. ¿Wa no se dirá que muy espeĵeada es la vizión de esas manitas cuando se hadréa? Parecen como si feran maripozzas volando en el aire! Y que durse es el sonido de los shenshleones de oro cuando muestras madres menean sus manos pa hazer las cuentas, y sus dedos farsheados a la cara del ‘olam! Todo esto es como si estuvieramós en el teatro Cervantes el día entero, qasreando con obras audio-vizuales…

Y yo siempre lo estoy jammeoando, que si el descansado de Federico García Lorca, en su Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, hubiera trocado esa fraze famozza, y en vez de “A las cinco de la tarde” escribiría “A tu mano de la tarde”, que plazer cuanti más y cuanti más mos hubiera dado. Ma, el pobre de Don Federico se arrancó de la vida antes que él se fetneó de muestras uzansas endiamantadas, y por eso su ‘Llanto’ se quedó incompleto; se nota que algo, algo le falta!

Wa halaquime, anque que dezde siempre yo sigoy muestras ‘adas sin lalear pa la isquierda ni pa la derecha, aquí me paroy! Por vezes, cuando sientoy munchas ganas de leer ese Llanto por Ignacio Sánchez Mejías tan eghbinozzo en voz alta, doy kabod a la intención del poeta, y lo leyó iwualito iwualito como el descansado de García Lorca lo scribió. Ma, cada vez que la fraze “A las cinco de la tarde” crusa mis labios, oigoy a mi madre, y una vez a una vezina tamién, como un eco, ‘audeando de tras mía, “vivan tus cinco; vivan tus cinco; wa vivan tus cinco a lal.lá”…

Alicia Sisso Raz©

Abreviaciones
exp. – expresiones
s.e.c. – según el contexto

**Glosario, Espresiones y Refranes
a – iniciativa para mover el discurso o la acción
a la garrada – de repente (exp.)
‘abbú- humos, exageración, fanfarronada
‘adas – costumbres
agudezza- agudeza
aĵuntaron – reunieron
ambezzarme educarme
arrancó – falleció
‘audeándo – repitiendo
auzada -acostumbrada
aznería – tontería
cabe – al lado
consintir – dar cuenta
cualsequier – cualquier
cuanti más – sin comparación más
davagar – despacio
Daca agüera que – figurad (exp.)
Dale que dale – sucesión de actos; uno de tras del otro.
del ‘adau – estupendos
derechas – correctas
desharán – dejarán, permitirán
dezir, dizir – decir
dezdezir – negar
dezgustozza – enfadada, digustada
dezmiración – admiración
disho y misho – habladurías, chismes
dursor – dulzor
echar – dormir
eghbinozzo – triste
embobada – atontada
En su hora horada – su justo momento (exp.)
enclavado – clavado
endelante – a partir de ese día
enderechan – corrigen
enĵubila – alegra
entortiĵos – gente con actitud negativa
esa pena y no otra – expresión de indiferencia
escuentra de – contra de
espantiĵo – asusto
espeĵeadas – brillantes
espetiĵandome – fijando insistente
esa pena y no otra – expresión de indiferencia
farsheados – extendidos
ferazmal – contracción de: Feras (de) Mal = protegida[o] de mal. Según el contexto se puede entender como expresión de cariño o de ironía
ferroĵentos – oxidados, herrumbroso
fetneado – dar cuenta
fondina – base
Hablar con el corassón en la mano – con sinceridad (exp.)
hadrear – hablar
ḥakitos – hablantes de ḥaketía
alaquí – he aquí
halaquime – aquí estoy yo…
ḥalḥalás – prisa
ḥatta – hasta
ḥazmear- ponerse listo
honduras – pensamientos profundos
jammeando – pensando
ĵem’inas – reuniones
jotbear – arreglar casamiento
kabod – honor, respeto
La mar y el mundo – cantidad enorme de gente (exp.)
lal.lá – señora mía
lalear – ir de un lado al otro
ma – pero
ma’ases – cuentos; relatos
baldiciones – maldiciones
mazzal – suerte (wuen mazzal – buena suerte)
meknean – dan
mel’oka – maldita
mercar – comprar
meshear – perder tiempo
Mirar los oĵos atrás – hacer muchos esfuerzos(exp.)
Nada queda cabe… – nada se puede compararse con… (exp.)
namás – nada más
negra – maldita
No mire mal en… – palabras de protección y cariño (exp.)
nonbalde – con razón
‘olam -mundo
pescudó – preguntó
preto (a) – s.e.c.: negro, malo, horrible
puĵarme – crecer
qaddeó – acabó
qasreando – pasando buen tiempo
sahlito – fácil
selquear – soltar, dejar
sentar cabesa – pensarlo lógicamente (exp.)
shaureas – consultaciones
shenshleones – pulseras
sherkeoy – comparto
solombra – sombra
telfeóy – equivoco
Tengís lo wueno – bendición. Tengáis todo bueno.
tenikud – acción o resultado que hace rabiar, o fastidiar.
tresdoble – triple
trocado – cambiado
troquimos – cambiamos
uzansa – costumbre
viñien – venidero
Vivan tus cinco—Se dice a quien por no dar cuenta, ha utilizado la palabra ‘cinco’ en su conversación. Dar los cinco y los quinze- Formula que se dice para evitar el mal de ojo.
La palabra ‘cinco’ y la ‘ḥamsa’ ( la mano con cinco dedos), se usan como protección contra el mal de ojo. *Cuando se sospecha que el interlocutor puede hacer el mal de ojo, la palabra ‘cinco’ se usa, u también se menea la mano para mostrar los cinco dedos, siendo ambos considerados como defensa contra el mal de ojo.
*Según la norma de cortesía social, la palabra ‘cinco’ se reemplaza con ‘tu mano’’ en conversaciones, para no ofender el interlocutor (cuando su inocencia es obvio…).
vivezza – inteligencia
volando – a toda prisa, rápido
wa – pues
wuen – buen (wuen mazzal – buena suerte)
za’ama – es decir

La pronunciación de la ḥaketía: En general, la pronunciación es como el castellano moderno, con las siguientes excepciones: El ceceo no existe en la ḥaketía. La pronunciación de las consonantes en palabras derivadas del hebreo y del árabe siguen la pronunciación de estas lenguas.
En ḥaketía, la “s” al final de la palabra seguida con un vocal, una ‘’h’’ española, o una consonante sonora: “b”; “d”; “g”; “l”; “m”; “n”; “r”; “v”, se pronuncia como “z” francesa (zéro)
Los sonidos específicos de la ḥaketía, diferente del castellano son:
Ĝĝ – Antes de “i” o “e” se pronuncia como “j” francesa (jour).
gh – Se pronuncia como una “r” gutural francesa (rue), o una “غ “árabe.
Ĥĥ Se pronuncia como una “h” aspirada inglesa (home).
Ḥḥ Se pronuncia como una “ח “hebrea o “ح “árabe (חכם .(El sonido es
parecido a la “jota” castellana, pero el aire pasa a través de la parte
profunda de la laringe.
Ĵĵ Se pronuncia como “j” francesa (jour)
k – Se pronuncia como en “karate”. Se utiliza únicamente en palabras de origen hebreo o árabe.
l.l o ŀl – “l” geminada, acentuada, como en español “al lado”.
Qq Palabras de origen árabe (menos en hebreo) se distinguen por la ausencia de la “u” después del “q” para señalar el sonido gutural (uvular, “ق “árabe), como en las palabras “qailear, qadear”
Sh/sh – Se pronuncia como la “ch” francesa y la “x” arcaica española.
(chemise). Para la geminada utilizaremos “ssh”
γ – o- ‛ Como “ע “hebrea o “ع “árabe (עולם‛ –olam; za‛ama), un sonido laríngeo.
Zz – Se pronuncia como la “z” francesa (zéro). En palabras de origen árabe o hebreoque se escriben con “zayin” y también en palabras asimiladas en Ḥaketía:”caza, meza, camiza”.
zz, ss, dd, etc. – Letras dobles indican una pronunciación acentuada.

*Diccionarios:
Bendayan de Bendelac, Alegria. Diccionario del Judeoespañol de los Sefardíes del Norte de Marruecos.
Benharroch, B. Isaac. Diccionario de Haquetía.
Benoliel, Jose. Dialecto Judeo-Hispanico-Marroqui o Ḥakitia.
Cohen Aflalo, Esther. Lo que yo sé
*Y más de lo que se hablaba en mi cazza…

Fuente: http://www.vocesdehaquetia.com/biblioteca/Vivan_tus_cinco.pdf


“Concurso de micro-relatos en español en Israel”

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CONCURSO DE MICRO-RELATOS en ESPAÑOL en ISRAEL

La Municipalidad de Raanana y la OLEI Raanana-Ritmo Latino, con el auspicio del Instituto Cervantes de Tel Aviv y La Torre de Babel Ediciones, organizan el Primer Concurso de Relatos Cortos sobre el tema:
“Anécdotas de latinos en Israel”

-Los relatos deberán enviarse hasta el día 25 de Agosto de 2017 a la dirección de e-mail: olei-raanana@hotmail.com
-Estarán escritos a doble espacio, en letra Arial 12 y NO deberán superar las 150 palabras.
-Se seleccionarán 5 relatos finalistas de entre todos los recibidos, que serán leídos en voz alta, en un evento en el marco de la Sexta Feria Internacional del Libro en Español, que se llevará a cabo en Raanana, durante el mes de Setiembre.
-El fallo final, lo emitirán representantes elegidos al azahar entre el público presente (voto del público) y el Jurado de Selección.
-El Jurado, estará compuesto por:
Hernán Felman, Vice-Presidente del Keren Kayemet Leisrael.
Carmen Álvarez, Directora del Instituto Cervantes de Tel Aviv.
Juan Zapato, Director de La Torre de Babel Ediciones.
Andrea Bauab, dramaturga, escritora y guionista, docente de los Talleres de Escritura Creativa en el Instituto Cervantes (Tel Aviv) y en Ritmo Latino (Raanana).

-Se premiará también, un micro-relato, poema o anécdota de hasta 100 palabras, bajo la premisa  “Raanana y yo”, donde se refleje de algún modo el espíritu de esta ciudad israelí.
-PREMIOS:  Dos meses de Curso gratuito de Escritura Creativa en el Instituto Cervantes o en Ritmo Latino y entradas para todos los espectáculos del Centro Cultural Ritmo Latino.
-Para mayor información y consultas: olei-raanana@hotmail.com
O a los teléfonos: 09-7442915 / 0547 345942


“Identidades cruzadas en la obra literaria de los escritores de lengua castellana en el Israel actual: "El rescoldo", de Sara Strassberg-Dayán”, Ana Bejarano

LASA

077 // Panel – Viernes 9:00am – 10:45am, Salón H2 – FCS
”La rebelión de los hijos: judaísmo y literatura latinoamericana contemporánea entre tradición y asimilación”
Organizadores: Edgardo Dobry (Universidad de Barcelona) y Valentina Litvan (Universidad de Lorraine-Metz)

“Identidades cruzadas en la obra literaria de los escritores de lengua castellana en el Israel actual:
“El rescoldo”, de Sara Strassberg-Dayán: Ana Bejarano, Universidad de Barcelona.


“La verdad a cualquier precio”, Antonio Muñóz Molina

Pasolini se dio cuenta antes que nadie de la devastación espiritual que la economía de consumo masivo podría traer consigo.

PPPasoliniPorque Pier Paolo Pasolini no tenía miedo de nada, ni siquiera lo tenía de aquello que más puede asustar a un literato o a un artista de las últimas décadas, casi del último siglo: que lo acusaran de retrógrado, de anticuado. La ortodoxia de la modernidad, lo mismo en las artes que en la política, es la celebración incondicional de lo que se considera avanzado, lo contemporáneo, lo más nuevo, lo último. Quizás por eso las artes plásticas han adoptado tan jovialmente los papanatismos de la moda, sin más que espolvorearlos con una capa cada vez más ligera y más atolondrada de intelectualidad, y los dirigentes políticos de todos los partidos encargan directamente sus eslóganes a las mismas empresas de publicidad que incitan a comprar teléfonos o coches. Tienes que asegurarte de que te has hecho con el último modelo de algo, un smartphone o el nombre de un artista o la consigna ideológica que más va a llevarse esta temporada. Y como la velocidad de la moda hace imprescindible y hasta inevitable el olvido, no habrá el menor peligro de que nadie te acuse de veleidad o de incongruencia.

Hace unos años, por ejemplo, la ortodoxia de lo último exigía augurar con impaciente alegría la desaparición de los libros en papel y el triunfo del lector electrónico. El mismo espacio que en esa época dedicaban casi a diario los medios al triunfo inminente de esa maravilla tecnológica lo dedican ahora, sin estupor ni autocrítica, a la sorpresa halagadora de que los libros en papel han resistido a la crisis, a la piratería, incluso a la brutalidad de las autoridades culturales españolas. Durante largos decenios, arquitectos y urbanistas predicaron, y desdichadamente pusieron en práctica, el dogma lecorbusiano de la destrucción de la ciudad, en nombre de lo nuevo: los coches, las autopistas, los centros comerciales eran el porvenir. Ahora cantan las virtudes de los espacios caminables, el transporte público, la mezcla de los usos urbanos, las bicicletas. Bienvenidos sean. Pero el mundo sería ahora algo menos inhabitable si las cabezas pensantes de la modernidad urbana no hubieran actuado durante tantos años como si cobraran directamente de las compañías petrolíferas y los fabricantes de coches.

Los partidos políticos españoles no parece que acaben de enterarse, pero la más abrumadora de todas las ortodoxias, la del crecimiento económico ilimitado y el bienestar definido exclusivamente en términos de consumo, está siendo ya puesta en duda por mucha gente: gente joven, sobre todo, que ve derrumbarse sus expectativas de porvenir y está muy alerta a las consecuencias de una prosperidad cada vez más desigual y basada en la explotación de recursos que no son renovables, en el pillaje, el envenenamiento y la destrucción del mundo natural.

Ahora ya se corre algo menos de peligro de ser llamado retrógrado o antiguo o nostálgico si no se aprueba con fervor incondicional cualquier novedad que traiga el sello del progreso. En los años sesenta y los primeros setenta, cuando Pasolini alzó en solitario su voz para poner en duda lo que todo el mundo acataba, para denunciar la parte de devastación y de empobrecimiento espiritual que había en el capitalismo de consumo y en la omnipresencia de la televisión comercial, su heterodoxia enfurecía por igual a la derecha y a la izquierda. Era, para unos y otros, para sus adversarios de siempre y sus camaradas de otro tiempo, un retrógrado, una especie de profeta irritante, un defensor de causas no ya perdidas, sino obsoletas, más molesto aún porque ejercía su disidencia en los años deslumbrantes del milagro económico.

Era comunista y homosexual, pero decía añorar la sensación de lo sagrado y había hecho una película con el Evangelio de san Mateo. Se declaraba marxista, pero sus héroes de clase no eran los obreros de las fábricas, sino los campesinos forzados al abandono de la tierra y a la emigración por el desarrollo capitalista, los pequeños artesanos arruinados por la producción industrial, los marginados y los buscavidas de los cinturones de chabolas de las grandes ciudades. Había conocido la pobreza muy de cerca y era consciente de cómo el desarrollo mejoraba las vidas de la gente trabajadora: el agua corriente, la salud, la buena alimentación, la escuela. Pero se dio cuenta antes que nadie de la devastación espiritual que la economía del consumo masivo podría traer consigo, y del modo en que la televisión comercial estaba acabando con la variedad y la riqueza de las culturas populares, las hablas y las formas de vida.

En sus últimos tiempos parecía que buscaba desesperadamente explicarse: disipar los malentendidos y las tergiversaciones de lo que decía, defender su derecho a llevar la contraria, aunque estuviera él solo, aunque nadie quisiera aceptar y ni siquiera oír sus palabras urgentes. Unos días antes de que lo mataran, en octubre de 1975, Pasolini participó en un debate público con educadores. “No tengo miedo a exponerme a ser tachado de reaccionario o de conservador”, les dijo: “La verdad debe decirse a cualquier precio”. En voz alta y clara hizo el dictamen del mundo que entonces estaba naciendo, y que ha llegado a su cumplimiento máximo en esta época nuestra: “El consumismo es una forma nueva y revolucionaria de capitalismo, porque posee en su interior elementos nuevos que lo revolucionan: la producción de mercancías superfluas a una escala enorme y, por tanto, el descubrimiento de la función hedonista”. También dijo, provocadoramente, que si de él dependiera clausuraría la televisión y la escuela pública. (La televisión tal como existía, la escuela en su peor sentido, explicó luego, no se sabe si sorprendido o halagado de que no hubieran apreciado su sarcasmo).

Ese debate tan lejano, tan pertinente ahora, lo ha traducido y prologado con solvencia impecable Salvador Cobo, con el mismo título que tiene en italiano, Vulgar lengua, en una de esas editoriales combativas y algo recónditas que hay ahora, Ediciones el Salmón. Leídas ahora las palabras airadas de Pasolini cobran una inquietante cualidad de profecías cumplidas. Lo que él vio venir y contra lo que clamó en solitario fue la Edad de la Basura: la basura material de las mercancías superfluas que ahora convierte en vertederos de plástico los fondos marinos y las playas de las islas perdidas; la basura de la televisión que iba a trastornar Italia desde los tiempos de Berlusconi y luego nos contagió a nosotros, y ahí sigue, segregando su grosería como un vertido tóxico incesante, sin que nadie clame en serio contra ella, no vaya a parecer retrógrado, o anticuado, o nostálgico.

Antonio Muñóz Molina©
Fuente: http://cultura.elpais.com/cultura/2017/06/20/babelia/1497974929_815747.html


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“O qué será”, Matti Caspi

ארץ טרופית משגעת
(1987)הו מה יהיה
מתי כספי
מילים ולחן: שיקו בוארקי
תרגום: אהוד מנור
קיים ביצוע נוסף לשיר זה

הוי מה יהיה מה יהיה
תגידי מה יהיה כאן איתי ואיתך
הבטיחו אגדות לי ולך לי ולך
ולא קיבלנו כלום מכל מה שהובטח
סיפרו לי על עולם בלי שום צל של ענן
סיפרו לך על נסיך וסוסו הלבן
אמרו שאהבה היא טובה היא טובה
אמרו תביט ישר בתקווה בתקווה
ואין לי שום מושג מה יהיה מה יהיה
אך בליבי אני עוד רוצה מקווה
שלא הכל אבד שנחייה כאן לעד
באושר ובעושר

הוי מה יהיה מה יהיה
תגידי מה יהיה כאן איתי ואיתך
ניסיתי לחפש את כל מה שהובטח
אך לא קרה לי נס זה סיפור לא מוצלח
ניסיתי לבקש קצת יותר קצת יותר
אמרו זה מה שיש אז תלמד לוותר
חשבתי על ביתי על אבי על אימי
חשבתי שאמשיך לחפש בעצמי
ואין לי שום מושג מה יהיה מה יהיה
אך בליבי אני עוד רוצה מקווה
שלא הכל אבד שנחייה כאן לעד
באושר ובעושר

הוי מה יהיה מה יהיה
תגידי מה יהיה כאן איתי ואיתך
הביטי איזה קור איזה גשם ניתך
מתי זה יעבור זה נמשך זה נמשך
זוכרת כל סיפור כל מילה כל מילה
חוזר על כל מילה כמו תפילה כמו תפילה
אסור להתייאש ואסור לעזוב
צריך להתעקש וצריך לאהוב
ואין לי שום מושג מה יהיה מה יהיה
אך בליבי אני עוד רוצה מקווה
שלא הכל אבד שנחייה כאן לעד
באושר ובעושר 


Nos visitan de Radio Sefarad, Stand #9

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¡Vamos, que hoy se acaba la Feria!

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Luis Bassat conversando con Fernando Martí nez-Vara de Rey y Roi Bet Levi.

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Los esperamos en nuestro Stand #9.

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“La última historia de Amor y Andrea Bauab”

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Presentación de Andrea Bauab y su nouvelle “La última historia de amor”, en la Feria Internacional del Libro de Jerusalén 2017.

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Firma de libros.

Los esperamos en nuestro Stand #9.

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Las letras y la música del Paraguay hoy en la Feria y a las 18:00 coloquio con Andrea Bauab

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El Secretario Consular de la Embajada del Paraguay en Israel, Sr. Fernado Allo Acevedo, acercándonos a la vida y obra del Premio Cervantes Augusto Roa Bastos, hoy en la “Feria Internacional del Libro de Jerusalén 2017”

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David Karlsberg interpretando el arpa paraguaya.

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Hoy 18:00 coloquio con la autora Andrea Bauab

LaultimahistoriadeamorAfich

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¡Ya estamos en la Feria, los esperamos! Stand #9 desde las 11:00 hasta las 23:00

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Palabras del embajador de El Salvador Sr. Warner Matías Romero, acto de entrega de ejemplares de autores salvadoreño a la Biblioteca José Camilo Cela del Instituto Cervantes de Tel Aviv.

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El embajador de España Don Manuel Gómez-Acebo durante el acto de inauguración de las “Letras iberoamericanas”.

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Los esperamos en nuestro Stand #9.

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“La Torre de Babel Ediciones® en la Feria Internacional del Libro de Jerusalén 2017”

FERIA-JERUSALEM-2017

“Stand #9”, en el predio de la Antigua Estación del Tren,
David Remez 4, entre los días 11 al 15 de junio.

Los invitamos a conversar con  Andrea Bauab,
el día 14 a las 18:00 horas sobre
“La última historia de amor,
y la escritura atareada”

Y el día 15 a las 16:00 horas, con Roberto Sánchez Soria,
editor de
 

“Morir por la Argentina”,
¿hipótesis o teoría?

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“Yom haShoá vehaGuevurá 2017”

YomHaShoah


“Eduardo Mendoza, Premio Cervantes 2016”

Majestades, autoridades, señoras y señores,

No creo equivocarme si digo que la posición que ocupo, aquí, en este mismo momento, es envidiable para todo el mundo, excepto para mí.

Han transcurrido varios meses desde que me llamó el señor Ministro para comunicarme que me había sido concedido el premio Cervantes y todavía no sé cómo debo reaccionar. Espero no haber quedado mal entonces, ni quedar mal ahora, ni en el futuro.

Porque un premio de esta importancia, tanto por lo que representa como por las personas que lo han recibido a lo largo de los años, no es fácil de asimilar adecuadamente, sin orgullo ni modestia. No peco de insincero al decir que nunca esperé recibirlo.

En mis escritos he practicado con reincidencia el género humorístico y estaba convencido de que eso me pondría a salvo de muchas responsabilidades. Ya veo que me equivoqué. Quiero pensar que al premiarme a mí, el jurado ha querido premiar este género, el del humor, que ha dado nombres tan ilustres a la literatura española, pero que a menudo y de un modo tácito se considera un género menor. Yo no lo veo así. Y aunque fuera un género menor, igualmente habría que buscar y reconocer en él la excelencia.

Pero no soy yo quien ha de explicar las razones del jurado ni menos aún justificar su decisión. Tan sólo expresarle mi más profundo agradecimiento y decirles, plagiando una frase ajena, que me considero un invitado entre los grandes.

En el acta que nos acaba de ser leída, se me honra mencionando mi vinculación con la obra de Cervantes. Es una vinculación que admito con especial satisfacción. He sido y sigo siendo un fiel lector de Cervantes y, como es lógico, un asiduo lector del Quijote. Con mucha frecuencia acudo a sus páginas como quien visita a un buen amigo, a sabiendas de que siempre pasará un rato agradable y enriquecedor. Y así es: con cada relectura el libro mejora y, de paso, mejora el lector.

Pero en mi memoria quedan cuatro lecturas cabales del Quijote, que ahora me gustaría recordar.

Leí por primera vez el Quijote por obligación, en la escuela. En algún sitio he leído que la presencia obligatoria del Quijote en la enseñanza no pasa de ser una leyenda urbana. Es cierto, pero toda regla tiene su excepción. En nuestro copioso surtido de planes de enseñanza, hubo, tiempo atrás, un curso llamado preuniversitario, coloquialmente “el preu”, cuyo programa era monográfico, es decir: un solo tema por cada materia. A los que hicimos preuniversitario el año académico de 1959/60 nos tocó leer y comentar el Quijote, tanto a los que habíamos optado por el bachillerato de letras como por el de ciencias. A diferencia de lo que ocurre hoy, en la enseñanza de aquella época prevalecía la educación humanística, en detrimento del conocimiento científico, de conformidad con el lema entonces vigente: que inventen ellos.

Las cosas cambian de nombre en función de la distancia. El suelo que ahora piso se llama paisaje cuando está lejos. Y cuando ya no está, se llama Geografía.

Del mismo modo, la pomposa abstracción que hoy llamamos Humanidades, antes se llamaba, humildemente, Curso de Lengua y Literatura. Y para mis compañeros de curso y para mí, aún más humildemente, la clase del Hermano Anselmo.

El colegio donde se encontraba esta clase era un edificio vetusto, de ladrillo oscuro, frío en invierno, en una Barcelona muy distinta de la que es hoy. Por las ventanas se veían las cuatro torres de la Sagrada Familia tal como las dejó Gaudí, negras de hollín y felizmente dejadas de la mano de Dios. En la clase de Literatura nos enseñaban algunas cosas que luego no me han servido de mucho, pero que me gustó aprender y me gusta recordar. Por ejemplo, la diferencia entre sinécdoque, metonimia y epanadiplosis. O que un soneto es una composición de catorce versos a la que siempre le sobran diez.

Y allí, contra aquel fiero rebaño compuesto por treinta adolescentes sin chicas que era la clase del Hermano Anselmo, arremetió lanza en ristre don Alonso Quijano el Bueno, no sé si en la edición de Riquer o en la de Zamora Vicente para la lectura, y en la desmesurada edición de Rodríguez Marín para ir por nota. Porque de esto hace mucho y el Profesor don Francisco Rico aún no había alcanzado el uso de razón.

La verdad es que don Quijote y Sancho no fueron bien recibidos. Nuestra imaginación literaria se nutría de El Coyote y Hazañas Bélicas y las sesiones dobles del cine de barrio eran nuestro Shangri-La. Pero el Siglo de Oro, francamente, no.

Hay que decir, en nuestro descargo, que en aquellos años, que Juan Marsé llamó de incienso y plomo, la figura de don Quijote había sido secuestrada por la retórica oficial para convertirla en el arquetipo de nuestra raza y el adalid de un imperio de fanfarria y cartón piedra. También, solo o con Sancho, a pie o a caballo, se vendía a la gruesa en estaciones y aeropuertos, y en muchos hogares estaba presente como cenicero, pisapapeles o apoyalibros. Malas tarjetas de visita para un aspirante a superhéroe.

Pero entonces no se iba a la escuela a jugar, sino a estudiar y a obedecer. Tampoco nos apetecía aprender de memoria los afluentes del Ebro. Y con el mismo entusiasmo emprendimos la lectura de lo que parecía ser una tortura dividida en dos partes. Como es de suponer de inmediato y casi contra mi voluntad me rendí a su encanto.

Curiosamente, lo que me fascinó entonces no fue la figura de don Quijote, ni sus empresas y sus infortunios, sino el lenguaje cervantino. Desde niño yo quería ser escritor. Pero hasta ese momento los resultados no se correspondían ni con el entusiasmo ni con el empeño. Las vocaciones tempranas son árboles con muchas hojas, poco tronco y ninguna raíz. Yo estaba empeñado en escribir, pero no sabía ni cómo ni sobre qué.

La lectura del Quijote fue un bálsamo y una revelación. De Cervantes aprendí que se podía cualquier cosa: relatar una acción, plantear una situación, describir un paisaje, transcribir un diálogo, intercalar un discurso o hacer un comentario, sin forzar la prosa, con claridad, sencillez, musicalidad y elegancia.

“Apeáronse don Quijote y Sancho y, dejando al jumento y a Rocinante a sus anchuras pacer de la mucha yerba que allí había, dieron saco a las alforjas y, sin ceremonia alguna, en buena paz y compañía, amo y mozo comieron lo que ellas hallaron”. No se puede dar una información más expresiva con palabras más sencillas y una sintaxis más limpia.

Cuál no sería mi entusiasmo que traté de compartirlo con mi padre, hombre aficionado a la literatura. Mi padre me escuchó y me respondió que sí, que bueno, pero que era mejor Lope de Vega. Hasta en eso teníamos que disentir.

Leí el Quijote de cabo a rabo por segunda vez una década más tarde. Yo ya era lo que en tiempos de Cervantes se llamaba un bachiller, quizá un licenciado, lo que hoy se llama un joven cualificado, y lo que en todas las épocas se ha llamado un tonto.

Llevaba el pelo revuelto y lucía un fiero bigote. Era ignorante, inexperto y pretencioso. Pero no había perdido el entusiasmo. Seguía escribiendo con perseverancia, todavía con pasos aún inciertos, en busca una voz propia.

Como tenía otros modelos literarios, de mayor graduación alcohólica, por decirlo de algún modo, como Dostoievski, Kafka, Proust y Joyce, en esa ocasión me atrajo sobre todo el Caballero de la Triste Figura, su tenacidad y su arrojo. Porque, salvando todas las distancias, yo aspiraba a lo mismo que don Alonso Quijano: correr mundo, tener amores imposibles y deshacer entuertos.

Algo conseguí de lo primero; en lo segundo me llevé bastantes chascos, y en lugar de deshacer entuertos, causé algunos, más por irreflexión que por mala voluntad.

Un héroe trágico nunca deja de ser un héroe, porque es un héroe que se equivoca. Y en eso a don Quijote, como a mí, no nos ganaba nadie.

Tampoco a don Quijote le salen bien las cosas. También él se equivoca en el planteamiento. Cree seguir las normas de la Caballería andante pero es un hijo de Erasmo y de la Reforma. Para él no son las leyes humanas o divinas las que determinan su conducta, sino la ética personal. Cree defender a los débiles pero defiende a los rebeldes y a los que luchan por la libertad, aunque sean delincuentes. Antepone sus deseos a la realidad, y es, en definitiva, el paradigma del idealismo desencaminado, si esta expresión no es una redundancia. Poco importa, porque “la gloria de haber emprendido esta hazaña no la podrá oscurecer malicia alguna”.

Y por eso me gustaba. Porque si Cervantes es hijo de Erasmo, yo era hijo del Romanticismo, y no me atraían los héroes épicos sino los héroes trágicos. Un héroe épico se vuelve un pelma cuando ya ha hecho lo suyo. En cambio un héroe trágico nunca deja de ser un héroe, porque es un héroe que se equivoca. Y en eso a don Quijote, como a mí, no nos ganaba nadie.

La tercera vez que leí el Quijote ya era, al menos nominalmente, lo que nuestro código civil llama “un buen padre de familia”.

Cuando emprendí esta nueva lectura del Quijote no tenía motivos de queja. Como don Quijote, había recibido algunos palos, ni muchos ni muy fuertes. Como Sancho Panza, me había apeado muchas veces del burro. Pero había conseguido publicar algunos libros que habían recibido un trato benévolo de la crítica y una buena acogida del público. Hago un paréntesis para decir que, sin quitarme el mérito que me pueda corresponder, mucho debo al apoyo y, sobre todo, al cariño de algunas personas. Y creo que sería injusto silenciar, a este respecto, la contribución especial de dos personas a mi carrera literaria. Una es Pere Gimferrer, que me dio la primera oportunidad y es mi editor vitalicio y mi amigo incondicional. La otra es, por supuesto, Carmen Balcells, cuya ausencia empaña la alegría de este acto.

En aquella tercera lectura del Quijote, descubrí y admiré el humor que preside la novela. Lo que digo puede parecer una obviedad, pero a mi juicio no lo es. Cuando el Quijote vio la luz sin duda fue recibido y leído como un libro cómico. Pero los tiempos cambian y aunque el humor es el mismo, nuestra percepción de lo cómico ha cambiado. En este sentido, en la actualidad el Quijote ha perdido buena parte de su comicidad. Visto desde mi perspectiva, los episodios jocosos no son muchos ni muy variados. Hay alguno espléndido, como el de los molinos de viento, pero el resto repiten un patrón convencional: confusión y paliza. Una parodia del estilo artificioso de las novelas de caballerías y varias intervenciones divertidas de Sancho completan el panorama. Nada de esto desmerecía a mis ojos la calidad de la obra ni rebajaba mi admiración, pero así pensaba yo.

Lo que descubrí en la lectura de madurez fue que había otro tipo de humor en la obra de Cervantes. Un humor que no está tanto en las situaciones ni en los diálogos, como en la mirada del autor sobre el mundo. Un humor que camina en paralelo al relato y que reclama la complicidad entre el autor y el lector. Una vez establecido el vínculo, pase lo que pase y se diga lo que se diga, el humor lo impregna todo y todo lo transforma.

Es precisamente el Quijote el que crea e impone este tipo de relación secreta. Una relación que se establece por medio del libro, pero fuera del libro, y que a partir de ese momento constituirá la esencia de lo que denominamos la novela moderna. Una forma de escritura en la cual el lector no disfruta tanto de la intriga propia del relato como de la compañía de la persona que lo ha escrito.

Aunque raro es el año en que no vuelva a picotear en el Quijote, con la única finalidad de pasar un rato agradable y levantarme el ánimo, lo cierto es que no lo había vuelto a releer de un tirón, hasta que la cordial e inesperada llamada del señor Ministro me notificó que me había sido concedido este premio, y por añadidura en el cuarto centenario de la muerte de Cervantes. Así las cosas, pensé que tenía el deber moral y la excusa perfecta para volver, literalmente, a las andadas.

En esta ocasión seguía y sigo estando, en términos generales, satisfecho de la vida. De nada me puedo quejar e incluso ha mejorado mi estado de salud: antes padecía pequeños desarreglos impropios de mi edad y ahora estos desarreglos se han vuelto propios de mi edad.

Sin embargo, cuando se lee el Quijote, uno nunca sabe lo que le puede pasar. En lecturas anteriores yo había seguido al caballero y a su escudero tratando de adivinar la dirección que llevaba su peregrinaje. Esta vez, y sin que en ello interviniera de ningún modo la melancolía, me encontré acompañando al caballero en su camino de vuelta a un lugar de la Mancha cuyo nombre nunca hemos olvidado, aunque a menudo lo hayamos intentado.

Alguna vez me he preguntado si don Quijote estaba loco o si fingía estarlo para transgredir las normas de una sociedad pequeña, zafia y encerrada en sí misma. Aunque ésta es una incógnita que nunca despejaremos, mi conclusión es que don Quijote está realmente loco, pero sabe que lo está, y también sabe que los demás están cuerdos y, en consecuencia, le dejarán hacer cualquier disparate que le pase por la cabeza. Es justo lo contrario de lo que me ocurre a mí. Yo creo ser un modelo de sensatez y creo que los demás están como una regadera, y por este motivo vivo perplejo, atemorizado y descontento de cómo va el mundo.

Mi conclusión es que don Quijote está realmente loco, pero sabe que lo está, y también sabe que los demás están cuerdos

Pero en una cosa le llevo ventaja a don Quijote: en que yo soy de verdad y él un personaje de ficción.

Una novela es lo que es: ni la verdad ni la mentira. El que lee una obra de ficción y no se cree nada de lo que allí se cuenta, va mal; pero el que se lo cree todo, va peor. Hoy esto es de conocimiento general. Pero el Quijote es la primera novela moderna y el pobre don Quijote no ha tenido tiempo de asimilar los cambios que él mismo trae al mundo. Al contrario, él es el primer caso certificado de lector demasiado crédulo. No es raro que se haga un lío. Y así va, hasta que un mal día, en la misma ciudad de Barcelona, donde yo habría de descubrirlo unos cuantos siglos más tarde, don Quijote visita una imprenta y allí descubre que en realidad es el protagonista de una novela. Y como ya no sabe qué hacer a continuación, da media vuelta y regresa a casa.

Lo que tampoco sabe es que su breve periplo, de poco más de un mes, no ha sido en balde.

Todo personaje de ficción es transversal. Va de lector en lector, sin detenerse en ninguno. Eso mismo hace don Quijote. Exceptuando a Sancho, todos los personajes del libro están donde Dios los puso. Don Quijote es lo contario: va de paso y atraviesa fugazmente por sus vidas. Generalmente les causa un pequeño trastorno, pero les paga con creces. Sin la incidencia atropellada de don Quijote, hidalgos, venteros, labriegos, curas y mozas del partido reposarían en la fosa común de la 9antropología cultural. Gracias a don Quijote hoy están aquí, con nosotros, tan reales como nosotros mismos y, en algunos casos, quizás un poco más.

Ésta es, a mi juicio, la función de la ficción. No dar noticia de unos hechos, sino dar vida a lo que, de otro modo, acabaría convertido en mero dato, en prototipo y en estadística. Por eso la novela cuenta las cosas de un modo ameno, aunque no necesariamente fácil: para que las personas, a lo largo del tiempo, la consuman y la recuerden sin pensar, como los insectos que polinizan sin saber que lo hacen.

Recalco estas cosas bien sabidas porque vivimos tiempos confusos e inciertos. No me refiero a la política y la economía. Ahí los tiempos siempre son inciertos, porque somos una especie atolondrada y agresiva y quizá mala, si hubiera otra especie con la que nos pudiéramos comparar.

La incertidumbre y la confusión a las que yo me refiero son de otro tipo. Un cambio radical que afecta al conocimiento a la cultura, a las relaciones humanas, en definitiva, a nuestra manera de estar en el mundo. Pero al decir esto no pretendo ser alarmista. Este cambio está ahí, pero no tiene por qué ser nocivo, ni brusco, ni traumático.

En este sentido, ahora que los dos vamos de vuelta a casa, me gustaría discrepar de don Quijote cuando afirma que no hay pájaros en los nidos de antaño. Sí que los hay, pero son otros pájaros.

Ocasiones como la presente entrañan para el premiado un riesgo inverso al que corrió don Quijote: creerse protagonista de un relato más bonito que la realidad. Prometo hacer todo lo posible para que no me ocurra tal cosa.

Vivimos tiempos confusos e inciertos. No me refiero a la política y la economía. Ahí los tiempos siempre son inciertos, porque somos una especie atolondrada y agresiva y quizá malaPara los que tratamos de crear algo, el enemigo es la vanidad. La vanidad es una forma de llegar a necio dando un rodeo. Es un peligro que no debería existir: mal puede ser vanidoso el que a solas va escribiendo una palabra tras otra, con mimo y con afán y con la esperanza de que al final algo parezca tener sentido. La tecnología ha cambiado el soporte de la famosa página en blanco, pero no ha eliminado el terror que suscita ni el esfuerzo que hace falta para acometerla.

Por lo demás, al que se echa a los caminos la vida le ofrece recordatorios de su insignificancia. Hace muchos años, cuando yo vivía en Nueva York, quedé en un bar con un amigo, ilustre poeta leonés. Como vimos que la camarera que nos atendía era hispanohablante, probablemente portorriqueña, cuando vino a tomarnos la comanda nos dirigimos a ella en castellano. La camarera tomó nota y luego nos preguntó si éramos franceses. Le respondimos que no. ¿Qué le había hecho pensar eso? Oh, dijo ella, como habláis tan mal el español… En su momento, esta anécdota nimia me produjo una gran alegría que nunca se ha disipado. Porque comprendí que habitaba un mundo diverso, rico, divertido y con un amplísimo horizonte. Y que todas las lenguas del mundo son amables y generosas para quien las quiere bien y las trabaja.

Y aquí termino, repitiendo lo que dije al principio. Que recojo este premio con profunda gratitud y alegría, y que seguiré siendo el que siempre he sido: Eduardo Mendoza, de profesión, sus labores.


“Kadish por Carli”, Juan Zapato

kadish

a Carlos Slepoy Prada Z”L

 

¡Oh Señor!
¡Qué putada!
Que necesitás ahora,
en esta hora
de este Hombre a Tu lado.
Por ser sabedor de su Tikún Olám:
buscar la Justicia en este Mundo,
que no es la ley de los hombres.

Él que ha luchado contra el Mal que tiene nombre:
Amalek o Videla, Amán o Pinochet, el mismo Franco.

Ahora,
en esta hora
la labor continúa.
Que no levanten la copa los tiranos,
que al Juicio,
Carlos aportará las pruebas
y Tú, la condena.

Perdona mis palabras si suenan profanas,
pero Tú me conoces.
Soy hombre, soy débil, tengo bronca
y por ello se me encoje el corazón
y amargas son mis lágrimas
y desgarro mi prenda.
    Baruj Ata, Adonai,
    Eloheinu, Melej Haolam,
    Dayán Emet.

Tené en cuenta mi plegaria por su alma,
sabés que nunca pido por mí,
sí por los míos
y Carli es de los nuestros.

¡Oh Señor!
¡Qué putada!
¿Seguirá habiendo diez hombres justos?

Juan Zapato© Israel, 18 de abril de 2017.


“Anoten bien su nombre: Carlos Slepoy, el abogado de los Derechos Humanos”, Olga Rodríguez

Carlos Slepoy

 

Los teléfonos de muchos familiares de víctimas de la dictadura argentina, chilena o española echaban humo esta noche con mensajes de condolencia. Se ha ido Carlos Slepoy -Carli para los amigos- un abogado valiente y perseverante, impulsor de la querella argentina contra los crímenes del franquismo, abogado de la acusación popular en el juicio contra Pinochet o contra el exmilitar argentino Adolfo Scilingo, participante también en los juicios contra los dictadores Ríos Montt o Videla.

Anoten bien su nombre. Quizá no sea objeto de homenajes oficiales ni de luto institucional, pero Carlos Slepoy trabajó por la justicia universal, por la memoria y por las víctimas de las dictaduras mucho más que algunos Estados democráticos incapaces de escarbar en su pasado. Puede que alguno de ustedes le viera alguna vez en una protesta contra la impunidad del franquismo, o a las puertas de la Audiencia Nacional, celebrando con las víctimas de la dictadura chilena o argentina.

Anoten bien su nombre, porque se trata de un hombre valiente. Un hombre que supo de la naturaleza de los regímenes represores, no solo porque ejerció como abogado especializado en estos asuntos, sino porque él mismo sufrió la dictadura argentina. Fue encarcelado dos semanas antes del golpe de Estado argentino, en marzo de 1976, y pasó por varias prisiones antes de ser condenado al exilio.

Aquí en España, ya como abogado, un policía ebrio le pegó un tiro por la espalda en 1982, hiriéndole gravemente. Las secuelas de aquellas heridas le persiguieron de por vida y le condenaron a pasar parte de su tiempo en silla de ruedas. Pero ni eso, ni los compañeros desaparecidos en Argentina, ni los obstáculos encontrados en su empeño por defender los derechos humanos le hicieron desistir:

“La vida de una persona, su memoria, [sonreía haciendo hincapié en la palabra memoria] influye mucho en lo que hace”, decía.

Los ojos de Carli, llenos de verde y de vida, chispeaban con fuerza cuando hablaba de los derechos humanos y de la necesidad de la justicia universal. Sus trabajos en los juicios contra Pinochet, contra el exdictador de Guatemala o contra el exmilitar argentino Adolfo Scilingo, al que la justicia española condenó a 1.084 años de prisión por crímenes contra la humanidad, le valieron reconocimiento internacional.

Las paradojas de la vida le llevaron hace unos años a recorrer el camino inverso a su exilio: de Madrid a Buenos Aires, para interponer allí una querella contra los crímenes del franquismo que sigue viva a día de hoy y que ha devuelto dignidad y esperanza a muchos familiares de las víctimas.

“Presentamos esta querella como consecuencia de la escandalosa paralización de los procedimientos judiciales en España”, explicaba entonces. Entre los acusados en la misma se encuentran el torturador “Billy el Niño”, Martín Villa o el suegro de Gallardón.

Los últimos años de Slepoy se centraron en recoger testimonios, documentar y trabajar con y para las víctimas del franquismo y sus familiares. En su casa madrileña acumulaba archivos, informes, datos. Tenía el optimismo no del ingenuo, sino del militante que sabe que para recorrer el camino es preciso creer en la posibilidad de un final productivo. Una vez le pregunté por ello en su casa:

“Como todo el mundo, tengo sinsabores en estas historias. Aún así, en la medida en que uno siente que aporta no necesita una especial cuota de energía”, respondió con evidente humildad, porque es mucha la fuerza precisa para hacer lo que él hacía.  Hace un tiempo me pidió que le ayudara a crear una cuenta en Twitter. Cuando le pregunté qué foto poner, me dijo: “Escoge una en la que esté sonriente, que está bien que a uno le vean contento”. Tenía la sonrisa de quien se sabe del lado de la humanidad. 

Denunció siempre que el obstáculo para juzgar el franquismo en España no es judicial, sino político, y mantuvo la esperanza en que algún juez español anulara algún día la ley de amnistía para juzgar los crímenes de la dictadura:  “Yo creo que en algún momento eso va a ocurrir, empezará a haber jueces que se atrevan, porque la ley de amnistía no puede amparar crímenes contra la humanidad. (…) En España hubo una planificación para perseguir a determinados grupos de la sociedad, para dar origen a un país diferente. Y lo consiguieron en gran medida. Eso es un genocidio”. 

El historiador estadounidense Howard Zinn escribió que las incontables pequeñas acciones de la gente desconocida son las que llevan a grandes momentos de cambio histórico. No hay duda de que las incontables acciones de Carlos Slepoy han contribuido a un futuro con espacio para los derechos humanos y la justicia.

La última vez que lo vi, hace unos meses, ya enfermo, mientras le preguntaba por cuestiones de salud en su casa, él me respondía con nuevas ideas que tenía para dar fuelle a la querella argentina. 

Carli nos deja muy huérfanos, pero con la certeza de que son muchos los que recogerán su testigo y proseguirán el trabajo en defensa de los derechos humanos, para que la historia no repita sus capítulos más siniestros. Como él mismo diría, con ese brillo en los ojos, quizá mañana podamos preparar una nueva acción que nos lleve a un nuevo camino para terminar con la impunidad, porque el reloj continúa. Sigues entre nosotros, Carli. Cuánto te queremos.

Olga Rodríguez© Fuente: http://www.eldiario.es/zonacritica/Anoten-Carlos-Slepoy-Derechos-Humanos_6_634196612.html


“Filigranas con origen del papel fabricado en la villa de Capelladas”, Rafael León Portillo

 

“Le filigrane, empreinte laisée en creux dans la feuille de papier par un ornament en fil de métal fixé sur la forme, est, de toutes les particularités qui différencient les papers, la plus importante”.
Ch.M. Briquet. Les Filigranes

El recuerdo de ese trayecto, que hice siete años atrás con una amiga enferma, reaparece por momentos como una filigrana por detrás de estas imágenes de ahora. Pero es propio de la filigrana no ser visible sino cuando se coloca la hoja a contraluz y a pleno día. El resto del tiempo, no nos damos cuenta de que está ahí.

Marguerite Yourcenar
Una vuelta por mi cárcel

‘CAPELLADAS’ / CAPELLADES

En otro lugar1 reproduje una selección de las etiquetas adheridas a los embalajes de papel, que tomaría de Carátulas papeleras. Siglos XVIII-XX, obra de Isabel Gaig y Victòria Rabal2, admirable conservadora ésta última del museo instalado en el viejo molino harinero comunal, el molí de la vila de Capelladas3, aunque, con seguridad, ella habría dicho y hecho constar “Capellades”, en catalán, sin perjuicio de que muchas de esas carátulas —y, desde luego, todas las que yo reproduje— digan “Capelladas” y de que el libro a que nos referimos esté escrito en español 4.

Pero yo reconozco que el nombre de aquella villa puede ser “Capellades” porque indudablemente le asiste el derecho a designarse como le venga en gana. Aunque igualmente reconozco que, escribiendo en español, decir “Capellades” es un despropósito y una cursilería semejante a la que se producirá si, hablando en español, dijésemos London, Firenze o Köln para referirnos a Londres, Florencia o Colonia (que no son designaciones oponentes sino el resultado de una larga evolución y adaptación a esta lengua que compartimos con Cataluña y que sólo por mero arcaísmo poético llamamos castellano, por más que no lo sea). Proceder así sería algo tan insoportable como decir Gerona, Lérida o Tarragona hablando o escribiendo en catalán. Pero allá cada uno.

El despropósito, de todos modos, es menos insufrible conforme el topónimo tenga menor relevancia y arraigo. “Capelladas”, aunque sólo sea el nombre de una villa modestísima, se ha venido registrando y exportando sistemáticamente así, al menos desde el XVIII. Por citar sólo algunos documentos de los que ya me he ocupado con cierta extensión, recordemos que los excepcionales privilegios concedidos por Carlos III a los Guarro en 1735 (confirmados en 1749), citan expresamente a “Capelladas”; que la consulta hecha en 1779 por la Junta General de Comercio a “los Guarros y Capelladas” vuelve a hacer igual referencia, y que la respuesta a esa consulta (firmada nada menos que por papeleros que se apellidan Guarro, Romaní, Ferrer, Ferreres, Soteras y Romeo) se data en “Capelladas”; que don Carlos Beramendi, comisionado por Carlos IV en 1791, vuelve a citar la villa de ese modo en la relación de su viaje; y que el cartapacio llamado Libro de varios planos y máquinas (constituido por planos e informes de en torno a 1760), por abreviar la relación, citan igualmente la villa como “Capelladas”. Frente a esa unanimidad textual, quienes en el Principado han ido publicando esos documentos transcriben con igual unanimidad, y sin previa advertencia, “Capellades”.

Desde luego, cuando se habla de la historia del papel en Cataluña, Capelladas constituye una referencia de privilegio, aunque ese nombre viene mitificándose, más en beneficio del museo molino —según creo— que de la propia Historia. Baste pensar que la Guía oficial de aquella institución declara que “Capellades ya era reconocido en el siglo XIII como pueblo papelero” y que “a mediados de ese siglo el papel de esta población era exportado a Italia, Egipto, Grecia, Bizancio y otros muchos lugares importantes del Mediterráneo”, todo lo cual contrasta con el hecho de la desconcertantemente tardía elaboración catalana de papel que en ningún modo fue anterior a 14445.

A la difusión del nombre de Capelladas contribuyó no solo su extraordinaria actividad fabril (los dieciséis molinos papeleros que se alimentaban del agua de su balsa —hoy desdichadamente seca6— encabezados por el actual museo molino y los de su comarca, y su comercio favorecido por el emplazamiento de esa villa en el Camino Real de Madrid a Zaragoza y Barcelona), sino también el hecho de que se generalizase la denominación “Capelladas” para referirse al papel “Salustio” o “Suplido” sin consideración del lugar en que se fabricara efectivamente. Frente a esos orígenes magnificados de la elaboración del papel en la villa, el propio Oriol Valls hubo de reconocer, finalmente, que “hasta el siglo XVII poco o nada se sabe de la fabricación del papel en Capellades”7.

Y mitificación ha sido igualmente referirse a una supuesta calidad excepcional de sus fabricados. Recuérdese el juicio, generalmente desfavorable, que ese papel iba mereciendo a los expertos de la Real Junta General de Comercio en sus periódicos exámenes a partir de 1765 8.

Paralelo al caso de las carátulas que aparecen en las maculaturas o papel de envolver que se ha dicho al comienzo, y que se reparten ambos modos de denominación, es el caso de las marcas al agua que pueden apreciarse en el papel envuelto, y las líneas que siguen van a detenerse un momento en esa diversidad, para lo que —un tanto desordenada y caprichosamente— pudiéramos establecer con ellas los tipos que a continuación se ensayan:

filigranas1

En el tipo que podemos designar como A9 la lectura es inequívoca. En el levantamiento que se reproduce, sus caracteres, de manera independiente cada uno de ellos, debían estar ya a disposición del proveedor, como están los tipos móviles en las cajas de imprenta, dispuestos para aplicarlos a cualquier composición, a cualquier nombre, y ello explica la difusión de esa caligrafía clásica en el mundo de las marcas y contramarcas.

Dentro de la natural variedad gráfica, el tipo B es el contrapuesto al anterior. El hilo se ha llevado de manera que sólo podría aplicarse al nombre que nos ocupa, y se ha escrito con un trazo continuo en evitación de que al rematarse cada letra o grupo de letras pudiese levantarse y herir al papel recién formado. En el ejemplar reproducido parece mostrarse el vacilante residuo de una lectura anterior: una especie de visera desciende del tramo horizontal superior de la última E (muy diferente de la primera E, que parece una F), como queriendo enlazar con el tramo horizontal intermedio. Y desde el tramo horizontal inferior, que se interpreta como superpuesto a la línea que une todas las letras, se alza una puntera que se ha interpretado como rasgo final de la S en que acaba el nombre. Todo ello quizás —sólo quizás— tienda a apuntar a una escritura CAPELLADAS.

Mayor rareza representa el tipo C, con interpunción10 entre las dos primeras sílabas y las dos siguientes, CAPE.LLADES, y en el que se aprecia una segunda L casi vergonzante y como en letra voladita, lo que nos pone a un paso de su desaparición11, según ocurrirá ya en D. Es posible que, en ambos tipos, el filigranador tomara la palabra como un nombre compuesto (siempre con base en capellus) y, dado que el catalán medieval palataliza automáticamente la ele inicial de una palabra (cfr. llet/ leche, lluna/ luna, y tantas más), hasta el punto de que no era necesario indicar en la escritura la doble ele (como en español no se duplica al principio de la palabra la ere o erre para indicar que ésta es fuerte), el punto de la interpunción permitía leer /capellades/. (En catalán, la elle fue tomada posteriormente del castellano, cuando se introdujeron las voces cultistas con ele inicial, lo que obligaba a distinguir entre los dos posibles sonidos iniciales de una palabra).

Más curioso es el tipo E, donde se lee CAPELLADENS, y que quzás no sea sino una mera analogía con Castelldásens, literalmente “Castell d’ases” (“de asnos”)12, donde se cumple un curioso plural irregular, incorrecto en el catalán normativo, pero frecuente por aquel contorno, aplicado a palabras como àsens (“asnos”), térmens (“términos”), que da nombre a una población), hòmens (“hombres”), còvens (“cuévanos”) y algunos más, cuyos plurales correctos serían ases, termes, homes, coves…, pero el recuerdo del latín se mantiene, inconscientemente, en el habla popular. Es muy probable que la vacilación entre el plural irregular de Castelldàsens y el regular de Capellades indujera ese Capellàdens, a todas luces incorrecto.

El tipo que hemos considerado como F se reduce a ostentar la última E de manera inscrita en la D. Sin embargo es muy posible que, para quien no apreciara esa E inscrita, el rótulo que constituye nuestro tipo G dijera, sencillamente, CAPELLADS creyendo que reproducía el anterior, y mantuviese la misma omisión de espacio entre la D y la S. Por ello, o quizás por una reflexión previa, el tenaz mantenimiento de este tipo representa el decidido propósito de no optar entre la vocal del plural castellano y la del catalán.

Un tipo que pudiéramos señalar como H es el que ofrece lo que indudablemente creo que es una A inscrita en la D, Porque la abertura de sus pies ha impedido que la D alcance a cerrarse, y porque para ser una E le falta el trazo horizontal inferior que caracteriza a esta letra13. Otras aes en las que su travesaño no llega a cerrarse —lo que quzás fuese motivo de escrúulo para la lectura que se propone— pueden verse en las marcas con sobrada frecuencia. El propio Valls las trae en su Historia, con referencia a Cataluña, indicadas con los números 26, 36, 58, 59, 70 A, 81 A y B, y 85, por citar sólo algunas.

Por fin, llamaré Y y Z a los CAPELLADAS de lectura indudable que se traen aquí, reservando todo el resto no ocupado del alfabeto para los tipos suficientemente caracterizados por alguna particularidad con que pueda seguir encontrándome. Es probable que una lectura con el plural en español no haya sido infrecuente, pero que quienes habitualmente levantan las filigranas tiendan a leer en ellas lo que creen estar seguros de que allí dice. Las Y y Z que ahora nos ocupan son de Joseph Soteras, el mismo que firma en 1779 —con cinco más— el dictamen antes aludido y que es respuesta a la consulta que la Junta General formuló a los “Guarros y Capelladas”14.

filigranas2

Valls da dos filigranas de Joseph Soteras, ambas del Archivo Notarial de Olot, una de ellas15 con su emblema aunque sin más inscripción que el apellido, por lo que me abstengo de reproducirla16; pero la otra17, con el propio emblema y, entre dos círculos concéntricos, la inscripción “FABRICA DE JOSEP SOTERAS, CAPELLADAS”, con la primera E inscrita en la P y un breve corazón como interpunción, tras el apellido. Por tales características la marco como Y. Y reservo la Z para el rótulo prácticamente idéntico que se ofrece en el Dictionary de Labarre, “FABRICA DE JOSEPH SOTERAS DE CAPELLADAS”, sin que la E se inscriba en la P18.

 


1. “Historia y leyenda. La Guía del Museo de Capelladas”, en Se trata del papel, SPICUM, Málaga 2001.

2. Alier, Barcelona 1986.

3. Ciertamente y de modo transitorio, trabajó en dos ocasiones como molino papelero (poco antes de la mediación del XIX, en la primera, y hasta 1919 en la segunda) y aún puede verse, a suelo descubierto, una parte de sus instalaciones: las primitivas pilas, que se soterraron al instalarse sobre ellas las pilas holandesas. Tampoco es excesiva su antigüedad: “el edificio ya existía como molino papelero mediados del XVII”, dice la Guía. Y añade que “fue ampliado en 1754 según consta en la dovela del arco de piedra que da entrada al museo”. Pero es portada, con su inscripción, procedía de un edificio de Moià de donde se llevó al actual emplazamiento cuando se iniciaron sus trabajos de escenografía. Todo el propósito de esa Guía es acreditar la antigüedad de la instalación, u así dice que la maqueta de marfil allí exhibida quizá represente la antigua disposición del molino, pero la realidad es que reproduce el molino de Pau Vidal (en cuya casa había estado expuesta siempre sobre una consola) y que se adquirió por 17.000 ptas. en un anticuario de Tarragona. Seguiremos inútilmente esperando una nueva redacción de la Guía en la que, al menos, se omitan las fábulas de la que está vigente. No es preciso que diga toda la verdad, pero sí que sea verdad todo lo que diga. Y una nueva edición de la misma, en la que su sobrecubierta de papel hecho a mano sea elaboración del propio museo molino, y no —desconcertantemente— un producto de Munné, S.A.

4. Según la razonable persuasión local, el topónimo se forma a partir del lat. tardío capella, en el sentido de “oratorio, capilla”, por referencia a las grandes hornacinas que la riera de Anoia va excavando en sus altas riberas próximas a Capelladas, y especialmente el bien conocido capelló que hay en sus afueras. (Pero véase ‘capilla’, aunque también ‘capillo’, en el Dic. crítico etimológico de Corominas).

5. Véase MADURELL i MARIMON, El paper a les terres catalanes… Barcelona 1972, p. 29.

6. En realidad lo único que se perdería si dejasen de suministrarle agua de un modo artificial sería una parte del show, porque el árbol de levas de aquel museo no es una prolongación del eje de la rueda hidráulica (como puede verse en el plano que figura en la Guía), de manera que sus mazos se han accionado siempre por un motor eléctrico. Pero es que, además, el papel no se hace allí de unos trapos que picasen esos mazos sino de línters de algodón tratados en la pila holandesa.

7. HPE II 68.

8. Véanse “Valoración de muestras catalanas de papel a mediados del siglo XVIII”, de José Luis Asenjo, en ITP 18 1968, y Rafael León, “Las Ordenanzas de 1791”, en Papeles sobre el papel, Universidad de Málaga, Málaga 1997. Aunque hubo también sus excepciones egregias como las que se reconocieron —y ya hemos aludido parcialmente a ellas— a los Romaní de Capelladas y a los Guarro de la Pobla de Claramunt, declarando Reales Fábricas a sus molinos. Naturalmente Oriol Valls silencia esas bajas calificaciones al referirse a Cataluña en su Historia del papel en España. Pero también fue Real Fábrica —entre tantas más— la de Santhorell, en Huesca, y a nadie se le ocurre citar hoy sus papeles. Y recuérdese que en la Serranía de Ronda hubo una Real Fábrica de Hojalata.

9. La marca A, de 1816, es un calco de Mª Dolores Díaz de Miranda y otra; la B, de 1794, es de José Luis Lasanta; la C, de 1780, que se atribuye Valls, es de Bofarull, según Sánchez Real; la D, de 1763, es de Carmen Rodrigo y otras; E, F y G, de 1795, 1825 y 1825 igualmente, son las tres de Ángela Aldea. Todas ellas figuran en las actas del II, IV y V Congreso de la HHP.

10. Se trata de la interpunción que es característica en los papeles españoles del XVIII, un corazón, según E.J. Labarre en su Dictionary (vide infra), p. 352, líns. Penúltima y última.

11. Corominas ha mostrado cómo algunos catalanes del medievo, escribiendo —incorrectamente— en castellano, ponían palabras como lanto y análogas.

12. Castelldàsens (Castra asinorum en la documentación medieval) ha cambiado de nombre para evitar las previsibles burlas y ahora se llama Castelldans, es decir, “Castillo de antes” o “antiguo”.

13. Valls, HPE III 251.

14. Una de las carátulas que ofrecí en el lugar antes indicado y en la que se lee “Capelladas” era de Romaní y Soteras.

15. Núm. 107, de 1778, en su HPE II 253.

16. Gonzalo Ganoso, en su Historia del papel en España, ofrece otras dos filigranas de J. Soteras, con los núms. 246 y 247 del vol. III (Lugo, 1994), pero igualmente sin mencionar la villa.

17. Núm. 107, de 1764, en la p. 252 del mismo volumen.

18. El calco del modelo que aquí reproducimos, y que se data en Madrid 1773, aparece con el núm. 179 en la p. 353 del Dictionary and Encyclopaedia of Paper-Making de E.J. Labarre, 2ª ed. Su referencia en ese libro puede verse en p. 348 líns. 10-11: “Marks of Catalan paper include those of Soteras of Capelladas: eagle with sun etc. in a circular band”. Otras filigranas de Soteras, sin texto o al menos sin citar el nombre de la villa, pueden verse en III AHHP 210 y en IV 331, respectivamente levantadas por Ángela Aldea Hernández y Amparo García Cuadrado.

Fuente: http://arsfluentes.es/ddiseno/ddiseno-4/documento7.htm