Archivo de la etiqueta: Juan Zapato el último habitante en La Torre de Babel

“Yom haShoá vehaGuevurá 2017”

YomHaShoah


“Eduardo Mendoza, Premio Cervantes 2016”

Majestades, autoridades, señoras y señores,

No creo equivocarme si digo que la posición que ocupo, aquí, en este mismo momento, es envidiable para todo el mundo, excepto para mí.

Han transcurrido varios meses desde que me llamó el señor Ministro para comunicarme que me había sido concedido el premio Cervantes y todavía no sé cómo debo reaccionar. Espero no haber quedado mal entonces, ni quedar mal ahora, ni en el futuro.

Porque un premio de esta importancia, tanto por lo que representa como por las personas que lo han recibido a lo largo de los años, no es fácil de asimilar adecuadamente, sin orgullo ni modestia. No peco de insincero al decir que nunca esperé recibirlo.

En mis escritos he practicado con reincidencia el género humorístico y estaba convencido de que eso me pondría a salvo de muchas responsabilidades. Ya veo que me equivoqué. Quiero pensar que al premiarme a mí, el jurado ha querido premiar este género, el del humor, que ha dado nombres tan ilustres a la literatura española, pero que a menudo y de un modo tácito se considera un género menor. Yo no lo veo así. Y aunque fuera un género menor, igualmente habría que buscar y reconocer en él la excelencia.

Pero no soy yo quien ha de explicar las razones del jurado ni menos aún justificar su decisión. Tan sólo expresarle mi más profundo agradecimiento y decirles, plagiando una frase ajena, que me considero un invitado entre los grandes.

En el acta que nos acaba de ser leída, se me honra mencionando mi vinculación con la obra de Cervantes. Es una vinculación que admito con especial satisfacción. He sido y sigo siendo un fiel lector de Cervantes y, como es lógico, un asiduo lector del Quijote. Con mucha frecuencia acudo a sus páginas como quien visita a un buen amigo, a sabiendas de que siempre pasará un rato agradable y enriquecedor. Y así es: con cada relectura el libro mejora y, de paso, mejora el lector.

Pero en mi memoria quedan cuatro lecturas cabales del Quijote, que ahora me gustaría recordar.

Leí por primera vez el Quijote por obligación, en la escuela. En algún sitio he leído que la presencia obligatoria del Quijote en la enseñanza no pasa de ser una leyenda urbana. Es cierto, pero toda regla tiene su excepción. En nuestro copioso surtido de planes de enseñanza, hubo, tiempo atrás, un curso llamado preuniversitario, coloquialmente “el preu”, cuyo programa era monográfico, es decir: un solo tema por cada materia. A los que hicimos preuniversitario el año académico de 1959/60 nos tocó leer y comentar el Quijote, tanto a los que habíamos optado por el bachillerato de letras como por el de ciencias. A diferencia de lo que ocurre hoy, en la enseñanza de aquella época prevalecía la educación humanística, en detrimento del conocimiento científico, de conformidad con el lema entonces vigente: que inventen ellos.

Las cosas cambian de nombre en función de la distancia. El suelo que ahora piso se llama paisaje cuando está lejos. Y cuando ya no está, se llama Geografía.

Del mismo modo, la pomposa abstracción que hoy llamamos Humanidades, antes se llamaba, humildemente, Curso de Lengua y Literatura. Y para mis compañeros de curso y para mí, aún más humildemente, la clase del Hermano Anselmo.

El colegio donde se encontraba esta clase era un edificio vetusto, de ladrillo oscuro, frío en invierno, en una Barcelona muy distinta de la que es hoy. Por las ventanas se veían las cuatro torres de la Sagrada Familia tal como las dejó Gaudí, negras de hollín y felizmente dejadas de la mano de Dios. En la clase de Literatura nos enseñaban algunas cosas que luego no me han servido de mucho, pero que me gustó aprender y me gusta recordar. Por ejemplo, la diferencia entre sinécdoque, metonimia y epanadiplosis. O que un soneto es una composición de catorce versos a la que siempre le sobran diez.

Y allí, contra aquel fiero rebaño compuesto por treinta adolescentes sin chicas que era la clase del Hermano Anselmo, arremetió lanza en ristre don Alonso Quijano el Bueno, no sé si en la edición de Riquer o en la de Zamora Vicente para la lectura, y en la desmesurada edición de Rodríguez Marín para ir por nota. Porque de esto hace mucho y el Profesor don Francisco Rico aún no había alcanzado el uso de razón.

La verdad es que don Quijote y Sancho no fueron bien recibidos. Nuestra imaginación literaria se nutría de El Coyote y Hazañas Bélicas y las sesiones dobles del cine de barrio eran nuestro Shangri-La. Pero el Siglo de Oro, francamente, no.

Hay que decir, en nuestro descargo, que en aquellos años, que Juan Marsé llamó de incienso y plomo, la figura de don Quijote había sido secuestrada por la retórica oficial para convertirla en el arquetipo de nuestra raza y el adalid de un imperio de fanfarria y cartón piedra. También, solo o con Sancho, a pie o a caballo, se vendía a la gruesa en estaciones y aeropuertos, y en muchos hogares estaba presente como cenicero, pisapapeles o apoyalibros. Malas tarjetas de visita para un aspirante a superhéroe.

Pero entonces no se iba a la escuela a jugar, sino a estudiar y a obedecer. Tampoco nos apetecía aprender de memoria los afluentes del Ebro. Y con el mismo entusiasmo emprendimos la lectura de lo que parecía ser una tortura dividida en dos partes. Como es de suponer de inmediato y casi contra mi voluntad me rendí a su encanto.

Curiosamente, lo que me fascinó entonces no fue la figura de don Quijote, ni sus empresas y sus infortunios, sino el lenguaje cervantino. Desde niño yo quería ser escritor. Pero hasta ese momento los resultados no se correspondían ni con el entusiasmo ni con el empeño. Las vocaciones tempranas son árboles con muchas hojas, poco tronco y ninguna raíz. Yo estaba empeñado en escribir, pero no sabía ni cómo ni sobre qué.

La lectura del Quijote fue un bálsamo y una revelación. De Cervantes aprendí que se podía cualquier cosa: relatar una acción, plantear una situación, describir un paisaje, transcribir un diálogo, intercalar un discurso o hacer un comentario, sin forzar la prosa, con claridad, sencillez, musicalidad y elegancia.

“Apeáronse don Quijote y Sancho y, dejando al jumento y a Rocinante a sus anchuras pacer de la mucha yerba que allí había, dieron saco a las alforjas y, sin ceremonia alguna, en buena paz y compañía, amo y mozo comieron lo que ellas hallaron”. No se puede dar una información más expresiva con palabras más sencillas y una sintaxis más limpia.

Cuál no sería mi entusiasmo que traté de compartirlo con mi padre, hombre aficionado a la literatura. Mi padre me escuchó y me respondió que sí, que bueno, pero que era mejor Lope de Vega. Hasta en eso teníamos que disentir.

Leí el Quijote de cabo a rabo por segunda vez una década más tarde. Yo ya era lo que en tiempos de Cervantes se llamaba un bachiller, quizá un licenciado, lo que hoy se llama un joven cualificado, y lo que en todas las épocas se ha llamado un tonto.

Llevaba el pelo revuelto y lucía un fiero bigote. Era ignorante, inexperto y pretencioso. Pero no había perdido el entusiasmo. Seguía escribiendo con perseverancia, todavía con pasos aún inciertos, en busca una voz propia.

Como tenía otros modelos literarios, de mayor graduación alcohólica, por decirlo de algún modo, como Dostoievski, Kafka, Proust y Joyce, en esa ocasión me atrajo sobre todo el Caballero de la Triste Figura, su tenacidad y su arrojo. Porque, salvando todas las distancias, yo aspiraba a lo mismo que don Alonso Quijano: correr mundo, tener amores imposibles y deshacer entuertos.

Algo conseguí de lo primero; en lo segundo me llevé bastantes chascos, y en lugar de deshacer entuertos, causé algunos, más por irreflexión que por mala voluntad.

Un héroe trágico nunca deja de ser un héroe, porque es un héroe que se equivoca. Y en eso a don Quijote, como a mí, no nos ganaba nadie.

Tampoco a don Quijote le salen bien las cosas. También él se equivoca en el planteamiento. Cree seguir las normas de la Caballería andante pero es un hijo de Erasmo y de la Reforma. Para él no son las leyes humanas o divinas las que determinan su conducta, sino la ética personal. Cree defender a los débiles pero defiende a los rebeldes y a los que luchan por la libertad, aunque sean delincuentes. Antepone sus deseos a la realidad, y es, en definitiva, el paradigma del idealismo desencaminado, si esta expresión no es una redundancia. Poco importa, porque “la gloria de haber emprendido esta hazaña no la podrá oscurecer malicia alguna”.

Y por eso me gustaba. Porque si Cervantes es hijo de Erasmo, yo era hijo del Romanticismo, y no me atraían los héroes épicos sino los héroes trágicos. Un héroe épico se vuelve un pelma cuando ya ha hecho lo suyo. En cambio un héroe trágico nunca deja de ser un héroe, porque es un héroe que se equivoca. Y en eso a don Quijote, como a mí, no nos ganaba nadie.

La tercera vez que leí el Quijote ya era, al menos nominalmente, lo que nuestro código civil llama “un buen padre de familia”.

Cuando emprendí esta nueva lectura del Quijote no tenía motivos de queja. Como don Quijote, había recibido algunos palos, ni muchos ni muy fuertes. Como Sancho Panza, me había apeado muchas veces del burro. Pero había conseguido publicar algunos libros que habían recibido un trato benévolo de la crítica y una buena acogida del público. Hago un paréntesis para decir que, sin quitarme el mérito que me pueda corresponder, mucho debo al apoyo y, sobre todo, al cariño de algunas personas. Y creo que sería injusto silenciar, a este respecto, la contribución especial de dos personas a mi carrera literaria. Una es Pere Gimferrer, que me dio la primera oportunidad y es mi editor vitalicio y mi amigo incondicional. La otra es, por supuesto, Carmen Balcells, cuya ausencia empaña la alegría de este acto.

En aquella tercera lectura del Quijote, descubrí y admiré el humor que preside la novela. Lo que digo puede parecer una obviedad, pero a mi juicio no lo es. Cuando el Quijote vio la luz sin duda fue recibido y leído como un libro cómico. Pero los tiempos cambian y aunque el humor es el mismo, nuestra percepción de lo cómico ha cambiado. En este sentido, en la actualidad el Quijote ha perdido buena parte de su comicidad. Visto desde mi perspectiva, los episodios jocosos no son muchos ni muy variados. Hay alguno espléndido, como el de los molinos de viento, pero el resto repiten un patrón convencional: confusión y paliza. Una parodia del estilo artificioso de las novelas de caballerías y varias intervenciones divertidas de Sancho completan el panorama. Nada de esto desmerecía a mis ojos la calidad de la obra ni rebajaba mi admiración, pero así pensaba yo.

Lo que descubrí en la lectura de madurez fue que había otro tipo de humor en la obra de Cervantes. Un humor que no está tanto en las situaciones ni en los diálogos, como en la mirada del autor sobre el mundo. Un humor que camina en paralelo al relato y que reclama la complicidad entre el autor y el lector. Una vez establecido el vínculo, pase lo que pase y se diga lo que se diga, el humor lo impregna todo y todo lo transforma.

Es precisamente el Quijote el que crea e impone este tipo de relación secreta. Una relación que se establece por medio del libro, pero fuera del libro, y que a partir de ese momento constituirá la esencia de lo que denominamos la novela moderna. Una forma de escritura en la cual el lector no disfruta tanto de la intriga propia del relato como de la compañía de la persona que lo ha escrito.

Aunque raro es el año en que no vuelva a picotear en el Quijote, con la única finalidad de pasar un rato agradable y levantarme el ánimo, lo cierto es que no lo había vuelto a releer de un tirón, hasta que la cordial e inesperada llamada del señor Ministro me notificó que me había sido concedido este premio, y por añadidura en el cuarto centenario de la muerte de Cervantes. Así las cosas, pensé que tenía el deber moral y la excusa perfecta para volver, literalmente, a las andadas.

En esta ocasión seguía y sigo estando, en términos generales, satisfecho de la vida. De nada me puedo quejar e incluso ha mejorado mi estado de salud: antes padecía pequeños desarreglos impropios de mi edad y ahora estos desarreglos se han vuelto propios de mi edad.

Sin embargo, cuando se lee el Quijote, uno nunca sabe lo que le puede pasar. En lecturas anteriores yo había seguido al caballero y a su escudero tratando de adivinar la dirección que llevaba su peregrinaje. Esta vez, y sin que en ello interviniera de ningún modo la melancolía, me encontré acompañando al caballero en su camino de vuelta a un lugar de la Mancha cuyo nombre nunca hemos olvidado, aunque a menudo lo hayamos intentado.

Alguna vez me he preguntado si don Quijote estaba loco o si fingía estarlo para transgredir las normas de una sociedad pequeña, zafia y encerrada en sí misma. Aunque ésta es una incógnita que nunca despejaremos, mi conclusión es que don Quijote está realmente loco, pero sabe que lo está, y también sabe que los demás están cuerdos y, en consecuencia, le dejarán hacer cualquier disparate que le pase por la cabeza. Es justo lo contrario de lo que me ocurre a mí. Yo creo ser un modelo de sensatez y creo que los demás están como una regadera, y por este motivo vivo perplejo, atemorizado y descontento de cómo va el mundo.

Mi conclusión es que don Quijote está realmente loco, pero sabe que lo está, y también sabe que los demás están cuerdos

Pero en una cosa le llevo ventaja a don Quijote: en que yo soy de verdad y él un personaje de ficción.

Una novela es lo que es: ni la verdad ni la mentira. El que lee una obra de ficción y no se cree nada de lo que allí se cuenta, va mal; pero el que se lo cree todo, va peor. Hoy esto es de conocimiento general. Pero el Quijote es la primera novela moderna y el pobre don Quijote no ha tenido tiempo de asimilar los cambios que él mismo trae al mundo. Al contrario, él es el primer caso certificado de lector demasiado crédulo. No es raro que se haga un lío. Y así va, hasta que un mal día, en la misma ciudad de Barcelona, donde yo habría de descubrirlo unos cuantos siglos más tarde, don Quijote visita una imprenta y allí descubre que en realidad es el protagonista de una novela. Y como ya no sabe qué hacer a continuación, da media vuelta y regresa a casa.

Lo que tampoco sabe es que su breve periplo, de poco más de un mes, no ha sido en balde.

Todo personaje de ficción es transversal. Va de lector en lector, sin detenerse en ninguno. Eso mismo hace don Quijote. Exceptuando a Sancho, todos los personajes del libro están donde Dios los puso. Don Quijote es lo contario: va de paso y atraviesa fugazmente por sus vidas. Generalmente les causa un pequeño trastorno, pero les paga con creces. Sin la incidencia atropellada de don Quijote, hidalgos, venteros, labriegos, curas y mozas del partido reposarían en la fosa común de la 9antropología cultural. Gracias a don Quijote hoy están aquí, con nosotros, tan reales como nosotros mismos y, en algunos casos, quizás un poco más.

Ésta es, a mi juicio, la función de la ficción. No dar noticia de unos hechos, sino dar vida a lo que, de otro modo, acabaría convertido en mero dato, en prototipo y en estadística. Por eso la novela cuenta las cosas de un modo ameno, aunque no necesariamente fácil: para que las personas, a lo largo del tiempo, la consuman y la recuerden sin pensar, como los insectos que polinizan sin saber que lo hacen.

Recalco estas cosas bien sabidas porque vivimos tiempos confusos e inciertos. No me refiero a la política y la economía. Ahí los tiempos siempre son inciertos, porque somos una especie atolondrada y agresiva y quizá mala, si hubiera otra especie con la que nos pudiéramos comparar.

La incertidumbre y la confusión a las que yo me refiero son de otro tipo. Un cambio radical que afecta al conocimiento a la cultura, a las relaciones humanas, en definitiva, a nuestra manera de estar en el mundo. Pero al decir esto no pretendo ser alarmista. Este cambio está ahí, pero no tiene por qué ser nocivo, ni brusco, ni traumático.

En este sentido, ahora que los dos vamos de vuelta a casa, me gustaría discrepar de don Quijote cuando afirma que no hay pájaros en los nidos de antaño. Sí que los hay, pero son otros pájaros.

Ocasiones como la presente entrañan para el premiado un riesgo inverso al que corrió don Quijote: creerse protagonista de un relato más bonito que la realidad. Prometo hacer todo lo posible para que no me ocurra tal cosa.

Vivimos tiempos confusos e inciertos. No me refiero a la política y la economía. Ahí los tiempos siempre son inciertos, porque somos una especie atolondrada y agresiva y quizá malaPara los que tratamos de crear algo, el enemigo es la vanidad. La vanidad es una forma de llegar a necio dando un rodeo. Es un peligro que no debería existir: mal puede ser vanidoso el que a solas va escribiendo una palabra tras otra, con mimo y con afán y con la esperanza de que al final algo parezca tener sentido. La tecnología ha cambiado el soporte de la famosa página en blanco, pero no ha eliminado el terror que suscita ni el esfuerzo que hace falta para acometerla.

Por lo demás, al que se echa a los caminos la vida le ofrece recordatorios de su insignificancia. Hace muchos años, cuando yo vivía en Nueva York, quedé en un bar con un amigo, ilustre poeta leonés. Como vimos que la camarera que nos atendía era hispanohablante, probablemente portorriqueña, cuando vino a tomarnos la comanda nos dirigimos a ella en castellano. La camarera tomó nota y luego nos preguntó si éramos franceses. Le respondimos que no. ¿Qué le había hecho pensar eso? Oh, dijo ella, como habláis tan mal el español… En su momento, esta anécdota nimia me produjo una gran alegría que nunca se ha disipado. Porque comprendí que habitaba un mundo diverso, rico, divertido y con un amplísimo horizonte. Y que todas las lenguas del mundo son amables y generosas para quien las quiere bien y las trabaja.

Y aquí termino, repitiendo lo que dije al principio. Que recojo este premio con profunda gratitud y alegría, y que seguiré siendo el que siempre he sido: Eduardo Mendoza, de profesión, sus labores.


“Kadish por Carli”, Juan Zapato

kadish

a Carlos Slepoy Prada Z”L

 

¡Oh Señor!
¡Qué putada!
Que necesitás ahora,
en esta hora
de este Hombre a Tu lado.
Por ser sabedor de su Tikún Olám:
buscar la Justicia en este Mundo,
que no es la ley de los hombres.

Él que ha luchado contra el Mal que tiene nombre:
Amalek o Videla, Amán o Pinochet, el mismo Franco.

Ahora,
en esta hora
la labor continúa.
Que no levanten la copa los tiranos,
que al Juicio,
Carlos aportará las pruebas
y Tú, la condena.

Perdona mis palabras si suenan profanas,
pero Tú me conoces.
Soy hombre, soy débil, tengo bronca
y por ello se me encoje el corazón
y amargas son mis lágrimas
y desgarro mi prenda.
    Baruj Ata, Adonai,
    Eloheinu, Melej Haolam,
    Dayán Emet.

Tené en cuenta mi plegaria por su alma,
sabés que nunca pido por mí,
sí por los míos
y Carli es de los nuestros.

¡Oh Señor!
¡Qué putada!
¿Seguirá habiendo diez hombres justos?

Juan Zapato© Israel, 18 de abril de 2017.


“Anoten bien su nombre: Carlos Slepoy, el abogado de los Derechos Humanos”, Olga Rodríguez

Carlos Slepoy

 

Los teléfonos de muchos familiares de víctimas de la dictadura argentina, chilena o española echaban humo esta noche con mensajes de condolencia. Se ha ido Carlos Slepoy -Carli para los amigos- un abogado valiente y perseverante, impulsor de la querella argentina contra los crímenes del franquismo, abogado de la acusación popular en el juicio contra Pinochet o contra el exmilitar argentino Adolfo Scilingo, participante también en los juicios contra los dictadores Ríos Montt o Videla.

Anoten bien su nombre. Quizá no sea objeto de homenajes oficiales ni de luto institucional, pero Carlos Slepoy trabajó por la justicia universal, por la memoria y por las víctimas de las dictaduras mucho más que algunos Estados democráticos incapaces de escarbar en su pasado. Puede que alguno de ustedes le viera alguna vez en una protesta contra la impunidad del franquismo, o a las puertas de la Audiencia Nacional, celebrando con las víctimas de la dictadura chilena o argentina.

Anoten bien su nombre, porque se trata de un hombre valiente. Un hombre que supo de la naturaleza de los regímenes represores, no solo porque ejerció como abogado especializado en estos asuntos, sino porque él mismo sufrió la dictadura argentina. Fue encarcelado dos semanas antes del golpe de Estado argentino, en marzo de 1976, y pasó por varias prisiones antes de ser condenado al exilio.

Aquí en España, ya como abogado, un policía ebrio le pegó un tiro por la espalda en 1982, hiriéndole gravemente. Las secuelas de aquellas heridas le persiguieron de por vida y le condenaron a pasar parte de su tiempo en silla de ruedas. Pero ni eso, ni los compañeros desaparecidos en Argentina, ni los obstáculos encontrados en su empeño por defender los derechos humanos le hicieron desistir:

“La vida de una persona, su memoria, [sonreía haciendo hincapié en la palabra memoria] influye mucho en lo que hace”, decía.

Los ojos de Carli, llenos de verde y de vida, chispeaban con fuerza cuando hablaba de los derechos humanos y de la necesidad de la justicia universal. Sus trabajos en los juicios contra Pinochet, contra el exdictador de Guatemala o contra el exmilitar argentino Adolfo Scilingo, al que la justicia española condenó a 1.084 años de prisión por crímenes contra la humanidad, le valieron reconocimiento internacional.

Las paradojas de la vida le llevaron hace unos años a recorrer el camino inverso a su exilio: de Madrid a Buenos Aires, para interponer allí una querella contra los crímenes del franquismo que sigue viva a día de hoy y que ha devuelto dignidad y esperanza a muchos familiares de las víctimas.

“Presentamos esta querella como consecuencia de la escandalosa paralización de los procedimientos judiciales en España”, explicaba entonces. Entre los acusados en la misma se encuentran el torturador “Billy el Niño”, Martín Villa o el suegro de Gallardón.

Los últimos años de Slepoy se centraron en recoger testimonios, documentar y trabajar con y para las víctimas del franquismo y sus familiares. En su casa madrileña acumulaba archivos, informes, datos. Tenía el optimismo no del ingenuo, sino del militante que sabe que para recorrer el camino es preciso creer en la posibilidad de un final productivo. Una vez le pregunté por ello en su casa:

“Como todo el mundo, tengo sinsabores en estas historias. Aún así, en la medida en que uno siente que aporta no necesita una especial cuota de energía”, respondió con evidente humildad, porque es mucha la fuerza precisa para hacer lo que él hacía.  Hace un tiempo me pidió que le ayudara a crear una cuenta en Twitter. Cuando le pregunté qué foto poner, me dijo: “Escoge una en la que esté sonriente, que está bien que a uno le vean contento”. Tenía la sonrisa de quien se sabe del lado de la humanidad. 

Denunció siempre que el obstáculo para juzgar el franquismo en España no es judicial, sino político, y mantuvo la esperanza en que algún juez español anulara algún día la ley de amnistía para juzgar los crímenes de la dictadura:  “Yo creo que en algún momento eso va a ocurrir, empezará a haber jueces que se atrevan, porque la ley de amnistía no puede amparar crímenes contra la humanidad. (…) En España hubo una planificación para perseguir a determinados grupos de la sociedad, para dar origen a un país diferente. Y lo consiguieron en gran medida. Eso es un genocidio”. 

El historiador estadounidense Howard Zinn escribió que las incontables pequeñas acciones de la gente desconocida son las que llevan a grandes momentos de cambio histórico. No hay duda de que las incontables acciones de Carlos Slepoy han contribuido a un futuro con espacio para los derechos humanos y la justicia.

La última vez que lo vi, hace unos meses, ya enfermo, mientras le preguntaba por cuestiones de salud en su casa, él me respondía con nuevas ideas que tenía para dar fuelle a la querella argentina. 

Carli nos deja muy huérfanos, pero con la certeza de que son muchos los que recogerán su testigo y proseguirán el trabajo en defensa de los derechos humanos, para que la historia no repita sus capítulos más siniestros. Como él mismo diría, con ese brillo en los ojos, quizá mañana podamos preparar una nueva acción que nos lleve a un nuevo camino para terminar con la impunidad, porque el reloj continúa. Sigues entre nosotros, Carli. Cuánto te queremos.

Olga Rodríguez© Fuente: http://www.eldiario.es/zonacritica/Anoten-Carlos-Slepoy-Derechos-Humanos_6_634196612.html


“Filigranas con origen del papel fabricado en la villa de Capelladas”, Rafael León Portillo

 

“Le filigrane, empreinte laisée en creux dans la feuille de papier par un ornament en fil de métal fixé sur la forme, est, de toutes les particularités qui différencient les papers, la plus importante”.
Ch.M. Briquet. Les Filigranes

El recuerdo de ese trayecto, que hice siete años atrás con una amiga enferma, reaparece por momentos como una filigrana por detrás de estas imágenes de ahora. Pero es propio de la filigrana no ser visible sino cuando se coloca la hoja a contraluz y a pleno día. El resto del tiempo, no nos damos cuenta de que está ahí.

Marguerite Yourcenar
Una vuelta por mi cárcel

‘CAPELLADAS’ / CAPELLADES

En otro lugar1 reproduje una selección de las etiquetas adheridas a los embalajes de papel, que tomaría de Carátulas papeleras. Siglos XVIII-XX, obra de Isabel Gaig y Victòria Rabal2, admirable conservadora ésta última del museo instalado en el viejo molino harinero comunal, el molí de la vila de Capelladas3, aunque, con seguridad, ella habría dicho y hecho constar “Capellades”, en catalán, sin perjuicio de que muchas de esas carátulas —y, desde luego, todas las que yo reproduje— digan “Capelladas” y de que el libro a que nos referimos esté escrito en español 4.

Pero yo reconozco que el nombre de aquella villa puede ser “Capellades” porque indudablemente le asiste el derecho a designarse como le venga en gana. Aunque igualmente reconozco que, escribiendo en español, decir “Capellades” es un despropósito y una cursilería semejante a la que se producirá si, hablando en español, dijésemos London, Firenze o Köln para referirnos a Londres, Florencia o Colonia (que no son designaciones oponentes sino el resultado de una larga evolución y adaptación a esta lengua que compartimos con Cataluña y que sólo por mero arcaísmo poético llamamos castellano, por más que no lo sea). Proceder así sería algo tan insoportable como decir Gerona, Lérida o Tarragona hablando o escribiendo en catalán. Pero allá cada uno.

El despropósito, de todos modos, es menos insufrible conforme el topónimo tenga menor relevancia y arraigo. “Capelladas”, aunque sólo sea el nombre de una villa modestísima, se ha venido registrando y exportando sistemáticamente así, al menos desde el XVIII. Por citar sólo algunos documentos de los que ya me he ocupado con cierta extensión, recordemos que los excepcionales privilegios concedidos por Carlos III a los Guarro en 1735 (confirmados en 1749), citan expresamente a “Capelladas”; que la consulta hecha en 1779 por la Junta General de Comercio a “los Guarros y Capelladas” vuelve a hacer igual referencia, y que la respuesta a esa consulta (firmada nada menos que por papeleros que se apellidan Guarro, Romaní, Ferrer, Ferreres, Soteras y Romeo) se data en “Capelladas”; que don Carlos Beramendi, comisionado por Carlos IV en 1791, vuelve a citar la villa de ese modo en la relación de su viaje; y que el cartapacio llamado Libro de varios planos y máquinas (constituido por planos e informes de en torno a 1760), por abreviar la relación, citan igualmente la villa como “Capelladas”. Frente a esa unanimidad textual, quienes en el Principado han ido publicando esos documentos transcriben con igual unanimidad, y sin previa advertencia, “Capellades”.

Desde luego, cuando se habla de la historia del papel en Cataluña, Capelladas constituye una referencia de privilegio, aunque ese nombre viene mitificándose, más en beneficio del museo molino —según creo— que de la propia Historia. Baste pensar que la Guía oficial de aquella institución declara que “Capellades ya era reconocido en el siglo XIII como pueblo papelero” y que “a mediados de ese siglo el papel de esta población era exportado a Italia, Egipto, Grecia, Bizancio y otros muchos lugares importantes del Mediterráneo”, todo lo cual contrasta con el hecho de la desconcertantemente tardía elaboración catalana de papel que en ningún modo fue anterior a 14445.

A la difusión del nombre de Capelladas contribuyó no solo su extraordinaria actividad fabril (los dieciséis molinos papeleros que se alimentaban del agua de su balsa —hoy desdichadamente seca6— encabezados por el actual museo molino y los de su comarca, y su comercio favorecido por el emplazamiento de esa villa en el Camino Real de Madrid a Zaragoza y Barcelona), sino también el hecho de que se generalizase la denominación “Capelladas” para referirse al papel “Salustio” o “Suplido” sin consideración del lugar en que se fabricara efectivamente. Frente a esos orígenes magnificados de la elaboración del papel en la villa, el propio Oriol Valls hubo de reconocer, finalmente, que “hasta el siglo XVII poco o nada se sabe de la fabricación del papel en Capellades”7.

Y mitificación ha sido igualmente referirse a una supuesta calidad excepcional de sus fabricados. Recuérdese el juicio, generalmente desfavorable, que ese papel iba mereciendo a los expertos de la Real Junta General de Comercio en sus periódicos exámenes a partir de 1765 8.

Paralelo al caso de las carátulas que aparecen en las maculaturas o papel de envolver que se ha dicho al comienzo, y que se reparten ambos modos de denominación, es el caso de las marcas al agua que pueden apreciarse en el papel envuelto, y las líneas que siguen van a detenerse un momento en esa diversidad, para lo que —un tanto desordenada y caprichosamente— pudiéramos establecer con ellas los tipos que a continuación se ensayan:

filigranas1

En el tipo que podemos designar como A9 la lectura es inequívoca. En el levantamiento que se reproduce, sus caracteres, de manera independiente cada uno de ellos, debían estar ya a disposición del proveedor, como están los tipos móviles en las cajas de imprenta, dispuestos para aplicarlos a cualquier composición, a cualquier nombre, y ello explica la difusión de esa caligrafía clásica en el mundo de las marcas y contramarcas.

Dentro de la natural variedad gráfica, el tipo B es el contrapuesto al anterior. El hilo se ha llevado de manera que sólo podría aplicarse al nombre que nos ocupa, y se ha escrito con un trazo continuo en evitación de que al rematarse cada letra o grupo de letras pudiese levantarse y herir al papel recién formado. En el ejemplar reproducido parece mostrarse el vacilante residuo de una lectura anterior: una especie de visera desciende del tramo horizontal superior de la última E (muy diferente de la primera E, que parece una F), como queriendo enlazar con el tramo horizontal intermedio. Y desde el tramo horizontal inferior, que se interpreta como superpuesto a la línea que une todas las letras, se alza una puntera que se ha interpretado como rasgo final de la S en que acaba el nombre. Todo ello quizás —sólo quizás— tienda a apuntar a una escritura CAPELLADAS.

Mayor rareza representa el tipo C, con interpunción10 entre las dos primeras sílabas y las dos siguientes, CAPE.LLADES, y en el que se aprecia una segunda L casi vergonzante y como en letra voladita, lo que nos pone a un paso de su desaparición11, según ocurrirá ya en D. Es posible que, en ambos tipos, el filigranador tomara la palabra como un nombre compuesto (siempre con base en capellus) y, dado que el catalán medieval palataliza automáticamente la ele inicial de una palabra (cfr. llet/ leche, lluna/ luna, y tantas más), hasta el punto de que no era necesario indicar en la escritura la doble ele (como en español no se duplica al principio de la palabra la ere o erre para indicar que ésta es fuerte), el punto de la interpunción permitía leer /capellades/. (En catalán, la elle fue tomada posteriormente del castellano, cuando se introdujeron las voces cultistas con ele inicial, lo que obligaba a distinguir entre los dos posibles sonidos iniciales de una palabra).

Más curioso es el tipo E, donde se lee CAPELLADENS, y que quzás no sea sino una mera analogía con Castelldásens, literalmente “Castell d’ases” (“de asnos”)12, donde se cumple un curioso plural irregular, incorrecto en el catalán normativo, pero frecuente por aquel contorno, aplicado a palabras como àsens (“asnos”), térmens (“términos”), que da nombre a una población), hòmens (“hombres”), còvens (“cuévanos”) y algunos más, cuyos plurales correctos serían ases, termes, homes, coves…, pero el recuerdo del latín se mantiene, inconscientemente, en el habla popular. Es muy probable que la vacilación entre el plural irregular de Castelldàsens y el regular de Capellades indujera ese Capellàdens, a todas luces incorrecto.

El tipo que hemos considerado como F se reduce a ostentar la última E de manera inscrita en la D. Sin embargo es muy posible que, para quien no apreciara esa E inscrita, el rótulo que constituye nuestro tipo G dijera, sencillamente, CAPELLADS creyendo que reproducía el anterior, y mantuviese la misma omisión de espacio entre la D y la S. Por ello, o quizás por una reflexión previa, el tenaz mantenimiento de este tipo representa el decidido propósito de no optar entre la vocal del plural castellano y la del catalán.

Un tipo que pudiéramos señalar como H es el que ofrece lo que indudablemente creo que es una A inscrita en la D, Porque la abertura de sus pies ha impedido que la D alcance a cerrarse, y porque para ser una E le falta el trazo horizontal inferior que caracteriza a esta letra13. Otras aes en las que su travesaño no llega a cerrarse —lo que quzás fuese motivo de escrúulo para la lectura que se propone— pueden verse en las marcas con sobrada frecuencia. El propio Valls las trae en su Historia, con referencia a Cataluña, indicadas con los números 26, 36, 58, 59, 70 A, 81 A y B, y 85, por citar sólo algunas.

Por fin, llamaré Y y Z a los CAPELLADAS de lectura indudable que se traen aquí, reservando todo el resto no ocupado del alfabeto para los tipos suficientemente caracterizados por alguna particularidad con que pueda seguir encontrándome. Es probable que una lectura con el plural en español no haya sido infrecuente, pero que quienes habitualmente levantan las filigranas tiendan a leer en ellas lo que creen estar seguros de que allí dice. Las Y y Z que ahora nos ocupan son de Joseph Soteras, el mismo que firma en 1779 —con cinco más— el dictamen antes aludido y que es respuesta a la consulta que la Junta General formuló a los “Guarros y Capelladas”14.

filigranas2

Valls da dos filigranas de Joseph Soteras, ambas del Archivo Notarial de Olot, una de ellas15 con su emblema aunque sin más inscripción que el apellido, por lo que me abstengo de reproducirla16; pero la otra17, con el propio emblema y, entre dos círculos concéntricos, la inscripción “FABRICA DE JOSEP SOTERAS, CAPELLADAS”, con la primera E inscrita en la P y un breve corazón como interpunción, tras el apellido. Por tales características la marco como Y. Y reservo la Z para el rótulo prácticamente idéntico que se ofrece en el Dictionary de Labarre, “FABRICA DE JOSEPH SOTERAS DE CAPELLADAS”, sin que la E se inscriba en la P18.

 


1. “Historia y leyenda. La Guía del Museo de Capelladas”, en Se trata del papel, SPICUM, Málaga 2001.

2. Alier, Barcelona 1986.

3. Ciertamente y de modo transitorio, trabajó en dos ocasiones como molino papelero (poco antes de la mediación del XIX, en la primera, y hasta 1919 en la segunda) y aún puede verse, a suelo descubierto, una parte de sus instalaciones: las primitivas pilas, que se soterraron al instalarse sobre ellas las pilas holandesas. Tampoco es excesiva su antigüedad: “el edificio ya existía como molino papelero mediados del XVII”, dice la Guía. Y añade que “fue ampliado en 1754 según consta en la dovela del arco de piedra que da entrada al museo”. Pero es portada, con su inscripción, procedía de un edificio de Moià de donde se llevó al actual emplazamiento cuando se iniciaron sus trabajos de escenografía. Todo el propósito de esa Guía es acreditar la antigüedad de la instalación, u así dice que la maqueta de marfil allí exhibida quizá represente la antigua disposición del molino, pero la realidad es que reproduce el molino de Pau Vidal (en cuya casa había estado expuesta siempre sobre una consola) y que se adquirió por 17.000 ptas. en un anticuario de Tarragona. Seguiremos inútilmente esperando una nueva redacción de la Guía en la que, al menos, se omitan las fábulas de la que está vigente. No es preciso que diga toda la verdad, pero sí que sea verdad todo lo que diga. Y una nueva edición de la misma, en la que su sobrecubierta de papel hecho a mano sea elaboración del propio museo molino, y no —desconcertantemente— un producto de Munné, S.A.

4. Según la razonable persuasión local, el topónimo se forma a partir del lat. tardío capella, en el sentido de “oratorio, capilla”, por referencia a las grandes hornacinas que la riera de Anoia va excavando en sus altas riberas próximas a Capelladas, y especialmente el bien conocido capelló que hay en sus afueras. (Pero véase ‘capilla’, aunque también ‘capillo’, en el Dic. crítico etimológico de Corominas).

5. Véase MADURELL i MARIMON, El paper a les terres catalanes… Barcelona 1972, p. 29.

6. En realidad lo único que se perdería si dejasen de suministrarle agua de un modo artificial sería una parte del show, porque el árbol de levas de aquel museo no es una prolongación del eje de la rueda hidráulica (como puede verse en el plano que figura en la Guía), de manera que sus mazos se han accionado siempre por un motor eléctrico. Pero es que, además, el papel no se hace allí de unos trapos que picasen esos mazos sino de línters de algodón tratados en la pila holandesa.

7. HPE II 68.

8. Véanse “Valoración de muestras catalanas de papel a mediados del siglo XVIII”, de José Luis Asenjo, en ITP 18 1968, y Rafael León, “Las Ordenanzas de 1791”, en Papeles sobre el papel, Universidad de Málaga, Málaga 1997. Aunque hubo también sus excepciones egregias como las que se reconocieron —y ya hemos aludido parcialmente a ellas— a los Romaní de Capelladas y a los Guarro de la Pobla de Claramunt, declarando Reales Fábricas a sus molinos. Naturalmente Oriol Valls silencia esas bajas calificaciones al referirse a Cataluña en su Historia del papel en España. Pero también fue Real Fábrica —entre tantas más— la de Santhorell, en Huesca, y a nadie se le ocurre citar hoy sus papeles. Y recuérdese que en la Serranía de Ronda hubo una Real Fábrica de Hojalata.

9. La marca A, de 1816, es un calco de Mª Dolores Díaz de Miranda y otra; la B, de 1794, es de José Luis Lasanta; la C, de 1780, que se atribuye Valls, es de Bofarull, según Sánchez Real; la D, de 1763, es de Carmen Rodrigo y otras; E, F y G, de 1795, 1825 y 1825 igualmente, son las tres de Ángela Aldea. Todas ellas figuran en las actas del II, IV y V Congreso de la HHP.

10. Se trata de la interpunción que es característica en los papeles españoles del XVIII, un corazón, según E.J. Labarre en su Dictionary (vide infra), p. 352, líns. Penúltima y última.

11. Corominas ha mostrado cómo algunos catalanes del medievo, escribiendo —incorrectamente— en castellano, ponían palabras como lanto y análogas.

12. Castelldàsens (Castra asinorum en la documentación medieval) ha cambiado de nombre para evitar las previsibles burlas y ahora se llama Castelldans, es decir, “Castillo de antes” o “antiguo”.

13. Valls, HPE III 251.

14. Una de las carátulas que ofrecí en el lugar antes indicado y en la que se lee “Capelladas” era de Romaní y Soteras.

15. Núm. 107, de 1778, en su HPE II 253.

16. Gonzalo Ganoso, en su Historia del papel en España, ofrece otras dos filigranas de J. Soteras, con los núms. 246 y 247 del vol. III (Lugo, 1994), pero igualmente sin mencionar la villa.

17. Núm. 107, de 1764, en la p. 252 del mismo volumen.

18. El calco del modelo que aquí reproducimos, y que se data en Madrid 1773, aparece con el núm. 179 en la p. 353 del Dictionary and Encyclopaedia of Paper-Making de E.J. Labarre, 2ª ed. Su referencia en ese libro puede verse en p. 348 líns. 10-11: “Marks of Catalan paper include those of Soteras of Capelladas: eagle with sun etc. in a circular band”. Otras filigranas de Soteras, sin texto o al menos sin citar el nombre de la villa, pueden verse en III AHHP 210 y en IV 331, respectivamente levantadas por Ángela Aldea Hernández y Amparo García Cuadrado.

Fuente: http://arsfluentes.es/ddiseno/ddiseno-4/documento7.htm


“Shnei Shoshanim”, Kedem Ensemble

Talya G A Solan – voice
Zhubin Kalhor – kamanche
Antonello Messina – accordion
Omri Hason – percussion
Video: Tim Duerig
Mix: Nitzan Peri
Produced and recorded by Omri Hason – http://www.omrihason.ch

אנסמבל קדם – שני שושנים
באנסמבל קדם משתפים פעולה מוזיקאים מאיראן, ישראל, איטליה ושוויץ.
הביצוע של האנסמבל ל”שני שושנים” קלאסיקה ישראלית של יעקב אורלנד ומרדכי זעירא מביא את השיר לקדמת הבמה הבינלאומית ומעניק לו גוון אתני ג’אזיסטי.
ז’ובין קלהור – קמנצ’ה
טליה ג.סולאן – שירה
אנטונלו מסינה – אקורדיון
עמרי חסון – כלי הקשה והפקה מוזיקלית
טים דואריג – צילום ועריכה.

Shnei Shoshanim (Dos rosas)

I’ll sing you an ancient song,
I’ll sing you a tune about a rose
A song from way back when
two roses, two roses.
It was long ago that day,
one was white, the other red.
Children of one garden, like two brothers,
grew leaves, grew thorns.
The time came, the morning a pale shade
the white opened its eyes,
the evening came and the day went down
the red one closed its eyes.
And in the nights, in the nights
winds blew in them slightly.
How they sprouted until one rose,
the hand that picked one rose,
and it isn’t known until today –
the white or the red.


“Holocausto”, lecturas para comprender el presente, Juan Zapato

En el marco del
“Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto”.

“Holocausto”,
lecturas para comprender el presente
.

Disertación del escritor israelí Juan Zapato
sobre las obras
“El rescoldo”, de Sara Strassberg-Dayán
y “El último día”, de Mina Weil,
autoras israelíes contemporáneas.

 

  • 26 de enero 19:00 hs.
    Librería GIL, Plaza Pombo, Santander.
  • 27 de enero 19:00 hs.
    Centro Cívico La Bolsa – Palacio John, Casco Viejo de Bilbao.
  • 31 de enero 20:00 hs.
    Hotel México, Rúa del Norte 10, Vigo.


“Gabinetes espaciales”, Juanse

Gabinetes espaciales,
donde la gente va,
los que llegan de la tierra,
esos son los más…
ah…

Algunos saben,
porque lloran…
y algunos quieren,
ver la aurora…

Gabinetes espaciales,
flotando sin razón…
Circos de polietileno,
para ver el sol…
oh…

Y en navidad todos se juntan,
y explotan bombas en la luna…

Gabinetes espaciales,
donde la gente va,
los que llegan de la tierra,
esos son los más…
ah…

Algunos saben,
porque lloran…
y algunos quieren,
ver la aurora…


“Promo 100”

promo100

Precio especial de ₪ 100 (cien nuevos shekels israelíes o su moneda local, incluye envío gratis), por la adquisición de un ejemplar de “Fractales de Plenilunio” y otro de “La última historia de amor”.

btn_buynowCC_LG


“La fée”, Dominique Abel, Fiona Gordon, Bruno Romy

La comedia burlesca nació con los primeros días del cine. Las andanzas de sus protagonistas, generalmente solitarios, vagabundos, al margen de la sociedad pero con un enorme corazón, conquistaron al público desde su aparición y permitieron a sus actores convertirse en las primeras estrellas internacionales.

Charles Chaplin, Buster Keaton y Harold Lloyd, los tres maestros del género, abrieron el camino a un sinfín de imitadores, con mayor o menor inspiración, hasta hoy, con un pico de calidad en el fabuloso actor Jacques Tati. Sus gags de persecuciones, tropiezos, meteduras de pata, equivocaciones, trompazos y sentimentalismo fueron perdiendo, poco a poco, público, pero aún conservan fieles seguidores y la comedia actual no oculta su poderosa influencia.

Sin embargo, el burlesco puro es tan complicado de obtener que sólo una alta concentración de creatividad y energía conduce a un buen resultado sin pasar por el ridículo. Esta película es un excelente ejemplo de un inagotable baúl repleto de gags, situaciones y diálogos dignos de la época dorada del género.

El típico cuento del hada que concede tres deseos se convierte en manos de estos alocados belgas en un regalo para la vista. Actualización obligatoria para adaptarlo al gusto del siglo XXI, el castillo se convierte en un hotel de Le Havre (ciudad últimamente muy de moda en las pantallas, Tournée o el último film de Aki Kaurismäki), el príncipe es el portero de noche, el reino la barra de un bar, el caballo una bicicleta…

El ritmo se acelera y de las sonrisas iniciales se pasa a la carcajada general al final de la película. Los actores están increíbles en este film tan visual: expresivos al límite y capaces de implicarse en una actuación, por momentos, extraordinariamente física. Un embarazo instantáneo, un camarero miope, un coro femenino de jugadoras de hockey, un bebé a punto de desplomarse del rótulo del hotel o la persecución más lenta de la historia del cine son momentos gloriosos para los espectadores que aprecian la poesía surrealista e imprevisible de la existencia humana y sus tribulaciones.

Fuente: http://cine-invisible.blogs.fotogramas.es/2011/10/17/el-hada-la-fee-belgica-2011/

Título original : La fée (The Fairy)
– Año _ 2011 – Duración : 93 min. – País : Francia
– Director : Dominique Abel, Fiona Gordon, Bruno Romy
– Guión : Dominique Abel, Fiona Gordon, Bruno Romy
– Reparto : Dominique Abel, Fiona Gordon, Philippe Martz, Bruno Romy, Vladimir Zongo
– Productora : Coproducción Bélgica-Francia
– Género : Comedia. Drama. Fantástico
– Premios : 2011: Festival Internacional de Hampton: Premio del Jurado


“Mario y sus Paradise Birds”, Yamila Carini

“Mario y sus Paradise Birds”, Yamila Carini 

La última vez que Margarita Luz de las Tinieblas se detuvo a mirar el «horizonte»,Mario, su marido, rompió el equilibrio.  —Marga… ¿y si nos vamos a Indonesia?

La mujer, de unos treinta años, se encontraba tomando té frío en el balcón junto a Enriqueta, una gata persa que admiraba a su dueña con ojos de búho, característicos en esa especie de peludos. El felino movió la vista lentamente agitando su majestuosa cabellera y en un pestañeo tajante, cerró el ojo izquierdo en forma de guiño.  Su ama se reacomodó en la silla.  Ella seguía observando el «horizonte»,o sea, el balcón del edificio de enfrente; cuando súbitamente recordó el significado de su nombre: «Margarita, nombre griego que significa perla, popularmente llamado aquella que no arriesga». Esta definición estaba adherida en su memoria, pero para sus adentros, su nombre significaba: «flor amarilla que crece como el junco y es salvaje como el viento».Eso se repetía cuando escaseaba  el aire en la oficina, y a veces, al mirar las góndolas del supermercado.

—Eso queda en Asia ¿no gordo?

—Sí ¡sí!  Es el lugar que muestran en la televisión, con esos pájaros multicolores que tienen hilos en vez de alas –el hombre tomó un gran sorbo de aire- picos invertidos y ojos fluorescentes… ¿te acordás?  ¡Los paradí-se berds!

La mujer sonrió con cierta picardía en sus ojos. —Paradise birds —corrigió.

En el macetero del vecino la albahaca crecía como los tréboles, los tomates cherry comenzaban a asomar sus amarillentos cuerpos y la menta estaba llena de hojas puntiagudas con olor a chicle.

En cambio, las petunias de Margarita se habían secado poco a poco y solamente quedaba un helecho en pie, el cual era alimentado por la lluvia.   

Paradise birds— repitió en voz baja y la gata suspiró tan profundo que a Mario le dio un ataque silencioso de celos.  No le gustaba para nada esa complicidad que se enredaba entre el animal y su mujer.  Lo caratulaba secretamente como «incestuoso».Compartir el amor con sus futuros hijos lo asustaba, pero de seguro lo sentiría razonable…  Ahora, los sistemáticos suspiros y ronroneos a dúo le molestaban casi como cuando su equipo erraba un gol, así de tanto.

Ambos guardaron silencio y se zambulleron en sus propios pensamientos.

Por primera vez, contaban con trabajos establemente herméticos, que brindaban la posibilidad de viajes cortos, quesos franceses y ropa de marca.

A principio de año, Margarita había leído en un horóscopo que su «herida ancestral» se encontraba en proceso de curación, algo que la tenía alterada, pues no sabía que era una «herida ancestral». Había googleado días enteros en búsqueda de alguna respuesta pero todo era tan ilógico como la actual «cacería de pokemones». Se sentía de otra época, como si las vidas anteriores la estuviesen abucheando.

En cambio, el horóscopo de Mario indicaba que se encontraba en una búsqueda de su propio ser, para comprender que hay algo en él que no sufre cuando sufre y que no se enfada cuando se enfada.

Después de unos segundos, ambos se miraron y sonrieron.  Enriqueta, estiró su corto cuerpo en el regazo de su ama haciéndose un nudo.  Mario, tomo bruscamente a su mujer por ambos hombros y corrió violentamente al animal, tirándolo al suelo.  —¡Esta gata de porquería se queda acá! ¡¿Me entendiste?!

Margarita Luz de las Tinieblas, se levantó de la silla bastante mareada y al mismo tiempo como una flor amarilla que crece como el junco y es salvaje como el viento. 

Yamila Carini©


Ven a disfrutar una cita con “La última historia de amor”, con Andrea Bauab

LaultimahistoriadeamorenJer

No te pierdas esta cita
“La última historia de amor”, el boom romántico del año,
junto a Andrea Bauab.

Te esperamos en la “Librairie Vice-Versa”,
con todo su glamour
el próximo jueves 1 de diciembre a las 18:00 horas.
Calle Shimon Ben Shatah 1, Jerusalén.

http://www.latorredebabelediciones.com


Presentación de “La lira & la espada”, con su autor David Mandel

La lira y la espada 3D1¿Quién no conoce la historia de David y Goliat? ¿Hay alguna comunidad judía en el mundo donde los niños no cantan la canción “David, melej Israel, jai, jai ve kayam” (David, rey de Israel, vive y existe)? Me atrevería a decir que no ha existido otro rey, en la historia o en la leyenda, cuya fama y popularidad rivalice con la del rey David.

Hay quienes preguntan, ¿Existió realmente el rey David? ¿No será tal vez un personaje mítico como lo es el rey Arturo de la Mesa Redonda, o el rey inca Manco Cápac, quien, según la leyenda, fundó la ciudad del Cuzco donde se le hundió una vara de oro?

Y si aceptamos que realmente haya existido, ¿fue David rey de un imperio que llegaba desde el desierto de Egipto hasta la ribera del río Eufrates, como lo relata la Biblia, o fue simplemente el jefe de una tribu en una pequeña región de Judea, como lo manifiestan algunos respetados historiadores y arqueólogos?

¿Qué le habría pasado al rey David si hubiese reinado en nuestra época y no hace tres mil años? ¿Si al ex–presidente de Israel Moshé Katsav lo condenaron a siete años de prisión por encontrarlo culpable de acoso sexual y violación, cual sería la pena que hoy se le daría al rey David por haber ordenado la muerte del esposo de la mujer que había seducido?

David Mandel te espera para darte todas las respuestas,
el miércoles 30 de noviembre a las 18:00 horas en la
“Librairie du Foyer”, Kikar Masaryk 14, Tel Aviv.

La lira & la espada en TLV

www.latorredebabelediciones.com


“Hoy es el día de Mina Weil”

Fondo

A las 18:00 horas en la “Librairie Vice-Versa” sita en la calle Shimon Ben Shatah 1 de Jerusalén, la profesora Florinda Goldberg presentará a Mina Weil, autora de “El último día”  y conversarán con el público asistente.

http://www.latorredebabelediciones.com/el-ultimo-dia


“Carta a mi padre/Explicación de mi Amor”, poesía de Enrique Estrázulas. Interpretación de Alfredo Zitarrosa.

Enrique Estrázulas es narrador, dramaturgo, ensayista y poeta uruguayo nacido en 1942. Es autor entre otros libros de poesía de El Sótano (1965), Fueye (1968) y Caja de tiempo (1971). Bajo el título Confesión de los perros (1975) realizó una muestra antológica de sus 3 libros anteriores, más un nuevo corpus genérico homónimo a la obra. Su novela más célebre es Pepe Corvina (1994), a la que se suman otros títulos como Lucifer ha llorado (1980), El ladrón de música (1982), Tango para intelectuales (1990), Espérame Manon (Planeta, Montevideo, 2009) y El sueño del ladrón (Sudamericana, 2013).

Su estilo lírico es mesurado, de verso breve, tendiente al aforismo y al texto minimalista, no obstante sus piezas más extensas recrean este tono expresivo en secuencias segmentadas ligeramente argumentales. Su atmósfera es suburbana, tendiente a lo popular, visualizando los espacios pequeños, la vida contemplativa alternada con los oficios elementales del ciudadano sencillo, como un reducto de recuperación de los afectos. Tiende a lo existencial y lo melancólico, con un lenguaje coloquial.

Lo musical no le es extraño, tanto en lo temático como en el tratamiento del texto, particularmente en la disposición silábica de su poesía. Fue representante artístico del músico y cantautor Alfredo Zitarrosa durante algunos años, dedicándole además el ensayo biográfico El cantor de la flor en la boca (1978), reeditado y ampliado en 1990 bajo el título Cantar en uruguayo.También le dedicó a Zitarrosa el cuento “El poniente”, aparecido en Cuentos Fantásticos en 1984.

Alfredo Zitarrosa fue escritor, músico y periodista uruguayo, nacido en 1936 y fallecido en 1989. Su discografía es extensa y se extiende entre 1966 y 1989 con no menos de 30 álbumes de larga duración con interpretaciones y piezas originales, además de otras 20 compilaciones y reediciones a las que se suman la publicación de Los Archivos Inéditos de Zitarrosa en 1998, con 10 discos compactos que reúnen ensayos, entrevistas, recitales y versiones de prueba. En estos archivos así como en su obra Guitarra Negra (1977) el artista desarrolló un género propio al que llamó “contra-canciones”, consistente en textos de verso libre y tratamiento propio de la poesía contemporánea universal, declamados o leídos con acompañamiento musical casi siempre basados en la estructura rítmica de la milonga. Las composiciones originales de este ciclo de obras fue anticipada en demos aparecidos en los archivos en los cuales el artista improvisa en la guitarra y explica oralmente el concepto. Entre 1984  y 1987 desarrolló un ciclo de piezas instrumentales llamadas “Melodía Larga“, que se inspiraban en el ritmo del 6/8 (3/4 duplicado) para sintetizar la música afro-rioplatense, con recreación de la evolución genérica candombe-milonga-habanera-tango. Se propuso este concepto en una obra de 3 movimientos, de los cuales el último, llamado Truco No, resume a la perfección el itinerario trazado. En 1989 edita su última obra en vida, también de ambiciosos alcances: “Sobre pájaros y almas“, estructurado en base a 2 cuentos propios leídos con acompañamiento de guitarra del compositor Héctor Numa Moraes.

De su obra literaria se publicaron en forma póstuma los títulos Fábulas materialistas (2001), El oficio de cantor (2001) y Por si el recuerdo-doce cuentos (2002) en narrativa y Sonríe Muerte (2011) en poesía, conteniendo este último una obra poética que el propio artista archivó en condiciones definitivas sin publicarla jamás en vida. La edición facsimilar que ha rescatado del olvido esta obra está enriquecida con un diseño gráfico vanguardista, que combina lo audaz y lo sobrio en perfecto equilibrio, convirtiendo el libro en un objeto de arte. De su obra poética no musical, el texto de “Explicaciones“, ganador del Premio Municipal de Montevideo en 1959, aún permance inédito.

Su canción más ampliamente divulgada es El violín de Becho cuya primera versión se grabó en 1969. Musicalizó poemas de poetas uruguayos como Enrique Estrázulas, Idea Vilariño y Washington Benavides, casi siempre modificando los textos significativamente. Se le considera pilar fundamental de la música popular latinoamericana y figura cultural de proyección universal en Uruguay. Fue militante del Partido Comunista uruguayo y una arista abundante de su trabajo trasluce esa preocupación, sin llegar a ser la parte más importante de su obra.

El poema

Estrázulas publica este poema con el título “Carta a mi padre”. Aparece en Caja de tiempo (1971) y luego lo reedita en Confesión de los perros (1975), página 55. En el penúltimo verso de la estrofa 5 “fugaba” podría ser una errata de “jugaba”, pero ambos sentidos son admisibles. En la estrofa siguiente “hollinado” aparece sin ‘h’.

El texto íntegro es el siguiente:

De golpe ya no estás
-y eso fue todo-
ni una palabra debería escribirte
porque llevo un licor inanimado
lastre fetal
de aquel aburrimiento.

De golpe ya no estás. Estoy dejando
-la carta y el adiós. Todo el olvido
que ronde tus maderas en las tardes
será también el mío.

Y los sollozos que dirán tu nombre
breves serán
quizás
tú lo sabías.

Yo quisiera explicarte lo que guardo
de aquellos años en que fui tu hijo
-no de tu ausencia, tu vejez, mi culpa-
todo es distinto ahora
ayer vivías.

Ahora no merezco lo que canto
porque es tarde
-y ayúdame-
decía
que hubo otro tiempo no hace mucho y blanco
suave festín de pianos y de risas
en la estación donde fugaba el viento
con oboes, guitarras y violines.

Copa de alcohol ardiente, eras mi padre
eras un viejo amigo
lobo de puertos hollinados y ocres
sensitivo y brutal
lento
dormido.

Fuiste lo que yo vi. Nada más fuiste
lo que quisiste ser
caja escondida
clavicordio encerrado en las paredes
oreja de la sombra y el sigilo.

Imaginario cuerno de pastores
de engramillados y remotos países
canto rodado, piedra de burbuja
que el amor no tocó
jamás
ni el día
ni el nácar de los pájaros del alba
ni la lluvia natal de arpas antiguas.

Eras como te vi. Ya nada es cierto
porque es tarde
-perdón-
tarde lo digo
nada tiene sentido ya a esta hora
tus campanarios están quietos
vibran
sólo los mares, sólo el taciturno
espejo de tus células más íntimas.

Pero mientras te busque en tantas cosas
mientras regreses sin que llame, límpiame
la llaga del dolor. Deja el recuerdo
fijo en la grieta
déjalo
no olvides
que después de la muerte ya no hay otra
órgano silenciado
larga caja de pino.

La canción:

Zitarrosa trabajó en base a este poema durante su estancia en España en 1976 y lo musicaliza con el título de Explicación de mi amor. Fue grabado por única vez en Argentina (no existen otras versiones) y aparece por primera vez en el álbum “Adiós Madrid” de 1979 editado en México. Luego se reedita en 1982 en México y en compilaciones argentinas de 1983 (Temas Inéditos) y 1984 (De Regreso).

Su texto íntegro es el siguiente:

De golpe no estás -nada más sucedió-
borrachera fetal que tu muerte me deja.
Con esta canción que solloza, olvidada de mí,
rondaré tus maderas.

Quisiera explicarte mi amor, no tu ausencia
o mis culpas; ayer tú vivías.
Si ya no merezco cantar para ti,
yo te pido: no sigas muriendo.

El tiempo pasado, ese suave festín,
donde fuiste una caja escondida,
un clave encerrado en el muro,
una oreja en la sombra, el sigilo de nadie.

Ese tiempo y tú, lo que yo conocí,
lo que quisiste ser, clavicordio y alcohol,
sensitivo y brutal, el pasado y el piano
acabaron en este silencio.

Si ya no merezco cantar para ti,
yo quisiera explicarte mi amor, aunque es tarde.
Tu tiempo pasó, pero yo me quedé aquí,
tañendo por ti, en tus campanas.

Cuerno de pastor de un remoto país,
piedra lisa que el alba y el cielo tocaron;
soy como tu mar, rodaré eternamente
hacia ti, y desde ti, a lo más hondo.

Mas mientras te busque en las cosas,
en tanto regreses sin que yo te llame o te olvide,
te pido que limpies mi amargo dolor;
por favor, que no sigas muriendo.

Mi padre serás, como fuiste mi padre,
un gameto en la grieta cerrada del tiempo,
voz ronca de un órgano ya enmudecido,
ahí estás, larga caja de pino.

El llanto que nombre tu nombre
será breve y, hombre, talvez lo sabías;
pero es tanto amor exigiendo mi amor;
por favor, no te sigas muriendo.

Alfredo Zitarrosa© Enrique Estrázulas©

Fuentes: https://www.youtube.com/watch?v=vBn9VO_EVb8

http://malafepiedranegra.blogspot.co.il/2014/08/2-poemas-de-estrazulas-2-canciones-de.html

 


“Shira Shir” y el Premio Nobel de Literatura 2016

bob-dylan-passport

Shira Shir, es la trasliteración del hebreo al español para decir algo así como “la poesía y la canción”. A muchos les sonará “Shir haShirim” (“El Cantar de los Cantares” del Rey Salomón), de una lectura literal quien lo lea puede darse a confusión al interpretar un poema amoroso entre un hombre y una mujer. Así como en cualquier idioma, el poeta juega con metáforas para decir u ocultar algo, el idioma hebreo se va componiendo a partir de una raíz y además a cada letra le corresponde un valor numérico (gematría) y a su vez la suma de estas genera un nuevo significado.

Pero para no enloquecerlos, todo viene a colación con motivo del Premio Nobel de Literatura 2016 otorgado a Bob Dylan «por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción».

Por cierto les dejo una versión que seguro no conocían:

Tema: “Blowing in the wind”, Bob Dylan
Traducción al hebreo: Jonathan Gefen
Intérprete: Dani Litani.


“Objetos”, Luisa Grajalva

objetos-luisa-grajalva

HAY un alma pequeña y silenciosa

en cada objeto de la habitación,

en cada cosa que contiene el mundo.

Un alma leve, un inaudible soplo,

un diminuto vuelo de milímetros.

Su tímido aleteo nos pide mil perdones

por causarnos molestias, pero de alguna forma

necesitan llamar nuestra atención;

han comprobado suficientemente

que el ser humano es casi ciego y sordo,

y sólo le permite al movimiento

hablar de tú a tú con su transcurso.

Con paciencia infinita,

el alma de las cosas nos contempla

y nos tiende la mano

desde los límites de sus perfiles.

Desciende hacia nosotros

—condesciende—,

Nos habla humildemente.

Sabe que es superior, pero procura

que no nos demos cuenta,

que pase inadvertido que son ellas

quien no temen daño ni futuro,

quienes no mienten ni pretenden nunca

mostrar lo que no son. Y, sobre todo,

que les será otorgado, sin esfuerzo, quedarse

cuando el tiempo decida

soltar de él nuestras manos,

aferradas desesperadamente.

Las cosas, los objetos,

las verdaderas forma de la vida.

Luisa Grijalva© del libro “Nada nuevo en la sombra”


“El Zoco. Secretos de Al Andalus”, Emilio Villaba & Sara Marina

El Zoco. Tema instrumental inspirado en música andalusí. Emilio Villalba: guitarra morisca y rabab. Sara Marina: bendir y craquebs. Grabado en el Jardín de Maya, Sevilla. Otoño de 2015
http://www.emiliovillalba.com


“Reflexiones sobre Chile”, Eduardo Obregón Barreda

golpe-militar-en-chile-1973

De Chile, de lo que ha sucedido en Chile estos últimos días, no se puede hablar sin emoción. Lo que allí acaba de tener lugar no es tanto un golpe de Estado, es decir un golpe de fuerza destinado a hacer cambiar de manos el Estado chileno, como un golpe asestado en el corazón de millones de gentes –gentes humildes en su mayoría- que dentro y fuera de aquel país abrigaban la esperanza de haber encontrado un camino hacia la realización de ese sueño milenario de justicia que, con mayor o menor vigor, ha alentado siempre el espíritu de las masas populares.

Muchos, sin embargo, serán incapaces de situar los sucesos chilenos en este nivel de las ilusiones populares frustradas, en el nivel de las aspiraciones de los pueblos a la justicia. No es un partido, ni una ideología política, ni una orientación económica, lo que la fuerza ha “liquidado” estos días en Chile, sino algo de mucha mayor entidad: se han aplastado las esperanzas de los más humildes, se ha apagado una luz más en el oscuro horizonte en que están confinadas las masas populares de la América latina.

Todas las consideraciones sobre los errores, reales o supuestos, de la política del Gobierno de Unidad Popular son irrelevantes ante el drama que supone el aplastamiento de las esperanzas de las masa populares, en particular, de la esperanza de protagonizar ellas mismas el advenimiento de una situación de justicia, y solo de ellas podemos recibirla los demás. Por eso es tan grave aplastarla. Toda la humanidad pierde algo cuando esto sucede, independientemente del mayor o menor fundamento objetivo que las esperanzas frustradas puedan tener en cada caso concreto.

En el mundo de hoy –y esto es lo grave- son cada vez menos los que creen en la posibilidad de un “reino de justicia” (con las inevitables limitaciones humanas) en la tierra, tal como las masas populares han venido sonándolo a lo largo de los siglos de acuerdo con una de las intuiciones más nobles y profundas que el hombre puede tener sobre el sentido de su existencia y de su quehacer en la historia. En lugar de ese “sueño”, las nuevas filosofías sociales, ya se trate del Estado capitalista, o del Estado comunista, ofrecen el paraíso más o menos próximo de una sociedad “de abundancia” organizada desde arriba, en la que el pueblo no tendría, de hecho, otro papel que el de consumidor silencioso. Es una nueva versión del despotismo ilustrado, en la que, tanto la doctrina, como la práctica, dan luz suficiente sobre la nueva clase de déspotas –más o menos anónimos- que se disponen en todos los países a administrar la felicidad de los pueblos.

Si las cosas siguen así –Chile después de Praga, por no citar sino los ejemplos más expresivos y contrapuestos en las apariencias- llegaremos pronto a una situación en la que ya no habrá ningún pueblo con ganas de soñar en protagonizar cualquier clase de lucha por la justicia. La propia palabra “justicia” habrá perdido sus connotaciones morales y dejara de suscitar peligrosas emociones en el alma popular; será, simplemente, un vocablo de la lengua administrativa descargado de su viejo contenido, trivializado. Será también muy fácil gobernar. Sobre todo, los gobernantes no necesitaran morir por sus ideales, por los ideales de su pueblo. Allende será inconcebible.

Eduardo Obregón Barreda© Publicado en septiembre de 1973 en “La Hoja del Lunes de Santander”.

eduardo-obregon-barredaEduardo Obregón Barreda nació en Santander el 2 de octubre de 1916. Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid, en la capital de España desempeñó el puesto de profesor adjunto durante dos años. En 1949 pasó a ocupar la cátedra de Lengua Griega en el Instituto de Santa Clara de Santander, donde también fue jefe de estudios y director (1960-1967). Posteriormente se incorporó al instituto José María Pereda de Santander hasta su jubilación.

Dirigente de organizaciones políticas durante el franquismo, militó en el Frente de Liberación Popular (FELIPE). El 21 de abril de 1968, fue detenido junto a catorce personas por la policía al salir de la sede de HOAC en Santander tras la celebración de un seminario sobre “ateísmo marxista”, que el propio Obregón dirigía; finalmente pasó la noche en comisaría y fue puesto en libertad tras ser interrogado y acusado de reunión ilegal. En 1977 fue candidato al Senado por una agrupación de izquierdas de Cantabria. Un año después fue uno de los fundadores del Partido Regionalista de Cantabria (PRC), siendo elegido concejal del Ayuntamiento de Santander (1979-83) y diputado regional (1983-87) por este partido. Entre 1987 y 1989 fue nombrado presidente de la Asamblea Regional de Cantabria (actual Parlamento), presentando la dimisión al ser condenado por una extravagante sentencia redactada por el magistrado Claudio Movilla, entonces presidente del recién creado Tribunal Superior de Justicia de Cantabria, lo apartó de mala manera de la política. Cuando el Tribunal Supremo echó abajo con estrépito aquella sentencia, habían pasado casi cuatro años y Obregón era ya un hombre desencantado, dolido por un acto judicial que consideró, con suma tristeza, “muy alejado del elemental sentido común”. Aquella sentencia se debió a que Obregón retiró a José Luis Vallines su condición de diputado, al ser este condenado por la Audiencia de Huesca a suspensión del derecho al ejercicio de cargo público por un delito de carácter social, en vez de suspenderle por el tiempo previsto en la sentencia, entonces Vallines presentó una querella criminal. Todo el mundo le dijo entonces a Obregón, que el fallo de Movilla no tendría pase en un tribunal superior al suyo, pero se empeñó en dar prueba de ética intransigente. Dimitió y se fue a casa, lejos de todo, también del partido que había contribuido a fundar y a triunfar. No volvió. Quedará como hombre íntegro, culto, amable y dialogante, barrido por una injusticia irreflexiva.

Entre sus libros se destacan “Las razones del proletariado”, “Las clases sociales: qué son y qué significan”, “El mundo de las palabras”, “Democracia” y “Las autonomías territoriales” (1989)

Murió en Santander el 17 de mayo de 2006 a los 86 años de edad.


“¿Y usted qué opina?

Lalira300Leer la “Lira & la Espada” fue un deleite, y me proporcionó una nueva visión del rey David. Después de su lectura advertí que no debo juzgar a David con la moral y con mi ética del siglo XXI. Es un libro apasionante y entretenido. Elda Pick

La novela histórica, como genero, permite trasmitir “el sabor” de los hechos sin la rigidez que se espera del historiador formal. Esto es lo que David Mandel logra en “La lira & la espada”. El rey David aparece como un personaje mucho menos idealizado del que presenta la Biblia, con capacidad de cometer actos de increíble crueldad, pero tal vez por eso mismo, mas humano y comprensible. Inevitablemente el autor “contagia” su visión personal del personaje, pero para quienes no pretendemos ser eruditos, este libro representa una ventana hacia un mundo fascinante del que poco sabemos. Definitivamente, vale la pena! Jaime Glottmann

Todos hemos leído la Biblia, de niños o adolescentes. El típico relato bíblico está escrito como una enseñanza, en forma educativa, con preceptos para obedecer. Nunca pensé que podría leer una historia bíblica llena de suspensos, emociones, celos, ansiedad por saber que pasa en la próxima página, sin poder parar la lectura de `La Lira & la Espada’. David Mandel nos presenta un rey David de carne y hueso, en un marco de aventuras, intrigas, alianzas y traiciones, amores y odios, que relata como un niño pastor de ovejas llego a ser rey de un gran imperio. La Lira & la Espada, un libro lleno de emociones y suspenso, es una lectura apasionante que será disfrutada por lectores de todas las edades. David Cukierman (Houston, TX United States)

La Lira & La Espada, de David Mandel es un excelente libro, emocionante en su trama y educativo en su lectura. Obligada lectura para quienes están interesados en conocer mejor acontecimientos bíblicos o en novelas de ficción histórica.
Mandel nos presenta la biografía novelada del bíblico rey David de una manera, interesante, fluida y muy original. Describe con talento al entorno y a los múltiples personajes del relato bíblico, manteniendo permanentemente el interés del lector en la trama.
Gran lectura para grandes y chicos. Hozkel Vurnbrand (Lima, Perú)

DATOS DEL LIBRO
Título: «La lira & la espada»
Autor: David Mandel
Nº de páginas: 178 págs.
Encuadernación: Tapa blanda con solapas.
Interior: Blanco y negro. Papel ahuesado.
Tamaño: 150 x 210 mms.
Peso: 268,14 grs.
Lengua: Castellano
ISBN: 978-965-91073-7-7
Precio: En España 18 €
                En Israel ₪ 90
GASTOS DE ENVÍO INCLUIDOS

btn_buynowCC_LG