“De Mar a Mar…”, Juan Zapato

Al borde de un laberinto, a punto de saltar por una ventana o tocar un timbre y salir corriendo y sentir el cuore que se te escapa, en esas horas que interrumpir la siesta de los mayores se hacía un hábito y el giro interminable de una pelota de goma dirigía la mirada a cualquier horizonte y las horas incansables de aquellos tiempos, no sabían de edades, ni futuros, solamente de presente.

El aire parecía más limpio, la gente más sana, los olores frutales intensos, el calor provenía de las cocinas, la luz incipiente se cortaba a cada rato, y la amistad era un pacto inseparable, aquel niño contenía la total inocencia.

Hasta que crees haber dejado atrás aquella época, pero la infancia es algo que no abandonas, hasta cuando cae la última hoja de tu calendario y añoras eso que la madurez parece engañar a tus sentidos, confundir tus sentimientos, error. Aprehendemos a vivir cada día y nunca acabamos. Y erramos y volvemos a errar, conseguimos aciertos a los que llamamos triunfos y seguimos la andadura, casi como perdidos, siempre buscando. Algunos nos detenemos para mirar el camino recorrido, enderezar la ruta o torcer el porvenir. Otros, pasan sin haberse dado cuenta de nada o casi poco y hasta felices.

Y en esos años que vas abriendo tus alas, conoces el mar por vez primera y, te entusiasma la plenitud que ofrece a tus ojos, la inmensidad de un paisaje inacabable, la invitación a descubrir un nuevo mundo.

nahariya_banana_beachPero el viaje deberá esperar, hasta que luego de vivir y sobrevivir tantos años, donde una y otra vez, marchas y contramarchas sorteando piedras atrasarán la partida, se aventura a cruzar las aguas oceánicas y sus pisadas recorren las arenas fronterizas de la Tierra Prometida, allí donde casi uno se cae del mapa, donde la piedra es blanca, el Mar de las Historias calmo y delicado, donde las tortugas llegan para desovar, los bananos se entremezclan con los árboles de paltas, fruto de los kibutzim y moshavim y las sierras de la Galilea occidental conforman la escena.

Allí convive con todas las culturas y descubre gestos y hábitos, otros sabores y una manera de comprender tantas formas de Vida diferentes, códigos para interpretar nuevas lecturas, una apertura de vista 180 grados distinta. Allí comienza a madurar, con más de cincuenta años a cuesta, pasa revista a los sueños que quedaron inconclusos y apuesta a cruzar otro continente y frente a un nuevo mar inicia un nuevo camino…

JuanZapato©

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Acerca de Juan Zapato

Desde temprana edad mi incursión por las palabras escritas fue delineando mi perfil intelectual hacia la literatura. Ángela, mi abuela, con su cálida voz y esa facilidad para transmitir oralmente las historias que solían acompañarme por las noches –preparación para el sueño– despertó en mí la pasión por los libros. Luego vino el amor, junto con las primeras palabras que dibujaran versos adolescentes, impulsos quebrados en forzosas rimas, la intención que conlleva la pureza de plasmar sobre una hoja un universo de fantasías reales y de realidades fantásticas, trampas que el inconsciente juega a nuestros sentidos. Trasnochadas de cafés compartidas con poetas, salvadores del mundo, sabihondos y suicidas. Horas sumergidas en librerías buscando los tesoros de la literatura olvidados en algún estante. Cartas que nunca partieron hacia ningún lugar. Conversaciones perdidas con la gente que ya no está”. Ver todas las entradas de Juan Zapato

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